secciones

ANH

PUEBLOS DE ESPAÑA

OTRAS SECCIONES

HISTORIA DE ESPAÑA

HISTORIAS DE NUESTRA HISTORIA

El interés de algunas aleaciones



Desde el punto de vista metalúrgico tienen más interés las referencias a algunas aleaciones como el bronce que ya preparaban, aunque en poca cantidad y sólo en ciertos sitios. De los análisis realizados, cabe deducir que el bronce que prepararon lo fue por mezcla de sus componentes (cobre y estaño) y no directamente por beneficio de menas cupro-estañíferas. Algunas piezas aztecas fueron trabajadas en aleaciones oro-plata-cobre.

Los aborígenes orientaron a los expedicionarios hacia la región de Oaxaca cuya riqueza en oro pudiera haber llevado a Moctezuma a guerrear con sus pobladores. La mayor parte de los pueblos obligados por los aztecas a tributar en oro (citados en el códice mendocino) ocupaban aquella región.

El oro nativo y el óxido de estaño (casiterita) los extraían de placeres en los ríos, o de fondos poco profundos. En la arena que sacaban entre las manos buscaban los granos de oro "que iban guardando en la boca". En las zonas más desarrolladas lavaban las arenas en jícaras, tentando para separar por densidades las diferentes partículas.

Con respecto a la plata y al cobre, sólo se trabajaron yacimientos superficiales que contenían metales nativos o algún compuesto fácil de descomponer. No se practicó verdadera fusión, en el sentido metalúrgico del término. La minería antes de Cortés fue una minería rudimentaria, poco profunda, cuando no del todo superficial; al carecer de herramientas apropiadas practicaron la explotación del mineral por fuego, calentando la roca y enfriando rápidamente con agua, con lo cual se producía su quebranto.

Los pedazos de metal encontrados u obtenidos, los fundían en crisoles de arcilla relativamente pequeños calentados en fuegos que avivaban soplando con cañas. El metal líquido se moldeaba en arena o piedra.

El plomo los obtendrían por fusión reductora  de su sulfuro (galena) con carbón vegetal; y, de forma análoga, reducirían las menas dóciles de plata, cobre y estaño.


De Alejandro Linares García - commons.wikimedia
Peine de plata del siglo XIX en la exhibición en la Casa Museo de Allende en San Miguel de Allende, Guanajuato.





Felipe Calvo, humanista palentino. 
Ensayos y escritos en "Curiosón".

Leer más »

Encuentro con Tierra firme



Los indios que poblaban las orillas del actual Grijalva obsequiaron a los expedicionarios con hachas de cobre y bronce, y aun hoy se desentierran piezas como aquellas en la región de Oaxaca. Pero el latón (aleación de cobre y cinz) no era material conocido. Los mercaderes de la antigua Tenochtitlan vendían, junto con objetos hechos, oro en granos metido en canutillos de pluma de ansarones. Se sabe que, por rescate, Cortés obtuvo también algunas piezas de estaño (platos, vasijas y monedas).

Pero donde conquistadores y cronistas rivalizan es en ponderar las riquezas, el oro de los templos, casas reales y particulares, riquezas acumuladas por tributos o botines de guerras entre tribus, y también las acumuladas por Cortés por obsequio o despojo. Son conocidas las noticias del tesoro de Topilzin "que hubieron de llevarlo 180 hombres", o de la estatua de Nezahualtoiotzin de "oro muy natural", o de las ruedas, como "las de carreta", con que Moctezuma obsequió a Cortés, una de oro fino (hechura de sol) y otra de plata (figura de luna); o los veinte ánades, tigres, leones y monos, y las largas varas de justicia, "todo de oro fino y de obra vaciadiza" (Bernal Díaz del Castillo). Si, como parece, eran tesoros heredados, formados por acumulación, se puede deducir que la riqueza de los yacimientos no debía ser excesiva, y menos los de plata que explotaron los aborígenes, ya que éstos no sabían beneficiar más que la plata nativa o de menas dóciles, fáciles de tratar.

De Thelmadatter - commons.wikimedia
Olla para cocinar hecha de cobre, encontrada en la cocina del monasterio de Zinacantepec, Estado de México.







Felipe Calvo, humanista palentino. 
Ensayos y escritos en "Curiosón".

Leer más »

Los metales que nos esperaban


Cuando Hernán Cortés y sus hombres desembarcan en Tierra Firme (1519) y comienzan a protagonizar los diversos y portentosos hechos que aquí nos han convocado, encuentran que mis queridos metales estaban allí bastante completos aunque con desigual desarrollo y con dos ausencias importantes: faltaban el hierro y el mercurio.
Efectivamente, los objetos que constituían los obsequios, los tributos o los rescates, prueban que los aborígenes de los que pronto se llamaría Nueva España, conocían y trabajan el oro, la plata, el cobre, el estaño, el bronce (aleación de cobre y estaño) y el plomo, pero no el hierro ni el mercurio.

Debo adelantar que, para un metalurgista, el "escalafón", la jerarquía entre los metales, no se corresponde con la que pudiera establecer un historiador, un artista, un economista y, mucho menos, un defraudador o un joyero. Para nosotros el oro es un pobre noble, escaso y poco útil, que servir, servir, sirve para muy poco, y cuyo precio -que no valor- da una buena medida de la necedad humana.
Tiene a su favor propiedades muy discutibles como la ductilidad y su falta de reactividad -la llamada "nobleza"- por la cual, por cierto, hemos podido aprender en él muy poco. Y si, además, escasea, ya me dirán ustedes en qué puede residir su embrujo, como no sea en ese consenso universal, pura codicia contagiada, en virtud de la cual todos quisiéramos que se nos pagara en moneda de oro.

Sin embargo, volviendo a nuestro escalafón, en el vulgar y barato hierro y en su variedad los aceros -que han soportado y siguen soportando toda nuestra civilización por sus cualidades y precio- hemos aprendido la casi totalidad de nuestros principios metalúrgicos fundamentales y se han ejercitado los artesanos en el noble arte de la forja, por ejemplo. Es decir, en nuestro escalafón el hierro y el acero sin, si duda, los primeros.

De Alejandro Linares García - commons.wikimedia
Soporte para libros de la época colonial. Museo Franz Mayer en la Ciudad de México.







Felipe Calvo, humanista palentino. 
Ensayos y escritos en "Curiosón".

Leer más »

Repercusiones del arte metalúrgico

Salamanca, 1980...


Parece lógico empezar a desarrollar las repercusiones que se enuncian en el título de este trabajo, cuál era el estado del arte metalúrgico en aquellos momentos, tanto en el Nuevo Mundo como en el Viejo.
Don Alvaro Alonso Barba -el primer cura minero conocido- que desempeñó su curato y su mineralurgia en la Parroquia de San Bernardo de la Imperial Potosí, nos dejó escrito en su Arte de los Metales, entre otras cosas, cuántos eran estos, al menos en el año 1640 en que publicó su libro:




".... Los que no sin nota de vana curiosidad atribuyen a las Estrellas y Planetas particular influjo o dominio sobre algunas cosas, demás del General de los Cielos sobre todas las cosas sublunares, apropiaran a las Estrellas fixas la superintendencia en la producción de las piedras preciosas, que parecen las imitan no solo en el resplandor y lustre con que brillan, sino más principalmente en la fineza y permanencia de su ser, como, al contrario, por la inestabilidad y la poca constancia que en él parece tienen los metales, estando debaxo de varias formas, ya derretidos, ya quaxados, les señalan especial sujeción a los Planetas que, por la variedad que representan en sus movimientos, llaman Estrellas Erráticas. Atribúyenles su número, nombres y colores, llamando Sol al Oro; a la Plata, luna; Venus, al Cobre; Marte al Hierro; Saturno al Plomo; Júpiter al Estaño, y al Azogue Mercurio, aunque, por no ser metal aqueste último cuenta otros, en su lugar, al Electro, mezcla natural del Oro y PLata, en cierta proporción, que fue en un tiempo tenido por más precioso de todos. Pero, ni esta subordinación o aplicación es cierta, tampoco lo es que los metales no sean más de siete: antes se puede presumir, probablemente, que haya en el interior de la tierra más diferencias de ellos que las que de ordinario conocemos".

Es decir, que la humanidad había alcanzado aquel momento, el del Descubrimiento, haciendo lo que pudo y a veces lo que no debió con tan sólo siete metales. Parece oportuno subrayar que don Álvaro tenía razón: los metales iban a ser más de siete. De los noventa y dos elementos naturales que completan la Tabla Periódica, ochenta son metales, y son innumerables sus aleaciones.

___________

Imagen: De Alejandro Linares Garcia - commons.wikimedia.
Plato caliente en el taller de Abdón Punzo en Santa Clara del Cobre, Michoacán





Felipe Calvo, humanista palentino. 
Ensayos y escritos en "Curiosón".

Leer más »

NUESTRO PERIÓDICO

Montaña palentina: Belleza y Arte

Entradas relacionadas:

RECORDANDO HISTORIAS - PRIMERAS ENTRADAS DEL BLOG

TE PUEDE INTERESAR

HISTORIAS Y ENSAYOS

CITADOS EN OTROS MEDIOS

REVISTA PERNIA

revista literaria pernía

Bienvenido

Puedes seguirnos en las redes sociales o suscribirte al feed.

¡Suscríbete a nuestro blog!

Recibe en tu correo las últimas noticias del blog. Sólo ingresa tu correo para suscribirte.