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Prisionera de una amor letal


La escultora Marga Gil se suicidó a los 24 años, rota por su pasión hacia Juan Ramón Jiménez.

«Me he matado porque no podía ser feliz… y no quería serlo», afirma ella en una de las cartas que dejó, rota por su amor secreto hacia Juan Ramón. Una pasión irracional por la que apostó y perdió, y que la empujó hacia la decisión fatal un día de julio de 1932. Ella acababa de cumplir 24 años; él, 52.


Marga estaba considerada como la primera escultora española en piedra y había conocido al Premio Nobel y a su esposa ocho meses atrás, naciendo en ellos, desde el primer momento, una amistad sincera. Pero la mujer fue mucho más allá en sus anhelos, debió librar una batalla sin precedentes y sin camino de regreso.
…Si tú no pudieras vivir sin mí, no sobraría, pero como sobro, lo mejor es irme…
… y para morirse cuando se es joven… pues hay que matarse…
«No lo leas ahora». Unas horas antes, Marga telefonea a Zenobia diciéndole que tiene que verla esa misma mañana, pero ella, para quien acababa de realizar una escultura que a los tres había llenado de satisfacción, se excusa por no poder recibirla y la cita para la tarde. Entonces, Marga decide visitar al poeta y le deja una carpeta con unos textos para que los corrija, pero le ruega que «no lo leas ahora». La escultora, con lágrimas en los ojos, abandona la casa a toda prisa y se dirige al Retiro, donde en un primer momento piensa acabar con su vida, pero cambia de idea y coge un taxi que la lleva al chalet de unos tíos suyos en Las Rozas donde sustituye la pluma por una pistola de su abuelo con la que, decidida, se dispara un tiro mortal en la sien.
El acto final había sido meticulosamente calculado. Marga recuperó días ante su obra repartida en galerías y academias. No quiere dejar huella de su producción artística, y destroza y rasga sus esculturas e ilustraciones.
La joven le había dejado en la carpeta a Juan Ramón, como despedida, unas cuartillas escritas a modo de diario en las que declara el gran amor que siente por él y la enorme culpabilidad por haber intentado traicionar a su amiga Zenobia.
En ese diario relata cómo son los días en casa del poeta, cómo cada gesto y cada mirada de él provocan en su interior un terremoto que le produce una angustia infinita. Las páginas están escritas como a borbotones, repletas de puntos suspensivos y, sin embargo, tienen la fuerza de los que hacen del amor su caballo de batalla, su montura, sus espuelas.
Zenobita… vas a perdonarme… ¡Me he enamorado de Juan Ramón… pero como él te quiere, ¡te quiere!... pues me ha dicho que no… perdóname… porque si me hubiese dicho que sí.. yo habría pasado por todo… por todo lo que fuese preciso…

“…Y es que…
Ya no puedo vivir sin ti
…no… ya no puedo vivir sin ti…
…tú, como sí puedes vivir sin mí
…debes vivir sin mí…”.



La Fundación José Manuel Lara publica por primera vez el diario con todos los textos que recogen la trayectoria de este amor imposible y descubre nuevas facetas del escritor onubense, vivencias que marcaron su matrimonio, ya que, como el mismo afirmó, «la muerte de Marga ha descompuesto mi vida».


Fuentes:
Santiago Ibáñez, "Diario de Burgos"
Winston Manrique Sabogal, "El País".


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