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Cuevas de Altamira, 1985



Una de las joyas más preciadas que esconde la villa de Santillana del Mar son las pinturas rupestres de las Cuevas de Altamira. Fueron descubiertas en 1879 y cuentan con una sala conocida como la Capilla Sixtina del Cuaternario. Tras de este hallazgo hay una interesante historia. Cuentan que el hidalgo santanderino Marcelino de Santuola oyó hablar de la cueva descubierta por un cazador a unos 30 km. de la capital. Estaba situada en el prado de Altamira y en la primera inspección no encontró nada de particular. En el verano de 1879 volvió acompañado de su hija María, que alumbrando hacia el techo acertó a decir: "¡Mira, papá, toros pintados! El padre, emocionado, viajó a Madrid para exponer tan importante hallazgo, pero "doctos" en la materia, se apresuraron a decir que cómo el hombre primitivo iba a ser capaz de pintar aquello, que se trataba de un fraude y el asunto quedó durante años relegado al olvido.

Cuenta Martín Walker que, tras la muerte de Santuola, se localizaron en Francia unas pinturas similares y hete aquí que, uno de sus mayores detractores, apellidado Cartaihac, visitó las Cuevas de Altamira y se disculpó con María, ya mayor: "Ahora ya no puedo hacer más que una cosa: He de rehabilitar a su padre ante la ciencia..."

Foto de Portada: Techo de Altamira (réplica) Museo Arqueológico Nacional

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