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Ansias patrióticas



El parlamento español, por los Senadores Alberto Rusiñol y el Barón de Esponellá y los Diputados a Cortes D. J.Garriga Massó, D.Pedro Milá y Camps, don J.Caballé y Goyeneche y D.J Puig y Cadafalch.



A ocho días de distancia todavía se está comentando el discurso que en la Lliga Regionalista" pronunciara el caudillo catalán D.Francisco Cambó. Solamente que los hombres serios, reflexivos, de acción fecunda, aplauden aquellas palabras de concordia, invitando al Gobierno del Sr. Maura a elaborar una ley que sea producto patriótico de todas las representaciones del país; mientras que ciertos diarios de la Corte y los antisolidarios de Barcelona, no han hallado en aquella peroración, preñada de conceptos elevados y anhelos generosos, más que tema de murmuraciones de comadres y motivo para suponer discordias y disidencias entre las personalidades ilustres que constituyen la cabeza visible de la Solidaridad Catalana.
Aquí en Barcelona no ha podido arraigar la semillita echada por los maliciosos en el surco de la jefatura catalanista.

Cataluña no es tierra abonada para absolutismos y dominios supremos. Jamás lo ha sido. Sin que esto quiera decir que en un  momento dado la opinión serena y consciente  no se haya entregado con resolución a las felices inspiraciones de un catalán afortunado en sus actos, como se pone la confianza en el banquero a quien el talento, la prudencia, el éxito acompañan en todas sus operaciones financieras. Precisamente es esta una de las características del pueblo catalán: la lealtad después de una acertada elección.

Mas hay que advertir que en esta tierra ciertas palabras no tienen igual significado que allí donde imperan las oligarquías políticas al uso. El instinto popular les concede otro muy distinto. Jamás se proclaman jefaturas vitalicias y dictatoriales. El hombre que disponga a su antojo de los destinos del pueblo, es aquí cosa desconocida, una aberración.  Y es que la fuerza de Cataluña ahora y siempre ha estribado en la conciencia de la colectividad, en un conjunto que piensa, que quiere, que va a un punto determinado.

Pero precisamente, por esto, ahora y siempre las colectividades catalanas han nombrado un jefe, un director, un presidente, uno, que, identificado como el ideal de unos, encauce los elementos individuales, disponga de las energías de cada uno, represente en cada caso la sociedad y resuelva, siempre que sea preciso, la acción del momento. Porque, por experiencia propia aprendida en su mismo negocio particular, sabe el catalán que no existe la vida triunfadora sin un suprema dirección, sin una disciplina completa, sin una responsabilidad.

Posee la ciencia de saber esperar, y, mientras ve que la dirección es lógica, es sensata, es la que debe ser, desprecia los resultados circunstanciales, o, por lo menos, no los considera razones poderosas para tomar resoluciones definitivas.

La primera condición del asociado es tener fe y obrar lealmente. Hoy el catalán la tiene puesta toda en el joven diputado Sr. Cambó y, lejos de abrigar sospechas de lamentables equivocaciones, esperan lógicamente que han de acompañarle para bien de todos, de Cataluña y de la propia España, su precisa visión de una política realista, su voluntad infatigable y férrea, su actividad física e intelectual y su patriotismo ardiente, avasallador, que le ha llevado a los mayores peligros en el cumplimiento de su deber cívico.

Por esto es que los comentarios de aprobación y encomio han ahogado el chismorreo malicioso y bajuno. En las fogosas palabras de Cambó, recabando libertad absoluta para su acción en la nueva política española, han fulgurado ansias inmensas de laborar intensamente y de llegar a una solución que, aunque intermedia, dé tiempo y substancia a los ciudadanos que han de restituir la vida regional, autonómica, nacional, en el recto y positivo significado del vocablo. Anunció sus propósitos de lucha individual, precisamente después de haber invitado al Sr Maura a realizar obra patriótica, obra e concordia, obra exclusiva de la representación del país. Sólo así cabe la elaboración de una ley duradera, que se cumpla y favorezca las aspiraciones de la colectividad. Y lo proclamó muy alto: Maura es el que dispone de la paz o de la guerra. Su intransigencia, facilitada por la idolatría de sus partidarios, que en el Parlamento son los más, puede entablar lucha cruel, infecunda, ignominiosa. Haría triunfar su raquítico proyecto de Reforma Local; pero no vería jamás cumplida la Ley. Porque los pueblos no otorgan su consentimiento práctico a lo legislado con olvido absoluto de sus aspiraciones supremas.

Esto dijo Cambó, y tuvo el acierto de interpretar las ansias patrióticas de Cataluña. Por esto la representa con legitimidad indiscutible.

La Cataluña, revista semanal
12 Oct de 1907

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