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El marqués de Champaubert


En 1929, el "Diario Palentino", donde vengo colaborando asíduamente desde 1981, detalla en un exhaustivo reportaje la muerte del marqués de Champaubert, que no era tal marqués sino un estafador de altos vuelos. La fantástica historia que yo aquí les resumo, también se puede encontrar en la hemeroteca del diario "La Vanguardia".
Un camarada de infancia, Gryvalet, recibe un anónimo la mañana de un viernes, donde se explica que varias personas, arruinadas por el citado personaje, habían madurado lentamente un proyecto de venganza. 

"En el bosque de Verneuil, encontrará usted al marqués de Champaubert enterrado vivo. Para estas horas debe estar ya muerto de hambre".

Gryvalet, al que los periodistas describen emocionado porque estaba asistiendo a lo que parecía una ejecución en toda regla, busca a los gendarmes, que no tardarán en descubrir un tubo a modo de respiradero en el lugar que se cita en el anónimo; unos metros por debajo, surge una especie de ataud y, en su interior, el marqués de Champaubert, "sin más ropa que una camisa", encogido y recostado, con la boca pegada al respiradero, el pantalón a modo de almohada y muy cerca de su mano unas tabletas de chocolate que la humedad había casi liquidado. "En su rostro -añade quien trata la noticia-, se notaba la huella de una espantosa agonía." En un bolsillo de su pantalón guardaba su fotografía con estas palabras escritas a mano: "Remember", palabra inglesa que significa "acuérdate"; y dos fechas: 15 de septiembre de 1917 y 15 de febrero de 1927.

¿Quién era el marqués de Champaubert?

Sencillamente, un conocido estafador. Su verdadero nombre era Clemente Passal, aunque utilizó un nombre distinto por cada localidad en la que anduvo. Fue sucesivamente, representante de automóviles, profesor de baile, representante de comercio, cultivador de palomas y zorros plateados.

En Nantes, atendiendo al nombre de Conrad, estafó 250.000 francos.

En Lille, llamándose Patte, estafó otros 200.000. Y en el Havre, otro tanto de lo mismo haciéndose llamar Gardner.

Pero parece que el Gran golpe lo organizó en 1924, en el castillo del Priorato, cerca de Dinard, titulándose marqués de Champaubert. Allí convocó a varios grandes joyeros de París, pidiéndoles que le llevaran lo mejor que tuvieran de brazaletes y collares.

Con ayuda de su mujer, Georgette Misery, y de Luisa Noirail, apodada Giséle de Gisors, se proponían cloroformizar a los joyeros por medio de un ingenioso sistema adaptado a la habitación donde se iba a celebrar el encuentro. Pero uno de los joyeros sospechó algo, denunció el caso y el "marqués " fue detenido por la policía y conducido a la cárcel de Lille.

Los caballeros de Themis

Una asociación que se hacía llamar los caballeros de Themis, y cuyos anónimos fueron considerados en la redacción del diario "Le matín" de París como broma estúpida, denominaban al Marqués de Champaubert como "El Napoleón de la estafa". La idea se debe a Mme D'Orgival, que se le ocurrió escribir al marqués a la cárcel de Lille para proponerle que escribiera sus Memorias. Aunque al principio hizo caso omiso de aquel plan, finalmente accedió, prometiendo unos 50 asuntos sensacionales, gracias a los cuales, desde los 15 años, había estafado 287 millones. El 12 de septiembre se firma el contrato, pero los Caballeros de Themis le descubren un plano misterioso y deciden secuestrarle para que confiese, intuyendo que en aquel lugar se encontraba enterrado una fuerte suma de dinero, fruto de sus estafas.

Pero aquel marqués resultó un hueso duro. Para hacerle hablar le sometieron a tortura. Bien amarrado, le inmovilizaron en el suelo atando sus muñecas y tobillos a unas argollas. Le introdujeron por la boca un gran embudo al que echaban agua, que se veía obligado a tragar para no asfixiarse. "

"A cada litro le preguntábamos dónde ocultaba el dinero; por seis veces le hicimos la pregunta. A la séptima dijo que los valores, por importe de unos quince millones, estaban escondidos en el bosque de Essart..."

Cinco caballeros se desplazaron hasta el bosque y localizaron una caja de zinc con valores ingleses de primer orden por valor de quince millones. 

"No se le puede tachar de cobarde por haber divulgado su secreto, porque hubiéramos llegado hasta el final si no confiesa y, según él, su vida vale más de quince millones".

Las cartas de los Caballeros de Themis

Los caballeros de Themis eran -como les diría yo- una especie de Robin Hood a la francesa. He aquí algunas de sus credenciales:

"Tenemos el honor de informar al público que una poderodísima sociedad secreta, formada por personalidades de la alta aristocracia francesa, se han constituído hace unos meses con el fin completamente nuevo de castigar a los grandes estafadores cuya audacia no conoce límites desde hace unos años y que utilizan su inteligencia y sus influencias al servicio del mal, para apropiarse por medios fraudulentos de los bienes del prójimo".

"Nada nos detendrá. La moral, la honradez y la justicia, serán nuestras antorchas; y en nuestras conciencias encontraremos la absolución de todos nuestros actos, sean cuales fueren."

"Bajo pena de muerte a los traidores, hemos jurado mutuamente no faltar en ningún caso a nuestro juramento de no revelar jamás nada que se refiera a nuestras personalidades o que pueda comprometer la vitalidad de nuestra sociedad o la ejecución de nuestras voluntades."

"Nuestras sentencias serán ejecutadas en la inmensa propiedad que uno de nuestros miembros pone a disposición de la sociedad. Nuestras sanciones harán reflexionar y hgarán más circunspectos a los individuos que tuvieran intención de mofarsse del público y de la justicia oficial, cometiendo nuevos delitos."

El trance fatal. La hipótesis

Ya tenemos toda la trama encima de la mesa. Yo no soy especialista en resolver estos jeroglíficos, pero tan ingeniosa me parece la idea del gran estafador, como la hipótesis del redactor de mi diario. "¿Qué hay de verdad en este folletín" -se pregunta el redactor a la vista de lo que cuenta el diario francés "Le Matin". "¿Se trata, efectivamente, del crímen de unos fanáticos?" 

La hipótesis más inteligente es esta:

El "marqués", que tenía una imaginación formidable, pudo pensar en una original propaganda para sus Memorias. Inventaría los Caballeros de Themis y redactaría los "Comunicados " a "Le Matín" en los que se observará el elogio hinchado que indirectamente se hace en ellos al "Napoleón de la estafa", cuya vida vale más de quince millones y que desde su tierna infancia realizó más de 50 operaciones por valor de 287 millones!

El marqués, continuando su plan de propaganda, se haría enterrar; pero muere víctima de su propio truco, por no haber tomado en serio la Policía la primera denuncia que Mme Passal recibió de la amiga de su hijo y colaboradora del folletín.

Fuente: "Diario Palentino", 8 de Octubre de 1929

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