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Martín Ruiz

  • Azuzado por las ganas de llegar más lejos, para conocer lo que está detrás de las noticias, convencí a mi redactor Jefe, Félix Monreal, para que el periódico me financiara un viaje a principios de 1999 a Irak, para conocer las condiciones en las que 20 millones de seres humanos afrontaban los bombardeos anglo-norteamericanos y, sobre todo, unas durísimas sanciones económicas impuestas por buena parte de la comunidad internacional.



De la serie de autores seleccionados para nuestra revista "Pernía" por el escritor navarro Alfonso Pascal Ros, premio 2012 a la Creación Literaria por el Gobierno de Navarra.



Un hombre valiente

Por mucho que Martín Ruiz trate de convencerme de que hace falta más valor para ponerse ante el papel en blanco cada día, yo digo que no. Valor es ser consciente de jugarse el tipo como él lo ha hecho, manteniendo intacta la conciencia, los valores, eso que hoy día se dice que está en desuso, bajo mínimos, y que yo también digo que no, al menos en personas como Martín, y que además poeta por si faltara poco. Cuando la mayoría miramos hacia otro lado para no comprometernos con las grandes fracturas del mundo, él no sólo mira de frente los problemas sino que se mete dentro y nos los cuenta. No he pensado nada mejor para conmemorar el primer aniversario de mi canal literario en este espacio que otro impagable amigo, Froilán de Lózar, pone a mi disposición, que esta entrega que les comparto. Sólo les pido que se tomen su tiempo, que pinchen en los títulos de los artículos en azul y entren a leer sus escritos porque merece la pena con este pamplonés que se autodefine con "creatividad, capacidad de trabajo, coherencia y compromiso con la verdad. Con olfato de gol”. Las cosas muchas veces sí son como nos las cuentan.

Alfonso Pascal Ros
Barañáin, 2 de setiembre de 2002


Siete años de experiencia en comunicación

  • Entre mafias, ministros corruptos y gestión de empresas
Estas líneas tan sólo pretenden ser el esbozo, siempre incompleto, de una carrera profesional que no ha hecho mas que comenzar. Están escritas en primera persona desde la óptica de un gestor, que tras pasar por distintos terrenos como elaborador de contenidos pretende ahora demostrar su valía en un ámbito tan complejo y específico como es la dirección de empresas de comunicación Mis comienzos en el periodismo se remontan a hace siete años, cuando tenía 20. Acababa de entrar en la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra cuando fui a caer en el Diario de Noticias, un rotativo local, que necesitaba un colaborador para la sección de deportes que supiera de atletismo. Cuando llegué no sabía ni encender el ordenador. De aquellos años recuerdo el olor de bocadillos de txistorra en la redacción, y el barro que se introducía hasta los sitios más insospechados cuando cubría carreras pedestres. O cómo me temblaba la grabadora al entrevistar a Fermín Cacho y Martín Fiz de paso por Navarra.

Pero el 10 de mayo de 1998 comprendí que la noticia es como una liebre, que salta cuando y por donde uno menos se lo espera. Se celebraba la décima edición de la media maratón ciudad de Pamplona, que disputaban unos 800 atletas locales junto a algunos fondistas africanos de segunda fila. El caso es que aquella carrera la ganó un keniano muy simpático que decía llamarse John Kinyuru. Pero en realidad ese era un seudónimo. Una especie de “Juan Nadie” a lo keniata. Nos dimos cuenta de ello viendo las fotografías de aquel año, y comparándolas con las que teníamos en el archivo del periódico. El verdadero nombre de este campeón era Godfrey Muriuki, y había ganado también el año anterior. Ese era el hecho, que más tarde no tuvieron más remedio que reconocer los organizadores de la carrera. Pero, ¿por qué se había inscrito con una identidad diferente? Las respuestas las di en la serie “Muriuki ante el espejo” y “Jornaleros del asfalto” donde contaba los últimos pasos de este atleta, que se alejaban mucho de la altura de los podios y el lustre de los trofeos. Como otros compatriotas suyos, había llegado a España captado por “mafias” que le adelantaron el importe del viaje y le proporcionaron alojamiento, a cambio de más de la mitad de la cantidad en metálico que obtenía en las carreras. Durante el día vivía hacinado junto otros treinta atletas africanos en la clandestinidad de un chalet de la sierra madrileña. Al atardecer salían a entrenar casi a escondidas. Azuzado por las ganas de llegar más lejos, para conocer lo que está detrás de las noticias, convencí a mi redactor Jefe, Félix Monreal, para que el periódico me financiara un viaje a principios de 1999 a Irak, para conocer las condiciones en las que 20 millones de seres humanos afrontaban los bombardeos anglo-norteamericanos y, sobre todo, unas durísimas sanciones económicas impuestas por buena parte de la comunidad internacional. Durante dos semanas, escribí desde allí varias crónicas “La guerra silenciosa”, “Viaje a las mil y una tragedias”, “Petróleo por alimentos”, “Bombas de papel”...

El nexo común era cómo el hambre y la enfermedad diezmaban a un pueblo que, tras alcanzar altas cotas de desarrollo y bienestar, era obligado a volver a la edad media. Gracias a esta serie, Lorenzo Milá me entregó justo un año después el premio de prácticas en periodismo de la Universidad de Navarra. En junio de 2000 me licencié en Periodismo por la Universidad de Navarra. Ya nada me ataba a Pamplona. Podía viajar en busca de nuevas noticias. Me presenté a una selección que realizaba La Prensa Gráfica, uno de los principales periódicos de Centroamérica con una tirada diaria de 120.000 ejemplares. Una vez instalado en El Salvador, me destinaron por un año en Enfoques, suplemento de investigación, donde pude rastrear las noticias que para mí son más interesantes, las que los lectores tiene derecho a saber y los gobernantes y otros poderosos pretenden ocultar. Era un país en proceso de democratización, donde algunas personas influyentes no están aún acostumbradas a que se les cuestione. Tras conocer todo tipo de presiones, varias denuncias ante la Fiscalía General de la República (que se fallaron a mi favor, por poseer siempre la carga de la prueba) y tres terremotos (13 de enero, 13 de febrero y 17 de marzo de 2001), me decanté por otros terrenos donde continuar buscando la verdad. Motivo por el cual me enrolé en septiembre de 2001 en el Máster de Gestión de Empresas de Comunicación (MGEC) impartido por el IESE y la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra. Durante estos meses he adquirido conocimientos en áreas como dirección, liderazgo e innovación, estrategia y entornos empresariales, marketing, marco legal, gestión de contenidos, dirección comercial, gestión de recursos humanos... enfocados a un entorno tan específico como son las empresas de comunicación. Asimismo, he tenido oportunidad de llevar al terreno de la realidad estas destrezas. Desde principios de abril he recalado en Madrid, en Telecinco, el canal de televisión más rentable de Europa. He estado asignado en la Agencia de Televisión Latinoamericana y Servicios (ATLAS) que intenta recuperar con la venta a terceros parte de la inversión realizada en contenidos informativos. En esta empresa he podido realizar propuestas conducentes a la comercialización de nuevos productos a empresas, así como desarrollar análisis internos, estrategias y formatos destinados a la televisión local, un sector incipiente en la industria audiovisual europea.

ARTÍCULO

@Alfonso Pascal Ros, para la revista "Pernía", Barañaín, Octubre de 2003
@Revista Literaria Pernía, Nueva Época, 2002-2011-2014. Edita y dirige: Froilán de Lózar

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