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Pio Baroja, a los sesenta años de su muerte.

Pío Baroja es uno de los miembros de la Generación del 98 más inquietantes y menos conocidos: Todos hemos leído a Baroja y todos tenemos una opinión de él, pero pienso que en realidad sólo conocemos estereotipos y tópicos como su irreligiosidad, su anarquismo o su misoginia.



Baroja perteneció a la Generación del 98, aquel grupo de hombres admirables que lucharon por cambiar España porque la amaban profundamente, y que reconocieron también la imposibilidad de lograrlo. Tomaron como punto de partida de su andadura, la derrota frente a Estados Unidos en 1898, y en palabras de Unamuno: Sólo nos unía el tiempo y el lugar, y acaso un común dolor: la angustia de no respirar en aquella España.

   Como características de la personalidad de Baroja destacan, en primer lugar, el gran individualismo y su talante solitario.
Soy un hombre que no ha ido al teatro, ni a los toros ni a los partidos de fútbol…Todas las circunstancias de mi vida han tendido a hacerme un hombre aislado, disgregado, separado del rebaño.
  También es notable su pesimismo sobre el hombre y sobre el mundo
El hombre es un animal dañino, envidioso, cruel, pérfido, lleno de malas pasiones, sobre todo de egoísmo y vanidades.
Su escepticismo abarca también las opiniones sobre la sociedad: En la lucha por la vida no triunfa el bueno, ni el fuerte, sino el cuco, que es el más apto en la sociedad, naturalmente preparada y arreglada por los cucos y para los cucos… En todos los órdenes de la vida triunfa el mediocre, y lo mediocre se apoya en lo más mediocre todavía.

Sus palabras doloridas sobre España y los españoles, nos conmueven profundamente en estos días: Éste es un pueblo con dogma pero sin moralidad; con gestos, pero sin entusiasmo. No lo comprendo bien… Vivimos en un país averiado.

Aquel revolucionario para el que la revolución no consiste en herir o matar, sino en transformar; aquel vasco que clamó angustiado ante el peligro inminente y premonitorio de enfrentamiento entre las regiones españolas:
¡Qué obra la de los catalanistas y bizcaitarras! ¡Excitar el odio interregional, fomentar el canibalismo español, ya dormido! ¡qué pobreza! ¡Qué miseria moral! ¡Qué fondo de plebeyez se necesita para emprender esa obra…Para el extranjero, España es el Cid, es Don Juan Tenorio, es el Quijote, es “La vida es sueño”, son los cuadros de Velázquez y de Goya, es la conquista de América… 
Aquel viejo liberal que se declaró “dogmatófobo”,  había nacido en San Sebastián en1872. Estudió Medicina y se doctoró con una tesis sobre “El dolor”. Ejerció poco tiempo de médico, y pasó a regentar la panadería de una tía suya en Madrid, pero pronto las inquietudes literarias y el contacto con los que más tarde serían sus compañeros de generación, le llevaron a abrirse paso como escritor, y en 1900 publicó sus primeros libros.

Hasta 1911, fecha de El árbol de la ciencia, publicó diecisiete novelas que constituyen lo más importante de su obra, además de cuentos, ensayos y artículos.
Su vida sedentaria, consagrada a escribir sin descanso los más de 33 volúmenes de novelas, 5 de narraciones cortas, 9 de ensayos, 3 de biografías, etc, contrasta con la intrepidez y la audacia de sus personajes (Zalacaín, Paradox, soldados y marinos en los que proyectó su ideal de “hombre de acción” que a él le hubiera gustado ser, y que tanto contrastan con lo que fue realmente su vida.)
Ingresó en la Real Academia en 1935, y residió en Madrid desde 1940. Murió el 30 de octubre de 1956.

Es precisamente su independencia contagiosa, su manera de ir a contrapelo, nada oportunista, lo que hace que Baroja siga teniendo en la actualiad tantos lectores. Rebelde, tierno, débil, honrado y sincero, anticlerical y huraño, aquel viejecito de barba recortada y figura casi insignificante, fue sin duda uno de los más ilustres y universales escritores que San Sebastián dio al siglo XX, y él escribió la prosa castellana más desaliñada y vigorosa de la pasada centuria.

Contradictorio, hombre de acción y contemplativo a un tiempo, agitado por emociones intensas, apasionado por una vida que mereciera la pena, sentimental, iracundo, justiciero, soñador y decepcionado, resulta hoy irremediablemente atractivo en su recorrido vital, en la pluralidad de sus mundos y sus personajes, en las páginas de su literatura que le sobreviven…

Por todo ello, me parece justo rescatar sus ideas y proponer la lectura de sus obras, que resultan hoy de una actualidad increíble.Y también me parece de estricta justicia recordar al hombre, a Pío Baroja, que nunca claudicó ante el oportunismo o la mentira, y que por ello precisamente se nos muestra hoy como un ser admirable....

Otros puntos de vista en Curiosón:
Pio Baroja en el punto de mira





Sección para "Curiosón" de Beatriz Quintana Jato.


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