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La explotación de las minas (y II)


El transporte del material y del agua por el interior de la mina se hacía a hombros y así se sacaba al exterior cuando no había tornos. El material se transportaba en cestones de fibra (mantas) o de cuero (tenates) que los tenateros cargaban a la espalda y sujetaban con un cinto a la frente. Si había que ascender, o se tallaban peldaños en la roca, o se disponían en zigzag, vigas con muescas, o se hacían escaleras con tiras de cuero trenzadas.

Del material extraído se separaban la ganga y las piedras mineras que contenían mineral -rompiendo la mena cn martillos, operación llamada pepena. Lo mismo se hizo cuando se aplicó la amalgamación ya que, además, parte de lo extraído sería amalgamado y parte sería fundido. Los minerales así separados eran triturados y molidos con mazos o batanes, o bajo piedras voladas sobre soleras. También se molió por atahonas o arrastras, cuatro pesadas y duras piedras montadas en un eje vertical que volaban, sobre soleras de hasta tres metros de diámetro. Los mazos y los molinos estuvieron movidos por caballerías.

Para la metalurgia extractiva con fusión se emplearon hornos castellanos que quemaban carbón vegetal. Alonso Barba describió con detalle este tipo de horno en los que se fundía el mineral troceado. El mineral en polvo se fundió en hornos de reverbero. El metal plomizo así obtenido se purificaba con copelación.

Me parece este el momento adecuado para centrar el tema de la participación de mineros alemanes en el tratamiento de las menas argentíferas de Nueva España. Cuando la ley de las menas bajó y su beneficio por fusión se hizo más difícil -ocurría alrededor del año 1540- apareció en la escena de la minería y de la metalurgia de aquel Virreinato un tal Juan Alemán, quien informó al virrey, don Antonio de Mendoza, de que la solución a aquel problema -la dificultad de fundir- estaba en mezclar las menas de plata con menas plomizas. Se supone que el tal Juan Alemán, era Juan Enchel, uno de los metalurgos alemanes que, efectivamente, llegaron a Nueva España en 1536, reclutados por Cristóbal Raizer (o Riasser), agente de los Fugger (o Fúcares), los influyentes banqueros de la Corte Española. La presencia de estos alemanes ha sido utilizada para tratar de reducir a mínimos la aportación española en el campo de la minería y metalurgia. Así, James A. Mulholland en su reciente libro !A History of Metals in Colonial América" despacha el asunto con el siguiente párrafo: "Los españoles, adoptando las técnicas de los mineros alemanes, descubrieron y explotaron los yacimientos de plata de aztecas e incas". En su abundantísima bibliografía cientos y cientos de citas no se incluye ni un solo documento español o hispanoamericano. Cabe pensar en su descargo que la espaola no fue una América colonial; y cabe pensar también que haya tenido dificultades con el idioma, pero -¡qué le vamos a hacer, Mr. Mulholland, si los descubridores, exploradores y cronistas -que no los piratas- hablaban el castellano y en ese idioma escribieron!. Lo cierto es que, lamentablemente, así se han escrito y siguen escribiéndose ciertas historias, también de la metalurgia.

Imagen:
Bosquejo de la costa noroeste de la isla Española (actual Haití), posiblemente realizado por Cristóbal Colón o alguno de sus tripulantes hacia el final de su primer viaje a las Indias, en enero de 1493.





Felipe Calvo, humanista palentino. 
Ensayos y escritos en "Curiosón".

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