secciones

ANH

PUEBLOS DE ESPAÑA

OTRAS SECCIONES

HISTORIA DE ESPAÑA

HISTORIAS DE NUESTRA HISTORIA

El maltrato de siglos

Mujeres "de toda condición, ricas y humildes, musulmanas y judías, acudían a la justicia para defenderse del maltrato".

Durante años hemos asistido impotentes a la violencia de género. En un reportaje de Juanma Velasco para el diario "El Correo", a propósito del libro que se publica a finales del pasado año, "Violencia contra las mujeres en la Castilla del final de la Edad Media", hay una clara referencia a la violencia ejercida contra las mujeres en todos los tiempos.
Muchos de los documentos analizados corresponden a denuncias de las mujeres vascas que piden ayuda para defenderse de los maridos y de los hijos.

Así, Mencía de la Vera (1456-1515), señora de Tordehumos (Valladolid) y casada con Fernando de Granada, hermano de Boabdil, el último rey de aquella ciudad, lleva el testimonio de los criados que declaran de qué modo "le agrede, le rompe un dedo, le tira de los pelos..."

En la Chancillería de Valladolid, hay una sala de fijosdalgos de Vizcaya, exclusiva para casos de litigantes vascos (una especie de Tribunal Supremo de la época, donde llegaban las mujeres, cuando carecían de recursos o no habían sido oídas en sus denuncias por los alcaldes de los concejos, a los que acudían en primera instancia.

Como en la actualidad se citan las medidas de alejamiento, antes existía la "Carta de Seguro". Los pregoneros tenían la obligación de vocear el documento donde vivía la víctima para que todo el mundo supiera que el agresor no se podía acercar a la mujer.

A este respecto, la autora hace mención a otro documento donde figura la petición de María Sarmiento de Orduña, que en 1488, cuando queda viuda, reclama a los monarcas la Carta de Seguro para defenderse de su propio hijo, Pedro López de Ayala. "Dice que tiene miedo de él y de sus hombres y criados y está segura que la herirán o la matarán a ella o a sus otros hijos para quedarse con la herencia".

La investigadora trata de apartar la idea de la pasividad de las mujeres a lo largo de la historia en esta historia del maltrato que no parece tener fin.

La autora:
Sabina Alvarez Bezos
Fuentes Consultadas:
El Correo


Fuente consultada: El Correo
Mundo Curioso
Leer más »

El drama de dos hombres de Pernía



En 1912 Luis acaba de cumplir 13 años. Un chico de esa edad desarrolla un trabajo constante y muy variado en las tareas de una explotación ganadera y agrícola porque hay muchos carros de hierba que recoger, se siembra centeno y se recogen patatas en abundancia, por la cuenta que trae para comerlas bien calientes en invierno.

La víspera de la fiesta de la Asunción de la Virgen, además titular de la parroquia, hay novedad en Santa María de Redondo, ha regresado de Roma Francisco. Tiene 24 años y no ha terminado la carrera. Es más bien alto, tiene un porte distinguido en medio de la rudeza del pueblo, el aire de la tarde le mueve con elegancia la túnica negra, ceñida con correa y la capilla de los agustinos le cae liviana sobre los hombros. Los hermanos más jóvenes seguro que no le conocen, ni él a ellos. Desde que dejó el seminario de Palencia no ha podido volver a ver a toda la familia.
El verano de 1912 constituye para él, para sus padres y para toda la familia una meta de llegada y un año de partida apenas estrenado que promete muchos momentos de satisfacción y felicidad.

En los veranos siguientes vuelve a presentarse en el pueblo. Recorre los valles en el mejor momento de verdor y de luz. A caballo o a pie, recorrió de la Cordillera Cantábrica, el Pico Tres Mares, el Cuchillón, Fuente Cobre, los Castros Colorados (Saxa Rubra que dice el documento de la repoblación de Brañosera del 843), Sel de la Fuente.. etc. Se le queda desafiante allá más lejos y hacia el lado opuesto el Espigüete.

Juan Diaz Caneja, 1877-1948, es padre del pintor Juan Manuel Diaz Caneja. Escribió Cumbres palentinas en el año 1915. Que trabó amistad con Diaz Caneja es lo que debemos entender. No me extraña. Hizo conocimientos con personas de todas clases, lo vamos a comprobar. Él mismo se puso a escribir en cuanto se asentó en el Monasterio de Santa María de la Vid, hizo traducciones, artículos y presentó una edición de los trece libros de las Confesiones de San Agustín que tuvo cuatro tiradas, la última en 1948.

Desde la Peña Tremaya: El drama de dos hombres de Pernía.
Antonio de Mier Vélez
@2016


Leer más »

La llegada de los franceses a Palencia



A comienzos de enero de 1808, unos meses antes del inicio de la guerra, llegaron a Palencia unos 3.000 soldados franceses. Este hecho supuso un incremento considerable
de la población y el inicio de numerosos problemas para poder facilitarles
alojamiento y comida, tarea nada sencilla en una ciudad que, en esas fechas, no
llegaba a los 9.000 habitantes (2). Por si eso fuera poco, la tropa albergaba gran cantidad de enfermos. Las cifras varían según los documentos, pero debían ser entre 500 y 600 soldados (3). El Hospital General resultaba insuficiente para tantos hombres y por este motivo hubo que utilizar como hospitales “la casa del deán y cabildo (...) y la casa del Hospicio antiguo” (4). Además de emplear esos locales, hubo que pedir a los pueblos cercanos que facilitaran camas de sus hospitales, cofradías y
obras pías. De Ampudia, por ejemplo, llegaron 300.

Durante el resto del conflicto otros pueblos aportaron también camas, además de sábanas y mantas. Aparte de los enfermos, hubo que buscar acomodo al resto de la tropa. Inicialmente se intentó alojarlos en los cuarteles, pero el espacio allí disponible era insuficiente. Más adelante, cuando la guerra ya había comenzado, los franceses ocuparon los conventos de San Francisco, Santo Domingo y San José, convirtiéndolos en bases militares de sus tropas. También las religiosas Agustinas se vieron obligadas a acoger soldados.

Del mismo modo, los franceses ocuparon los mesones de la ciudad. Los mesoneros emitieron continuas quejas por los destrozos que los soldados ocasionaban en sus establecimientos y, sobre todo, porque las habitaciones que ocupaban no las podían alquilar, con el grave perjuicio económico que esa circunstancia les ocasionaba.

“Francisco López, Mateo Peñalba, Juan Durán, Manuel Peñalba, Antonio Castilla, Bernabé Gonzo, Juana Fuidio y Manuel Quintana, dueños y arrendatarios de casas de mesón y posadas, piden se les indemnice por los perjuicios por la falta de hospedajes derivados de la ocupación que sufren por
las tropas francesas” (5)

Los oficiales, por su parte, fueron alojados en domicilios particulares. Nadie quería tener a esos inquilinos y, por este motivo, las demandas presentadas ante el Ayuntamiento solicitando la exención de esa obligación fueron numerosas, aunque todas rechazadas. Algunos vecinos tramitaron incluso sus expedientes de hidalguía, con la esperanza de beneficiarse de la normativa que excluía del deber de alojamiento de tropas a la población de condición noble, pero el Ayuntamiento hizo caso omiso a esa normativa. No podía permitirse ese lujo.

La manutención fue también un grave problema. La ciudad tuvo que hacer frente al coste de alimentar a 3.000 soldados y a sus caballerías e, incluso, dotarles de ropa. Los almacenes municipales quedaron vacíos y hubo que recurrir a impuestos extraordinarios, préstamos forzosos y ventas de propiedades para satisfacer las demandas francesas. Llegó incluso a proponerse la expropiación temporal de bienes de particulares, a los que se abonaría un 3% de interés hasta que les fuesen devueltos esos bienes (6). Por suerte para la población esta medida no se llevó a cabo. También se propuso hacer un inventario de la plata de los habitantes de la ciudad, estableciendo sanciones para los que ocultasen su posesión (7).

La situación fue, por lo tanto, crítica desde el primer momento. La comisión encargada del abastecimiento de las tropas expuso en agosto de 1808 que ya debía 300.000 reales y añadió que iba a necesitar un millón. La ciudad fue movilizada. El Cabildo prestó harina, granos y 20.000 reales, el gremio de comerciantes otros 50.000 reales y el de La Puebla 52.000 más. Por su parte, los representantes de los hacendados aportaron otra cantidad sin concretar (8). Los cosecheros de vino entregaron 5.000 reales y los labradores expusieron no tener nada que ofrecer, aunque Manuel Diez aportó en su nombre 1.000 reales y Juan Manuel Gutiérrez otros 1.000. A ellos se unió el tesorero de rentas reales con dos bueyes, cuatro novillos y 2.000 cántaros de vino (9).

Aun así, todo lo reunido resultaba insuficiente, ya que las demandas iban en aumento. Los franceses llegaron a reclamar 2.000 pares de zapatos y 1.000 capotes, dando un plazo de ocho días para recibirlos. Algo imposible, aunque se hubiese dispuesto del dinero para abonar esos pedidos (10). Estos datos nos ayudan a hacernos una idea de las elevadas exigencias de la tropa y de la carga económica que sufrió la ciudad, con el consiguiente desabastecimiento y encarecimiento de los precios. Algunos meses después, en abril de 1809, el Ayuntamiento fue informado de que iban a llegar a la ciudad 2.000 soldados de caballería y 4.000 más de infantería. Ante este anuncio, las autoridades locales se vieron obligadas a tomar un crédito forzoso de los gremios y vecinos:

“Manuel Mozo ofreció por cuenta del real noveno y escusado, entregando de forma anticipada 120.000 reales. El gremio de comerciantes deberá entregar 400.000, el de la Puebla 300.000, el de curtidores 80.000, el de estameñeros 40.000, el de taberneros 30.000, el de tenderos de legumbres y menudencias 100.000, Josef de Ribas 60.000, Josef Pastor García 80.000 y Gregorio Poncelis 80.000, lo que hace 1.290.000 rs.” (11) En 1812, para hacer frente a tanto gasto, se llegó a poner a la venta el valle de San Juan, el prado del término de Torrecilla y varios edificios propiedad del Ayuntamiento (12). El 2 de mayo volvió a realizarse un préstamo forzoso entre los vecinos por casi tres millones de reales (13). Algunos fueron encarcelados por negarse a dicho pago, entre ellos Manuel García Durango y Gregorio Poncelis (14).

__________

(2) Archivo Municipal de Palencia (en adelante AMP), Actas Municipales, 12 de enero de 1808.
(3) AMP, Actas Municipales, 7 de febrero de 1808 y 5 de marzo de 1808.
(4) AMP, Actas Municipales, 7 de febrero de 1808.
(5) AMP, Actas Municipales, 10 de diciembre de 1808. Hay otra reclamación anterior del 13 de agosto de 1808. El 22 de enero de 1809 Juana Fuidio fue indemnizada. El 27 de enero de 1809, Francisco Alonso Maestro, como arrendatario del mesón de la fruta, volvió a reclamar los daños que había sufrido. Convento de las Agustinas, al principio de la calle Mayor, uno de los edificios ocupados por los franceses para alojar a sus tropas. Los soldados también ocuparon los monasterios de San Francisco, Santo Domingo y San José (AAE, L. Roisin).
(6) AMP, Actas Municipales, 7 de julio de 1808. Esta propuesta se volvió a intentar unos días más tarde, cuando el intendente provincial expuso que no disponía de fondos para librar al Ayuntamiento, urgiendo a éste a que los buscase entre los particulares dándoles documento de seguridad al 3%. El Ayuntamiento volvió a negarse. 19 de julio de 1808.
(7) AMP, Actas Municipales, 7 de julio de 1808.
(8) Se sabe, por ejemplo, que José Pastor adquirió el compromiso de entregar 6.000 reales de vellón.
(9) AMP, Actas Municipales, 16 de agosto de 1808 y 18 de agosto de 1808.
(10) AMP, Actas Municipales, 20 de diciembre de 1808.
(11) AMP, Actas Municipales, 11 de abril de 1809.
(12) AMP, Actas Municipales, 11 de abril de 1812.
(13) El AMP conserva el listado de las personas obligadas a realizar el préstamo, con la cantidad asignada a cada uno. Actas Municipales, 2 de mayo de 1812. En las actas de las sesiones siguientes pueden leerse numerosas quejas de dichos contribuyentes ante la cantidad exigida.
(14) AMP, Actas Municipales, 23 de mayo de 1812. En los días siguientes hay referencias a más encarcelamientos.




Palencia: momentos, personajes y lugares para la historia (1808-1935)
Javier de la Cruz
Aruz ediciones, Mayo de 2017


Leer más »

Toda historia es local






“Toda historia es local: el alma humana en medio de sus circunstancias”



PRÓLOGO

Asier Aparicio





Amigo Javier, estamos ante un libro, tu libro, que resulta imprescindible. Imprescindible para cualquiera que ame esta ciudad de Palencia, para cualquiera que la haya imaginado en otras épocas, que haya visto fotos antiguas. Para cualquiera que desee poner nombre a sus pasos, a sus calles, a sus edificios emblemáticos. Si es cierto eso de que cada cual se define por su letra, tú eres el grafólogo que interpreta los trazos de esta querida ciudad; una ciudad que, lejos de ser provinciana y atrasada, estuvo en la vanguardia de ciertos hitos del progreso.

Tus 25 artículos, escrupulosos en su documentación, nada novelescos (en el peor de los sentidos), nos van sumergiendo a lo largo de siglo y medio en una aventura evolutiva, en un mosaico de ilusiones y conflictos forjados al calor de nombres concretos, de familias reconocidas, de lugares todavía existentes a los que, tras leer tu estudio, otorgamos el valor que se merecen. ¡Ahora sí que sentimos vivos a nuestros abuelos, a nuestros tatarabuelos! ¡Ahora sí contemplamos edificios como la Plaza de Abastos, el Teatro Principal, la Estación del Norte, Correos… y los imaginamos con su fluir auténtico! Como la mirada de quienes vivan en Palencia dentro de un siglo, como el juicio de quienes aprecien nuestra herencia al cabo de décadas. Para nosotros, seña de lo que fuimos y vivimos, esencia que todavía atesoramos…

De modo que este libro es radiografía, aunque su física nos descubre un alma. Porque toda ciudad se define por sus gentes, sus decisiones, sus trances… (te lo he oído decir muchas veces, amigo Javier) y nada de lo que llamamos devenir escapa a la voluntad de sus protagonistas. ¡Ese es tu mérito, saber recrear con rigor y cariño el humus que nos identifica! Gusta conocer nuestras calles, las construcciones, su época… pero apasiona aún más contemplar su contexto, sus motivaciones, el fuego en que se cuece nuestro cocido. La ciudad como tramoya, la historia como paisaje con figuras.

“Toda historia es local: el alma humana en medio de sus circunstancias”
Y esto me conduce a otra idea que tantas veces hemos compartido: ¿no es pueblerino, poco actual, antiglobal, centrarse en lo local, en lo cercano, en la historia de nuestro entorno? ¿No limita el número de lectores? Al margen de consideraciones mercantiles, nuestra respuesta, la tuya y la mía, coinciden: “¡en absoluto!”. Porque opinamos que no existe la historia en genérico, sino el impacto de los hechos en las personas, lo que Unamuno denominaba “intrahistoria”.

Y tú sitúas dicho impacto en nuestra ciudad, ¿por qué no?, como en cualquier otra. ¡A buen seguro que el modo en que vivimos la invasión francesa, el liberalismo, el carlismo, la Primera República o el progreso auspiciado por el cambio de siglo no resulta muy distinto al de otras ciudades!

Tu libro no es solo historia de Palencia, es paradigma de cómo funcionan las relaciones humanas, de cómo se toman las decisiones políticas, de cómo los que nos precedieron creían protagonizar el tiempo más importante, la época más inédita… Y a la vez se parecían a los anteriores, semejaremos a los próximos, porque como he dicho antes, la ciudad no se compone de piedras, sino del hálito que las edifica. Un alma común y perenne que nos identifica como especie.

Así que tu Palencia se convierte en el Oviedo de Alas Clarín (Vetusta en La Regenta), en La Mancha de don Quijote… en tantos espacios locales y personales que alcanzaron el rango de arquetipos universales. Lugares donde se funden lo propio con lo común, exorcizando el peligro tan actual y miope de confundir lo que nos singulariza con aquello que nos separa.

Por fin, querido Javier, señalar que tu libro me reconcilia con la política, más en estos tiempos de descrédito. Por sus páginas se destila, a mi juicio, una idea consoladora: que en toda época, en todo lugar, procedente de cualquier ideología, emergen personas empeñadas en el bien común, en el progreso de la ciudad (también en lo contrario). Y me reconcilia especialmente con lo que llamamos política local, la madre desde Atenas de todas las demás; la única que el ciudadano percibe como suya, ya que en ella reconoce de modo evaluable el vínculo entre hechos y palabras. El ámbito de lo realizable, de la coherencia puesta a prueba. El crisol donde el político percibe el examen inmediato de sus decisiones en la cara de quienes gestiona.

La polis está al alcance de quien la habita; tu Palencia, Javier, en manos de cualquier lector. Tus personajes no se camuflan en ideologías, y si alguna vez lo hacen, pronto quedan al desnudo los auténticos motivos. Son actores que se conocen personalmente, que riñen por motivos familiares; y si a menudo se coloca al rey, al partido o a la república como pantalla, se entiende su discurso como barniz, como fachada de emociones más básicas. La ambición, el recelo, el amor, el miedo… sentimientos primarios que rigen la andadura humana. Como siempre, como ahora.

Un último apunte referido a la estructura y el lenguaje: estamos ante un texto cómodo, envolvente. Me he referido a su rigor, también a su huida de lo novelesco; ahora recalco tu labor como cronista. Un cronista que deja hablar a sus personajes, que a menudo les cede su tribuna, pero que se sabe entendedor de los hechos con la perspectiva que da el tiempo, la visión serenada de los intereses enfrentados. Por eso Javier usa los datos, los ordena de manera pedagógica, aunque sin perder la frescura de su narración. La historia como ciencia para ser contada, no diseccionada. Porque si alejamos los hechos del calor de quien los narra, ¿qué nos queda? Un baile de números y nombres; ese baile, casi siempre aburrido, que tanto odiábamos en el cole. No es el caso. Como buen profesor, te muestras apasionado, la única manera de conectar con el lector, con todo oyente.

Así que, por todo ello, gracias, Javier. Gracias porque tu libro nos ayuda a sentirnos más palentinos. Porque nos anima a comprender la historia como maestra de lo que somos. Y gracias por devolver a lo cercano su vital importancia: nuestra huella será local o no será. ¡Magnífica navaja de Ockam ante
la pretendida universalidad de muchas ideologías y pensamientos!

Imagen: Panorámica de Palencia en 1882 realizada
desde la iglesia de San Pablo (AHPPa, J. Laurent).

Palencia: momentos, personajes y lugares para la historia (1808-1935)
Javier de la Cruz
Aruz ediciones, Mayo de 2017


Leer más »

Emilia Pardo Bazán, una feminista de excepción

Recuerdo de la primera escritora naturalista en el
150 aniversario de su nacimiento.

Me ha parecido oportuno dedicar unas líneas al recuerdo de esta mujer admirable que revolucionó y escandalizó a sus contemporáneos.

Fueron muchas sus cualidades, y muchas también las dificultades con las que tuvo que luchar por su condición femenina. Sin embargo, a ella no la amilanó nunca la dificultad, y se lanzó al mundo de la cultura con avidez, con la curiosidad y la humildad del que desea saberlo todo y empieza desde el principio. Su mente científica y rigurosa, la impulsaba a informarse bien antes de hablar sobre un tema (leyó por igual libros de Botánica, Astronomía, Física, Historia, Teatro, Poesía...; en su afán de comprender la Filosofía, leyó a Kant, Spinoza, Shopenhauer, Aristóteles; y también aprendió inglés para poder disfrutar el teatro de Shakespeare, y alemán para captar los matices de la obra de Heine).

Al estar vetada la Universidad para ella, como para todas las mujeres de su época, la lectura y el estudio fueron su fuente de saber, por lo que su autodidactismo es aún más admirable.
Su temperamento vivo, arrollador y entusiasta, sorbía a grandes tragos la vida, y todo le parecía bien para aprender.

También fue siempre una excelente pedagoga que quería que sus conocimientos llegasen a los demás, y a esto dedicó muchas de sus páginas. Por eso cuando se creó para ella la primera cátedra femenina en la Universidad de Madrid, vio realizada una de sus mayores aspiraciones.

Su persona nunca pasaba desapercibida, por lo que tuvo grandes amigos y grandes enemigos. Muy especial tenía que ser esta mujer, que contó por igual con la amistad de Giner de los Ríos, Unamuno y Galdós, Menéndez y Pelayo y Juan Valera, siendo además admirada por políticos como Castelar y Canalejas.

Doña Emilia tuvo en realidad pocos enemigos y sí muchos envidiosos e hipócritas que no soportaban que una mujer innovase el campo de la literatura y se introdujese en terrenos reservados secularmente al varón.

Su defensa del Naturalismo primero, su encendida y constante defensa de los derechos de la mujer luego (sobre todo la necesidad de que ésta fuese educada y no domada), su descripción de los aspectos más sórdidos y terribles de la vida en el campo gallego (claro precedente del “esperpento” de Valle-Inclán), o la inmensa tristeza que siente cuando pierde España las últimas colonias y ella escribe artículos de profundo patriotismo que conectan con los autores del 98, así como el hecho de que nunca pedía perdón por hacerlo, rodearon su figura de una aureola de polémica.

Siempre fue tolerante y abierta: incluso en sus últimos años, cuando era una anciana venerable rodeada –como siempre- de elegancia y refinamiento, su título aristocrático nunca constituyó un obstáculo para que los más jóvenes se acercaran tímidamente a aquella señora “de saber oceánico”, liberal y hasta revolucionaria que había defendido lo indefendible y “que no se asustaba de nada porque todo le parecía bien”.

Viajera infatigable, cuyo conocimiento de otros países la hacía reflexionar sobre el suyo, era también muy sensible a la belleza, y muy vulnerable a la magia y el embrujo de la naturaleza gallega que la envolvía durante los veranos. Allí nació en 1851, en  La Coruña; hija única de familia noble, contó siempre con una vida agradable y fácil que tal vez influyó en su carácter afable y comunicativo.
Desde pequeña fue lectora incansable, primero de los románticos y luego de los autores realistas.
Casada a los diecisiete años, sacrificó su matrimonio al tener que elegir entre ser ella misma o una esposa obediente. Tuvo dos hijos que la adoraban.

“Gozadora de la vida”, buscó siempre el trato de escritores y poetas por parecerle que aprendía de ellos. Escribió novelas (“Los pazos de Ulloa”, “La madre naturaleza”, “La sirena negra”, “La tribuna”, etc), cuentos, artículos, conferencias, páginas magistrales en defensa de la mujer...
Murió en Madrid en 1921, a consecuencia de una gripe, y con gran contrariedad por todo lo que aún le quedaba sin hacer.

Sus importantes logros (Cátedra de Literatura, Presidencia de la Sección de Literatura en el Ateneo, Consejero de Instrucción Pública, así como el prestigio y el respeto que consiguió como escritora) ella los disfrutaba como logros de todas las mujeres. Por ello, la Pardo Bazán es, a mi entender, orgullo para todas las mujeres, y todas deberíamos estarle agradecidas. Sirva este recuerdo como muestra de ello.

Imagen: Curiosón 
Retrato de de Emilia Pardo Bazán, en el Parque de María Pita, A Coruña.






Sección para "Curiosón" de Beatriz Quintana Jato.


Leer más »

Abad ausente, provisor presente (1659)

A las 9 de la mañana del domingo 12 de enero de 1659, en la Sacristía de la Colegiata de San Miguel de Aguilar de Campoo el arcipreste, don Simón de Terán, estaba vestido y preparado para oficiar la celebración de la misa mayor, acompañado por el canónigo don Pedro de Terán y por el licenciado don Pedro Diez de Llantarón, presidente del Cabildo y comisario del Santo Oficio de la Inquisición.Mientras, en la plaza pública de la villa el provisor de la Audicencia Abacial de la Colegiata, don Toribio Rodríguez de Cosío Barreda, se preparaba, escudado por el corregidor, el alcalde mayor de apelaciones de los estados del marqués de Aguilar y varios de sus ministros y alguaciles, para proceder al arresto y prisión de algunos de los prebendados de la Colegial.



De este modo, armados y ayudándose los unos a los otros, entraron en el templo eclesiástico. Allí, con gran alboroto y -poco temor a Dios- y a la inmunidad, fueros y privilegios de la iglesia llegaron hasta el altar mayor y la sacristía donde encontraron, como ya se ha dicho, al arcipreste revestido y saliendo a decir la misa dominical. Una vez dentro, y poniendo en ejecución las órdenes dadas por el provisor, se cometieron ciertos atropellos contra varios prebendados, actuando con furia y enojo y con una violencia poco acorde con esos muros sagrados. Al arcipreste le dieron golpes y le arrastraron de sus vestiduras hasta romperle el alba y la casulla de que estaba revestido, mientras le gritaban todo tipo de improperios. Al presidente del Cabildo, por reprochar a los asaltantes unos comportamientos tan indignos, le dieron muchos golpes y empujones, desgarrándole el manteo y la loba [1] y arrancándole algunos faldillas del jubón, un tratamiento muy similar al otorgado a don Pedro de Terán, al menos en principio. Sin embargo, a este canónigo, tras su resistencia, se le amenazó con las espadas, le sacaron a la iglesia y le acorralaron junto al altar de Santo domingo, donde le agarraron y le llevaron preso a la casa del corregidor primero y a la cárcel pública después, sujetándole a la pared con grilletes.

Ante tales abusos un grupo de prebendados, de los que se hallaban presentes en el Coro de la Colegiata preparados para los oficios, decidió intervenir en defensa de sus compañeros de Cabildo. Esta solidaridad corporativa provocó que el provisor y las autoridades civiles que le acompañaban tratasen con violencia y apresasen a los canónigos Andrés González, Francisco Calderón de la Barca, Juan  Muñoz Ruiz de Amaya, Juan García de Guadiana y Antonio Ruiz de Cabria.
La irreverencia y la injuria cometidas contra estos hombres de la iglesia fue de una enorme magnitud, tan grande que creó un ingente revuelo en la villa de Aguilar, donde difícilmente las conversaciones pudieron girar en torno a cualquier otro aspecto... [2]

____________

[1] Es un sinónimo de sotana, que utilizaban eclesiásticos y universitarios en sus hábitos.
[2] Archivo Parroquial de San Miguel de Aguilar de Campoo (Pleitos II, doc.28, f.1.

____________


Alberto Corada (Aguilar de Campoo), es licenciado en Historia por la Universidad de Valladolid, donde realizó el máster Europa y el Mundo Atlántico. Poder, Cultura y Sociedad. Es autor, además de "Un beaterio en la Castilla del siglo XVIII", "Vida y muerte en San Lázaro de Aguilar de Campoo",  "El valle de Gama en el siglo XVIII y "Un enclave de los duques de Alba en la Montaña Palentina" entre otros.

Alberto Corada
Aruz ediciones, 2016
colección de historia montaña palentina


Leer más »

Cien años sin Joaquín Costa

El 8 de febrero de 1911 moría en Huesca Joaquín Costa, un español eminente que sin duda trabajó como pocos por sacar a España del desastre en que se encontraba. Fundador y figura clave del Regeneracionismo, intentó hallar la clave para transformar y mejorar aquella sociedad en crisis de finales del siglo XIX (tan parecida, por otra parte, en muchos aspectos a la actual).




También entonces se producía una profunda crisis de valores: se habían perdido las últimas colonias, y aunque la masa vociferante y los políticos ineptos, que antes de la derrota arengaban a los soldados con ardor, se olvidaban de la derrota y reían en los cafés, otra España seria, reflexiva y profunda meditaba sobre la decadencia de su patria.

Los regeneracionistas, llenos de inteligencia y de patriotismo verdadero, sin pancartas pero con medidas sabias para mejorar, propugnaban cambios drásticos para salir del estancamiento, y dado que ese tema y ese intento -fallido por cierto- de regenerar a España nos suena hoy terriblemente familiar, creo interesante hacer un recuento de sus propuestas para lograrlo.

En primer lugar, creían necesario europeizar las estructuras políticas, sociales y económicas (el terrible miedo de Costa a la africanización de España), y también la modernización de la actividad agraria, el reparto de tierras, todo ello viable solamente con una clase dirigente cuya eficacia no solo estuviera en las palabras sino en los hechos. También defendían la idea de que había que mirar al futuro sin que el recuerdo de las glorias pasadas llevase al inmovilismo («doble llave al sepulcro del Cid»), y sobre todo, la necesidad de educar y alimentar al pueblo («La despensa y la escuela, la escuela y la despensa; y no hay otras claves para la regeneración de España. Una España rica y que coma, una España culta y que piense»).

Sin embargo, Joaquín Costa, economista, historiador, profesor, jurista y político, no vio realizados sus deseos y pasó sus últimos años soportando una profunda incomprensión y una penosa dolencia que lo inmovilizó prácticamente, y murió con la conciencia de no haber logrado su propósito, en medio de una gran frustración y de un gran dolor («todo me ha huido»), siendo considerado por muchos como un fracasado.

Tal vez no se le pudo perdonar que luchase toda su vida contra la hipocresía y la ineficacia. Gran lección en estos tiempos que corren…

Imagen: www.biografiasyvidas.com/






Sección para "Curiosón" de Beatriz Quintana Jato.


Leer más »

La más bella canción de la naturaleza

La más bella canción de la naturaleza lleva de sub-título este fotogénico y bien construido libro ("Montaña palentina", Aruz ediciones, 2016) del escritor palentino Froilán de Lózar. Para quienes hemos pasado muchas horas en tantos pueblos como él cita en su libro, para quienes tenemos en nuestros mejores sueños escenas de la Montaña palentina, para quienes hemos tenido casa allí y hemos amado por igual amaneceres y atardeceres, este libro es todo un canto, como bien reza el subtítulo.




El libro describe las localidades de la Montaña palentina, incluye una foto especial de cada una de ellas, y una rápida semblanza con toponimia incluida.

Triollo, San Salvador de Cantamuda, Salcedillo, Rebanal de las Llantas, Foldada, Mave, Villanueva de la Torre, Cardaño de Arriba, Camporredondo, Valcobero, Alba de los Cardaños. En fin. Cada nombre tiene una resonancia distinta, una fecha diferente, un verano único e irrepetible en nuestras vidas. A todo ese conjunto que llamamos Montaña palentina le debemos muchos gramos de días felices. Y a veces no encontramos la manera de pagar, quizá por eso escribimos libros, tan entregados a los amores por nuestra Montaña palentina como el de Froilán, quizá por eso volvemos una y otra vez allí con cualquier excusa.

No nos encontramos ni entre quienes quisieran que sólo estuviera atractiva para cuando ellos la visitan, obviando que el vivir en la Montaña palentina requiere mucho de amor por ella para sobrellevar tantas adversidades y ausencias clamorosas (como las de un Hospital, qué menos, o mejores vías de acceso en los crudos inviernos); pero tampoco entre quienes sólo ven posibilidades de rendimiento económico y nada de poesía.

Hay una foto en el libro que me atrapó. Es de un lugar hoy despoblado, Valsurbio, la localidad de la provincia palentina situada a mayor altura, (1500m) y que «nunca dispuso de luz eléctrica ni de un acceso por carretera», pero que en 1842 llegó a tener 94 habitantes. En la foto se ve la espadaña de una iglesia derruida, piedra y ramas de árboles. De Valsurbio, dice el autor, «los más románticos tratan de buscarle una explicación a este lugar que vuelve a la naturaleza, quedando como un recuerdo del paso del hombre». Es cierto. Si nos aseguramos que en el futuro existan románticos, (lo que representa apostar por la conversación, que alienta los sueños y junta a las gentes) sentaremos las bases para que exista esa bella canción llamada Montaña palentina. También escribiendo libros que se atreven a llamarse Montaña palentina. La más bella canción de la Naturaleza.





De la sección del autor en "Curiosón": "Vecinos ilustrados" @Aduriz2016
Leer más »

El Principito cumple 73 años

El Principito ( en  francés “Le Petit Prince”) es una novela corta, un cuento poético sobre la soledad, los afectos, la vida y la muerte, escrito por un aviador francés (Antoine de Saint-Exupéry) y publicado por primera vez en 1943.



Con ilustraciones que son acuarelas del propio autor, la obra fue publicada en una editorial estadounidense, en francés y en inglés, ya que el autor se encontraba exiliado en Nueva York desde el armisticio del general Pétain ante Hitler, con la misión de convencer al gobierno americano de que entrase en la guerra.

“El Principito” fue escrito en plena guerra mundial, como liberación probablemente de la angustia personal que sufría el autor.

El punto de partida fue un accidente sufrido en el delta del Nilo con su avión, y el aterrizaje forzoso en el desierto en 1935. A partir de ahí, fantasía y sentimiento se funden en la persona de un diminuto hombrecillo que se le acerca y le pide que le dibuje un cordero...

El libro es una metáfora constante en que se nos va repitiendo la idea de que normalmente damos importancia a aquello que no la tiene. Poco a poco las reflexiones inocentes del protagonista nos van conmoviendo, y caemos en la cuenta de que tiene razón.

Dice, por ejemplo, al recordar alguno de sus anteriores viajes:
Conozco un planeta donde hay un señor carmesí. Jamás ha aspirado una flor. Jamás ha mirado a una estrella. Jamás ha querido a nadie. No ha hecho más que sumas y restas. Y todo el día repite: “¡Soy un hombre serio!, ¡Soy un hombre serio!” Se infla de orgullo. Pero no es un hombre ¡es un hongo”.
El principito llega a la tierra desde otro planeta, el asteroide B 612, donde limpiaba los cráteres de los volcanes y arrancaba las semillas de los baobabs (representación metafórica de las tareas diarias y de los asuntos problemáticos, respectivamente).

El mensaje es profundo y a la vez muy sencillo:
Sólo se ve bien con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos...
El autor pertenece a la corriente existencialista que propone superar el absurdo de la vida mediante la acción y la confianza en lo que de bueno existe en el ser humano.
Desapareció el 31 de julio de 1944 durante una misión aérea, probablemente abatido por un avión alemán en el mar Tirreno. Pero su mensaje nos acompaña...





Sección para "Curiosón" de Beatriz Quintana Jato.


Leer más »

Evidencias de época romana en la montaña palentina

Siempre que se habla de yacimientos romanos en la montaña palentina nos acordamos de los impresionantes mosaicos conservados en la villa romana de La Olmeda (Pedrosa de la Vega). Sin lugar a dudas, es el principal yacimiento de época romana documentado y conservado en la provincia, aunque no es el único: la villa Possidica (Dueñas), La Tejada (Quintanilla de la Cueza) o Pisoraca (Herrera de Pisuerga), entre otros muchos ejemplos, son muestras claras del control romano de este territorio.



La aparente escasez de restos de época romana en el norte de la provincia contrasta con los numerosos asentamientos que se documentan en el centro y en el sur de Palencia, al tratarse de un entorno más favorable para los cultivos agrícolas. Sin embargo, las evidencias de Roma en el norte son más numerosas de lo que podíamos pensar en un principio, si bien la mayoría de los hallazgos se han producido de forma casual o como consecuencia de la realización del inventario arqueológico de la provincia, siendo muy pocos los yacimientos en los que se han efectuado excavaciones.
De esta manera, hay documentados una serie de yacimientos considerados como asentamientos rurales, sin que sepamos con precisión si se trata de villas, vicus, u otro tipo de establecimiento (ya sean alto imperiales y/o bajo imperiales); al menos cuatro campamentos militares (asociados a la conquista del territorio); una posible, aunque muy dudosa villa romana (Valsadornín); y una serie de los restos dispersos (miliarios, epígrafes, puentes, calzadas, evidencias de actividades mineras, tesorillo... etc), que nos indican una ocupación del territorio mayor de la que podía aventurarse en un principio.

La mayoría de los vestigios de época romana se localizan en el entorno de Aguilar de Campoo, algo que no debe extrañar debido a la posición estratégica de esta población como paso natural hacia Cantabria.


Jaime Gutiérrez, natural de Saldaña, es doctor en Historia por la Universidad de Valladolid, con una tesis acerca de una variedad de cerámica romana, denominada Terra Sigillata Hispánica Tardía, recuperada en la villa romana de La Olmeda. 



Jaime Gutiérrez Pérez
Aruz ediciones, 20136
colección de historia montaña palentina


Leer más »

Historia de la minería del carbón en el valle de Redondo

Las explotaciones de carbón existentes en la Montaña Palentina muestran un amplio abanico de tipologías. A lo largo de nuestra historia podemos encontrar algunas minas vinculadas a grandes compañías. como las de Barruelo y Vallejo de Orbó. En un nivel intermedio aparecen otra serie de empresas de cierta entidad y con una dilatada historia, como las de San Cebrián de Mudá, Felipe Villanueva en Cervera, San Claudio en Castrejón, la Cántabro-Bilbaína en Santibáñez, San Luis en Guardo o Antracitas de Velilla. 





Finalmente, compitiendo en clara desventaja con todas las anteriores, se desarrollan pequeños focos mineros, con escaso capital, enclavados normalmente en lugares de difícil acceso y que no cuentan con adecuadas vías de comunicación. Debido a estas limitaciones, son minas que no pueden acceder a los mercados  en las mismas condiciones que las otras compañías. Por este motivo, sólo darán beneficios cuando los precios del carbón sean elevados y al haber y al haber una gran demanda de mineral.

Este artículo supone una aproximación a la historia de este último tipo de explotaciones y permite comprobar su evolución en paralelo a las oscilaciones de los mercados carboneros, alternando periodos de laboreo y cierta producción con otros de total abandono. En general, son explotaciones de poca envergadura, que cambian de manos en numerosas ocasiones y tienen un escaso peso en el contexto general de la minería nacional. Sin embargo, para la vida diaria de las familias de los valles de nuestra montaña son de vital importancia, pues permiten completar los ingresos de su economía, basada en la ganadería de subsistencia.

Hemos querido analizar la evolución de las minas ubicadas en el valle de los Redondos, en la cabecera de la cuenca carbonífera del Pisuerga, como ejemplo de este tipo de minería de escasas relevancia económica y que nunca sale en los libros de historia.  Más allá de sus limitadas dimensiones, creemos que deben ser estudiadas como una pieza fundamental en la evolución de la sociedad de la comarca durante más de un siglo.

_____________

Fernando Cuevas Ruiz, natural de Barruelo de Santullán, licenciado en Geografia e Historia por la Universidad de Salamanca, uno de los mayores expertos de la minería en la provincia.
Juan Maestro, profesor de educación secundaria, autor de la serie Paseos por la Tecnología Popular, publicados en "Diario de León".






Fernando Cuevas y Juan Maestro
Aruz ediciones, 2016
colección de historia montaña palentina




Leer más »

El tiempo agotado

Hubo un tiempo que se medía con los latidos de nuestros corazones infantiles o ya no tanto, de adolescentes embarcados en el autobús de ida los domingos por la tarde y de regreso los viernes después de la última clase vespertina. Veranos en los que la luz abría y cerraba las contraventanas y zaguanes. Un tiempo de juegos, tardes en la alberca o en la poza o a la orilla del río, de lavaderos con manos brillantes de madres que  frotaban la ropa sobre la taja con jabón hecho de aceite usado y sosa caústica. Un tiempo de meriendas de pan y miel o de onza de chocolate y cuscurro de pan. Un tiempo hecho a la medida de aquella infancia perdida en el olvido que Manuel Gila relata en primera persona con la ternura con la que se teje la memoria infantil, la patria a la que todos regresamos. Tal vez tú , lector, al leer su relato , traigas a la tuya tu propio  “ Tiempo Agotado”.
Margarita Marcos

Un tiempo de calles rebosantes de  carreras infantiles de niños que jugaban a las bolas  o al fútbol con pelotas hechas de trapos viejos o vejigas hinchadas del cerdo de la última matanza, y de niñas que jugaban al corro o saltaban a la comba entonando viejas canciones como la “La Chata Merenguela, como es tan fina tico, tico, tico, se pinta  coloretes con vaselina, lairón, lairón, lairón”,  o “Al pasar la barca me dijo el barquero  que las niñas bonitas no pagan dinero”, o “Soy la reina de los mares y ustedes lo van a ver, tiro mi pañuelo al suelo y lo vuelvo a recoger “. Calles en las que siempre había algún vecino dando una mano de cal a su fachada y un corro de madres que se contaban sus pequeñas historias mientras lavaban la ropa con jabón que ellas mismas hacían con aceite y sosa caústica en el lavadero de la Fuente de la Seda, remendaban calcetines o sacaban el bajo a los pantalones del niño que había dado el penúltimo estirón.

Tiempo para una cultura de no tirar nada, de aprovechar las cosas hasta el límite, de arreglar la ropa de un hermano para otro, de dar la vuelta a los abrigos y de compartir la vida con los amigos.

Era una vida donde el tiempo pasaba lentamente y las horas las marcaba el reloj de la torre que había frente al estanco. Una vida sencilla con un guión que se repetía de generación en generación, donde las normas y costumbres se labraban a golpe de “Enciclopedia Álvarez “ en la escuela de Micaela con don Manuel Quesada y don Jesús o en los Grupos Escolares con don Francisco Muñoz Mulero; en la mesa a la hora de las comidas y, sobre todo, en las calles y plazas donde íbamos aprendiendo casi todos los secretos para sobrevivir.

Una vida de puertas y ventanas abiertas por donde se escapaban los sonidos de cada casa y los olores de las cocinas para que todo el mundo supiera lo que cocinaba el de enfrente. Donde todos nos conocíamos por nuestro nombre, nuestras historias y nuestras ilusiones, porque hablábamos de ellas en las largas tertulias de las noches de verano cuando el calor insoportable de los dormitorios no nos dejaba más refugio que sentarnos a la puerta de la calle a esperar el sueño.

Una vida tan blanca como las casas encaladas donde se compartía el perejil o la carterilla de azafrán, y en la que cuando un niño hacía la Primera Comunión, toda su calle se ponía de limpio para darle un duro por la estampita del recordatorio con la foto vestido de marinero, y en la que cuando alguien moría, todos iban al velatorio y no se  ponía la radio ni las mujeres cantaban mientras lavaban o hacían patatas con carne para llevar a la familia del difunto. Donde la pobreza se llevaba con tanta dignidad que las anécdotas estaban a la orden del día, como la de ese niño que tras devorar la comida aportada por el vecindario con motivo de la muerte de su hermano, pedía a la madre que al día siguiente se muriera otro (“ Mama, ¿ por qué no se muere mañana el Alonso”?).

Y todos los jóvenes de la calle, del pueblo, tarde o temprano, acababan enamorándose de una niña con trenzas, y los novios se citaban al atardecer en las puertas de las casas, y hablaban de pie delante de los ojos siempre vigilantes de las madres, que generosamente daban algún respiro “para vigilar el puchero“ , y que al volver de la mili  ya eran todos unos hombres porque habían estado en Melilla y entonces ya podían casarse y enseñar  a todo el vecindario el ajuar que la novia había bordado durante tan larga ausencia. Finalmente, un día se casaban y se iban para siempre del pueblo  para buscar la comodidad de los pisos de la ciudad. Cuando volvían para pasar la Fiesta de Mayo o en verano, contaban cómo había cambiado su vida, cómo habían progresado en sus pisos de moderna construcción con habitaciones individuales, bidé y hasta bañera . Y nosotros nos quedábamos pensativos porque no queríamos reconocer que los años habían pasado y que aquella forma de vida se había marchitado. Nos costaba creer que ya no podíamos seguir lavándonos los sábados en un barreño ni pasarnos las tardes tumbados por las albercas llenos de churretes.

Y a ti y a mi, amigo o amiga, nos costó mucho digerir que las calles empezaran a quedarse vacías, y reconocer que aquel tiempo tuyo y mío, el de nuestra infancia, se había agotado.

Relatos para tardes de otoño
Manuel Gila Puertas
Editorial Punto Rojo
______________

Manuel Gila Puertas, almeriense de adopción, nace en Albanchez de Magina (Jaén). Abogado de profesión y funcionario del Cuerpo Superior de la Administración General del Estado, es autor de "Cuentos para Álvaro, premiados por el Ayuntamiento de Nijar (Almería). Manuel, es colaborador de "Curiosón", en la sección "Salud y Románico". 

Leer más »

La Enseñanza Primaria durante la Segunda República en la Montaña Palentina (1931-1936)

El incremento de publicaciones y estudios relativos a la Segunda República española, y más concretamente a las prácticas educativas llevadas a cabo en dicho periodo, ha puesto de manifiesto en los últimos años el interés de un amplio público por conocer en profundidad este proceso histórico. Estudiar estos años resulta complejo y no está exento de dificultades, derivadas de los procesos depuradores iniciados tras el estallido de la Guerra Civil y que continuaron una vez terminada esta. El inicio de la contienda conllevó la destrucción de numerosos documentos y expedientes que hoy nos priva de conocer múltiples detalles y datos, que sin duda completarían el panorama general de lo acaecido desde el 14 de abril de 1931 hasta el 19 de julio de 1936.




El objetivo de este trabajo es analizar el impacto que la nueva política republicana produjo en el norte de la provincia de Palencia, ciñéndonos a los municipios que componen la montaña.

Los Municipios de la  Montaña Palentina tienen una serie de características físicas, sociales y económicas, que determinan unas particulares condiciones de vida y que se reflejan en la Enseñanza Primaria y en las distintas iniciativas culturales. A lo largo de estas páginas veremos las principales actuaciones que en materia de Enseñanza Primaria se llevaron a cabo persiguiendo, entreo otros fines, erradicar los índices de analfabetismo.

La Montaña Palentina es una comarca natural ubicada en el extremo septentrional de la provincia de Palencia e integrada por 19 municipios municipales. Se trata de una tierra singular donde el pasiaje montañoso y el clima, sin olvidar la impronta humana, adquieren una personalidad propia. A finales del siglo XIX empiezan a forjarse las primeras explotaciones mineras que suponen un importante desarrollo económico y social. La implantación y la consolidación de la industria  minera trae nuevas formas de relaciones laborales...



________________________


María Dolores Pastor Mulero, natural de Valladolid, es licenciada en Psicopedagogía por la Universidad de Valladolid. Su investigación se ha centrado en la historia de la Educación, de cuya tesis doctoral forma parte el presente trabajo.



M Dolores Pastor
Aruz ediciones, 2016
colección de historia montaña palentina




Leer más »

El camino del Sol







De entre todos los caminos que cruzaron antaño el territorio de la comarca de La Peña, hubo uno que destacó sobre todos los demás, por la importancia que tuvo, no solamente para ella, sino también, para las comarcas limítrofes, incluso para todo el norte de la Península. Me estoy refiriendo al camino que, siguiendo la ruta del sol, comunicaba el Oriente con el Occidente; el camino por el que transitaron los primitivos Cántabros; un camino por el que luego llegaron las legiones romanas para combatir en las Guerras Cántabro-Astures; un camino por el que, los bárbaros del Norte invadieron más tarde todo el país y un camino por el que transitaron los primeros peregrinos que deseaban llegar hasta la tumba del Apóstol Santiago y que, andando el tiempo, se conoció con el nombre de Camino Real, el cual, hasta no hace tanto tiempo, utilizaron nuestros más inmediatos antepasados. En fin, un camino que en sus orígenes prehistóricos, bien pudo haber sido denominado por aquellas gentes como El Camino del Sol, por coincidir su itinerario con el que diariamente seguía el astro rey. Un camino cargado de historia.

Este Cuaderno va a intentar, no sólo la recuperación del recuerdo de su trazado, sino y sobre todo, la recuperación de las vivencias, las sensaciones y hasta las fantasías de quienes transitaron por él; gentes anónimas que deseaban o necesitaban ir a alguna parte, cargados de problemas, de sueños y cansancios.

Dije en la presentación, que los caminos no han sido solamente suelos sobre los que pisar, sino que en ellos quedaron las huellas invisibles de millones de pisadas. Recuperarlos es como recuperar parte de las vidas de quienes los hollaron o, dicho de otro modo, es como recuperar una parte importante de nuestra propia historia.

El Camino del Sol era una ruta que venía desde el Oriente y caminaba hacia el Finisterre; un camino que, andando el tiempo y durante muchos siglos fue conocido como el Camino Real, un camino del que apenas si se conservan algunos tramos identificables y unos pocos topónimos. Este camino me resulta muy familiar, pues pasaba por delante de la casa donde nací y donde me crié; mi padre, que lo había conocido y transitado de niño y de joven con mi abuelo, contaba que tenía un ancho de cuatro varas, de noventa centímetros cada una.

Este viejo camino, puede recobrar de nuevo su vitalidad y utilidad para la comarca, gracias a los vientos que soplan. Así pues, recuperar su memoria, no sólo resulta un ejercicio de investigación histórica, sino también, una apuesta por desvelar un posible recurso, en favor del renombre y de la economía de la comarca.

Los Cuadernos de la Peña, núm 22
Luis Manuel Mediavilla de la Gala 
Blanca Merino Rodríguez

Leer más »

Desescombro


Tal vez la labor primordial del poeta debiera ser pararse allí donde el resto pasa de largo e intentar después demostrar que mereció la pena hacer un alto en el camino, que todo es eternizable bajo la armadura de unos versos.
Podría decirse que el poeta realiza una tarea de desescombro sobre cuanto le rodea que busca permanentemente -y más allá de lo inefable- el brillo semioculto del asombro, para ponerlo de la mejor manera que sabe, a disposición del personal.
Desescombro sobre desescombro, al fin y al cabo, es este libro, porque a la faena que me he referido -la más importante- se suma la de entresacar de toda mi obra aquello que entiendo más fulgía y era digno de ponerse en las manos de un lector, de un buscador de luces, como yo mismo me siento. No en vano es mi primera publicación en materia poética.
Ahora sólo espero que a ti también te alcance el destello, la catarsis con que su contenido fue engendrado.


La noche


XXXII Premio de Poesía "Divendres Culturals" de 2015

Ha vuelto a oscurecer tras el espejo
Cae la tarde en tu rostro, hay poca luz en tus ojos,
y el azogue no miente.
Has llegado hasta aquí demasiado temprano,
los atajos te hicieron perder el camino
y ahora no sabes en dónde te encuentras.
Buscando el añil de lejanos recuerdos
vas haciendo memoria de cuanto perdiste
y la vida no cuadra de lo poco que queda.
No cuentas con nada que avale la apuesta
y quien tienes enfrente conoce tus mañas.
Lentamente se ha ido el color de tus sueños,
lentamente ha encogido la piel de tu alma,
aunque parezca tan breve
como un breve chasquido.
Y piensas en algo que valiera la pena
el dolor que produce tener que pensarlo,
y pretendes tiznar de frágil tu memoria
para echarle la culpa cual si fuera de otro.
Tal vez haya un motivo que te ayude a quererte
y puedas vestir tu interior de domingo
para darte un baño en la luz
de esas fotos tan viejas
que en tus manos se esparcen.
Miras atrás, pero sabes que nunca
volverás con tus pies a pisar esa senda.
Mientras, sigues sentado, pensando en tu suerte,
viendo, sin moverte, cómo llega el futuro,
esperando un velero qeu acude al rescate.
Pero mucho más rápido, aun sin darse a la prisa,
al espejo que miras va llegando la noche.


___________


Javier Castrillo Salvador nació en Guardo (Palencia) en 1962. Fue Cofundador del Grupo Literario Almueza en la Universidad de Valladolid, donde colaboró en diferentes eventos literarios. Alterna esta temprana afición con la música. Ha grabado dos discos con su grupo Dispersos y dos más junto a su amigo Jesús Prieto "Pitti". Actualmente lleva por los escenarios, su proyecto "Poetas en ruta", donde versiona poemas escogidos de la literatura hispana.  
Leer más »

Prisionera de una amor letal


La escultora Marga Gil se suicidó a los 24 años, rota por su pasión hacia Juan Ramón Jiménez.

«Me he matado porque no podía ser feliz… y no quería serlo», afirma ella en una de las cartas que dejó, rota por su amor secreto hacia Juan Ramón. Una pasión irracional por la que apostó y perdió, y que la empujó hacia la decisión fatal un día de julio de 1932. Ella acababa de cumplir 24 años; él, 52.


Marga estaba considerada como la primera escultora española en piedra y había conocido al Premio Nobel y a su esposa ocho meses atrás, naciendo en ellos, desde el primer momento, una amistad sincera. Pero la mujer fue mucho más allá en sus anhelos, debió librar una batalla sin precedentes y sin camino de regreso.
…Si tú no pudieras vivir sin mí, no sobraría, pero como sobro, lo mejor es irme…
… y para morirse cuando se es joven… pues hay que matarse…
«No lo leas ahora». Unas horas antes, Marga telefonea a Zenobia diciéndole que tiene que verla esa misma mañana, pero ella, para quien acababa de realizar una escultura que a los tres había llenado de satisfacción, se excusa por no poder recibirla y la cita para la tarde. Entonces, Marga decide visitar al poeta y le deja una carpeta con unos textos para que los corrija, pero le ruega que «no lo leas ahora». La escultora, con lágrimas en los ojos, abandona la casa a toda prisa y se dirige al Retiro, donde en un primer momento piensa acabar con su vida, pero cambia de idea y coge un taxi que la lleva al chalet de unos tíos suyos en Las Rozas donde sustituye la pluma por una pistola de su abuelo con la que, decidida, se dispara un tiro mortal en la sien.
El acto final había sido meticulosamente calculado. Marga recuperó días ante su obra repartida en galerías y academias. No quiere dejar huella de su producción artística, y destroza y rasga sus esculturas e ilustraciones.
La joven le había dejado en la carpeta a Juan Ramón, como despedida, unas cuartillas escritas a modo de diario en las que declara el gran amor que siente por él y la enorme culpabilidad por haber intentado traicionar a su amiga Zenobia.
En ese diario relata cómo son los días en casa del poeta, cómo cada gesto y cada mirada de él provocan en su interior un terremoto que le produce una angustia infinita. Las páginas están escritas como a borbotones, repletas de puntos suspensivos y, sin embargo, tienen la fuerza de los que hacen del amor su caballo de batalla, su montura, sus espuelas.
Zenobita… vas a perdonarme… ¡Me he enamorado de Juan Ramón… pero como él te quiere, ¡te quiere!... pues me ha dicho que no… perdóname… porque si me hubiese dicho que sí.. yo habría pasado por todo… por todo lo que fuese preciso…

“…Y es que…
Ya no puedo vivir sin ti
…no… ya no puedo vivir sin ti…
…tú, como sí puedes vivir sin mí
…debes vivir sin mí…”.



La Fundación José Manuel Lara publica por primera vez el diario con todos los textos que recogen la trayectoria de este amor imposible y descubre nuevas facetas del escritor onubense, vivencias que marcaron su matrimonio, ya que, como el mismo afirmó, «la muerte de Marga ha descompuesto mi vida».


Fuentes:
Santiago Ibáñez, "Diario de Burgos"
Winston Manrique Sabogal, "El País".


Leer más »

La más bella canción, el libro



Aunque se vive una historia paralela, la del diario cada domingo, y aunque en el diario se trabaja con mucho mimo, el libro es el hijo verdadero donde se han cuidado los más pequeños detalles.
Es un hijo de mucha gente que fue tomando notas sobre su historia, sobre su situación, sobre su estado.
Pueblos vivos que mueren. Pueblos muertos que viven en la memoria de la gente. Gente que vuelve preguntando por ellos, sus ojos como goznes que chirrían al albrirse en el umbral de un tiempo ya caduco.
El viajero que llega hasta estos rincones de silencio, no entiende los lamentos, ante esta sinfonía de la naturaleza donde todo huele y sabe a vida, a vida de verdad, a vida auténtica.

Por fin
¡Mi tierra hecha canción!

Montaña Palentina
... La más bella canción...

Pueblos-Lugares-Turismo-Historia-Arte

Un libro que en pocas palabras
te contará todo lo que debes saber
para conocer esta tierra mágica.


Froilán de Lózar-Editorial Aruz
Julio de 2016



Leer más »

La novela de Peridis

Tras "Esperando al rey" llega ahora para nuestro deleite "La maldición de la reina Leonor", santo y seña de un estilo de escritura muy singular del escritor José María Pérez, 'Peridis'. 




Con esta su segunda novela histórica consigue deleitarnos y hacernos soñar con la serie de novelas de Peridis.
El humor, (de retranca de caricaturista), el amor (imposible, que da así una chance al deseo), el poder, (seco, sin erótica ni retórica), la locura, (y sus diques), y la piedra, sobre todo la piedra, (como metáfora de los sueños), navegan también en esta nueva novela histórica, y que habla mucho de la provincia de Palencia, de su pasado.

Piedras hermosas como las del Monasterio de San Andrés de Arroyo, que han esperado siglos para entrar en una novela del siglo XXI. Hay un momento en la novela en que la reina Leonor le dice al arquitecto Ricardo: «Vos no sois un maestro arquitecto, fabricáis ensueños con piedra». Creo que ahí se aloja el sentimiento que recorre al viajero cuando se topa con la piedra hermosa de un puente romano, de una catedral, de un claustro románico, de una espadaña. Que la mirada recorre los siglos. Y esa es la virtud de la novela de Peridis, un viaje a nuestra historia, pero con los sueños por bandera.
De hecho, John Elliott, el prestigioso historiador de Oxford y de Cambridge ha escrito:

«Lo que Peridis demuestra es que hay veces en que la novela histórica consigue captar la realidad mejor que las obras de los historiadores profesionales atados por sus documentos». 

Para a continuación añadir: «Gracias por enseñar deleitando». ¡Qué razón tiene Elliott! El hispanista británico y autor de "Haciendo Historia" (2012) dejó escrito en ese libro que trataba de transmitir «la clase de recompensas que ofrece el estudio del pasado y transmitir algo de los gozos que puede producir escribir historia».

Dejo una muestra de esta última novela de Peridis: «Esas pirámides de aire que festonean los ventanales son jaulas de sombra donde anidan los sueños de las vidrieras cuando amanece. El diente de sierra que circunda la portada de la sala es el espejo de las horas del día desde sus comienzos hasta el declinar del sol».

Esta tarde presentamos "La maldición de la reina Leonor" en Palencia, en el Teatro Principal. Cita para el vecino ilustrado. Hablaré de esto. Y parodiando a Elliott, de los gozos que produce leer historia bien novelada.

 



De la sección del autor en "Curiosón": "Vecinos ilustrados" @Aduriz2016
Leer más »

La memoria del alma

No suelo tener problemas a la hora de enfrentarme a la página en blanco, salvo cuando tengo que escribir de y sobre mi pueblo, Saldaña, localidad palentina “a un extremo de Tierra de Campos”, allí “donde empieza la sierra a ondular”, “donde nace la vega fecunda”.


Me desplacé a Saldaña para presentar mi novela La noche inacabada (Ediciones ENDE), de la mano de Gerardo León – alcalde del municipio -, y de Javier Quijano, amigo que fue desgranando opiniones sobre lo que había sentido al leerla. Resultó un acto emotivo, por la presencia de amigos y conocidos y por celebrarse en un lugar que acercaba, sí o sí, recuerdos de mi infancia y adolescencia, llamando con fuertes aldabonazos a las puertas de la memoria, la del alma, donde están encerradas tantas y tantas emociones contenidas, difíciles de controlar en momentos como el vivido en la tarde noche del pasado viernes.

Ver llena de amigos y conocidos la Sala de Exposiciones de La Casona, a pesar del temporal de lluvia y viento, que no cesó en toda la tarde, se lo debo a la magnífica organización del acto por parte del Ayuntamiento y al loable esfuerzo de Carmen Herrero, del departamento de Cultura y Turismo y amiga, para que resultara todo un éxito de asistencia de público. Gracias, gracias a todos, organizadores, presentadores y asistentes, por hacer irrepetible el 15 de abril de 2016, perpetuando en la memoria de mi alma todo lo acontecido, recordado y sentido durante sesenta minutos inolvidables.

Pernocté en Saldaña, y la lluvia fue la “culpable” de que no añadiera más emociones a las ya vividas, impidiendo que recorriera rincones de la infancia, lugares, parajes donde la naturaleza se muestra sin recato, esplendorosa y bella. Otra vez será. Sí visité, luchando contra el viento y la lluvia, la Plaza Vieja, mi querida Plaza Vieja. Ella y yo lloramos juntos al contemplar cómo el “dios automóvil” invadía sus entrañas, desnaturalizándola, emborronándola, robándole belleza… ¿Hasta cuando? Hasta que el pueblo quiera, supongo; o hasta que llegue el día en el que la propia Plaza se plante y diga “hasta aquí hemos llegado, no me merecéis” y termine de perder el embrujo tornándose gris y obsoleta, memoria, sólo memoria, anclada en el alma de todos cuantos la amamos y defendemos, sí, pero tan sólo eso, memoria del saldañismo, ese saldañismo que resiste y persiste en el alma de tantos saldañeses a pesar del paso del tiempo.

Otras entradas de Tomás en Curiosón
Saldaña, donde empieza la sierra a ondular


Tomás, en los capítulos dedicados a la vida del Escritor, se toma justa venganza, con la mirada piadosa de la distancia, del ambiente represor y castrante del mundo rural allá por los años cincuenta. El Escritor recuerda desde la atalaya de su Isla:”tiempo oscuro, invierno permanente que instaló el nacionalcatolicismo, cargado de días insulsos, insípidos, inodoros, monocromos, con la Formación del Espíritu Nacional resonando en sus oídos”.

Blog de Pablo: Palabras


Leer más »

Los manuscritos del mar muerto

No se discute sobre los textos bíblicos que figuran entre los más de 800 documentos hallados, sino sobre los rollos que se refieren a la vida y pensamiento de la comunidad de Qumran, que hace más de 2000 años vivió en ese lugar del desierto de Judea, unos 15 kilómetros al este de Jerusalén. En las cuevas de Qunram se encontraron 125 copias distintas del Antiguo Testamento, a excepción del libro de Esther —única obra bíblica que no nombra a Dios— y que, pese a algunas variantes, tiende a confirmar la versión que teníamos del Antiguo Testamento, según declaró Don Carson, de la Universidad Deerfield de Illinois.
Los textos bíblicos de Qunram, fueron escritos, al igual que el resto, entre el 200 antes de Cristo y el 50 después de Cristo, según pruebas con carbono 14 —unos mil años antes que las versiones bíblicas medievales hechas por los masoretas—, por lo que resulta sorprendente la correcta precisión de esos gramáticos hebreos del siglo. Aunque el acceso a los manuscritos se abrió a los interesados en 1991, siguen vigentes las controversias sobre la interpretación de los textos. Eso se desprende del amplio reportaje que firma en la contraportada del desaparecido "Egin" Nicolás Dulanto.

Fuente consultada: 
Nicolás Dulanto en Egin.
Imagen: «1QIsa b» de uploaded by Daniel.baranek. 

Leer más »

NUESTRO PERIÓDICO

Montaña palentina: Belleza y Arte

Entradas relacionadas:

RECORDANDO HISTORIAS - PRIMERAS ENTRADAS DEL BLOG

TE PUEDE INTERESAR

HISTORIAS Y ENSAYOS

CITADOS EN OTROS MEDIOS

REVISTA PERNIA

revista literaria pernía

Bienvenido

Puedes seguirnos en las redes sociales o suscribirte al feed.

¡Suscríbete a nuestro blog!

Recibe en tu correo las últimas noticias del blog. Sólo ingresa tu correo para suscribirte.