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Cleptómano

«Ladrón no es aquel que ha tomado algo que necesita, sino aquel que retiene, sin darlo a los demás, lo que para él no es necesario y para los otros es indispensable». Esta reflexión que formula Tolstói en sus "Diarios" tiene muchas aristas. Es discutible que tomar lo que se necesita, sin pedirlo previamente, sea algo asumible salvo en situaciones que “claman al cielo”. Sin embargo, la segunda parte, retener lo que no se necesita, acumular más de lo indispensable, presenta un perfume más certero.


Esa distinción de Tolstói entre lo que es o no necesario nos abre a la figura del cleptómano. Pues su robo no se dirige a cubrir una necesidad, bien sabemos que se trata de otra cosa, es otra satisfacción la que el cleptómano obtiene en su acto. Sustraer el objeto que otro tiene, va en línea directa a la pregunta por quién es exactamente ese otro, qué rasgo se ha visto en él que lo hace apetecible, de suerte que birlarle algo no es sino el intento, erróneo, de ser un poco como él. Apropiarse de un objeto que perteneció a un antepasado puede leerse, siguiendo ese argumento interpretativo, como un modo de fijar una identidad, asumir un rasgo identificatorio. Apropiarse de un objeto de un hermano puede querer decir ser como él, igual que el fetichismo de apropiarse de un objeto que fue propiedad de un famoso, de un héroe o de un ídolo.

El cleptómano, cuyos objetos a la postre no le sirven materialmente ni tienen valor alguno, puede mostrar así esa faz de completar una imagen ideal de sí mismo. Al ser tarea imposible, invita a probar de nuevo y entonces la repetición del acto de robar se convierte en algo compulsivo. Se inaugura así el paso al cleptómano, constituyéndose en la meta para obtener esa íntima satisfacción.

Sartre coloca este exordio en su grandioso "San Genet, comediante y mártir": “¡Bandido, ladrón, granuja, bribón! Es la jauría de las personas decentes la que persigue al niño”, para en las primeras líneas afirmar que «en sus primeros años se representó un drama litúrgico del que él era el oficiante: conoció el paraíso y lo perdió, era niño y lo expulsaron de su infancia». Quiero eso decir que es más lúcido rastrear en los primeros pasos de un cleptómano, en su infancia y vicisitudes, si se deja, que enredar con sus niveles de serotonina.

 



De la sección del autor en "Curiosón": "Vecinos ilustrados" @Aduriz2016

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