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Jesús García Quijano en el sitio de Baler


El choque de civilizaciones prendió a primeros del siglo XVI en la isla cebuana de Mactán, cuando el jefe local Lapu-Lapu macheteó la vida del explorador Magallanes durante el primer­ viaje alrededor del mundo, culminado finalmente por Juan Sebastián Elcano. Amanecía entonces para el imperio español donde, gracias a las islas Filipinas, nunca se ponía el sol. Visto el globo terráqueo desde la vieja España, de la isla de Mactán a la de Luzón distan apenas unas leguas. Tres siglos y medio después, en 1898, la Historia quiso volver a mezclar el brillo azul de las aguas del Pacífico también en las Filipinas, que deben su nombre al rey Felipe, para apagar definitivamente los rescoldos del gran incendio hispano. Y ceder así el testigo al nuevo imperio heredero, los Estados Unidos de América, en las paradisíacas playas de Baler, a unos 240 kilómetros al noreste de Manila, tras el épico asedio a su legendaria iglesia, separada del mar por apenas un kilómetro de intenso y misterioso verde tropical.
Los primeros de Filipinas
Fue el marino portugués Fernando de Magallanes quien, al mando de una expedición española­, llegó al archipiélago de Filipinas en 1521. Poco después resultaría muerto en la isla de Mactán a manos de un grupo de aborígenes liderados por un jefe llamado Lapu-Lapu. El mando de la expedición fue encomendado entonces a Juan Sebastián Elcano, quien consiguió retornar con sus hombres al puerto de Sanlúcar de Barrameda y logró finalizar la primera vuelta al mundo. Diversas potencias coloniales como Inglaterra, Holanda y Portugal lucharon por el con­trol de las islas Filipinas, aunque fue finalmente España, bajo reinado de Felipe II, quien con­siguió el dontinio del archipiélago. La colonización comenzó a ser efectiva a partir de 1565, cuando Miguel López de Legazpi creó en Cebú el primer asentamiento de los españoles. El mismo Legazpi fue quien poco tiempo después, en 1571, fundó la ciudad de Manila, capital de Filipinas.
La independencia
El dominio de Filipinas estuvo salpicado de revueltas anticoloniales, pero no será hasta fina­les del siglo XIX cuando aparezcan firmes movimientos nacionalistas. Encabezada por una minoría burguesa y secundada por las clases populares, la revuelta anticolonial estalla en 1896, año en que se producen importantes disturbios en ciudades como Manila. La situación para los españoles se complica aún más con la intervención en el conflicto de los Estados Unidos, que aspiran a controlar el archipiélago y quieren arrebatar esta colonia a España junto con las de Cuba, Puerto Rico y otras islas del Pacífico. En 1898 los norteamericanos declaran la guerra a España y el 12 de junio de ese mismo año los nacionalistas filipinos, liderados por el general Aguinaldo, proclaman la independencia de la Colo­nia. Esta declaración se produce después de la derrota española frente a los estadounidenses en la batalla de la Bahía de Manila. La obsoleta marina española poco pudo hacer frente la moderna maquinaria bélica de los norteamericanos.

La proclamación de independencia de los filipinos, sin embargo, no fue aceptada ni por España ni por Estados Unidos. Ambas potencias establecieron negociaciones marginando a los nacionalistas filipinos y firmaron el Tratado de París, el 10 de diciembre de 1898, en el que se ponía fin a la guerra entre las dos potencias y se consumaba la nueva dominación norteamericana de la colonia. Tras ser traicionada la promesa de independencia que los filipinos habían recibido de los estadounidenses, dio comienzo la guerra entre unos y otros, que tendría lugar entre 1899 y 1911 Y que finalizaría con la muerte de un millón de filipinos. Finalmente, los Estados Unidos reconocieron la independencia de Filipinas el 4 de julio de 1946. 
Primeras luchas en Baler
Capital del Distrito Príncipe, Baler es una población rodeada de montañas. A finales del siglo XIX la localidad contaba apenas con una iglesia, la casa del gobernador, barracones para las tropas y un puñado de viviendas de los nativos. La guarnición española estaba formada por un cabo y cuatro guardias civiles. En septiembre de 1897, ante el temor de un posible ataque de los independentistas filipinos, los efectivos se refuerzan con un destacamento de 50 hom­bres que dirige el teniente José Mota. 
El 5 de octubre de ese mismo año la guarnición es atacada por los rebeldes, que sorprenden a la tropa mientras dormía y desmantelan las fuerzas españolas...



Jesús Valbuena García
Editorial Aruz
Colección Historias de la Montaña Palentina
Julio de 2009



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