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Llamas de Laciana en mi poesía



Victor Córcoba
Poeta. Escritor


Soy de los que suelo disfrutar de los recuerdos de la vida, de la que hemos vivido casi sin darnos cuenta, y me da la sensación cuando lo hago de alargar el tiempo y de achicar dolores que, a veces, nos inventamos por aburrimiento. Si indago en mis memorias, algo que suelo ejercitar con frecuencia, me doy cuenta que Llamas de Laciana  ha dejado en mí un recuerdo imborrable, un sabor a verso inenarrable, sublime e inaudito, que nunca podrá borrar el tiempo. En este lugar, crecí en la poesía y además, ya se sabe, al contacto con la belleza, o tienes un corazón de piedra, o todo el mundo se vuelve poeta. Sin duda alguna, en el valle del “aviseo” tiene residencia oficial el Parnaso, con bandera en Cuetonidio, el más níveo espacio que conozco para escalar por los abecedarios del silencio. Recomiendo al lector, se pierda algún día por entre sus montes verdes y sus mantos azules, y compruebe en su propio cuerpo la melodía del universo que viste al ser humano.
Si necesitamos otro estado de ánimo, y otro ánimo para alcanzar la belleza por la que tanto suspiramos, Llamas de Laciana es la esperanza precisa para el momento preciso.
Desde el primer momento que llegué al pueblo de Llamas de Laciana, con apenas once años y recién iniciado el bachillerato en el Instituto de Villablino, me di cuenta que hasta su misma brisa era un regenerador. Aquel ambiente es un recurso permanente en mi diario de vida, lo conservo como archivo perenne de mis sueños literarios. En el fondo escribir, algo innato en mí, es la manera más profunda de leer en los ojos de la existencia. Aprendí a hacerlo en la escuela que inspecciona desde el cielo Cuetonidio. Todas sus veredas, las sendas que nos llevan a la mística, son ríos de metáforas que van directos al alma. Para tranquilidad y para tranquilizarse no hay como un baño de este paisaje, reserva de salud y biografía de luz, que yo siempre receto para los bajos momentos que todos alguna vez tenemos.
Si el camino de la verdad se realza cantando éticas y cultivando estéticas, el camino del gozo se vive cuando se alcanza el verso. Un verso que en Llamas llamea, al alcance de los que tengan frío el corazón.
La infancia, adolescencia y juventud, siempre es un baúl de memorias que nos acompaña para toda la eternidad. Es como esa sombra que nos asombra por el asombro de tenerla siempre a nuestro lado. Si se trata de un paisaje deslumbrante, con mayor motivo traspasa nuestra alma. Jamás olvidaré aquellas nevadas, para mí: dulces cabellos blancos, que cubrían de claridad las noches frías en inviernos durísimos, de “calecho” permanente, donde se cultivaba el verbo en su puro estado filosófico, como tampoco las interminables partidas de cartas que iban rotando por las casas, ni las noches de matanza que unía a los vecinos del pueblo. Las páginas del libro vivido en Llamas de Laciana se encuentran en mi mesita de noche. En uno de sus cajones, el del corazón, se hallan. Cuánto más las releo más me leo en ellas. Son como pétalos de luz que me regalan presencias de lo que fue, pudo haber sido, no fue o quizás es. He aquí, algunas reflexiones poéticas escritas por entonces. 


La vida es una música de versos que embellece el orden creado. Sólo hay que recrearse para crecerse y amarse para estar radiante. Si quieres pon tus labios en mis labios e hilvana tus pulsos a mis pupilas, sé como esa flor esbelta que, al besar el aire, pureza emana.
El presente ya es pasado, pero deja un fondo de ofrendas que relatan un tiempo que nos pertenece. En mi caso, me vinculan tantos aromas a este pueblo que todavía me parece estar en él. Hice el bachiller llevando en una mano los libros y en la otra un montón de lecheras. Aprendí a picar guadañas y a abrir camino segando hierba. Impartí clases particulares y me sentí un maestro de los de antes. Estuve en la boca de la mina y comprendí el valor heroico del minero. Subí a las brañas con vacas y admiré el incomprendido trabajo del pastor, antes lo había hecho con cabras en Cuevas del Sil. Planté más de un árbol. Acudí a la “facendera” y a los partos del agua en la naturaleza viva. Las hojas caídas del otoño siempre obstruían las arquetas de los manantiales. Formé parte de la Comisión de Fiestas y donamos nuestra era, -la era de la casa de la Concha-, para restaurar la fiesta que en otro tiempo fue grande. Por cierto, se murieron casi todos los conejos al “fumarse” los paquetes de tabaco que guardábamos en la cuadra contigua que abastecía al mini-bar del festín. Edité mi primer libro, bajo el sugestivo título de Aromas (año 1979), bautizado en honor a las miles de fragancias y vahos que los labios de esta tierra sellan. Estos eran mis deseos.

Aspiro a ser el pincel de la luna,
el verso que resucita a Llamas,
el sol que remonta amor en la sierra,
el aire que entona nanas de cuna.

Contra el desamor, amor todos a una.
Que la paz  no se gana en una guerra,
el odio ni se vence ni se entierra,
solamente el corazón, alma acuna.

Desde Llamas de Laciana soñé conquistar al mundo literariamente como un don Quijote cervantino. El cartero, de Rabanal de Abajo de entonces, puede dar fe de ello. Recordaré para siempre la gratitud de esta cartería para conmigo, puesto que todos los días tenía que venir al pueblo cargado de prensa y revistas. No fallaba ni un día, lloviera o nevara. A propósito, le hice este verso que nunca publiqué hasta ahora.

Ha llegado el cartero,
no puede imaginar los sueños que abriga,
ser poeta a tiempo completo y que te lea el mundo.

Aún no tenía dieciocho años cuando empecé a colaborar en prensa. Recuerdo algunos medios escritos. Cito las primeras publicaciones que aceptaron mi firma: Fiesta Brava de México. La Religión de Caracas. Urpila de Urguay. Alisma de Madrid. Arboleda de Palma de Mallorca. Mairena de Puerto Rico. Manxa de Ciudad Real. Nirvana Populi de Segovia. El Adelantado de Segovia. Semanario Aquiana de Ponferrada. Hora Leonesa de León. Brújula de Málaga. Pernía de Bilbao. Primacía de Rubí (Barcelona). Azor de Barcelona. La Brocha de Asturias. Ráfagas de Madrid. Brechas de México. Baquiana de Miami. Novo Liberal de Brasil. Poesía Galicia del Ferrol. El Faro de Astorga. Los Principios de Uruguay. Lar, periódico de Argentina. Ecos Diarios de Necochea, Argentina. El Sol del Norte, México… Son tantos los medios que me abrieron las puertas, (por supuesto conservados todos en mí archivo, no tanto en mi memoria como debiera, uno es humano y los años no pasan en balde), que la lista sería demasiada larga y aburrida. En Llamas hice también los primeros guiones de radio para la inolvidable Radio Juventud de Ponferrada. El programa “A todo color”, que se emitía los viernes por la noche, como puede suponer el lector era poesía viva, solidaridad pura, encuentro con las gentes, radio a pie de calle, juventud y garra. Quiero dejar constancia que mi verdadera escuela de periodismo fue la impartida por Ignacio Fidalgo Piensos, director del Semanario Aquiana de Ponferrada. Aquellas imperecederas conversaciones en el Bierzo hoy son recuerdo permanente en mi vida, al igual que lo son, las intensas charlas entre pastores que yo mismo mantuve.

Prestando oído es como se aprende a ver;
 oyendo es como se ejercita la mirada;
viéndose en el lugar de…
 es como se cultiva el pensamiento.

Por Llamas de Laciana, sin apenas darse cuenta los vecinos, han pasado personas singulares, desde escritores a periodistas, artistas y gentes de ciencia, filósofos y ensayistas. Aún así, haciendo honor al dicho de que nadie es profeta en su tierra, jamás di el pregón de fiestas en Villablino ni conferencia alguna. Es una espina que tengo clavada, porque los amores siempre duelen. Y, aunque he sido pregonero y conferenciante en otros lugares y mundos, de fiestas, festivales flamencos o de semana santa, uno quisiera leerle en viva voz a sus paisanos que el verso existe y que cohabita en Laciana, que la patria del escritor puede ser su lengua, pero que la patria literaria germina en el archivo de su niñez y adolescencia. Uno llega a las letras como es mi caso, vive en ellas, se pone a escribir al igual que un minero escarba en las entrañas y también hace su marcha literaria, o sea de libertades, como lo hicieron los mineros con la marcha verde, jugándose el tipo con la palabra. Por ello, dar luz hoy al corazón que habla, cuesta bien poco, cuando se ha ganado la cátedra de la vida viviendo en las alturas del esplendor de  Llamas de Laciana o de Laciana toda ella. Al fin y al cabo, todo el arte de crear está en creer que los días son pentagramas y las noches abecedarios. La naturaleza que asiste al valle es el único poema interminable, imperecedero, que se renueva cada estación, con un nuevo verso y un viejo sentimiento de luna. Esta experiencia es única. Sólo se da en Laciana este clima de olores y sabores, de luces y sombras, de versos y prosas. Yo salgo desde el Sur, os lo aseguro, todos los días a recibir sus aromas, los “chacianiegos” como antes salía a recibir en Llamas al cartero que me acercaba el sueño literario. Ahora lo hago vía láctea, desde el balcón de Sierra Nevada al balcón de Cuetonidio. Gracias por considerarme. Hasta siempre y hasta pronto.

_________________

Víctor Corcoba Herrero nació en 1958 en un pueblo de la cuenca minera de Laciana, Cuevas del Sil (León). Desde siempre ha sido un viajero nato y en la actualidad reside en Granada. Es Diplomado en Magisterio por la Universidad de Oviedo y Licenciado en Derecho por la Universidad de Granada. Ejerce como miembro activo de diversas academias de periodismo, culturales y de pensamiento. Tiene decenas de libros publicados entre poesía, ensayos, cuentos, biografías y novela corta. Es un estudioso del Flamenco -ejerce la crítica y forma parte del jurado en prestigiosos eventos nacionales-, de la pintura -colabora en varias revistas especializadas- y, en general, de todas las artes. Es conferenciante y columnista de medios escritos, radio y televisión, además de ser una persona implicada en temas sociales. En la actualidad es Redactor Jefe de la revista de Proyecto Hombre Granada.

Froilán de Lózar le propuso la crítica literaria en PERNIA (1983-1988), que ejerció con voz limpia y cautivadora, no faltando a la cita con los lectores en ninguno de los 35 números que vieron la luz.
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