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La mala costumbre de dormir al sereno



Jaime García Reyero



Los obispos y clérigos se esforzaban en mantener la moral y las buenas costumbres, pero la ola de modernidad y de degradación de las mismas, que habían traído consigo los reyes franceses y sus acompañantes, se extendían por toda España. Ante esto, el representante del obispado insistía ante un peligro existente en los pueblos ganaderos, entre los que se incluía Guardo. En verano los guardenses llevaban el ganado vacuno al monte y allí permanecían todo el tiempo que podían. Pero claro, alguien debía cuidar esas vacas. Se encargaba de ello la gente joven, tanto mozos como mozas. Si la noche lo permitía, se quedaban a dormir allí, bien al sereno en chozos. Algún familiar subía y les llevaba la comida necesaria. ¿A qué daba lugar todo esto? Pues a más de una boda inesperada y no deseada. Las mozas se juntaban para pasar la noche y nunca faltaba algún que otro mozo que prestaba más cuidado de ellas que de las vacas.

Esta concurrencia de mozos y mozas en parajes solitarios, donde licenciosamente se juntaban y pernoctaban, daba ocasión a las denuncias que llegaron hasta el Obispo de la diócesis, Y para que no se cometieran más ofensas al Señor, como ocurría en este pueblo según el arcipreste visitador, se advirtió a los responsables del ganado que ante Dios eran culpables de los pecados de sus criados e hijos. Por ello mandaba que, a partir de ese día, amos y padres se preocuparan de que sólo fueran los hombres los que cuidaran el ganado. La multa para los que no cumplieran este mandato era de un ducado y, si reincidían, se les pondría presos hasta que pusieran remedio al incumplimiento. El mandato fue contundente y claro. No sabemos si surtió efecto o no, y si logró corregir esas prácticas, lo cual dudamos.

También el obispo palentino don Andrés de Bustamante dio instrucciones a sus párrocos en 1769 para que exhortaran a los padres y amos para que no se trabajase los domingos y festivos y en esos días no se soltará el ganado, aunque los sacerdotes podían dispensar a determinados feligreses para trabajar en festivo, siempre y cuando las necesidades lo exigieran [55].

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[55] APG: libro de fábrica número 55, visita de 1763, mandato quinto.









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