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Concentración del poder supremo



La misión de recaudar los impuestos y atender con su importe a las necesidades públicas, se hallaba también encomendada a funcionarios especiales.

Aceptaron los árabes al conquistar España, la división en regiones o provincias que existía; pero al constituirse el califato hubieron de organizarla nuevamente, dividiéndola en seis provincias mayores (Córdoba, Granada, Valencia, Zaragoza, Toledo y Mérida), y en otras varias de inferior categoría.
Las provincias, se hallaban gobernadas por un wali, delegado del califa, con facultades civiles y militares; existiendo también en ellas funcionarios encargados de la administración de justicia, encargados de cobrar el impuesto de aduanas, almotaríes, fieles pesadores, o almotaceaes, etcétera, etc. El poder omnímodo que estos walíes llegaron a ejercer, fue una de las causas que más contribuyeron a la destrucción del califato, sobre cuyas ruinas se erigieron aquella serie de pequeños reinos, conocidos en la historia con el nombre Estados de Taifas, más propios para
satisfacer la ambición de los walíes, que se proclamaron señores de ellos, que para sostener el poder de los musulmanes.

En cuanto al régimen municipal, puede afirmarse que no existía entre los árabes, ni era posible que existiera, dado el principio autoritario que informaba toda su vida política y administrativa. Es cierto que los encargados por los califas del gobierno de las ciudades, solían en ocasiones oír el consejo de los ancianos o de los principales; pero esto no suponía en manera alguna otra cosa que un tributo de consideración, rendido a aquellos que habían de  contribuir, en primer término, al sostenimiento de las cargas públicas, pues las libertades municipales con el carácter con que existieron en los reinos cristianos, no fueron jamás conocidas de los musulmanes.

Existieron entre los árabes diversos impuestos, unos de carácter personal y otros de carácter real.
Entre los primeros, figuraba el servicio militar, y los que son indispensables para la existencia de todo ejército, bagajes, transportes, alojamientos, etc. Según el Corán, todos los creyentes están obligados a hacer la guerra a cuantos no profesen la religión mahometana, hasta conseguir exterminarlos o verlos sometidos, de donde se deduce que el servicio militar pesaba entre los árabes sobre todos aquellos que tuvieran aptitud para empuñar las armas, siendo atribución del califa el determinar el número de ellos que en cada caso particular debían hacer la guerra. La idea de los ejércitos permanentes, no fue desconocida de los musulmanes, pues especialmente desde la constitución del califato, existió una especie de guardia, puesta a las inmediatas órdenes del soberano, y formada unas veces de renegados y otras de árabes o de africanos.



Matías Barrio y Mier (Verdeña, 1844 – Madrid, 1909)
De la serie, "Historia General del Derecho Español".


Es propiedad del Autor.
Queda hecho el depósito que marca la Ley.


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