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Froilán de Lózar



Como en el caso de la presa que se rompe, el río que se desborda, el pueblo que se inunda, parece reforzarse a finales de siglo el pensamiento de nuestros abuelos, según el cual, sólo nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena. Y cada día el trueno es mayor. Y cada día nos acordamos más. No me refiero aquí al trueno como fenómeno atmosférico. Me refiero al asunto social que nos vapulea, que nos conmueve y nos asusta. Más de sesenta mujeres murieron en España el año pasado (1997) víctimas de los malos tratos en el ámbito familiar y, según datos facilitados por el Ministerio del Interior, 19.000 más lo denunciaron.

Desde la parcela de un periódico es muy fácil situarse en el lado más cómodo: la justicia, la verdad, la transparencia, la razón… cuestiones, a veces, tan difíciles de discernir, incluso por nosotros mismos en la práctica diaria.

En los últimos años, para recordárnoslo se ha programado un día especial que viene a sumarse al “Día del niño”, “Día de la tercera edad”, “Día del medio ambiente”, “Día sin alcohol”, “Día sin tabaco”… Me refiero al “Día Internacional contra los malos tratos”. Y uno ya no sabe bien si esto obedece a la costumbre de regalarnos un bonito titular ante la impotencia que sentimos, o si se trata de pedir un día de descanso para los asesinos: que los maridos soliviantados o celosos se olviden durante 48 horas del planteamiento que exhibieron en algunos casos ante sus amigos o familiares y donde ya se vislumbraba otra nueva tragedia familiar.

Esta es una historia preocupante que nos devuelve a los anales más oscuros de la historia. Porque un individuo, que en este caso es el marido, el compañero, ya no se sirve de palabras, ni se plantea el divorcio cuando la relación se ha degradado, ni busca una relación sexual con el acuerdo pleno y consciente de su pareja. Son personas, en buena parte de los casos, que vienen considerando a la mujer como una cosa puesta ahí para eso. Además del drama desatado, sabemos que hay una amenaza candente que en muchas ocasiones no transciende, porque la otra parte espera un cambio, alberga una esperanza de que la situación dé un giro… y lo hace muchas veces por ella misma; por sus hijos, que están viviendo la tragedia, que están respirando esa semilla de violencia. Metido de lleno en las efemérides del siglo, en pocas ocasiones he visto a la mujer protagonista de algo, si exceptuamos el caso de Lady Astor, primera mujer que en 1919 ocupa un escaño en la Cámara de los Comunes de Londres; Victoria Kent, primera mujer que defiende a un procesado en España (1925); la odisea de la aventurera noruega Mata-Hari, fusilada en Francia por espionaje a favor de Alemania y entre algunas otras, la poetisa y novelista española Carolina Coronado, que muere en 1911 en el más injusto de los olvidos, cerca de Lisboa. Por el contrario, incluso en las notas más recientes se sabe que unos cien millones de mujeres están mutiladas sexualmente –según un informe de la Organización Mundial de la Salud–. La ablación, la escisión y la infibulación del clítoris son prácticas enraizadas en la cultura de 26 países africanos.

A últimos del pasado año, en una cadena de televisión, una mujer con los ojos hinchados por los golpes recibidos, se preguntaba: “¿Cómo vuelvo yo a mi casa ahora, si sé que mi marido estará allí y volverá a pegarme?”. Otra mujer le confesaba a una periodista: Llegué a pensar que me pegaba porque me quería y tenía miedo de perderme”. El día de nochevieja, en un pueblo de Badajoz, un hombre que jugaba a las cartas en la cantina anunció a sus compañeros de partida que iba a matar a su mujer. Y la mató. En un pueblo de Valencia, a plena luz del día, en una plaza pública, un individuo mató a su esposa después de que ella le notificara que pensaba abandonar el domicilio conyugal. En otro punto del país, otro individuo ató a la suya y la quemó viva…

Lo cierto es que ya existe un lazo morado para la causa.

En Sevilla, por este motivo, se concentraron alrededor de 400 personas con pancartas. La hermana de una mujer asesinada en 1990 , denunció que sus sobrinos no reciben ayudas. La Consejera de cultura de Córdoba, Carmen Calvo, que acudió a la manifestación convocada en aquella ciudad, declaró a los periodistas: “Las feministas llevamos años diciendo que padecemos un plan de inseguridad y que muchas mujeres están más inseguras en su casa que en la calle”. A la concentración de Málaga acudieron medio centenar de personas y (curiosamente) varios partidos políticos acordaron no secundarla por “haber sido convocada en una fecha inadecuada”. (Detengamos al asesino durante unas horas para celebrar la Navidad).

Los altos cargos del gobierno han prometido un “plan de choque”, una campaña de sensibilización para que la gente denuncie. (¿Qué hay de las 19.000 denuncias presentadas? —nos preguntamos nosotros). Aunque sabemos que nada detendrá al asesino, porque todos llevamos dentro un ogro en potencia que puede salir y meter miedo, y sembrar el camino de muertos.

“¿Cómo confiar en la justicia —se preguntaba Carmen Arroyo en esta misma página— cuando algunos jueces minimizan los problemas conyugales achacándoles al carácter femenino?. Y añadía—¿Cuándo el hombre y la mujer serán iguales en derechos en cualquier lugar y circunstancia?.

Y José María Nieto Vigil grita en la misma cara un día más tarde el horror y la vergüenza que tales actos le provocan “para no ser ayudante inconsciente, ni esbirro de ningún verdugo en el tormento de tantas madres”.
Comos ellos, sé que no habrá última vez. Como ustedes, sé que recordarlo aquí no servirá de nada. Un financiero norteamericano, de apellido Baruch, lo expresaba muy bien: "Desgraciadamente, la mayoría de las personas gastan bastante más tiempo en hablar de los problemas que en enfrentarlos". Y cierto es que nos involucramos más o menos, conforme oscilen las estadísticas, si nos toca padecerlo en cuerpo y alma, si nos toca vivirlo en la piel de vecinos o personas a las que conocemos…

Esas dos personas que se matan vivieron tiempo atrás una historia de amor: se conocieron, se casaron, nacieron unos hijos y dieron vida juntos a muchos proyectos que hablaban de futuro, de ilusión, superando también muchos tragos amargos, porque la vida nos pone a menudo las cosas cuesta arriba.

Estamos asistiendo al desenterramiento de un animal secreto, que nos empuja, a veces por un asunto nimio, a ponerle un final dramático a nuestra corta historia. Y si fuera preciso, matarnos luego para que ese demonio muera con nosotros y no nos atormenten en vida las preguntas.

Como bien dijo el escritor latino Séneca: “El peor enemigo es el encubierto”.




Cuaderno de @Froilán
De la sección del autor "La Madeja", para "Diario Palentino" y Globedia.

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