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La deconstrucción del símbolo


Quizá por su mente lógica y escéptica, su agudeza y racionalidad, en contraposición con la del resto de los doce, Tomás "el Dídimo", el octavo apóstol escogido por Felipe, ha pasado hasta nuestros días como el paradigma de la incredulidad. De mente analítica, puede considerarse como el único y verdadero "científico" de cuerpo apostólico.


Sin embargo, las expresiones de sus dudas, basadas en mecanismos intelectuales completamente diferentes del resto de sus compañeros, le valieron la fama de escéptico, incrédulo y suspicaz.

Es sobradamente conocida la duda de Tomás respecto a la resurrección de Jesús y el signo preciso y agudo que, de lo real, exigió para creer. También lo son las repetidas reproducciones y manifestaciones que, en el arte románico, existen al respecto de este episodio, aunque todas ellas aparezcan eclipsadas por la que figura esculpida en el primer machón angular de la galería oeste del claustro del monasterio de Silos.


Menos conocida es la segunda duda de Tomás y su representación en el románico y que, sin embargo, daría lugar a un amplio programa mariológico con gran repercusión en el patronazgo de numerosísimos templos y ciudades y que se entronca con la veneración de la Santa Cinta o de la Virgen de la Cinta.

Aunque son la ciudad italiana de Prato y la catalana de Tortosa las que se disputan la titularidad de la reliquia, no es sino al Maestro Cabestany a quien ha de atribuirse la completa representación románica de este relato de los apócrifos.

En la iglesia de Santa María del pueblo de Cabestany, en la diócesis francesa de Elna, se conserva un espectacular e insólito tímpano que, con inusitada capacidad de síntesis y conocimiento respecto de todas las fuentes apócrifas, concentra fielmente el mensaje textual sobre el soporte escultórico.


Situado en la parte central, el Señor, que porta en su mano izquierda el Libro de la Vida, bendice con su derecha a María que permanece a su izquierda con las manos alzadas en señal de plegaria.


"La madre del Señor respondió y le dijo: Imponme Señor tu diestra y bendíceme. El Señor extendió su santa diestra y la bendijo" (Iohannis Liber de Dormitione Mariae, apócrifo).

Es en la parte derecha del tímpano, donde el Señor aparece abrazando el cuerpo de su madre, que se encuentra, con los ojos abiertos, incorporada dentro de un sarcófago de tipología romana con la tapa abierta. Alrededor, dos personajes, uno barbado y otro imberbe,  y cinco cabecitas en el ángulo superior, siendo la más visible una cabeza alada. Se representa fielmente la narración de la resurrección de María contenida en el Transitus B o Pseudo Melitón relativa a pasaje en el que el Señor, acompañado por el arcángel San Miguel, aparece ante la tumba nueva del Valle de Josafat, donde los apóstoles habían depositado el cuerpo de María y esperan, congregados, Su venida.


"Et iussit Michaeli archangelo ut animam santae Mariae deferret. Et ecce Michael archangelus revolvit lapidem ab ostio monumenti, et ait dominus: Exsurge amica mea et proxima mea; quae non sumpisti corruptionem per coitum, non patiaris resolutinem corporis in sepulchro" (Transitus B, 9-17).

Siguiendo el orden cronológico de la lectura, presenta el tímpano en su parte izquierda a una figura femenina con los ojos cerrados, dentro de una mandorla sostenida por tres figuras aladas en la parte inferior y dos en la superior. Reproduciendo el pasaje del apócrifo de Pseudo José de Arimatea, narra el episodio de la Asunción de Maria.


"Después los apóstoles depositaron el cadáver en el sepulcro con toda clase de honores y rompieron a llorar y a cantar, por lo excesivo del amor y de la dulzura. De pronto se vieron circundados por una luz celestial y cayeron postrados en tierra, mientras el santo cadáver era llevado al cielo en manos de ángeles" (Transitus A o Pseudo José de Arimatea, 16, apócrifo).

Según el mismo apócrifo, la llegada del apóstol Tomás desde la India, donde se encontraba evangelizando, se produjo en momento posterior a la muerte de María. Transportado por una nube hasta el monte Olivete, vio como un cuerpo se dirigía hasta el cielo y, pidiendo una prueba de que se trataba de la asunción de María, por ésta, en prueba, le fue arrojado, desde lo alto, el cinturón con que los apóstoles le habían ceñido el cuerpo santísimo.


"Y al recibirlo entre sus manos, lo besó, y, dando gracias a dios, retornó al valle de Josafat". ( Pseudo José de Arimatea, 17, apócrifo).

¿Por qué lanzar esa prenda tan íntima y preciada? ¿ Y por qué a Tomás?. ¿ Porque era incrédulo o porque era el "Dímimo", su  mellizo?. He ahí nuestra duda.

Aunque tal vez, su explicación sea más sencilla: La recuperación apócrifa de la prefiguración de un simple texto veterotestamentario:

" ...si logras verme en el momento en que Dios me lleve, recibirás lo que pides. Pero si no me ves, no lo recibirás...Entonces Eliseo tomó su ropa y la rompió en dos para mostrar su tristeza.  También levantó la capa que se le había caído a Elías, volvió al río Jordán...Cuando los profetas de la ciudad de Jericó vieron a Eliseo al otro lado del río, dijeron: «Ahora Eliseo es el sucesor de Elías». Entonces fueron a su encuentro, se inclinaron delante de él en señal de respeto" (Reyes 10-16)





Sección para "Curiosón" del grupo "Salud y Románico".


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