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El cementerio de los elefantes

Recupero hoy esta entrada de uno de nuestros colaboradores en Cataluña, el poeta Antonio Matea Calderón, nacido en Albacete en 1931 y fallecido en Barcelona, en Mayo de 2008. Aunque he visto en algunos foros, gente que escudada en el anonimato le denomina "asesino", el escritor Francisco Bonal afirma que fue un hombre cabal, amarrado a la honradez que comienza por no callarse. Y con eso me quedo.

Antonio Matea Calderón

Duchos en las costumbres de los mayores animales terrestres de hoy sostenían el mito de los llamados cementerios de los elefantes, donde, según ellos, se retiraban estos mamíferos a morir cuando llegaban sus últimos días. Por este motivo, en tales parajes se iban acumulando depósitos de sus resíduos óseos, al tiempo que el muy buscado y apetecible marfil.
Últimamente he leído en algún periódico que esta costumbre se debía a que en aquellos lugares la hierba era más apropiada para a dentadura de los elefantes en decadencia y es por ello que los animales iban allí a buscar alimento.
Sea como fuere el caso es que el mito de los cementerios de elefantes prosigue, aunque sólo sea en la literatura o el cine.

Humanamente sabemos también, de tercera, cuarta o quinta mano, que algunos ancianos de ciertas tribus indias se retiraban a morir a determinadas montañas, o lugares considerados sagrados por las respectivas tribus.

En versión directa o, de primera mano, hará tres meses que un amigo nuestro y renombrado hombre de letras -concretamente José Jurado Morales- nos comunicó que dada su avanzada edad (ochenta y nueve años en Junio), se retiraba del mundo de la literatura, cerrando, a pesar del desencanto de todos sus amigos, y de él mismo, el piso de la calle Conde Borrell, en Barcelona, donde nos solíamos reunir los componentes del Grupo Azor, que él capitaneba, todos los sábados por la tarde.

Por su talla poética, a José Jurado Morales se le podría considerar elefante vivo de la llamada Generacion del 27. Jurado siempre fue jurado, y no sólo por su apellido, de premios de cierto nombre: Ciudad de Barcelona, por ejemplo, cuyo galardón también conquisto con anterioridad. Y todavía más prestigiosos, como el José de Vasconcelos, en México, que también poseía, junto con Madariaga y pocos más.

Fray Luis de León, como todos sabemos, versificó aquello de la descansada vida del que se retira del mundanal ruido, pero si tal retirada es para morir, "donde la yerba sea más fácil de masticarse", poca ventaja se obtiene con tal retiro: "A los palos me atengo" y a la lucha -que decía el burro de la famosa fábula- ya que la lucha incluso puede conducir a la victoria algunas veces, y abandonarse a lo que el cielo dicte, generalmente, suele ser una cobardía que un hombre de letras no debe permitirse nunca.

En una carta de caligrafía muy lamentable el gran y pausado elefante que fue José María Ruiz "Azorín" decía únicamente: Ya no escribo. La naturaleza no perdona, y firmaba.

José Jurado Morales, con casi ochenta y nueve años, es todavía capaz de escribir libros completos, y mejores que cuando fue más joven, ¿por qué se retira entonces al regazo de su senil esposa, en Puente la Reina (Navarra), cuando todavía masca la yerba literaria  a dos carrillos?. ¿No será que, a pesar de haber pretendido demostrar siempre su amor a la poesía, y su aparente apoyo a los poetas, le importen un comino tanto la una como los otros?. Otro dato también le descalifica: no contesta la correspondencia.

El artista pienso que "ha de seguir mientras el tiempo aguante", sin tener que fijarse nadie en su calendario particular. O, al menos, como Azorín hizo, tener la delicadeza de contestar con aquella su breve frase. Es ilógico haber demostrado tanta amistad durante décadas para ovidar ahora tan a rajatabla.

Pudiera ser también -como se dijo de ese con tanta "trompa" que acaba de írse, o sea Dalí- que otros sean los que dirigen sus momentos últimos y que incluso le impidan acceder a su propia correspondencia, aunque de esa manera se irá convirtiendo en nada, hasta volatilizarse junto con su propio nombre, antes tan celebrado y ahora tan sospechosamente ingrato.

Antonio Matea
Cerdanyola del Vallés
31 Enero de 1989

____________

José Jurado Morales (Linares, Jaén, 1900 - Puente de la Reina, Navarra, 1991) fue un destacado poeta y novelista.Ya en su etapa de madurez retornó con frecuencia a Linares a cuya ciudad donó más de diez mil publicaciones de su propiedad para constituir el llamado ‘Hogar de la Poesía Hispanoamericana’, pues eran libros y revistas poéticas que él había recopilado durante muchos años. La poesía de José Jurado Morales refleja andalucismo.

@Revista Pernía, Nueva Época, 2015, Edita y dirige Froilán de Lózar

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