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Vilallano, Roma humillada



El castillo roquero de Gama lleva nueve siglos enseñoreándose estoico y displicente desde sus agudas crestas, cumpliendo fielmente la misión para la que fue concebido. Desde sus mil cien metros el horizonte queda muy lejos, pero nada se le escapa de cuanto ocurre a sus pies. Con las arquivoltas de San Andrés a mi espalda y el castillo enfrente, el ambiente medieval que me rodea me hace sentir fuera de contexto. Aguanto la respiración y espero en silencio, debo esforzarme en impedir que mi imaginación me domine y me suma en la vida campesina, ruda y sacrificada del siglo XI.

La carretera deja atrás las casas montañesas de Gama y se estrecha y alarga y retuerce salvando desniveles, riachuelos y riscos que se acercan a ella para saludar y alegrarle la mañana. La Naturaleza ha sido obsequiosa con esta parte de la geografía palentina prodigándose en montañas y valles, ríos y bosques. Desde algún altozano reconozco a lo lejos el castillo de Aguilar, ésta es tierra de fronteras antiguas que fueron conformando el presente.

Pero por aquí la Historia había pasado muchos siglos antes, cuando las legiones de Roma cruzaban orgullosas estos parajes camino de batallas a sangre y fuego con los montaraces cántabros. La ingeniería romana dejó en estos encabritados suelos numerosos restos de su eficacia, Velilla del Río Carrión, Rojadillo, Puentetoma y Villallano dan fe de ello.

Todavía resuena en mis oídos el silencio de Gama cuando llego a Villallano y sigo el curso del río Lucio en busca del puente de los legionarios. Sé que lo hay, que al menos quedan un par de ojos que no consigo encontrar. Pregunto y descubro con asombro y vergüenza que están junto a mí.

Dos mil años en piedra, a sólo dos metros y son imposibles de ver. Una tupida masa vegetal de espinos impenetrables y ensortijadas malas hierbas lo cubre todo, la maleza ayudada por miserables restos orgánicos embosca el legado romano de manera que lo vuelve invisible. Dos mil años envueltos en basura que sólo sirven como límite a una granja ganadera, parte de la actividad industrial propia de esta comarca. Apenas es visible un arco y parte de otro, hay sillares abandonados por el suelo luchando contra la miseria por mostrar su gloria pasada.

Se me hunde la montaña palentina y se me hunde la mañana viendo agonizar entre la indiferencia de vecinos y autoridades parte de nuestro pasado. Bajo la cabeza y abandono. Roma ha sido humillada de nuevo dos mil años después.






Cuaderno de Pedro de Hoyos
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Montaña palentina: Belleza y Arte

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