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La Navidad


Recientemente nos dejaba José Luis de Mier, castellano que creció en Barcelona, unos meses después de publicar aquí mismo "Los juristas catalanes". Pero nos queda la obra, que es una prolongación de su quehacer y un cúmulo de recuerdos de su tierra que iremos rescatando en una sección nueva, titulada: "Imágenes para el recuerdo".




José Luis de Mier 
José Damián Simal

Imágenes para el recuerdo (III)

La Navidad era la llegada de las naranjas, de la nieve, de rezar el rosario en la iglesia con luna llena y caminar por las sendas abiertas en la nieve. Era el besar al niño Jesús que había estado oculto todo el año. Era el belén que habían montado por primera vez en el pueblo un cura en los años cincuenta. Era ver que con un irrigador de lavativa se hacía una cascada en el belén de la iglesia. Era el llegar de las participaciones de la Lotería de Navidad que enviaban familiares de Madrid, comprados en la administración de Doña Manolita. Era ir a la misa del gallo en la Nochebuena. Era volver con la luna brillando sobre los prados llenos de nieve. Eran los villancicos que cantaban las mozas del pueblo. El Adeste Fideles o el “pero mira como beben los peces en el río” que yo nunca entendí. Eran las campanadas en la Puerta del Sol en la única radio que existía en el pueblo. Era el día que los de la ciudad tomaban uvas y nosotros solo contábamos las doce campanadas y decíamos: “año nuevo, vida nueva”. Pero el año nuevo sería igual que el año anterior. Con las mismas vacas, las mismas ovejas, las mismas cabras, la misma pobreza y el mismo frío que en Navidad helaba la cara y se metía en el cuerpo. No había más esperanza. Había pasado el día de la lotería y tampoco había tocado. Nada. Nunca tocaba nada. El futuro era el trabajo. Todo ello se reflexionaba en el año nuevo. Y todos los años nuevos alguien tomaba la decisión de irse hacia otras tierras. Alguien también se moría y había que limpiar de nieve el camposanto para poder enterrarle. Debía ser muy frío el estar bajo tierra, una vez que los hombres del pueblo se volvían a sus casas. Sólo iban los hombres al cementerio. Las esposas, las mujeres se quedaban a la salida de la iglesia.

DL B-35.562/2008
@Escenas de la vida rural. Oleo de Simal para este libro “Imágenes para el recuerdo”

(edición personal y limitada)

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Los juristas catalanes


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