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El platino

En realidad, el primer elemento químico descubierto en América fue otro metal: el platino, y lo fue por otro español, don Antonio de Ulloa en las arenas del río Pinto, en Nueva Granada (Colombia), en 1736. Y en forma de platina, "piedra de tanta resistencia que no es fácil romperla ni desmenuzarla"... "Ni la calcinación la vence, ni hay arbitrio para extraer el metal que encierra, sino a expensas de mucho trabajo y costo". El metal que Ulloa advirtiera, lo identificó Watson, catorce años después (1750) y se conoce como platino.



Todo esto significa que desde las primeras fraguas de Cortés, y el procedimiento de Bartolomé de Medina para beneficiar las menas de plata, la actividad minerometalúrgica en Méjico no sólo no se interrumpió, sino que se desarrolló técnica y económicamente, con notable acierto, con el apoyo recibido desde España que, insisto, llegó a prescindir para ello de sus mejores hombres que era, además, prácticamente los únicos.

Voy a terminar transcribiendo un párrafo de la conferencia que don Carlos Prieto pronunció con ocasión del CLXXV aniversario de la Fundación del Real Colegio de Minería de México (1792):

"...Si España no supo o no pudo escribir adecuadamente el último capítulo del admirable libro de América, sí escribió, en cambio, los capítulos más felices de su historia y también los capítulos más gloriosos. Fue tal y tan sin par esa acción indiana a lomos de la minería, que no exagero al afirmar que reviste caractéres de asombro, mágicos, podríamos decir. Comienza la tierra americana por atraer y seducir irresistiblemente a un puñado de aventurados aventureros, ejerce esa tierra sobre el pueblo español trasvasado a las nuevas tierras, una especie de encantamiento que lo lleva a realizar hechos increíbles y quiméricos y lo mueve a escudriñar sus más escondidos rincones, en los lugares más abruptos y más elevados de las cordilleras, a través de caudalosos y prolongados ríos, de hostiles desiertos y de selvas intrincadas, y en todos esos sitios se asienta y mezcla y amalgama con los pobladores aborígenes, complicando y enriqueciendo aún más el mestizaje que ya llevaban en su sangre desde la península y, por último, se realiza sobre esa tierra americana una impredecible y misteriosa transmutación del oro y de otros metales preciosos, extraídos de sus entrañas en esencias imponderables: espíritu y mentalidad, creencias y emociones, aspiraciones y sentimientos, en suma, en pueblos con precisa y acusada personalidad extendidos por todo el nuevo Continente".





Felipe Calvo, humanista palentino. 
Ensayos y escritos en "Curiosón".

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Los hermanos Elhúyar y De Rio

El 21 de septiembre de 1551 el príncipe don Felipe firma la Real Cédula de fundación de la Universidad de México y, llegado el llamado siglo de las luces y las ciencias (XVIII), Carlos III, convencido de la conveniencia de tecnificar, con base científica, la explotación de las minas en las Indias, decide enviar técnicos alemanes que juzguen los sistemas empleados así como establecer Colegios. Estamos a casi trescientos años del Descubrimiento. 

No por casualidad el Rey se fija en México. Las Ordenanzas de 1783 prevén la fundación del Colegio de Nueva España, que había de financiar el Real Tribunal de Minería, y que, con el nombre de Real Seminario de Minería, empezó a funcionar en 1792. No obstante, desde 1786 ya tuvo Director nombrado por Cédula Real: fue don Fausto de Elhúyar y Zubice, quien, en estrechísima colaboración con su hermano don Juan José, y después de una trabajosa, larga y seria formación en distintos centros de Europa, acaba de descubrir en 1783, el wolframio.

Don Fausto llegaba a México, con once mineros alemanes, en agosto de 1788. Tenía 33 años. Destinándole a él a México y a su hermano Juan José a Nueva Granada (Santa Fe, Colombia 1784) para encargarse del beneficio de los metales por fundición, España se desprendió de los dos químicos metalúrgicos más cualificados de aquel momento y, desde luego, de nuestra historia, y lo hizo en un momento minero metalúrgico decisivo para ella. Un gesto de generosidad que no ha sido suficientemente destacado.

Don Juan José de Elhúyar muere en su destino americano en 1796; don Fausto permaneció en Nueva España hasta 1821 en que regresó a la metrópoli en donde nostálgico -todavía figuraba como director de Minería de México- publica su "Memoria sobre el influjo de la Minería en la Agricultura, Industria, Población y Civilización de la Nueva España en sus diferentes épocas" (1825).

A los nombre de los hermanos Elhúyar hay que agregar otro, el de don Andrés Manuel de Rio, no menos ilustre, con el que en este mismo campo del conocimiento siguió España contribuyendo al desarrollo minero-metalúrgico de México: De Rio, era un madrileño, graduado en Alcalá, alumno después de la Real Academia de Minas de Almadén, que completó su formación en Freiberfi (con Werner, como los Elhúyar), en Scgemnitz, y en París. Llamado por don Fausto de Elhúyar, llegaba a México en 1794 para desempeñar la Cátedra de Mineralogía del Real Seminario, donde destacó su pulcra figura de maestro copetente y generoso, e investigador riguroso. Precisamente, analizando una mena de plomo pardo procedente de Zimaplán (Estado de Hidalgo-México), obtuvo en 1801 el óxido desconocido de una nueva substancia metálica a la que primero llamaría pancromo y más tarde eritronio, pero que, curiosamente, ha pasado a la tabla de los elementos químicos con el nobre de vanadio.  Con todas sus peripecias nominales el metal descubierto por Del Rio en México resultó ser "el primer elemento químico descubierto en los laboratorios de América, más de un siglo antes de que en los EEUU de Norteamérica o en Canadá se descubriera  el segundo (el niobio o columbio" (Bargalló).





Felipe Calvo, humanista palentino. 
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Disgresión a cuento

Coetáneos de Cortés, embarcados o no en el Descubrimiento, verdadero oro, aunque metafórico, de su siglo, fueron Pizarro, Balboa, Elcano, Magallanes, Pedro de Alvarado, el P. Vitoria, Berruguete, Santa Teresa de Jesús, los Arfe... La relación se haría interminable. 


Representar a los pocos miles de españoles que, salidos de tres o cuatro provincias en realidad de unos pocos pueblos, descubrieron, enquistaron, pacificaron y poblaron todos los Nuevos Reinos de Tasas a Patagonia, "sin ser sabidor de ello Vuestra Majestad". Imposible reconstruir y valorar sin echarle imaginación lo que sería aquello. Ha tenido que volar el hombre para ofrecernos desde el cielo -que no desde el aire-, los hechos geográficos sobrecogedores que los cronistas de la época refieren con asombrosa sencillez.

Ninguna otra empresa histórica a nombre de otra nación u otro pueblo ha sido preparada y realizada tan ajustada a Leyes, ni sus protagonistas fueron tan críticos con su propia obra. Todo lo mal hecho, los graves errores, lo que de censurable hubo, fue furiosamente advertido por el P. Bartolomé de las Casas Protector de los indios por designación del Emperador. Durante cincuenta años fray Bartolomé fue puntual informador de abusos al Rey y al Consejo de Indias, para lo cual comenzaría el océano treinta veces -casi un puente Atlántico- influyendo en la promulgación de leyes protectoras de los derechos humanos de los indios. Era otra forma de servir al Descubrimiento que la que adoptó el sacerdote Alonso Barba que permaneció sesenta años seguidos sin volver, levantando parroquias y hornos metalúrgicos y poniendo al servicio público su saber acumulado.

Y quiso morir allí, al aire limpísimo del altiplano alpino. Conviene recordar que el primer asentamiento español permanente data de 1493 y la primera colonia inglesa de 1607; es decir, 115 años después sin que se las tuvieran que haber otros imperios: los colonos anglosajones establecidos en el Este de América del Norte tardaron siglos en decidirse a cruzar el Misisipi para llegar a California y hacer buenas las referencias que tenían de oro en placeres de ríos lejanos. Para entonces, digo, los españoles y sus mestizos llevaban trescientos años recorriendo los países andinos, la Amazonia, la América del istmo, la Nueva España... La decisión (?) anglosajona es tan reciente que casi coincide con el invento del celuloide que dio nacimiento a la nueva forma de crónica para la colonización de América: los Wensters. Aquí sí que el oro motivó que se poblaran la mitad de los actuales Estados Unidos de América del Norte.

Trecientos años antes, la muerte atormentada de Guauhtémoc en México, o el rescate de Atahualpa en Cajamarca, fueron trágicos sucesos que demuestran el difícil o imposible control de las empresas que, por su envergadura, por su grandiosidad, por su significado, sobrepasan la capacidad de sus protagonistas, aunque los acontecimientos los hayan transformado en titanes.

Los hombres llegados de España, se encontraron con hombres en el Nuevo Mundo. El encuentro de pueblos en tan diferentes momentos y, fatalmente, con tan distintos papeles que jugar en aquel acontecimiento, se desarrolló de acuerdo con unas circunstancias sin precedentes (lejanía, sorpresa, adversidad, cordialidad). Está por demostrar -insisto- que otra nación lo hubiera hecho mejor; por lo singular y único, aquel encuentro se hace irrepetible e incomparable.

A quienes ahora ocultan su asombro para asentir a las versiones llamadas progresistas generalmente vanas, enanas, tergiversadas y tendenciosas de acontecimiento tan grandioso, habría que decirles que no tengan miedo ni reparo, que no hay nada de qué arrepentirse aunque haya algunas cosas que lamentar.





Felipe Calvo, humanista palentino. 
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El hierro (y II)

Hablando de barcos diremos que los construidos después en los astilleros del Pacífico fueron 25 en menos de quince años y que los barcos de aquellos astilleros manejarían hasta Filipinas y Japón (Cipango). Naves construidas en Nueva España exploraron por primera vez Alaska.


Los indios, involucrados de una u otra forma en estas faenas vieron y asistieron en su trabajo a los herreros, observaron cómo manejaban las herramientas, entendieron el para qué de los fuelles... y poco a poco fueron introduciéndose  en el arte del nuevo material que sus descendientes, ya mestizos, llegaron a ejercer como maestros para producir las primorosas obras  de la rejería mexicana.

Por otra parte, con las armas perdidas por los conquistadores en los grandes y amargos reveses que tuivieran, se armaron los nativos modificando a veces el diseño de las minas, haciendo, por ejemplo, lanzas muy largas para matar los caballos.

Si bien nunca existió un gremio de mineros, sencillamente porque los del minero no es un oficio, es una viril aventura -con el tiempo sí hubo gremios de plateros, de batihojas, de fundidores, de herreros, de cerrajeros, de caldereros, de espaderos, de doradores, con sus ordenanzas, sus pruebas y sus jerarquías.

Vale la pena, ahora que tanto se acosa e injuria a lo selecto, extractar como ejemplo las Ordenanzas de Herreros dadas en la Muy Noble y Leal Ciudad de México en seis de abril de 1568. En ellas se dicen cosas como estas:

-Que el día de Año Nuevo la justicia y los Diputados elijan dos Veedores deste oficio para lo que el Veedor general traerá noticia de los hábiles y suficientes para ello, y éstos visiten las herrerías y examinen las obras.
-Que ningún oficial pueda poner tienda sin ser examinado por los Veedores y otros dos oficiales, y declarado hábil, pena de diez pesos y tres días de prisión; por la segunda, las dichas penas y pierda toda la obra, y por la tercera, las mismas y privacion es de usar el oficio.
-Que los que examinasen para efecto de poner tienda, sólo usen de lo que son examinados, pena de pérdida de la obra...
-Que el que examine sea de un mazo, un gijo, un pico, una reja de arar, un azadón, un calabozo, un hacha, un martillo de orejas o de lo que supiese, usando sólo de lo que debe y sabe, y de tres pesos por su trabajo a los Veedores, y estas cosas han de ser bien calzadas, con acero bien templado, ni muy blando ni muy fuerte, que salte o se desgrane; y bien fornidas, y los ojos bien soldados, sin engaño público, ni secreto.
-Que ningun oficial venda por Reja nueva la vizcaína adobada, sino que diga al comprador la obra que es.
-Que ningún oficial compre herramienta vieja para adobarte y venderla, pero en caso que el dueño la lleve a adobar, sea bien adobada y soldada, sin engaño.

¿Cuántos talleres actuales podrían seguir abiertos si veedores del oficio, hábiles y suficientes, Ordenanzas en mano, los visitasen y examinaran sus obras?

La otra temprana operación metalúrgica de Cortés en México -aunque lamentable y menos importante- fue la extracción de estaño por fusión de menas trabajadas en Nueva España, a lo que hace referencia Cortés en su Carta de Relación de 15 de octubre de 1524.

En el momento histórico en que se producía la actividad minero-metalúrgica que nos ocupa, se acontecieron otros hechos que conviene recordar: Cuando en 1539 -sólo dieciocho años después de la toma de la capital azteca- funciona ya en México la primera imprenta del Nuevo  Mundo, faltaban cien años para que Boston tuviera la suya (1638), y más de ciento cincuenta para que la tuviera Nueva York (1693); mientras en Inglaterra, en 1685. sólo existían las de Londres, Cambridge y Oxford.

Plato caliente en el taller de Abdón Punzo en Santa Clara del Cobre, Michoacán
De Alejandro Linares Garcia - Trabajo propio-commons.wikimedia





Felipe Calvo, humanista palentino. 
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El hierro (I)

Así, pues, la agricultura, el comercio, los talleres, la ganadería, se desarrollaron al ritmo de los establecimientos mineros y, efectivamente, hubo un ritmo de desarrollo sostenido en el beneficio y elaboración de los metales.



Desde España se proveyó del hierro que faltaba, al menos de momento en el Nuevo Mundo, y se instaló en Tlaxcala la primera fragua soplada en la que Hernán Martín, soldado de Cortés, forjó en 1519 los primeros herrajes destinados a los bergantines con los que Cortés cruzó el lago de Texcoco para ganar Tecnochtitlan, y las primeras herraduras, armas, etc... Así se introducía en Nueva España el arte de trabajar ese humilde metal, pero el más útil, el que ha llevado el peso material de la más prolongada y fructífera aventura del hombre: el dominio del medio. Si los pobladores de Nuevo Mundo hubieran llegado al hierro, nuestro encuentro se hubiera producido más temprano, de otra manera y, acaso, en medio del océano.

Ya lo he dicho antes en sentido estricto, el metal verdaderamente noble es el hierro. En él -materia para armas, rejas y cadenas-, se apoyó la nobleza convencional del hombre, desfacedor de entuertos y también la villanía noble que creó y utilizó herrajes y herramientas. Pero el hierro aparece en las sociedades humanas en su momento y en su sitio; no se le busca, aparece de súbito. Y no vale que se presente como un meteorito caído; para que su abundancia, sus cualidades y su tratamiento produzcan el tránsito trascendental a la Edad del Hierro, hubo que obtenerlo con tierra, aire, agua y fuego. Pues bien, ocurrió que para el continente americano llegó el Descubrimiento antes de que sus pobladores hubiesen encontrado el arte de obtener el hierro. El asombro, el desconcierto que el hierro elevado por los españoles en forma de armas, aperos, herrajes y herramientas, facilitó la empresa de la conquista. Aquellos pueblos se rindieron a la novedad y a la eficacia de aquel material desconocido para ellos.

Hernán Cortés demostró su talento apoyando su empresa tanto en soldados como en hombres con oficio, equipados para ejercitar sus artes. La empresa del Descubrimiento en general, no la llevaron a cabo masas, fueron tan pocos hombres que hubo lugar a registrarlos con nombres propios, personajes para la historia desde el momento de embarcarse allá en España. Bernal Diaz del Castillo en su "Historia Verdadera de la Conquista de Nueva España", recoge así la orden que Hernán Cortés diera al capitán Alonso de Grado, al enviarle a la Villa Rica de la Veracruz:

...E que a dos herreros que en aquella villa quedavan y les avía enbiado a dezir y mandar que luego hiziesen dos cadenas gruesas del hierro y anclas, que sacaron de los navíos que dimos al través, que con brevedad las enbiase y que diese prisa..."

En otro pasaje de su Historia, Bernal Díaz trae a la memoria:

...Como cuando Cortés enbió a Goncalo de Sandoval a la Villa Rica por teniente y capitán y alguazil mayor, le mandó que, así como llegase, le enbiase dos herreros con todos sus aparejos de fuelles y herramientas y mucho hierro de lo de los navíos que dimos a través y las dos cadenas grandes de hierro estavan ya hechas."

...Gruesas cadenas que llegan transportadas por indios a o largo del penoso camino de la costa a la alta meseta de Anaihuac y que fueron utilizadas junto con las  "...belas y xarcias, y pez y estopa, y una aguja de marear y de todo otro cualquier aparejo para hacer dos vergantines para andar en la laguna México..."

Plato caliente en el taller de Abdón Punzo en Santa Clara del Cobre, Michoacán
De Alejandro Linares Garcia - Trabajo propio-commons.wikimedia





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El destino de tanta riqueza

La minería en el Nuevo Mundo fue el gran motor del hecho trascendental del Descubrimiento. Pero ¿dónde fueron a parar, principalmente, el oro y la plata extraídos? Pues a tapar los agujeros de entonces; agujeros imperiales cuyos acreedores eran los usureros de Amberes, Brujas, Gante, Amsterdam, Londres, Hamburgo, Génova, Bailsea..., antecesores de la actual Banca como instrumento del régimen económico conocido como moderno capitalismo. Mientras tanto, la economía española, por falta de oficio, se corroía por la moneda en circulación. A aquellas mismas plazas llegaban, curiosamente, no sólo los metales registrados en la Casa de Contratación de Sevilla, sino los pintados, y es seguro que, hechos dinero, valieran lo mismo.



Sin embargo, una parte importante de los valiosos metales se quedaron en su propio Mundo y tuvieron una gran importancia en el desarrollo de su economía. Además, el México virreinal, hubo de invertir, por ejemplo, de las necesidades políticas y económicas de las Islas Filipinas.

Por otra parte, los Reales de Minas eran complejos establecimientos que precisaban equipo, maquinaria herramientas, provisiones, avituallamiento, transportes, alojamientos... etc... Por ello dieron lugar al establecimiento de servicios, talleres de variados oficios, comercios..., los cuales evolucionaron al ritmo de la explotación minerometalúrgica con la que indirectamente colaboraban. No es cierto, pues, que el establecimiento y desarrollo de la minería y la metalurgia impidieran el establecimiento y desarrollo de la agricultura. Humboldt nos lo dice así en su ensayo político:

"En México, los campos mejor cultivados, los que recuerdan a los viajeros las más hermosas campiñas de Francia, son los llanos que se extienden desde Salamanca hasta las inmediaciones de Silao, Guanajuato y la villa de León, y en los cuales están las minas más ricas del mundo conocido. En todos los parajes donde se han descubierto vetas metálicas, en las partes más incultas de las cordilleras, en llanuras aisladas y desérticas, el beneficio de las minas, lejos de entorpecer el cultivo de la tierra lo ha favorecido singularmente..."
"Sin los establecimientos construídos para el beneficio de las minas cuántos habrían permanecido desiertos, cuántos terrenos sin abrir al cultivo en las cuatro intendencias de Guanajuato, Zacatecas, San Luis de Potosí y Durango, en donde se hallan reunidas las riquezas metalúrgicas más considerables de Nueva España"...

Cuando las vetas se agotaban, y se abandonaban las obras subterráneas, el colono quedaba en la superficie, enraizado al suelo, haciendo generación de campesinos.

Don Lucas Alamán, en su Historia de México dice:
"Las grandes menas que se desparramaban de los reales de minas, se difundían a muchas leguas a la redonda, formando la agricultura y la industria  con los consumos de los productos de la una y de la otra que se hacían por el laboreo, desagües y beneficios de los metales"...

Don Faustino Miranda escribe sobre este aspecto ganadero:
"Como riada cubrieron los ganados el suelo mexicano". "Al declinarse el siglo XVI, era frecuente encontrar rebaños cuyo número de cabezas ascendía a diez o veinte mil. En el Centro, las regiones más adecuadas para el sostenimiento de los ganados rebosaban de ellos, y los límites que se les pusieron casi no bastaron para impedir su incesante desbordamiento por las tierras labrantías"...

La arriería merece una especial mención, ya que participó con sus acémilas en la construcción de puertos y caminos y en el transporte de minerales y metales. Así surgieron los caminos de Itasco a Sultepec, y el de México a Zacatecas (1570), que se prolongó hasta Durango por las altas mesetas centrales de Nueva España.

Imágenes de nuestro colaborador en México, José Luis Estalayo, el actual Guanajuato.







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La afanosa búsqueda de metales

Dada la orografía de la América hispana la afanosa búsqueda de metales, se destaca como un componente importante de la titánica aventura del Descubrimiento. Lean si no este párrafo de Fernando Belaúnde con ocasión de su toma de posesión como Presidente de Perú (Luis Calvo, junio de 1963):


"En Europa no pueden tener una idea plástica de la magnitud de la epopeya española en América. Yo conozco mi tierra peruana palmo a palmo, cerro a cerro, villorrio a villorrio. La he recorrido a pie y a caballo, y he podido medir como nadie el esfuerzo ciclópeo de los conquistadores y colonizadores que tomaban rutas desconocidas y nunca exploradas. A mí, detrás de un pico de los Andes, me esperaba un pueblo, y yo iba, por allí a recibir sus aplausos y su cariño. Pero a los españoles, ¿qué les esperaba? El misterio, la adversidad, la lucha, la muerte. Nunca estaban seguros de que habían de regresar a su punto de partida. Yo puedo imaginarme lo que aquello debió ser. Es difícil formarse una idea de lo que es la cordillera andina. Algo cósmico. Allí, a tres mil, a cuatro mil, a cinco mil metros de altura, los españoles construían ciudades, las ciudades barrocas de la colonia. Y allí trabajaban en las minas. Hacían iglesias en los palacios incáicos y en los nichos trepezoidalescolocaban, como si fuesen hornacinas, las imágenes de sus santos. ¿Saben ustedes que no hay mina en los Andes donde no queden huellas de los trabajos allí hechos por los españoles? ¿Se sabe, acaso, los puentes, los acueductos, los caminos que trazaron?."

Si quieren entrar en calor, después de este escalofrío andino, contrasten lo leído con lo que otro peruano, el novelista Vargas Llosa, escribía recientemente (El País, 26 de febrero de 1984).

"La colonia... significó el oscurantismo religioso, la Inquisición, una censura que llegó a prohibir un género literario -la novela- y la persecución del impío y del hereje, lo que quería decir en muchos casos, simplemente, la del que se atrevía a pensar. La colonia significó la explotación del indio y del negro, y el establecimiento de castas económicas que han pervivido, haciendo del Perú un país de inmensas desigualdades".

¿Se puede, honestamente, pensar que sólo significó eso? ¿Por qué se empeñan en enunciar en tópicos y en falacias lo que fue un hecho histórico singular e irrepetible, un hecho único, que está por ver -y no se verá nunca- si alguna otra nación lo hubiera realizado mejor que España?

Como metalurgo estoy especialmente sensibilizado hacia la torpe metáfora que se enuncia como sed de oro, porque me parece la gran coartada con la que tratan de desvirtuar la portentosa aventura del descubrimiento aquellos países a los que no correspndió protagonizarla y estuvieron "a resultas". Imagínense que, de verdad, las Indias hubieran tenido tanto oro y tanta plata fáciles y abundantes como acaso soñaron algunos aventureros. Saturadas las cortes y su nobleza, satisfecho el culto, arruinado el especulador, ahogada la codicia en la intrínseca inutilidad de esos metales, el Descubrimiento no se hubiera detenido porque todo lo demás eran tan grandioso y tan nuevo y se conocía con tanto sufrimiento que los conquistadores hubieran seguido gozando de su porfía con la fortuna y con los dioses.

No hubo nada nuevo en el afán minero de los conquistadores y sus hombres, era lo que la humanidad de entonces llevaba haciendo hacía miles de años, y lo que la actual sigue haciendo en todos los continentes y ya está pensando en trasladar su afán a los astros y al fondo de los Océanos. La llamada colonización española no tuvo nada que ver con el colonialismo todavía vigente en la explotación de recursos naturales.





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Las Leyes de Las Indias

En el aspecto laboral las Leyes de las Indias salieron al paso de los atropellos o de los abusos, tan pronto como se denunciaron; otra cosa es el grado de acatamiento que tuvieron, o la fidelidad en su interpretación. Para las circunstancias y características que se daban en el Nuevo Mundo se instituyeron la Encomienda Indiana y la Mita.



La Encomienda indiana fue, segun Carlos Prieto, una adaptación de la Encomienda europea medieval. Era una dependencia recíproca -pero no igual- entre dos personas libres, una de las cuales, la poderosa, protegía a la más débil a cambio de un servicio leal. Esta fue la relación que existió entre grupos de indios y colonos o encomenderos en cuanto a la utilización de la mano de obra indígena, relación que siempre dejaba a salvo la libertad jurídica y la suprema soberanía de la Corona.

La Mita era un servicio obligatorio, equivalente al servicio militar, para realizar trabajos que se juzgaban indispensables o urgentes para la Corona o la Comunidad, como el ocasional pastoreo o, de forma más regular, el trabajo en la mina. Los mitayos se reclutaban por sorteo en los poblados de indios y el reclutamiento afectaba a una parte de la población útil (1/7 en Perú, 1/4 en Nueva España), que se relevaba cada diez meses.

Si alguien quisiera juzgar estos hechos desde nuestro tiempo, tendría que hacer un difícil esfuerzo para situarse, en cuerpo y alma, en los primeros años del Descubrimiento. Sin ese esfuerzo, el juicio no sería justo, como no lo ha sido en tantos otros aspectos. Don Modesto Bargalló, quien profundizó como ningún otro en el análisis del Descubrimiento, desde la perspectiva mdetalúrgica supo situarse, desde su exilio en México, frente al hecho inverosímil del Descubrimiento y escribió lo siguiente, que me gusta recordar cuando me ocupo en estos temas:

"Por muy lejos que estemos de todo espíritu de conquista y nos duelan sufrimientos morales y físicos de todo país conquistado, ha de convenirse en que los descubridores y conquistadores de Indias  no mostraron solo ambiciones de tierras y riquezas. Contra la enfermedad y el hambre, y en las luchas con los aborígenes y entre ellos mismos, ofrecieron valentía, audacia, altivez, atracción por lo incógnito; y, con ello, dieron cara al dolor y al infortunio. Y, a no pocos, les estimuló el anhelo de ganar un sitial glorioso en la historia. ¿Pudieron pensar de otro modo el mozalbete Cieza de León al anotar amorosamente en su diario (su futura Crónica del Perú) desde Cartagena de Indias a Potosí, sus impresiones sobre paisajes y pueblos; y Bernal Diaz del Castillo al escribir, ya maduro, sus recuerdos de la conquista, creando la maravilla de su Verdadera Historia de la Conquista de la Nueva España".

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Imagen: Maquinaria de la mina de oro de La Nava de Jadraque, foto de Modesto Bargalló (Archivo La Alcarria Obrera) 





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Aspectos económicos

La minería y la metalurgia adquirieron, desde los primeros tiempos del Descubrimiento una gran importancia tanto para la economía privada de los descubridores como para la de los reyes. Era natural que pronto también se tratara de ordenar la adquisición y explotación de minas y de resolver litigios, así como de fijar la participación de la Corona en los beneficios. Por ello, además de Virreinatos, Gobernadores, Adelantos, Municipios y Capitanías, se crearon Audiencias, Tribunales, Cajas Reales, Casas de Monedas, Bancos de Rescate y de Avío, Ordenanzas de minería, etc... Las minas eran un derecho de regalía y quedaban reservadas al Rey sin que ello impidiera su explotación por los particulares con carácter de usufructo, a cambio del cual se pagaba un canon que variaba según el momento, según el producto y según los beneficios obtenidos. 



Algunas minas o productos quedaron totalmente reservados a la Corona por razones de conveniencia general, reserva que podía ser teporal o definitiva, como fueron reservadas las minas de mercurio de Huancavélica.

En Nueva España se aplicaron las Ordenanzas de Nuevo Cuaderno, recopilación realizadas a instancias de Felipe II (1584), en las que se establecían las reglas que protegían el trabajo y el trato de los indios en las minas. En 1761, se publicaron los comentarios a las Ordenanzas de Minas del criollo don Francisco Xavier de Gamboa. Las últimas Ordenanzas de Minería para el Virreinato de México se aprobaron por la Real Cédula de Carlos III en 1783. Precisamente en esas Ordenanzas se declaraba urgente la creación de un Colegio de Minería en el que se pusieron muchas esperanzas para la debida preparación de los técnicos mineros.

Más grave y complicada fue la Administración del Patrimonio Real (tierras, señoríos y minas). Para ello se instituyeron las Cajas Reales, supervisadas por virreyes y gobernadores.

El primitivo trueque de cosas se fue sustituyendo por el contrato pagado con barras de plata, tejuelos de oro o metales en polvo, mercaderías cuyo valor dependía del grado de afinación, de su peso, o de su volúmen; de ahí que la autoridad introdujera el ensayo para determinar el título (pureza) de los metales, y también la división de las piezas en fracción es que llevaban estampado su precio y su valor. Así se llegó a la moneda acuñada con el valor fijado por el Estado.

Por Real Cédula de 1535 se crean en el Nuevo Mundo tres casas de Moneda -México, Lima y Santa Fe (Colombia)- que habían de hacer las amonedaciones de acuerdo con las Casas de Castilla. La Casa de Moneda de México empezó a acuñar moneda de plata y de cobre en 1536; por cierto que la de cobre hubo de sustituirse por medios reales de plata porque los propios indios la despreciaban. Hasta 1675 no se permitió en Indias amonedar el oro.

Cuando las haciendas o Reales de Minas estaban lejos de las ciudades en las que estaban ubicadas las Casas de Moneda, se hacía difícil, peligroso y gravoso enviar las barras de oro y plata; y complicado y largo cobrar su importe, lo cual incidía en el pago a los mineros. Por otra parte, las Casas de Moneda solían quedarse sin metal que amonedar. Esto explica la aparición de mercaderes que especulaban con la plata rescatada, con perjuicio para los mineros y también para la Real Hacienda. Los citados Bancos de Rescate procurarían que nunca faltase en  las Cajas Reales próximas a los Reales de  Minas, moneda bastante para pagar al minero, a precio justo, sus metales. Hubo Bancos de Rescate en San Luis de Potosí (1791), Zacatecas, Pachuca, Sombrerete, Rosario Zimpan. Chiuahua, Durango y Guanajuato (desde 1791).

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Nota de Curiosón
El mercurio causa daños tanto en el sistema nervioso del hombre como en las tiroides, los riñones, los pulmones, el sistema inmunológico, los ojos, las encías y la piel.

Imagen: Impacto





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Importancia del Mercurio

Como habrá podido apreciarse, el azogue (mercurio) era el producto básico para el beneficio de los minerales de plata por amalgamación cualquiera que fuese el procedimiento o la variante: el mercurio, no conocido en Tierra Firme, llegaba en baldreses desde España. Por eso fue muy importante el descubrimiento de las minas de Palcas (Huamanga) por Enrique Garcés (1563), y de las de Huancavélica (Perú) por Navincopa, un indio de Amador Cabrera, cuando éste seguía la pista al limpe (bermellón) utilizado por los indios en sus tatuajes.



El mercurio estuvo tan asociado a la plata que su consumo sirvió de base para el cobro del quinto real. Esto explica la influencia del gremio de Azogueros que controlaba la obtención, transporte, reparto y precios del azogue. Don Pedro Cañete y Domínguez dedicó una obra al ilustre Gremio de Azogueros de Potosí y la azoguería de Nueva España no pudo tener un panegirista como el Señor Cañete, porque tardó en encontrarse mercurio y, porque, cuando se encontró, no lo fue en abundancia. Hubo explotaciones en Chilapa (1676), en la Sierra de los Pinos (Nueva Galicia), en Cerro del Carro y el Pinacho (1740), y en Temazcaltepec (1743), el Mercurio para los Reales de Minas de Nueva España llegaba de Huancavélica (Perú) y de almadén (España), y llegó hasta de China, vía Acapulco.

En las leyes recopiladas de Indias quedó bien reflejado el carácter reservado del tráfico, venta, aprecio y distribución del mercurio. La ley número 78 decía:
"Sólo por cuenta de la Real Hacienda se comercia el azogue, pena de ser pedidos; y se prohibe la venta a los mercaderes y mineros, aunque sea de lo que se les ha repartido por cuenta de la Real Hacienda".
Curiosamente, las cosas no han cambiado mucho en la Vieja España por lo que respecta a su aún más viejo mercurio: la Real Hacienda sigue imponiendo su Real gana, monopolizando su explotación y, naturalmente, su comercio.

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Nota de Curiosón

En Querétaro hay en la actualidad 300 minas, la mitad de ellas trabajan en la informalidad y se concentran en la Sierra Gorda; los mineros ganan de mil a dos mil pesos semanales, según su nivel de producción.

Una gran parte de los mineros dedicados a su extracción -según informa "El Financiero"- trabaja de forma clandestina, sin las más mínimas medidas preventivas para su salud y seguridad, lo que el año pasado provocó la muerte de al menos cinco trabajadores. Son auténticos gambusinos que buscan el metal en las minas abandonadas o que trabajan a cambio de una comisión por sus hallazgos.

Mientras se aplica en México, autoridades ambientales procuran aminorar el daño que pueden tener los mineros con la sustitución de su tradicional proceso de horneado con leña para obtener el metal, con hornos de gas, lo que además impedirá que continúe la deforestación de la zona.

Informó 
El Financiero, 14/4/2014






Felipe Calvo, humanista palentino. 
Ensayos y escritos en "Curiosón".

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Amalgamación y método del "patio"

Digamos, en primer lugar,  que la amalgamación (disolución, aleación o reacción) de la plata y el oro con el mercurio, era un hecho bien conocido. Precisamente cuando Medina andaba todavía por Sevilla, Vanoccio Biringuccio había publicado su libro De la Pirothecnia (1540) en el cual no sólo se describe el fenómeno en sí, sino que en su capítulo XI, libro noveno, se refiere al "Método de extraer toda partícula de plata u oro de escorias de minerales, o barreduras de cecas, hatihoas y orfebres; y también de las contenidas en ciertas menas". Cabe pensar que hasta Sevilla, parada y fonda de los Metales del Nuevo Mundo, llegara desde la Europa aún estupefacta, el libro de Biringuccio. 



Y cabe que Bartolomé de Medina tuviese conocimiento de lo que en él se decía, pero debidamente explicado al mercader por alguien con cierta experiencia en el arte. Aquí es donde pudo entrar en escena el alemán, no católico, que se dice llegó con Bartolomé de Medina a Nueva España, aquél a quien las autoridades no dejaron desembarcar para no perjudicar la fe aunque se beneficiasen mejor los metales. Si esto sucedió así, Medina hubo de echarle mucho valor, tesón, intuición y talento, para sin el alemán y sin experiencia -aunque con fe en Nuestra Señora- cuajar su invento.

Aún está pendiente de aclarar también si Bartolomé de Medina fue realmente quien introdujo la amalgamación en el Nuevo Mundo. La cuestión se plantea porque existe una cédula de la Princesa Gobernadora, extendida en Valladolid el 4 de marzo de 1551 que permite dudar de ello. En esa Cédula se dice que "habiendo visto lo que nosotros y vuestro Virrey de esa tierra nos habéis escrito acerca de la necesidad grande de que se envíe a ella cantidad de azogue para beneficiar la plata...". Como puede apreciarse esto ocurría tres años antes de que Medina, con o sin el alemán, desembarcara en México. Por otro parte, al dar la noticia de las minas de Guadalcanal (México), descubiertas poco antes de 1555 (año de Medina), se alude a unos alemanes que llegaron con un Juan de Juren (o Xuren) a quienes se les reconoce saber las técnicas de fundición, pero no las de afino ni, desde luego, las de amalgamación. En vista de ello, la citada Princesa requería a don Agustín de Zárate para que platicara "con Juan de Xuren si esos alemanes han usado del azogue para lo de las fundiciones, porque de la Nueva España tengo aviso que es muy provechoso para ellas y se hacen mejor y más presto y a menos costa; escribidme heis si lo saben hacer o no". No sé si don Agustín de Zárate llegó a platicar con Juan de Xuren pero la respuesta tendría que haber sido no, ya que ni el azogue se usaba en la fundición, ni nadie, antes que nuestro Bartolomé de Medina, utilizó el hecho de la amalgamación -aunque fuera conocido- para beneficiar la plata de sus menas, lo cual hizo diseñando el proceso, con rigor, con base en la experimentación, en cuya prueba no faltó ni la preparación previa de la mena, ni las adiciones de los productos convenientes, ni la recuperación y reciclado del reactivo principal -el mercurio- por el procedimiento idóneo -la destilación y condensación-. Dejemos, pues, a los alemanes en su sitio y a Bartolomé de Medina en el de indiscutible inventor.

Europa aceptó complacida el hecho de la abundante plata y, curiosamente, se interesó poco por el cómo. Así se explica que más de doscientos años después de los acontecimientos que venimos comentando (1786) el Barón de Born propusiera, esencialmente, el mismo tratamiento que nuestro don Alvaro Alonso Barba desarrolló en Perú. Federico Sonneschmidt que formaba parte de la expedición de mineros y metalurgos sajones que acompañaron a don Fausto de Elhúyar a Méjico (1788), escribía en 1798: "No tengo embargo en declarar que con diez años de trabajo no he podido lograr ni el beneficio de Born ni otro método preferible al del patio" (procedimiento de Medina).

Retrato de Álvaro Alonso Barba por Eulogia Merle.
Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología-commons.wikimedia






Felipe Calvo, humanista palentino. 
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Bartolomé de Medina


A mediados del siglo XVI aparece en Nueva España el método de amalgamación para el beneficio de los minerales que contenían oro y/ o plata, lo introdujo Bartolomé de Medina en 1555 desarrollando su método del patio en las minas de Pachuca, como ya se ha dicho. Su éxito fue tal que en 1562 ya había en Zacatecas 35 haciendas en las que se utilizaba aquel procedimiento, incluso con menas no aptas para beneficiarlas con fusión. Diecisiete años después (1572), Pedro Fernández de Velasco lo llevaba al reino de Perú, cuando las minas de Potosí declinaban porque descendía la ley del mineral de su famoso Cerro.

El método o procedimiento del patio era un proceso en frío que comprendía cinco etapas:
  • 1) Quebranto de la mena con mazos, seguido de pulverización en molinos o arrastras. 
  • 2) Repaso (amasado) de los polvos obtenidos humedecidos, se hacía por pisada de caballerías.
  • 3) Mezclado de la masa húmeda con sal, mercurio y magistral (¿piritas cobrizas tostadas?) para obtener las tortas.
  • 4) Lavado con agua para separar la amalgama de plata.
  • 5) Calentamiento de la amalgama en las llamadas capellinas, para destilar y recuperar el mercurio, quedando la plata como residuo. El proceso duraba varias semanas, posteriormente se abrevió calentando.

En Potosí, inicialmente, también se trató el mineral molido en frío pero en cajones (pequeñas bolsas o tinas de piedra o de obra), que luego se calentaron por debajo y tomaron el nombre de buitrones. Alonso Barba, en 1590, desarrolla su procedimiento de amalgamación en caliente por cazo y cocimiento que describe minuciosamente en su Arte de los Metales.

Pero, ¿quién era Bartolomé de Medina? Pues, lo leído: uno de los multiples mercaderes de Sevilla que, por cierto, comerciaba en telas. Cómo llegó a sus cincuenta años, a interesarse por la metalurgia de la plata, que se desbordaba por Sevilla, es un misterio. Pero es bien cierto que, dejando mujer y cinco hijos -como él mismo decía al Virrey-, llegada a Nueva España hacia 1554.

Aunque, por aquellos años, se pedían desde el otro lado del océano afinadores por capelación, lo más probable, para acabar debidamente el beneficio de la plata contenida en los plomizos -oficio éste de afinador en el que, según parece, los sevillanos fueron diestros, ello no explica el caso del mercader Bartolomé de Medina. Las circunstancias de su invento siguen aún confusas y merecen que se profundice en ellas; será en otra ocasión. No obstante, fue tan importante la introducción de la amalgamación como procedimiento de extracción de plata contenida en las menas que conviene ahora, al menos, dejarlo situado en su momento metalúrgico.

Imagen: Retrato de Bartolomé de Medina por Eulogia Merle
Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología-commons.wikimedia





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La explotación de las minas (y II)


El transporte del material y del agua por el interior de la mina se hacía a hombros y así se sacaba al exterior cuando no había tornos. El material se transportaba en cestones de fibra (mantas) o de cuero (tenates) que los tenateros cargaban a la espalda y sujetaban con un cinto a la frente. Si había que ascender, o se tallaban peldaños en la roca, o se disponían en zigzag, vigas con muescas, o se hacían escaleras con tiras de cuero trenzadas.

Del material extraído se separaban la ganga y las piedras mineras que contenían mineral -rompiendo la mena cn martillos, operación llamada pepena. Lo mismo se hizo cuando se aplicó la amalgamación ya que, además, parte de lo extraído sería amalgamado y parte sería fundido. Los minerales así separados eran triturados y molidos con mazos o batanes, o bajo piedras voladas sobre soleras. También se molió por atahonas o arrastras, cuatro pesadas y duras piedras montadas en un eje vertical que volaban, sobre soleras de hasta tres metros de diámetro. Los mazos y los molinos estuvieron movidos por caballerías.

Para la metalurgia extractiva con fusión se emplearon hornos castellanos que quemaban carbón vegetal. Alonso Barba describió con detalle este tipo de horno en los que se fundía el mineral troceado. El mineral en polvo se fundió en hornos de reverbero. El metal plomizo así obtenido se purificaba con copelación.

Me parece este el momento adecuado para centrar el tema de la participación de mineros alemanes en el tratamiento de las menas argentíferas de Nueva España. Cuando la ley de las menas bajó y su beneficio por fusión se hizo más difícil -ocurría alrededor del año 1540- apareció en la escena de la minería y de la metalurgia de aquel Virreinato un tal Juan Alemán, quien informó al virrey, don Antonio de Mendoza, de que la solución a aquel problema -la dificultad de fundir- estaba en mezclar las menas de plata con menas plomizas. Se supone que el tal Juan Alemán, era Juan Enchel, uno de los metalurgos alemanes que, efectivamente, llegaron a Nueva España en 1536, reclutados por Cristóbal Raizer (o Riasser), agente de los Fugger (o Fúcares), los influyentes banqueros de la Corte Española. La presencia de estos alemanes ha sido utilizada para tratar de reducir a mínimos la aportación española en el campo de la minería y metalurgia. Así, James A. Mulholland en su reciente libro !A History of Metals in Colonial América" despacha el asunto con el siguiente párrafo: "Los españoles, adoptando las técnicas de los mineros alemanes, descubrieron y explotaron los yacimientos de plata de aztecas e incas". En su abundantísima bibliografía cientos y cientos de citas no se incluye ni un solo documento español o hispanoamericano. Cabe pensar en su descargo que la espaola no fue una América colonial; y cabe pensar también que haya tenido dificultades con el idioma, pero -¡qué le vamos a hacer, Mr. Mulholland, si los descubridores, exploradores y cronistas -que no los piratas- hablaban el castellano y en ese idioma escribieron!. Lo cierto es que, lamentablemente, así se han escrito y siguen escribiéndose ciertas historias, también de la metalurgia.

Imagen:
Bosquejo de la costa noroeste de la isla Española (actual Haití), posiblemente realizado por Cristóbal Colón o alguno de sus tripulantes hacia el final de su primer viaje a las Indias, en enero de 1493.





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La explotación de las minas (I)



En las Provisiones Reales ofrecidas a Colón en 1495 se concedía a los indios y a los españoles la tercera parte de todo el oro recogido (no de rescate), y por Real Cédula de los Reyes Católicos (Medina del Campo, 5 de febrero de 1504) se ordenaba: "Todos los vasallos, vecinos y mercaderes de Indias que cogieron oro, plata, estaño, azogue, fierro u otro cualquier metal, habrán de contribuir al Real Patrimonio con la quinta parte de lo que sacasen neto, sin otro algún descuento ni compensación de gasto que el que estuvieren obligados a poner en poder de los oficiales de la Real Hacienda de cada Provincia". En 1548 el quinto se reduce a la mitad, quedando en un diezmo la cuota asignada a los mineros de Nueva Galicia a Zacatecas. En su momento, la Corona se reservaría las minas de azogue y la explotación de las principales salinas; el azogue y la sal eran para la amalgamación, ingredientes indispensables e importantes, respectivamente.

Felipe II confirma en 1563 que los indios podían descubrir, poseer y labrar, como los españoles, minas de oro, plata y otros metales; y, unos años más tarde, dispone que los mineros y beneficiadores debían ser favorecidos y considerados en todas sus prerrogativas, no pudieron embargárseles, en caso de deudas, ni esclavos, ni herramientas, ni provisiones, "ni cosa alguna necesaria para sus trabajos".

El laboreo de minas y el beneficio de metales estuvieron reglamentados por las Ordenanzas (Recopilación de Castilla) conocidas como Nuevo Cuaderno. Además de las Ordenanzas de Castilla, regían en cada sitio las de sus Virreyes las de don Luis de Velasco en Nueva España.

Aunque con Colón llegaron a la Española (en su segundo viaje) "mucha parte de gente trabajadora... para sacar el oro de las minas", y de que en el Memorial a los Reyes (1494) se pedían lavadores de oro y mineros de Almadén, lo cierto es que ni los expedicionarios ni los primeros colonizadores tenían, en general, la más remota idea de prospección y laboreo de minas -eran soldados, no mineros- y este inconveniente para nuestro objeto, hubo que salvarse con laboriosidad, sentido común e ingenio y, en tanto se adquiría experiencia propia, se aprovecharía la de los aborígenes, donde la hubiera. Se seguiría la veta partiendo de su afloramiento, cavando, en un principo, a cielo abierto, o mediante socavones o tiros inclinados, para profundizar después en el seguimiento, abriendo galerías donde apenas se tuvo en cuenta ni la seguridad de la mina, ni las facilidades para el transporte y desagüe. Más tarde se perforarían pozos o tiros verticales. En las minas de Avino (Durango) se trabajó inicialmente la veta grande a cielo abierto como revela una zanja de dos kilómetros de larga, se senta metros de profundidad y diez de anchura.

Imagen: Mapa de Cristóbal Colón. Lisboa, taller de Bartolomé y Cristóbal Colón, hacia 1490.





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La localización de otras minas


Según la noticia del platero Luis Rodríguez, originario de Valladolid, las minas de plata de Zumpango fueron las primeras que se explotaron "hasta sacar plata limpia". Las de Taxco se descubrieron en 1534, y en 1570 ya formaban un conjunto de Tres Reales de Minas y seis cabeceras, a las que, diez años después, se habían sumado otras seis. Pero la plata obtenida de ellas durante los treinta primeros años fue relativamente poca.

En 1546 Juan de Tolosa descubre las minas de plata de Zacatecas. Por la excepcional riqueza de sus primeros minerales, su desarrollo fue muy rápido  mientras se explotaron las zonas superficiales.

La mina de Santa Bárbara en Chilhuahua, situada a 2000 km de México capital, para llegar a la cual hay que pasar los desiertos subtropicales de la meseta, se descubrió en 1547.

La primera veta de Guanajuato, la descubrieron en 1548, según cuenta el P. de Acosta, unos arrieros de don Juan de Rayas camino de Zacatecas al encender una hoguera. Diez años después (1558) se descubrió la famosa Veta Madre que, junto con la mina Valenciana, hicieron famosa la ciudad.

En la mina La Valenciana se abrió un tiro, llamado de El Santo Cristo de Burgos, de 150 metros de profundidad; el de Nuestra Señora de Guadalupe profundizó hasta 345 metros y, por último, en el Pozo General, Señor San José, octogonal, de 26,8 m de perímetro, se llegó a 514 metros. Según Humboltdr este pozo fue uno de los más grandes y audaces empresas de la historia de la minería.

En esta cita incompleta de las minas más importantes es obligada, por último, una referencia a las Minas de Padhuca y Real del Monte situadas a sólo 100 km de la capital, a cuyo descubrimiento (1552) se apuntaron varios descubridores acaso porque varias fueron sus vetas. Entre estas minas ha pasado a la historia de la metalurgia, de forma especialmente señalada, la Purísima Grande en Pachuca porque en ella ensayó Bartolomé Medina su método de amalgamación para el beneficio de las minas de plata, minas que, en aquel yacimiento, contenían plata nativa, y tam bién en forma de cloruro y bromuro y algunos sulfuros.

Como puede apreciarse los hombres de Cortés recorrieron puestos y desiertos del territorio de Nueva España y por ello siguieron abriéndose establecimientos que luego tomarían el nombre de Reales de Minas; y ocurrió de tal forma que casi todas las minas que hoy siguen explotándose empezaron a rendir metal en los primeros treinta años de la conquista.

En aquel hervor expedicionario, Pedro Almíndez Chirinos, José de Angulo y Cristóbal de Oñate, en sus andanzas por los alrededores de la actual ciudad de Durango, tuvieron noticia de la existencia de una Montaña de Plata. Nuño de Guzmán, envió en 1552, a Ginés Vázquez del Mercado en busca de aquella Montaña, que resultó ser sólo un cerro y de mineral de hierro. A regresar, Ginés fue herido por los repehuanes y de ello falleció pronto en Juchilpila (Zacatecas), pero su apellido se asoció a la realidad del Cerro -que no  montaña- que pasó a conocerse como Cerro del Mercado.

Durante los primeros años apenas se explotaron los minerales del Cerro del Mercado. Sólo los herreros rurales de lugares próximos obtuvieron hierro en pequeñas ferrerías para fabricar algunos aperos. La noticia es así  de poco concreta porque los cronistas e historiadores de la Nueva España apenas se ocuparon -más bien no se ocuparon de nada- de la minería e industria del hierro que, sin embargo, tuvo mucha importancia. Una vez más el pobre Oro desplazaba la atención debida al valiso hierro.

De Battroid, Dominio público, commons.wikimedia
Minería Guanajuato





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Los primeros españoles que labraron minas


A pesar de todo, según Teja Fabre (Historia de México: una moderna interpretación, 1935) el valor de rescates y despojos no hubiera sido suficiente "ni siquiera para compensar los gastos de las expediciones militares". Llegado el momento hubieron de buscarse los metales en la propia tierra, orientándose por las referencias del propio Moctezuma, de los indígenas, o de la relación que daban los pueblos tributarios.

La verdadera minería hispanoamericana empezó a practicarse en Nueva España. Antes de Cortés, Francisco Hernández de Córdoba (1517) y Juan de Grijalba (1518) parece que obtuvieron en sus expediciones noticia cierta de verdaderos yacimientos de oro y plata, y con esta noticia se puso en marcha la fantasía.

Según don Modesto Bargalló, los primeros españoles que de un modo estable labraron minas (de oro) en Nueva España fueron los compañeros del capitán Pizarro el Mozo que, por orden de Cortés, fueron a buscarlas. Pizarro volvió sólo con un soldado; se quedaron Pizarro el viejo, Cervantes, Barrientos, Heredia el viejo, Escalona el mozo, y Alonso Hernández Carretero. Eran los primeros mineros en Nueva España, los primeros ejemplares de esa "rara" y compleja especie humana, mezcla de intuición y ciencia, de técnica y perseverancia, de imaginación y cautela; decidida, valerosa, sobria y paciente en la adversidad, vital y generosa en el éxito, y siempre apasionada por su profesión" (Carlos Prieto).

Este homenaje de don Carlos Prieto fue más específicamente, dedicado al gambusino personaje en el que, además de lo dicho, se dio el entusiasmo, la dilección por la ventura de descubrir; un pertinaz discípulo de la naturaleza misma, en montes, breñas y desiertos; sabedor de lugares, piedras y colores; gustador de tierras. Estos fueron los grandes protagonistas de la primera época de la minería mexicana.

Imagen: Dominio público
La moneda de oro fue establecida en 1771 y representó un avance en la economía del virreinato.





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El cómo y en qué de los metales



¿Cómo y en qué empleaban los metales? Pues en lo que siempre hicieron todos los usuarios del mundo: en joyas, en útiles y en armas, según las peculiares cualidades de cada metal.

En 1932 se descubrieron bellísimas joyas, casi todas de oro, en las tumbas de Monte Albán (Oaxaca), joyas que revelan la maestría y el arte de los joyeros mixtecos. No es de extrañar que para Cortés, no hubiera platero en el mundo que mejor lo hiciese. Para Bernal Díaz, los plateros de España deberían "mirar en ello". Tan extraordinaras piezas fueron hechas batiendo el metal con martillo de piedra pulida y tienen pocos componentes moldeados. Aunque don Alfonso Caso dejó escrito que los mixtecos no sólo fueron los mejores orfebres de América, sino que ningún otro pueblo los superó en el mundo y que "tendríamos que llegar al Renacimiento para encontrar artistas que pudieran comparárseles", ello no es rigurosamente cierto, como puede deducirse conteplando y analizando joyas etruscas, por ejemplo.

Según referencia de fray Toribio de Benavente Motolonía contenida en sus Memoriales, también vaciaban (moldeaban) por el procedimiento de la cera perdida utilizando un molde de carbón pulverizado amasado con arcilla.

De Alejandro Linares García - commons.wikimedia
Exhibición de platos hechos de plata en el Museo Franz Mayer.





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El interés de algunas aleaciones



Desde el punto de vista metalúrgico tienen más interés las referencias a algunas aleaciones como el bronce que ya preparaban, aunque en poca cantidad y sólo en ciertos sitios. De los análisis realizados, cabe deducir que el bronce que prepararon lo fue por mezcla de sus componentes (cobre y estaño) y no directamente por beneficio de menas cupro-estañíferas. Algunas piezas aztecas fueron trabajadas en aleaciones oro-plata-cobre.

Los aborígenes orientaron a los expedicionarios hacia la región de Oaxaca cuya riqueza en oro pudiera haber llevado a Moctezuma a guerrear con sus pobladores. La mayor parte de los pueblos obligados por los aztecas a tributar en oro (citados en el códice mendocino) ocupaban aquella región.

El oro nativo y el óxido de estaño (casiterita) los extraían de placeres en los ríos, o de fondos poco profundos. En la arena que sacaban entre las manos buscaban los granos de oro "que iban guardando en la boca". En las zonas más desarrolladas lavaban las arenas en jícaras, tentando para separar por densidades las diferentes partículas.

Con respecto a la plata y al cobre, sólo se trabajaron yacimientos superficiales que contenían metales nativos o algún compuesto fácil de descomponer. No se practicó verdadera fusión, en el sentido metalúrgico del término. La minería antes de Cortés fue una minería rudimentaria, poco profunda, cuando no del todo superficial; al carecer de herramientas apropiadas practicaron la explotación del mineral por fuego, calentando la roca y enfriando rápidamente con agua, con lo cual se producía su quebranto.

Los pedazos de metal encontrados u obtenidos, los fundían en crisoles de arcilla relativamente pequeños calentados en fuegos que avivaban soplando con cañas. El metal líquido se moldeaba en arena o piedra.

El plomo los obtendrían por fusión reductora  de su sulfuro (galena) con carbón vegetal; y, de forma análoga, reducirían las menas dóciles de plata, cobre y estaño.


De Alejandro Linares García - commons.wikimedia
Peine de plata del siglo XIX en la exhibición en la Casa Museo de Allende en San Miguel de Allende, Guanajuato.





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Encuentro con Tierra firme



Los indios que poblaban las orillas del actual Grijalva obsequiaron a los expedicionarios con hachas de cobre y bronce, y aun hoy se desentierran piezas como aquellas en la región de Oaxaca. Pero el latón (aleación de cobre y cinz) no era material conocido. Los mercaderes de la antigua Tenochtitlan vendían, junto con objetos hechos, oro en granos metido en canutillos de pluma de ansarones. Se sabe que, por rescate, Cortés obtuvo también algunas piezas de estaño (platos, vasijas y monedas).

Pero donde conquistadores y cronistas rivalizan es en ponderar las riquezas, el oro de los templos, casas reales y particulares, riquezas acumuladas por tributos o botines de guerras entre tribus, y también las acumuladas por Cortés por obsequio o despojo. Son conocidas las noticias del tesoro de Topilzin "que hubieron de llevarlo 180 hombres", o de la estatua de Nezahualtoiotzin de "oro muy natural", o de las ruedas, como "las de carreta", con que Moctezuma obsequió a Cortés, una de oro fino (hechura de sol) y otra de plata (figura de luna); o los veinte ánades, tigres, leones y monos, y las largas varas de justicia, "todo de oro fino y de obra vaciadiza" (Bernal Díaz del Castillo). Si, como parece, eran tesoros heredados, formados por acumulación, se puede deducir que la riqueza de los yacimientos no debía ser excesiva, y menos los de plata que explotaron los aborígenes, ya que éstos no sabían beneficiar más que la plata nativa o de menas dóciles, fáciles de tratar.

De Thelmadatter - commons.wikimedia
Olla para cocinar hecha de cobre, encontrada en la cocina del monasterio de Zinacantepec, Estado de México.







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Los metales que nos esperaban


Cuando Hernán Cortés y sus hombres desembarcan en Tierra Firme (1519) y comienzan a protagonizar los diversos y portentosos hechos que aquí nos han convocado, encuentran que mis queridos metales estaban allí bastante completos aunque con desigual desarrollo y con dos ausencias importantes: faltaban el hierro y el mercurio.
Efectivamente, los objetos que constituían los obsequios, los tributos o los rescates, prueban que los aborígenes de los que pronto se llamaría Nueva España, conocían y trabajan el oro, la plata, el cobre, el estaño, el bronce (aleación de cobre y estaño) y el plomo, pero no el hierro ni el mercurio.

Debo adelantar que, para un metalurgista, el "escalafón", la jerarquía entre los metales, no se corresponde con la que pudiera establecer un historiador, un artista, un economista y, mucho menos, un defraudador o un joyero. Para nosotros el oro es un pobre noble, escaso y poco útil, que servir, servir, sirve para muy poco, y cuyo precio -que no valor- da una buena medida de la necedad humana.
Tiene a su favor propiedades muy discutibles como la ductilidad y su falta de reactividad -la llamada "nobleza"- por la cual, por cierto, hemos podido aprender en él muy poco. Y si, además, escasea, ya me dirán ustedes en qué puede residir su embrujo, como no sea en ese consenso universal, pura codicia contagiada, en virtud de la cual todos quisiéramos que se nos pagara en moneda de oro.

Sin embargo, volviendo a nuestro escalafón, en el vulgar y barato hierro y en su variedad los aceros -que han soportado y siguen soportando toda nuestra civilización por sus cualidades y precio- hemos aprendido la casi totalidad de nuestros principios metalúrgicos fundamentales y se han ejercitado los artesanos en el noble arte de la forja, por ejemplo. Es decir, en nuestro escalafón el hierro y el acero sin, si duda, los primeros.

De Alejandro Linares García - commons.wikimedia
Soporte para libros de la época colonial. Museo Franz Mayer en la Ciudad de México.







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NUESTRO PERIÓDICO

Montaña palentina: Belleza y Arte

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