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Simone de Beauvoir: Existencialismo y feminismo inteligente



En 2008 se cumplieron 100 años del nacimiento de Simone de Beauvoir, una francesa apasionada y fascinante, polémica, fuerte e independiente, laboriosa, implacable; una de las figuras intelectuales más influyentes de nuestro tiempo.






Probablemente su verdadera aportación no sea su obra sino su propia vida, la confesión personal de una mujer de su siglo, desasosegada, contradictoria y quizá por eso mismo viva. Su ejemplo, su figura altiva de burguesa contestataria, incluso sus errores, su ruptura con todos y consigo misma, hicieron de ella una de las mujeres más libres de la historia y por ello será admirada siempre.

Nació en París en 1908, en una familia de la alta burguesía venida a menos, de la que conservará ese sentido elitista de la existencia que en no pocas ocasiones chocará frontalmente con sus ideas progresistas de izquierda.

Cuando cursaba sus estudios secundarios en la Sorbona, en 1929, conoció al que sería su compañero de camino durante cincuenta años de peripecias culturales, personales y sociales: el filósofo Jean Paul Sartre. El impacto de la capacidad intelectual de Sartre la sedujo para siempre, y ambos dejaron una gran lección a las generaciones futuras: soñaron con la aventura intelectual que podría tranformar el mundo y murieron siendo fieles a esos sueños de juventud.

El hecho de que fuese relegada voluntariamente a un segundo plano, aun cuando su valía intelectual no era inferior a la de Sartre, hay que buscarlo en el profundo amor que sintió por él. Sin embargo, a pesar de esta sumisión y de considerarlo siempre superior a ella, su gran mérito fue el de enseñarnos que la mujer podía “ser” por sí misma, además de “estar con”. Y así, la confianza que siempre tuvo en que su propio sexo no debía ser nunca un obstáculo para conseguir las metas propuestas, le da a Beauvoir la actualidad y la modernidad que hoy admiramos.

Fue profesora desde 1929 a 1943 en institutos de Marsella, Rouen y París, y durante veinte años también fue miembro del consejo de redacción de “Les Temps Modernes”, revista de gran importancia en la época. Escribió numerosos ensayos y llevó a sus novelas los hechos más importantes de su propia biografía, así como los conceptos básicos del existencialismo.
Solía escribir en las cafeterías de sus tiempos de estudiante, cálidas y bulliciosas, y vivió intensamente el pulso de aquella vida alocada de los años 20 en el barrio parisino de Montparnasse, centro de “peregrinación” de los intelectuales vanguardistas de la época, donde el vino y las anfetaminas no solían faltar…

Entre sus obras destacan: “Los Mandarines”, novela publicada en 1954, ganadora del Premio Goncourt y considerada como la novela más importante para entender los conflictos intelectuales de la vida francesa y europea en los años 50. Es la crónica de su generación, el relato de los problemas de conciencia de los escritores de su tiempo.

Pero su libro más famoso es, sin duda, “El Segundo Sexo”, publicado en 1949, y uno de los pilares fundamentales de la posterior revolución feminista. Se trata probablemente de la mayor aportación ensayística en el campo de la reflexión sobre el lugar de la mujer en nuestra sociedad, enfocado desde múltiples puntos de vista: científico, histórico, filosófico, psicológico, cultural…

Partiendo de los mitos, supersticiones, ideologías y experiencias personales, llega a la conclusión de que la pretendida psicología femenina no es más que el resultado de unos condicionamientos sociales y educativos. La diferencia entre los sexos, según su opinión, es pura conveniencia impuesta por la sociedad ( “On ne naît pas femme, on le devient”= “no se nace mujer, se llega a serlo”).
No se trata de un libro reivindicativo, sino explicativo. Es, ante todo, una concepción igualitaria  de los seres humanos, según la cual la diferencia de sexos no altera su igualdad de condición.
A la aventura puramente intelectual hay que sumar innumerables viejes por todo el mundo, firmas y manifiestos por todas las causas por las que le pareció justo luchar.

En 1980 muere Sartre, y ella le sobrevive hasta 1986.

Para Simone de Beauvoir, y ya recapitulando sus ideas, no se trata tanto de que las mujeres tengan el derecho a gritar y exigir lo que les corresponde y a reafirmarse como mujeres, sino de que el resto de la sociedad lo acepte, y sean reconocidas como seres humanos completos. Y a ello dedicó su vida.
Enseñó a mirar a los hombres de frente, de igual a igual, a repartir responsabilidades, y a no ser sólo una flor en el ojal…
Por ello, creo que debemos agradecérselo y recordarla con gratitud.
Gracias, Simone, desde este 2016 de tan borrosos caminos, mi gratitud como mujer…

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«Simone de Beauvoir2» de Milner Moshe - Disponible bajo la licencia CC BY-SA 3.0 vía Wikimedia Commons.






Sección para "Curiosón" de Beatriz Quintana Jato.


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