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En Mestizaje en las Américas

Cuando hasta Paraguay fue conocido como “el paraíso de Mahoma”, el Mestizaje en las Américas

La conquista de las américas, amén de milagros y ayudas provocadas por las guerras civiles intestinas, contó con otro punto a favor de los españoles: las enfermedades. ¿Los americanos no tenían agentes patógenos que recíprocamente exterminaran a los invasores europeos?. Pues No. En América no se habían desarrollado muchas enfermedades porque los animales domésticos eran escasos y no convivían hacinados con las personas como en Europa. La única excepción, aunque notable, fue la sífilis.

El balance global cuando ambas culturas “intercambiaron” sus respectivos virus resultó muy favorable a los europeos. Llevaban más tiempo de “rodaje” y, por tanto, estaban mejor provistos de anticuerpos para resistirlas. El mismo hacinamiento, sin embargo, nos hacía más vulnerables cuando una enfermedad contagiosa se trasladaba a Europa y se convertía en pandemia (peste negra o “gripe española”…)

Lo único que detuvo por un tiempo la conquista por los europeos de otros lugares del planeta fueron tres enfermedades tropicales: la malaria de los trópicos, el cólera del sureste de Asia y la fiebre amarilla del África tropical. Al continente africano le llegaría su turno en el sigloXIX.
Las enfermedades europeas redujeron notablemente la población indígena en un primer momento pero, en compensación, el mestizaje ayudó a reforzar genéticamente a los que sobrevivieron. Los españoles se entregaron de buena gana a fecundar a las indias:
“Hay muy lindos cuerpos de mujeres -escribe el propio Colón-, y van desnudos todos, como sus madres las parieron”
Pedro Hernández añade:
“Las indias de costumbre no son escasas de sus personas y tienen por gran afrenta negarlo a nadie que se lo pida y dicen que para que se lo dieron sino para aquello”.
Orellana afirmaba:
“Las índias son lujuriosísimas”.
Gonzalo Fernández de Oviedo:
“El español que no tenía ocho o diez es porque no quería (…). Son tan estrechas mujeres que con pena de los varones consumían sus apetitos y las que no han parido están que casi parecen vírgenes, ingieren abortivos para no preñarse y que no se les aflojen las tetas, de las cuales se precian y a fe que las tienen buenas”.
Todo un “descontrol” debía de ser aquello… La intensa actividad genética produjo millones de mulatos, lo que explica el mestizaje que hoy vemos en aquellas tierras. Paraguay fue conocido como “el paraíso de Mahoma”, ya sabrán ustedes el porqué…

Por lo tanto no hay que tomar al pie de la letra aquello de que “los mexicanos descienden de los aztecas, los peruanos de los incas y los argentinos de los barcos…”

Imágen: Wikimedia Commons, Mestizaje. Oleo de Juan Rodríguez Juárez, 1720
Fuente: Historia del Mundo, Juan E.Galán

 


© Una sección de Félix Casanova para Curiosón, 2016
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¿Quién fue el Marqués de Sade?

El entusiasmo en Francia en la actualidad por su tristemente y célebre antepasado del siglo XVIII es tal que han terminado creando su propia línea de productos de lujo, Casa de Sade. Comenzando por el vino Sade, de la región de la Provenza y la firma de los marqueses en la etiqueta, pasando por velas aromáticas y hasta carnes. Incluso la firma de lencería Victoria Secret quiere apostar por crear una línea exclusiva. Pero, ¿existió realmente el Marqués de Sade?



Este merchandising actual en torno a su figura hubiera sido inimaginable hace algunos años. Las espeluznantes obras de Donatien Alphonse François, marqués de Sade, que vivió desde 1740 hasta 1814 y murió en un asilo mental, fueron prohibidas en Francia hasta 1957, y el aura diabólica en torno a su producción literaria ha ido levantándose gradualmente. De hecho, incluso su propia familia tuvo vetado hablar de él durante cinco décadas.

Cuando Sade vivía, los censores se estremecieron con sus cuentos de violación, incesto y pedofilia, así como por su ateísmo vitriólico, y miles de sus libros fueron destruidos. Permaneció casi desconocido durante todo el siglo XIX, hasta que hacia 1900, el crítico y poeta Apollinaire escribió los primeros ensayos en defensa de Sade. Para sus admiradores, la influencia del personaje comenzó a ser profunda, y se declararon abiertamente defensores de los oscuros impulsos de la naturaleza humana.

Sade no era un ejemplo a seguir, ni mucho menos. Pero lo cierto es que su influencia ha sido enorme en todas las esferas del arte modernista. Su objetivo era destruir toda ilusión que rodeara la sexualidad humana, ya fuese histórica, moral o religiosa. Lo cierto es que la moderación no era el punto fuerte de este personaje, tan polémico entonces como ahora…

Este dibujo es el único retrato conocido de Sade, hecho en 1760, cuando tenía 19 años. (ADOC-fotos.Corbis)





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Cuando se fumaba en las iglesias

Nada más pisar el Nuevo Mundo, aquellos intrépidos españoles ya advirtieron aquel humo que los nativos expulsaban de sus bocas que provocaba el tiznón encendido que aspiraban. Rodrigo de Triana comprobó de primera mano sus efectos entre mareantes y reconfortadores y fue el primero que lo trajo a Europa. Pronto se extendió su consumo entre todos aquellos que podían pagarlo. Pero no tardó la Iglesia Católica en “poner el grito en el cielo” al considerar aquel humo como algo diabólico, una especie de conexión etérea con los espíritus maligno.



Una de las primeras medidas fue que nuestro amigo Rodrigo fuese encarcelado por la Inquisición, pero paralelamente a ese rechazo institucional en Europa, aquellos curas aventureros fumaban un “cigarrillo” tras otro durante las liturgias. Hasta 1583, año en el que fueron advertidos que el consumo de tabaco en la administración de los sacramentos estaría penado con la condenación eterna de sus almas. Una vez terminada la misa tendrían permiso para fumar a su antojo…

El papa Urbano VIII, el 30 de enero de 1642, emitió la bula Cum Ecclesiae en respuesta a las quejas del Decano de la Catedral de Sevilla, por la que se declaraba que cualquier persona que consumiera tabaco por la boca o por la nariz (hay que recordar que así fumaban los americanos), ya sea rayado, en polvo o en pipa, en las Iglesias de la Diócesis de Sevilla, recibiría la pena de excomunión latae sententiae.

En 1650, ocho años despúes de la bula de Urbano VIII, Inocencio X puso la misma pena para el uso del tabaco en las capillas, en la sacristía o en el pórtico de la Archibasílica de San Juan de Letrán de San Pedro de Roma, por la razón de que se había invertido mucho tiempo y dinero en embellecer con mármoles y bajorelieves las mismas, y no se quería que fuesen manchados con el jugo del tabaco y el humo…

La pregunta clave vino en 1685. Muchos teólogos se ensarzaron en un polémica discusión sobre si estas normas debían aplicarse a la Iglesia Universal y, de ser así, se preguntaban a que lugares afectaría (rectorado, capilla, sacristía…) En 1725 se revocó la pena de excomunión por fumar en San Pedro, ya que Benedicto XIII se dió cuenta de que los parroquianos tenían la tendencia a salirse a la puerta a “echar un cigarrillo” y se decidió que lo mejor era que se quedasen fumando en el interior, evitando así la interrupción de la liturgia o que se perdieran parte de ella… pronto se volvería a prohibir…

Benedicto XIV, Pío IX, León XIII, Pío X, Pío XI ó Juan XXIII le daban al tabaco cosa mala, y como curiosidad citar que Benedicto XVI compraba el marlboro por cartones hasta poco antes de ser nombrado Papa. Santos vicios que los llaman...




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Navidades en Roma: 12 costumbres que han sobrevivido

No son pocos las ritos, usos y costumbres romanos que han llegado hasta nuestros días, y las fiestas invernales tampoco están al margen. Durante el festival de la época fría del año llamado Saturnalia muchas costumbres romanas han sobrevivido hasta incrustarse en nuestra época…

1.- Cinco días de vacaciones
Cinco días de vacaciones. En el siglo I d.C. los romanos tomaban cinco días de vacaciones para celebrar las fiestas de la Saturnalia, una celebración pagana que tenía como objetivo “traer de vuelta a el sol”. Tomamos aproximadamente el mismo número de días libres por Navidad.
2.- 25 de diciembre
25 de diciembre. Los romanos ofrecían sus sacrificos a Saturno, aunque también se estaba celebrando el nacimiento de un dios oriental. No, no a Jesús: Mitra¡ Sus rituales comparten muchas similitudes con nuestras ceremonias cristianas. Bautismo, comida sacramental, observancia del domingo y nacimiento de ambos dioses el mismo día 25 de diciembre.
3.- El árbol de Navidad, muérdago, guirnaldas, etc. 
Los romanos ya decoraban sus casas con vegetación. En un capítulo de Big Bang Theory, Sheldon nos cuenta: “En la era pre-cristiana, cuando el solsticio de invierno se acercaba y las plantas morían, los paganos traían ramas de hoja perenne a sus hogares como acto de magia, destinado a guardar las esencias vitales de las plantas hasta la primavera. Con el tiempo esta costumbre fue adquirida por los pueblos del norte de Europa y se llegó al árbol de navidad”.
4.- Luces y velas. 
Los romanos también decoraban sus casas con luces adicionales en la época más oscura del año. Aparte de la utilidad práctica, era otro intento pagano para traer de vuelta a el Sol. Linternas, cirios, candelabros y lámparas de aceite parpadeaban por las casas de los ricos. Debido a esto, Roma era muy propensa a los incendios en esta época festiva. Algún historiador calcula que a diario se producía un centenar de incendios en la Ciudad Eterna, que tenía su propio cuerpo de bomberos: los vigiles.
5.- Comida abundante. 
En pleno invierno el instinto nos dice que debemos “construirnos” una buena capa de grasa, darnos un festín en preparación de la época de “vacas flacas” que está por venir. Los hidratos de carbono estaban a la orden del día. Hoy algunos lo llaman gula.
6.- Bebida a tope. 
Está demostrado que añadir una pequeña cantidad de vino al agua mata las bacterias más conocidas. Durante todo el año la mayoría de los romanos bebían vino diluido, pero en las fiestas saturnales no era común mezclarlo y sí atiborrarse de buen vino aromatizado con especias.
7.- Vida nocturna y cambio de rol. 
Durante los cinco días de las Saturnales, los esclavos no tenían que trabajar. Podían comer, beber y ser felices (sic) por la gracia de sus amos. Otros, como Plinio el joven incluso daban más prebendas. Pero ¡Ojo¡ al concluir las fiestas había que volver a la oficina…
8..- Juegos de Mesa. 
En la Roma del siglo I, se permitían muchos juegos para grandes y pequeños sólo durante la Saturnalia. Los niños y esclavos podían jugar a tirar dados sin temor al castigo. En Occidente, la Navidad es el único momento en que muchas familias practican juegos de mesa o cartas.
9.- El jefe de las fiestas. 
En la primera noche de la Saturnalia se tiraban los dados en muchos hogares para determinar quién sería el rey de las Saturnales. El “Rey” podía mandar cosas a los demás como preparar un banquete, hacer mandados o cantar canciones. Hoy no hace falta tirar los dados, las madres mandan todo el año…
10.- Sombreros de… ¿Santa Claus?. 
Los esclavos que eran puestos en libertad en estas fechas se les era regalado un sombrero que habían de llevar como prueba de su no-esclavitud. El píleo eran de forma cónica y estaban hechos de fieltro de colores. ¿Adivináis de que colores? Sí, rojo y blanco…
11.- Presentes y regalos. 
En las fiestas Saturnales, los romanos entregaban en regalo figuritas de madera o arcilla, a menudo con articulaciones móviles. Hoy en día regalamos figuras de acción, Legos, Barbies y consolas de videojuegos.
12.- Felicitaciones. 
Por último, los romanos adjuntaban a los obsequios el equivalente a nuestras actuales tarjetas de felicitación navideñas. Habitualmente eran epigramas de dos líneas que acompañaban al regalo con los mejores deseos.

Fuente: The Roman Mysteries, libro de Caroline Lawrence




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A usted le falta talento para...

Estas palabras las han escuchado a lo largo de la Historia personajes tan variopintos como Enrique Caruso, el cantante de ópera italiano al que su profesor recomendó dejar las clases de voz porque “Vd. no tiene suficiente voz para el canto”; Albert Einstein, incapaz de leer hasta los siete años, sin el nivel para ingresar en la Escuela Politécnica de Zurich, tuvo que ver como en 1905 su tesis doctoral fue rechazada por el claustro de la Universidad de Berna por considerarla irrelevante…


El inventor Thomas Edison, de quién los profesores decían que era demasiado tonto para aprender, motivo por el cual su madre lo sacó del colegio para enseñarle en casa; el biólogo Charles Darwin, padre de la moderna teoría de la Evolución, a quién según su propía biografía: “mis profesores y mis padres me consideraban un chico común, más bien por debajo del comun del intelecto”; al cantante Elvis Presley, el manager de Grand Ole Opry le dijo en 1954: “Hijo, no vas a llegar a ninguna parte. Te recomiendo que vuelvas a conducir un camión”.

El escritor ruso Leon Tolstoi fue expulsado de la escuela “por no tener capacidad ni voluntad para el aprendizaje”. El general Douglas MacArthur fue rechazado por dos veces en su intento por ingresar en la Academia Militar de West Point… No se quedó atrás el gran escultor francés Auguste Rodin, de quién su padre decía: “tengo un hijo idiota” debido a sus tres intentos por ingresar en la Escuela de Bellas Artes de París; Clint Eastwood, a quién en 1959 un ejecutivo de Universal Pictures le espetó: “vd. no triunfará en el cine, tiene una patata en los dientes, su nuez de Adán sobresale demasiado y habla excesivamente lento”… otro cazatalentos…

El escritor, productor, director y actor Woody Allen fue reprobado tanto en la Escuela de Producción Cinematográfica de la Univ. de Nueva York como en el City College de la misma ciudad; a la actriz Marilyn Monroe, por entonces Norma Jean Baker, una gordita aspirante a modelo, le dijo en 1944 Emmeline Suively, directora de la prestigiosa agencia de modelos Blue Book: “No tienes futuro como modelo ni actriz. Te recomiendo aprendas secretariado o… ¡cásate¡”.

El creador de Mash, Richard Hooker, vió rechazada su novela homónima por 21 editores por “su baja calidad literaria y ausencia total de talento”. Hooker decidió publicarla por su cuenta convirtiéndose en un best-seller inmediato… y terminamos con el gran Rudyard Kipling, que en 1889 recibió una nota del director delSan Francisco Examiner rechazando su obra: “Señor Kipling, lo siento, pero vd. no sabe usar el idioma inglés”.

La Historia está repleta de personas que triunfaron “a pesar de” y, aunque no están todos los que son y quizás algunos no sean de nuestro agrado, lo que no se puede poner en duda es la tenacidad que tuvieron para cumplir sus sueños en la vida…

Imagen: 
Rudyard Kipling, otro genio de la literatura con no buenos inicios, imagen vista en Flickr, Wikimedia Commons





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La gola

La masculinidad en riesgo en el siglo XVII



En 1637, el Marqués de Careaga criticaba las modas “delicadas y femeninas” de muchos hombres españoles, y advirtió que “derrocaban sus espíritus, disminuían su determinación y debilitaban su energía y vigor viril…”. Podríamos preguntarnos que clase de prenda estaba en su punto de mira y la de otros moralistas: la gola.

La gola se había convertido en una imagen de exceso. Un collar de varios cms de alto y a menudo decorado con hilos de fantasía que tenía que ser lavado y almidonado diariamente para mantener su buen estado. A principios de siglo XVII, algunos trataron de elevar aún más sus cuellos utilizando un soporte ceñido conocido como alzacuellos. Así, esta prenda llegó a focalizar una serie de quejas morales que iban desde la política exterior a los temores sobre el futuro de la masculinidad.

Para empezar, los colorantes utilizados para teñir estas prendas eran importados de un enemigo de España, los holandeses. Y aún peor, como muchos hombres representativos se entregaban a esta moda en un momento con conflictos militares en medio mundo, esa imagen poco varonil de los ciudadanos españoles podía acarrear consecuencias políticas graves.

La corona, de hecho, legisló contra ellos. Ya en 1594 se especificó un ancho máximo y la necesidad de que su color y elementos decorativos habían de ser blancos. De nuevo, en 1600, se acordó una anchura menor, sin embargo la moda continuaba. Hasta que en última instancia la corona los abolió por completo en 1623. Incluso el rey mismo no podía estar por encima de estas normas, como podemos ver en este retrato de Velázquez de Felipe IV (1621-1665).

Si Felipe II levantara la cabeza…




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Las confusas ideas de Dionisio el Exiguo


Dionisio el Exiguo, un monje ruso que murió aproximadamente en el 544, fue consultado por Juan I para tener un criterio cierto de las fechas en las que habría de celebrarse la Pascua. Al parecer, el Papa estaba dispuesto a poner un poco de orden ante el descontrol que había. Dionisio decidió comenzar con lo que para él era la fecha de nacimiento de Jesús. Eligió el año en que Roma fue fundada y determinó, según sus evidencias, que el hijo de Dios había nacido 753 años después…



Estaba convencido según textos que había leído de Hipólito (170-236) que la fecha del nacimiento de Jesús fue un 25 de diciembre, pero el problema es que Hipólito no había respaldado esta afirmación con argumentos sólidos. Estas eran las pruebas de peso que esgrimía aquel “erudito”:

  • Sus contemporáneos afirmaban que Dios creó la tierra el 25 de marzo.
  • Era inconcebible que el hijo de Dios pudiera haber nacido de manera imperfecta.
  • Por lo tanto, Jesús debió haber sido concebido el 25 de marzo.
  • Esto significaba que tenía que haber nacido nueve meses después, el 25 de diciembre.

Y se quedó tan pancho, ancha es Castilla… Cuando, en el año 527 se formalizó la fecha del nacimiento de Jesús, Dionisio puso la Navidad en el mapa. Jesús nació -declaró-, el 25 de diciembre del año 753 romano y decidió “que se parase el tiempo” durante unos días, declarando el 1 de enero de 754 como el primer año de una nueva era de la historia mundial.

Pero Dionisio se equivocó en sus cálculos. Posiblemente nunca leyera el relato del evangelio del nacimiento de Jesús (da la impresión de que le costaba coger los libros). En Mateo, se dice que Jesús nació mientras Herodes era todavía rey (2: 1). Eso se traduciría en 4 aC (o incluso antes). Como consecuencia, para los cristianos el año 2000 no es dos mil años después del nacimiento de Jesús, sino más bien 2004, como mínimo. Esto nos evoca a los famosos 33 años que Jesús tenía cuando fue crucificado. A buen seguro tenía más.

Pero ese no fue su único error. Como en aquellos tiempos no se conocía el concepto numérico del CERO, y al comenzar su calendario en el año UNO, todo ese cambio trastocó todos los cálculos y reajustes posteriores que ha habido a lo largo de la historia. En realidad no sabemos cuando nació Jesús. Ni el año, ni el mes, ni el día. La cronología de nuestro calendario occidental se basa en la mitología disfrazada de teología.

Imagen vista en www.ecured.cu/





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Delicias medievales

 ¡No me pases la receta!



Si nuestros almuerzos se parecieran a los que servía Taillevent, cocinero de Carlos VI de Francia a finales del siglo XIV, nuestra salud no seria nada buena… Para empezar: Capones, Gallinas, Caza y Coles… Después, Asado, Pavos reales al apio, Paté, Liebre y mas capones… Seguían Pichones, Perdiz, Gelatinas y mas Paté… Y luego Pasteles, Crema frita, Almendras, Nueces y Peras… ¿y el postre? pues lo que surgiera…

La presencia anecdótica de dos verduras y una fruta no lograba compensar el exceso de grasa y proteínas animales de esta singular propuesta culinaria. Con semejante dieta, la osteoporosis, el estreñimiento, el cáncer de colon y los trastornos cardiovasculares debían estar a la orden del día en la Corte Francesa…

Teniendo a su alcance toda clase de manjares, ¿porque subsistían los nobles medievales a base de aves y caza? En realidad no siempre fue así. La dieta de los europeos, incluso de los menos afortunados, era bastante rica y variada entre los siglos VI y X, el periodo que se conoce como Alta Edad Media.

Los recursos eran suficientes para abastecer a una población que había menguado desde la época romana: había carbohidratos, vitaminas y proteínas incluso en las mesas más humildes…

No es que la Europa medieval fuera un nuevo edén, no faltaban años de carestía, pero era difícil llegar a una situación desesperada. Uno podía salvarse de sucumbir a una mala cosecha pescando en el río, cazando conejos o recogiendo bayas en el bosque. El hambre sobrevenía solo si fallaban todas estas fuentes de alimento (por ejemplo, por culpa de una helada)…

Por supuesto, la mesa de un conde no era igual a la de un siervo. Pero la diferencia, mas que la calidad, era de cantidad. La jet set de la Alta Edad Media no entendía de sutilezas. Para ellos, el prestigio social dependía de cuantos alimentos pudiera uno permitirse, sin que importara demasiado su naturaleza o su preparación…

Algunas técnicas de cocina medievales, como el sofrito o el escabeche, han perdurado hasta hoy. Pero difícilmente veremos estas propuestas en la carta de un restaurante:

Multi-Relleno

El sayyid (descendiente de Mahoma) Abul Ula, hermano de Yusuf I de Ceuta, se hacia cocinar un elaborado asado de rellenos sucesivos. Se cocinaba un pichón dentro de una gallina, que se colocaba dentro de una oca, que una vez asada, servía para rellenar un carnero. Este, con la amalgama de aves en su interior, iba a parar al horno, dentro de una ternera…

Asado de gato

El llibre de coch, un recetario en catalán atribuido a Rupert de Nola, cocinero de Fernando I de Aragon, contiene instrucciones para guisar un minino. Como es habitual en los libros de la época, el primer paso de la receta es la matanza del animal. En este caso, se aconseja degollarlo, enterrarlo durante un día, desenterrarlo, desechar la cabeza (pues los sesos podrían enloquecer a quien los degustara), golpear el cuerpo con ramas verdes y asarlo con abundante ajo y aceite. Siguiendo los pasos correctamente, el autor garantiza “una vianda singular”…

Fórmulas para engordar

Un recetario anónimo de Al-Andalus propone platos para engordar “a las mujeres y hombres delgados”. Algunos parecen deliciosos, como la asida, un dulce elaborado a base de miel, grasa, huevo y almendra, pero la promesa de ganar unos kilos no ayudaría a venderlos hoy en un supermercado. Obviamente el sobrepeso no era un problema para las sociedades medievales, y si lo era, en cambio, la desnutrición…

Un festín medieval podía alargarse hasta la medianoche o incluso varios días, durante los cuales se servía una ristra interminable de platos, o mejor dicho, bandejas. Las excusas mas frecuentes para comer y beber no eran muy distintas de las nuestras: nacimientos, bodas, fiestas como Navidad, Pascua o Pentecostés… A diferencia de hoy en día, también un funeral, la coronación de un rey o la consagración de una iglesia daban pie a verdaderos festines. El cumpleaños, en cambio, no se celebraba…

Fuentes: (Ensayos)
Huici, Ambrosio. La cocina hispano-magrebi durante la época almohade. Gijon, Trea 2005.
Llanodosa, Josep. La cocina medieval. Barcelona, Laila-1984.





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Enfermedades que aquejaron a figuras históricas


El Rey Ricardo III de Inglaterra no sólo sufrió de escoliosis de la columna vertebral. También había sido infectado por gusanos parásitos que alcanzaban la longitud de una pierna. Muchos gobernantes famosos sufrieron de las enfermedades comunes de su tiempo, lo que a menudo les acarreaba vergüenza.

El emperador romano Claudio (10a.C-54d.C) tenía una gran dificultad para oír y según todos los indicios cojeaba mucho. Por otra parte, se le conoce como el “Emperador mocoso”, tenía una nariz que moqueaba continuamente. Posiblemente sufrió de exceso de flatulencias durante toda su vida. Según el historiador romano Suetonio, “planeó” un decreto para que en las mesas se diese rienda suelta a aquellas ventosidades a fin de que fuera visto como algo normal y no ser objetivo de las burlas por ello.


Carlos V (1500-1558), el emperador del Sacro Imperio Romano Germánico o también conocido como Carlos I, rey de España, no podía comer en público debido a una deformidad conocida como “labio o mandíbula de los Habsburgo”, producida probablemente por el alto grado de consanguinidad en su familia generaciones atrás. Como muchos de los Habsburgo, su malformación le provocaba verguenza y prefería comer sólo.


Los hijos de los poderosos Medici de la Florencia renacentista, sufrían de raquitismo, una enfermedad que hoy en día es una de más comunes de la infancia en los países en vía de desarrollo. Esta enfermedad era debida a la sobreprotección que procuraron los Medici a sus hijos, que crecieron con los más altos estándares sociales de su tiempo y utilizando métodos como la lactancia materna demasiado prolongada y una baja exposición a la luz solar.

La Era Isabelina combina el florecimiento del teatro inglés con la expansión internacional y los triunfos navales. Sin embargo, la reina Isabel I (1533-1603), también conocida como “la reina virgen”, tenía unos dientes amarillos y asimétricos, amén de que les faltaban gran parte de ellos. De hecho, eran normal en ella los ataques de muelas, aunque siempre se negó a que le sacaran los dientes defectuosos. Esta mala decisión le acarreó gingivitis y neuralgia y fuerte dolores en cara y cuello, según el autor del libro “Elizabeth, la Reina”, Alison Weir. También sufría de ataques de pánico y tenía las piernas completamente llenas de varices.


Luis XIV de Francia (1638-1715) o “el Rey Sol” tuvo una larga lista de enfermedades. La más conocida fue una fístula anal, que en esta ocasión sí pudo eliminar gracias a una exitosa operación de cirugía.


En cuanto a Napoleón, otro Waterloo particular fueron sus hemorroides. Según algunos estudiosos, las hemorroides le causaron grandes dolores y le debilitaron en demasía en la batalla que marcó el final de la época napoleónica en la historia europea. El emperador de la Francia, las sufría desde los veinte años de edad, a lo que hay que sumarle otras desagradables enfermedades como la neurodermatitis.

Y es que la enfermedad no entiende de títulos y grandezas…

Imágenes: Flickr, Wikimedia Commons




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Orígenes y significado de la Pascua Cristiana

La Pascua, que celebra la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, y de tanto arraigo cultural y religioso en nuestro país, es la fiesta más importante del cristianismo. Es lo que podríamos denominar “una fiesta móvil”, ya que no cae en una fecha fija cada año.


Las iglesias cristianas de Occidente celebran la Pascua el primer domingo después de la primera luna llena tras el equinoccio de primavera del 21 de marzo. Por lo tanto, la Pascua se celebra entre el 22 de marzo y el 25 de abril de cada año. Los cristianos ortodoxos utilizan el calendario juliano para calcular cuándo celebrarán la Pascua y normalmente celebran la fiesta una semana o dos después de las iglesias occidentales, que siguen el calendario gregoriano.

Los orígenes exactos del nombre de esta fiesta religiosa son desconocidos. Algunas fuentes afirman que la palabra Pascua se deriva de Eostre, una diosa teutónica de la primavera y la fertilidad. Otras fuentes vinculan la Pascua con el término latino “alba hebdómada”, o “semana blanca”, una antigua referencia a la ropa blanca que vestían las personas que iban a ser bautizadas durante estas fechas.
Por un error de traducción, el término más tarde apareció como esostarum en antiguo alemán, que finalmente derivó como Pascua. En español, Pascua se conoce como Pascua; en francés, Paques. Estas palabras se derivan del griego y el latín, Pascha. La crucifixión de Jesús y la resurrección se produjeron después de que él llegara a Jerusalén para celebrar la Pascua (Pesaj en hebreo), la fiesta judía que conmemoraba el éxodo de los antiguos israelitas en tiempos de la esclavitud en Egipto. Pascha, finalmente, llegó a significar Pascua.

La Cuaresma, sin embargo, es el período de los 40 días previos al Domingo de Pascua. Es un período de reflexión y penitencia, y representa los 40 días que pasó Jesús solo en el desierto antes de comenzar su ministerio, un tiempo en el que los cristianos creen que sobrevivió a varias tentaciones del diablo. El día antes de la Cuaresma, conocido como Mardi Gras, es un último “hurra” por la comida y la diversión antes de que comience el ayuno.

La semana anterior a la Pascua es lo que llamamos Semana Santa y tiene como fechas más significativas el Jueves Santo, que conmemora la última cena de Jesús con sus discípulos; Viernes Santo, que hace honor al día de su crucifixión; y Sábado Santo, que se centra en la transición entre la crucifixión y resurrección. El período de 50 días después del Domingo de Pascua es llamado Tiempo Pascual y es una celebración de la ascensión de Jesús al cielo, que termina con el Domingo de Pentecostés.





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La historia de Charles Boycott

  • Cuando nació el término “boicot”
  • Desde la lucha por los derechos de los afroamericanos, la trata de esclavos, o los actuales conflictos en Oriente Medio, el boicot es una forma bien conocida de protesta por razones socio-políticas o como medio de activismo contra el consumismo. Sin embargo, ¿cual es la historia de este término?

La palabra apareció por primera vez en el diccionario inglés en el siglo XIX y proviene del nombre de un general británico, Charles Cunningham Boycott. La historia comienza durante su estancia en el Condado de Mayo irlandés, en el que era encargado del cobro de las rentas a los agricultores y tenía entre su “séquito” personal a trabajadores locales, porteadores, cocheros y criados.

No despertaba muchas simpatías nuestro protagonista, y se había ganado una mala reputación entre el círculo de agricultores irlandeses. Su cosmovisión se reducía a que “los jefes tienen el poder y el derecho divino, sin necesidad de tener en cuenta los sentimientos y la opinión de las gentes”

Se dice que había puesto una serie de duras regulaciones y multas enormes que complicaron demasiado su relación con los agricultores. La situación empeoró en 1880, cuando, debido a la mala cosecha, estos solicitaron una reducción de las rentas. Boycott se negó, y ante las protestas, intentó desalojar a 11 agricultores. En respuesta a los desalojos, la Asociación de Agricultores decidió abstenerse de realizar trabajos en la casa y los campos del testarudo administrador. Incluso los empresarios locales dejaron de negociar con él, y hasta el cartero se negó a entregarle el correo…

El propio Boycott, incapaz de encontrar nuevos trabajadores, mandó una carta al diario The Times: “Mis cultivos están pisoteados, a la deriva, y destruidos. Me han roto las cerraduras de las puertas, paredes han sido derribadas, y las reservas se están echando a perder. Por no mencionar el peligro hacia mi propia vida, algo evidente para cualquiera que conozca el país…”.

Después de la publicación de su carta, un corresponsal del Daily News acudió a la zona para cubrir la noticia. Según su crónica, Boycott no corría ningún riesgo, pero no había nadie dispuesto a ofrecerle cualquier servicio, limpieza o comida. Mientras todo el mundo pedía a gritos su marcha, el general se negaba en rotundo a abandonar sus propiedades. Difícil situación…

Todo acabó solucionándose con el fin más lógico que pudiera tener esta historia. La campaña de recolección se consiguió realizar pero Charles Boycott tuvo que salir por “la puerta de atrás”, a bordo de una ambulancia militar junto con su familia camino de Dublín. A su llegada  a la estación tampoco recibió una cálida bienvenida. Así pues, tuvo que acelerar su marcha a Inglaterra.

El término “boicot” fue introducido en el diccionario por John El Mallef en septiembre de 1880, en la búsqueda de una palabra que definiera todos aquellos sucesos. Con los años, la palabra ha sido adoptada por otros idiomas, y siempre tendremos en la mente la historia de aquel tan poco avenido terrateniente…

En la imágen, Charles Cunningham Boycott, el hombre al que se debe el término “boicot”
Imágenes: Flickr Fuentes: Tvxs – History




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Los albores de la piratería


Cuando se menciona la palabra pirata, tendemos a pensar en un robusto marinero de sombrero emplumado, pechera con volantes, botas mosqueteras y un buen vientre cruzado por una bandolera sobre un chaquetón con alamares. O sea, la figura típica del corsario inglés de los siglos XVII y XVIII, encarnada por Francis Drake, Henry Morgan, o el legendario capitán Kidd. Sin duda, esos personajes y su época representan la Edad de Oro de la piratería en Occidente, que dio fama y popularidad a tan intrépido y arriesgado oficio. Sin embargo, su Historia había comenzado mucho antes, desde la más lejana antigüedad, en escenarios que abarcan casi todas las épocas y los diversos mares del mundo.

Se consideraba como piratería todo acto delictivo en el mar, o también “desde el mar”, ya que a menudo los piratas desembarcaban para saquear poblaciones costeras e incluso llevaban sus tropelías a largas distancias tierra adentro. Sin embargo, la mayor parte de su actividad consistía en abordar y robar otras naves, en lo posible indefensas y con cargamentos valiosos. El término se aplica generalmente a los malhechores marinos que actuaban por su cuenta y riesgo, pero abarca también otras categorías, según época y lugar. Así los primeros piratas franceses del Caribe, que solían alimentarse de carne ahumada (viande boucanée) fueron llamados boucaners o “bucaneros”; los piratas a los que un rey o gobierno otorgaba patente de corso eran “corsarios”; los armadores y capitanes que pirateaban en nombre de un país pero con barcos privados, se denominaban privateers; y los marineros de diversas nacionalidades y etnias que se asociaban para navegar libremente en busca de un botín (booty) eran calificados por los ingleses de freeboters, voz que pasó al francés como flibustiers y al castellano como “filibustero”.


Los españoles, principales víctimas del auge de la piratería, no se detuvieron en estas distinciones y consideraron a todos como piratas, no sin bastante razón. Hubo así algunos piratas y corsarios que alcanzaron un gran ascendiente, riqueza y celebridad, gracias a su habilidad, osadía, ambición y, sobre todo, a sus buenos servicios al poder, ya fuera éste visible o invisible. Esos excepcionales hombres y mujeres (que las hubo) protagonizaron aventuras y hazañas que dieron pie a la leyenda romántica de la piratería.

La verdad es que los piratas reales no fueron tan seductores o tan execrables. Por detrás de los capitanes exitosos, la tripulación de piratas de a pie estaba formada por aventureros de poca monta, excombatientes, marineros amotinados, desertores, fugitivos de la ley o esclavos escapados, que buscaban un refugio y medio de vida en la piratería. Reclutados entre las capas más marginales, muchos esperaban hacerse ricos con los fabulosos botines de los relatos tabernarios, que en la realidad no eran tan abundantes ni tan fáciles de obtener.

Lo de los parches y garfios no se lo inventaron Stevenson en “La isla del tesoro” o James Barrie en “Las aventuras de Peter Pan”, sino que eran consecuencia de las mutilaciones en los combates cuerpo a cuerpo o por accidentes a bordo. Tampoco es pura literatura lo de la afición desmedida al ron, licor antillano de caña de azúcar muy fácil de elaborar y muy difícil de aguantar. Sus casi 75º de alcohol hacían estragos en organismos ya minados por la mala nutrición y las fiebres e infecciones tropicales.

No obstante esos marineros vulgares fueron, literalmente, la carne de cañón que hizo posible los enfrentamientos navales, los abordajes y saqueos que dieron fama a los grandes corsarios e incidieron en la política y la economía de esa época de la Historia.
Porque la piratería tenía para ellos dos grandes atractivos: por un lado, un estilo de convivencia y unas pautas de conducta más libres e igualitarias que cualquier legislación de la época; por el otro, el participar en un proyecto secreto para emancipar a la humanidad de sus miserias, un plan trascendente y oculto que no alcanzaban a conocer, pero que daba sentido a sus vidas. No obstante, ya hace más de cuatro milenios, las naves egipcias y fenicias solían ser blanco de acciones que podrían calificarse de piratería, pero la literatura invita a la leyenda…

Imagen: «Sir Francis Drake The Noblest Knight». Publicado bajo la licencia Dominio público vía Wikimedia Commons.




© Una sección de Félix Casanova para Curiosón, 2016
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Torneos acertijísticos



Félix Casanova
Historias de nuestra historia


La habilidad para resolver acertijos se consideraba en la antigüedad como garantía de sabiduría, y por este motivo eran tan frecuentes los torneos acertijísticos. Da buena cuenta la Historia cuando la reina de Saba emprende un largo viaje para tentar con acertijos a Salomón y comprobar su proverbial sabiduría; como el rey los resolvía todos, tuvo que confesar atónita que la sabiduría de éste era mucho mayor que la fama que hasta ella había llegado…

En los cuentos de acertijos de tradición popular, el premio al que los resuelve consiste en casarse con la princesa, e incluso a veces, obtener el cargo de ministro o consejero real. Los antiguos reyes de Egipto y Babilonia eran tan aficionados a los acertijos, que se los enviaban recíprocamente por medio de emisarios (imaginaos lo que tardarían..), de manera que aquel que no los acertaba tenía que pagar al otro un tributo determinado.

He aquí un acertijo enviado por un rey egipcio a un monarca babilónico: “Es un gran templo sostenido por una columna; esta columna tiene doce ciudades; cada ciudad, treinta arcos; cada arco tiene dos mujeres, una blanca y otra negra”. La solución ha llegado así hasta nosotros: el templo es el mundo; la columna el año; las doce ciudades son los doce meses; los treinta arcos, los días del mes, y las dos mujeres, el día y la noche…

Muchos “acertijos” (por llamarlos de alguna manera) han quedado archivados sin que conozcamos su solución: el misterio de la Atlántida, la presencia paralela de pirámides en Egipto y en Centroamérica, el enigma de la isla de Pascua, la inquietante losa funeraria del templo mexicano de Palenque, las extrañas señales “dibujadas” en la planicie de Nazca y solo visibles desde el cielo, el origen del mapa de Piri Reis o el ignorado destino del pueblo que construyo el templo de Tehotihuacan, entre otros…

Dando un enorme salto en el tiempo nos vamos a la conspiración militar contra la II República española. Tras una comida entre ambos bandos, los falangistas pedían insistentemente “café”, sin sospechar los republicanos que se trataba de una clave a modo de acertijo cuya interpretación era “ ¡Camaradas, arriba Falange Española¡ “, y que consecuentemente, a las cinco de la tarde (hora del café) de ese 17 de julio de 1936, no solo tomaron el café sino también la ciudad de Melilla, comenzando así la Guerra Civil española. De aquí salió la famosa canción:
“Yo te daré
te daré, niña hermosa
te daré una cosa
una cosa que yo sólo sé ¡café¡”     (léase cantándola)

En la postguerra española también se tiraba de acertijos con cierta ironía:
  • ¿Por qué España es una Grande y Libre?
Es una porque si hubiera otra, todos se marcharían a ella. Es grande porque caben los españoles, americanos, portugueses, filipinos, marroquíes y todos los turistas. Y es libre porque puedes ir a misa de diez, de once, de doce o ser del Madrid, del Atleti, etc…
  • ¿Qué le dijo el Water a Franco?
Delante del pueblo serás Caudillo, pero delante de mí te bajas el calzoncillo…

También tenemos las “preguntas lógicas”:
  • Si vd. llega a un bar y se sienta en una mesa, ¿que es lo primero que le dirá el camarero?
Que las mesas no son para sentarse…
  •  ¿Por qué va usted a la cama a dormir?
Porque la cama no viene donde yo estoy...

No se quedan atrás las definiciones jocosas:
  • Amor: Es el único deporte que no se suspende por falta de luz.
  • Fe: Es el acto de creer en lo que no crees.
  • Gafas: Las mujeres de los gafes.
Y también podíamos hablar de colmos:
  • Como el del Pastelero: 
Ser diabético; comprarse una fotocopiadora que haga las milhojas; llegar a casa amargado; tener una mujer llamada Magdalena y una hija con trenzas que sea un bombón, que se case con un suizo y se vayan de luna de miel a un sitio donde haya muchas palmeras; y que su hijo sea un “curasán” que cuelgue los hábitos y se case con una napolitana…

Los tantanes:
  • Era un cazador tan malo, tan malo, tan malo, que cuando iba a cazar, los conejos en lugar de huir le pedían autógrafos.
  • Era un cura tan bajito, tan bajito, que en vez de usar sotana, llevaba minifalda.
  • Era un hombre tan avaro, tan avaro, tan avaro, que prestaba atención con mucho interés. Que cuando su hijo le pidió dinero para ir al zoo a ver las serpientes, le dijo: te voy a prestar mi lupa, vas al jardín y miras las lombrices. Que cuando oía misa por la tele y pasaban la bandeja, la apagaba. Que no daba ni los buenos días. Que dormía de lado para no gastar las sábanas. Que cuando iba a la oficina se llevaba la dentadura postiza de su mujer para que no comiera entre horas. Que se encargó el ataúd al enterarse que iba a subir la madera, y que al morir, hizo el testamento a su favor.
Los juegos de acertijos:
Se trata de acertar a través de preguntas y respuestas el nombre de un pintor, escritor, cosa, etc. Uno piensa por ejemplo en Cervantes y da la inicial “C” de su apellido. El otro u otros pueden empezar a preguntar:
  • ¿Está vivo o muerto?
Está muerto, como Cristobal Colón.
  • ¿Es un pintor?
No es un pintor, como Carreño.
  • ¿Vivió en España?
Si, vivió en España como Calderón de la Barca.

El juego continua a través de la serie interminable de preguntas y respuestas, hasta que se averigua el personaje o se rinden los participantes. (aahhh, que recuerdos me da esto)

Los Queledijos:
  • ¿Que le dijo la bandeja al camarero?
Disimulando, disimulando, el culo me vas tocando…
  • ¿Que le dijo un chino bromista a otro?
¡Chin-cha-te¡
  • ¿Que le dijo un joyero a un cabezón?
Si tu cabeza fuera un diamante, no habría pobres en el mundo…

También nos quedan los cuentos de acertijos y muchos más chascarillos que, además de ser divertidos, enriquecen el uso del lenguaje. La imaginación popular siempre dio a lo largo de la Historia muchos ejemplos de cuentos, acertijos, trabalenguas, chistes y demás usos del lenguaje que han perdurado al paso del tiempo…

______________

Félix Casanova es autor del blog "Historias De Nuestra Historia"



Fuentes obtenidas del Acertijero Antológico Español
Jose Luis Garfér y Concha Fernandez
Imagen: Libros Alcana


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