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Sin contemplaciones



Escribí hace años una columna titulada 'Sin pamplinas', a partir de una frase de un libro de Bernardo Atxaga: «Así era la muerte, ésa era su forma de actuar. Sin pamplinas, sin contemplaciones. Llegaba a una casa y daba una voz: “¡se acabó!” Después se marchaba a otra casa». Desde entonces tengo memorizada esa frase y me encuentro soltándola de vez en cuando, pero hay dos palabras que siempre omito: sin pamplinas. Es decir, había olvidado justamente el título de esa columna. Así que hoy, uno de noviembre vuelvo a la carga.

La frialdad de la visita de la gran cita, evoquemos a Heidegger y su somos seres-para-la-muerte, es tal, que no sirven demasiado nuestros pueriles argumentos: aún es jóven, merece más tiempo, se acaba de jubilar, ahora se le ve feliz, ha luchado mucho, es injusto. Todas esas categorías son para hacer reír. Sin contemplaciones.

La última  novela de Trapiello, 'Ayer no más', me ha dejado una frase del fotógrafo Robert Capa: si una foto es mala es porque no te has acercado lo suficiente. Otro tanto podría decirse de ese no querer saber nada de nuestra constitución como seres mortales, de no querer acercarse. Muchos lo dicen de otro modo: nunca he pensado en la muerte. Muchos lo expresan asombrándose de que el otro, sea quien sea el otro, se muera, como si de pronto se cayeran de un guindo. Les falta la creencia en la muerte.

Lacan en su genial conferencia de Lovaina, accesible en Youtube, y altamente recomendable, lo expresó así: 'la muerte entra dentro del dominio de la fe', 'hacen bien en creer que van a morir', 'si no estuvieran sólidamente apoyados en la certeza de que hay un fin…¿podrían soportar la vida que llevan? ¿podrían soportar esta historia?'. Viene todo esto a cuento, en un día como el que se acerca, que nos sirve para no escabullirnos de la realidad de la muerte, sobre todo por contemplar el dolor que produce la muerte de los otros, lo mal preparada que está la peña para asumir esa visita incierta, sorpresiva, sin contemplaciones. Y los estragos que produce en el equilibrio psicológico: 'no volvió a levantar cabeza' se suele decir de alguien tras la -otro error conceptual- pérdida de un ser querido.

El asunto de perder a los otros, sin contemplaciones, conlleva dolor, y merecería ser mejor tramitado. Consolar es humano, pero es insuficiente. Hay que interrogar el dolor, y sin pamplinas.




De la sección del autor en "Curiosón": "Vecinos ilustrados" @Aduriz2012

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