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Emilia Pardo Bazán, una feminista de excepción

Recuerdo de la primera escritora naturalista en el
150 aniversario de su nacimiento.

Me ha parecido oportuno dedicar unas líneas al recuerdo de esta mujer admirable que revolucionó y escandalizó a sus contemporáneos.

Fueron muchas sus cualidades, y muchas también las dificultades con las que tuvo que luchar por su condición femenina. Sin embargo, a ella no la amilanó nunca la dificultad, y se lanzó al mundo de la cultura con avidez, con la curiosidad y la humildad del que desea saberlo todo y empieza desde el principio. Su mente científica y rigurosa, la impulsaba a informarse bien antes de hablar sobre un tema (leyó por igual libros de Botánica, Astronomía, Física, Historia, Teatro, Poesía...; en su afán de comprender la Filosofía, leyó a Kant, Spinoza, Shopenhauer, Aristóteles; y también aprendió inglés para poder disfrutar el teatro de Shakespeare, y alemán para captar los matices de la obra de Heine).

Al estar vetada la Universidad para ella, como para todas las mujeres de su época, la lectura y el estudio fueron su fuente de saber, por lo que su autodidactismo es aún más admirable.
Su temperamento vivo, arrollador y entusiasta, sorbía a grandes tragos la vida, y todo le parecía bien para aprender.

También fue siempre una excelente pedagoga que quería que sus conocimientos llegasen a los demás, y a esto dedicó muchas de sus páginas. Por eso cuando se creó para ella la primera cátedra femenina en la Universidad de Madrid, vio realizada una de sus mayores aspiraciones.

Su persona nunca pasaba desapercibida, por lo que tuvo grandes amigos y grandes enemigos. Muy especial tenía que ser esta mujer, que contó por igual con la amistad de Giner de los Ríos, Unamuno y Galdós, Menéndez y Pelayo y Juan Valera, siendo además admirada por políticos como Castelar y Canalejas.

Doña Emilia tuvo en realidad pocos enemigos y sí muchos envidiosos e hipócritas que no soportaban que una mujer innovase el campo de la literatura y se introdujese en terrenos reservados secularmente al varón.

Su defensa del Naturalismo primero, su encendida y constante defensa de los derechos de la mujer luego (sobre todo la necesidad de que ésta fuese educada y no domada), su descripción de los aspectos más sórdidos y terribles de la vida en el campo gallego (claro precedente del “esperpento” de Valle-Inclán), o la inmensa tristeza que siente cuando pierde España las últimas colonias y ella escribe artículos de profundo patriotismo que conectan con los autores del 98, así como el hecho de que nunca pedía perdón por hacerlo, rodearon su figura de una aureola de polémica.

Siempre fue tolerante y abierta: incluso en sus últimos años, cuando era una anciana venerable rodeada –como siempre- de elegancia y refinamiento, su título aristocrático nunca constituyó un obstáculo para que los más jóvenes se acercaran tímidamente a aquella señora “de saber oceánico”, liberal y hasta revolucionaria que había defendido lo indefendible y “que no se asustaba de nada porque todo le parecía bien”.

Viajera infatigable, cuyo conocimiento de otros países la hacía reflexionar sobre el suyo, era también muy sensible a la belleza, y muy vulnerable a la magia y el embrujo de la naturaleza gallega que la envolvía durante los veranos. Allí nació en 1851, en  La Coruña; hija única de familia noble, contó siempre con una vida agradable y fácil que tal vez influyó en su carácter afable y comunicativo.
Desde pequeña fue lectora incansable, primero de los románticos y luego de los autores realistas.
Casada a los diecisiete años, sacrificó su matrimonio al tener que elegir entre ser ella misma o una esposa obediente. Tuvo dos hijos que la adoraban.

“Gozadora de la vida”, buscó siempre el trato de escritores y poetas por parecerle que aprendía de ellos. Escribió novelas (“Los pazos de Ulloa”, “La madre naturaleza”, “La sirena negra”, “La tribuna”, etc), cuentos, artículos, conferencias, páginas magistrales en defensa de la mujer...
Murió en Madrid en 1921, a consecuencia de una gripe, y con gran contrariedad por todo lo que aún le quedaba sin hacer.

Sus importantes logros (Cátedra de Literatura, Presidencia de la Sección de Literatura en el Ateneo, Consejero de Instrucción Pública, así como el prestigio y el respeto que consiguió como escritora) ella los disfrutaba como logros de todas las mujeres. Por ello, la Pardo Bazán es, a mi entender, orgullo para todas las mujeres, y todas deberíamos estarle agradecidas. Sirva este recuerdo como muestra de ello.

Imagen: Curiosón 
Retrato de de Emilia Pardo Bazán, en el Parque de María Pita, A Coruña.






Sección para "Curiosón" de Beatriz Quintana Jato.


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Abad ausente, provisor presente (1659)

A las 9 de la mañana del domingo 12 de enero de 1659, en la Sacristía de la Colegiata de San Miguel de Aguilar de Campoo el arcipreste, don Simón de Terán, estaba vestido y preparado para oficiar la celebración de la misa mayor, acompañado por el canónigo don Pedro de Terán y por el licenciado don Pedro Diez de Llantarón, presidente del Cabildo y comisario del Santo Oficio de la Inquisición.Mientras, en la plaza pública de la villa el provisor de la Audicencia Abacial de la Colegiata, don Toribio Rodríguez de Cosío Barreda, se preparaba, escudado por el corregidor, el alcalde mayor de apelaciones de los estados del marqués de Aguilar y varios de sus ministros y alguaciles, para proceder al arresto y prisión de algunos de los prebendados de la Colegial.



De este modo, armados y ayudándose los unos a los otros, entraron en el templo eclesiástico. Allí, con gran alboroto y -poco temor a Dios- y a la inmunidad, fueros y privilegios de la iglesia llegaron hasta el altar mayor y la sacristía donde encontraron, como ya se ha dicho, al arcipreste revestido y saliendo a decir la misa dominical. Una vez dentro, y poniendo en ejecución las órdenes dadas por el provisor, se cometieron ciertos atropellos contra varios prebendados, actuando con furia y enojo y con una violencia poco acorde con esos muros sagrados. Al arcipreste le dieron golpes y le arrastraron de sus vestiduras hasta romperle el alba y la casulla de que estaba revestido, mientras le gritaban todo tipo de improperios. Al presidente del Cabildo, por reprochar a los asaltantes unos comportamientos tan indignos, le dieron muchos golpes y empujones, desgarrándole el manteo y la loba [1] y arrancándole algunos faldillas del jubón, un tratamiento muy similar al otorgado a don Pedro de Terán, al menos en principio. Sin embargo, a este canónigo, tras su resistencia, se le amenazó con las espadas, le sacaron a la iglesia y le acorralaron junto al altar de Santo domingo, donde le agarraron y le llevaron preso a la casa del corregidor primero y a la cárcel pública después, sujetándole a la pared con grilletes.

Ante tales abusos un grupo de prebendados, de los que se hallaban presentes en el Coro de la Colegiata preparados para los oficios, decidió intervenir en defensa de sus compañeros de Cabildo. Esta solidaridad corporativa provocó que el provisor y las autoridades civiles que le acompañaban tratasen con violencia y apresasen a los canónigos Andrés González, Francisco Calderón de la Barca, Juan  Muñoz Ruiz de Amaya, Juan García de Guadiana y Antonio Ruiz de Cabria.
La irreverencia y la injuria cometidas contra estos hombres de la iglesia fue de una enorme magnitud, tan grande que creó un ingente revuelo en la villa de Aguilar, donde difícilmente las conversaciones pudieron girar en torno a cualquier otro aspecto... [2]

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[1] Es un sinónimo de sotana, que utilizaban eclesiásticos y universitarios en sus hábitos.
[2] Archivo Parroquial de San Miguel de Aguilar de Campoo (Pleitos II, doc.28, f.1.

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Alberto Corada (Aguilar de Campoo), es licenciado en Historia por la Universidad de Valladolid, donde realizó el máster Europa y el Mundo Atlántico. Poder, Cultura y Sociedad. Es autor, además de "Un beaterio en la Castilla del siglo XVIII", "Vida y muerte en San Lázaro de Aguilar de Campoo",  "El valle de Gama en el siglo XVIII y "Un enclave de los duques de Alba en la Montaña Palentina" entre otros.

Alberto Corada
Aruz ediciones, 2016
colección de historia montaña palentina


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Cien años sin Joaquín Costa

El 8 de febrero de 1911 moría en Huesca Joaquín Costa, un español eminente que sin duda trabajó como pocos por sacar a España del desastre en que se encontraba. Fundador y figura clave del Regeneracionismo, intentó hallar la clave para transformar y mejorar aquella sociedad en crisis de finales del siglo XIX (tan parecida, por otra parte, en muchos aspectos a la actual).




También entonces se producía una profunda crisis de valores: se habían perdido las últimas colonias, y aunque la masa vociferante y los políticos ineptos, que antes de la derrota arengaban a los soldados con ardor, se olvidaban de la derrota y reían en los cafés, otra España seria, reflexiva y profunda meditaba sobre la decadencia de su patria.

Los regeneracionistas, llenos de inteligencia y de patriotismo verdadero, sin pancartas pero con medidas sabias para mejorar, propugnaban cambios drásticos para salir del estancamiento, y dado que ese tema y ese intento -fallido por cierto- de regenerar a España nos suena hoy terriblemente familiar, creo interesante hacer un recuento de sus propuestas para lograrlo.

En primer lugar, creían necesario europeizar las estructuras políticas, sociales y económicas (el terrible miedo de Costa a la africanización de España), y también la modernización de la actividad agraria, el reparto de tierras, todo ello viable solamente con una clase dirigente cuya eficacia no solo estuviera en las palabras sino en los hechos. También defendían la idea de que había que mirar al futuro sin que el recuerdo de las glorias pasadas llevase al inmovilismo («doble llave al sepulcro del Cid»), y sobre todo, la necesidad de educar y alimentar al pueblo («La despensa y la escuela, la escuela y la despensa; y no hay otras claves para la regeneración de España. Una España rica y que coma, una España culta y que piense»).

Sin embargo, Joaquín Costa, economista, historiador, profesor, jurista y político, no vio realizados sus deseos y pasó sus últimos años soportando una profunda incomprensión y una penosa dolencia que lo inmovilizó prácticamente, y murió con la conciencia de no haber logrado su propósito, en medio de una gran frustración y de un gran dolor («todo me ha huido»), siendo considerado por muchos como un fracasado.

Tal vez no se le pudo perdonar que luchase toda su vida contra la hipocresía y la ineficacia. Gran lección en estos tiempos que corren…

Imagen: www.biografiasyvidas.com/






Sección para "Curiosón" de Beatriz Quintana Jato.


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La más bella canción de la naturaleza

La más bella canción de la naturaleza lleva de sub-título este fotogénico y bien construido libro ("Montaña palentina", Aruz ediciones, 2016) del escritor palentino Froilán de Lózar. Para quienes hemos pasado muchas horas en tantos pueblos como él cita en su libro, para quienes tenemos en nuestros mejores sueños escenas de la Montaña palentina, para quienes hemos tenido casa allí y hemos amado por igual amaneceres y atardeceres, este libro es todo un canto, como bien reza el subtítulo.




El libro describe las localidades de la Montaña palentina, incluye una foto especial de cada una de ellas, y una rápida semblanza con toponimia incluida.

Triollo, San Salvador de Cantamuda, Salcedillo, Rebanal de las Llantas, Foldada, Mave, Villanueva de la Torre, Cardaño de Arriba, Camporredondo, Valcobero, Alba de los Cardaños. En fin. Cada nombre tiene una resonancia distinta, una fecha diferente, un verano único e irrepetible en nuestras vidas. A todo ese conjunto que llamamos Montaña palentina le debemos muchos gramos de días felices. Y a veces no encontramos la manera de pagar, quizá por eso escribimos libros, tan entregados a los amores por nuestra Montaña palentina como el de Froilán, quizá por eso volvemos una y otra vez allí con cualquier excusa.

No nos encontramos ni entre quienes quisieran que sólo estuviera atractiva para cuando ellos la visitan, obviando que el vivir en la Montaña palentina requiere mucho de amor por ella para sobrellevar tantas adversidades y ausencias clamorosas (como las de un Hospital, qué menos, o mejores vías de acceso en los crudos inviernos); pero tampoco entre quienes sólo ven posibilidades de rendimiento económico y nada de poesía.

Hay una foto en el libro que me atrapó. Es de un lugar hoy despoblado, Valsurbio, la localidad de la provincia palentina situada a mayor altura, (1500m) y que «nunca dispuso de luz eléctrica ni de un acceso por carretera», pero que en 1842 llegó a tener 94 habitantes. En la foto se ve la espadaña de una iglesia derruida, piedra y ramas de árboles. De Valsurbio, dice el autor, «los más románticos tratan de buscarle una explicación a este lugar que vuelve a la naturaleza, quedando como un recuerdo del paso del hombre». Es cierto. Si nos aseguramos que en el futuro existan románticos, (lo que representa apostar por la conversación, que alienta los sueños y junta a las gentes) sentaremos las bases para que exista esa bella canción llamada Montaña palentina. También escribiendo libros que se atreven a llamarse Montaña palentina. La más bella canción de la Naturaleza.





De la sección del autor en "Curiosón": "Vecinos ilustrados" @Aduriz2016
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El Principito cumple 73 años

El Principito ( en  francés “Le Petit Prince”) es una novela corta, un cuento poético sobre la soledad, los afectos, la vida y la muerte, escrito por un aviador francés (Antoine de Saint-Exupéry) y publicado por primera vez en 1943.



Con ilustraciones que son acuarelas del propio autor, la obra fue publicada en una editorial estadounidense, en francés y en inglés, ya que el autor se encontraba exiliado en Nueva York desde el armisticio del general Pétain ante Hitler, con la misión de convencer al gobierno americano de que entrase en la guerra.

“El Principito” fue escrito en plena guerra mundial, como liberación probablemente de la angustia personal que sufría el autor.

El punto de partida fue un accidente sufrido en el delta del Nilo con su avión, y el aterrizaje forzoso en el desierto en 1935. A partir de ahí, fantasía y sentimiento se funden en la persona de un diminuto hombrecillo que se le acerca y le pide que le dibuje un cordero...

El libro es una metáfora constante en que se nos va repitiendo la idea de que normalmente damos importancia a aquello que no la tiene. Poco a poco las reflexiones inocentes del protagonista nos van conmoviendo, y caemos en la cuenta de que tiene razón.

Dice, por ejemplo, al recordar alguno de sus anteriores viajes:
Conozco un planeta donde hay un señor carmesí. Jamás ha aspirado una flor. Jamás ha mirado a una estrella. Jamás ha querido a nadie. No ha hecho más que sumas y restas. Y todo el día repite: “¡Soy un hombre serio!, ¡Soy un hombre serio!” Se infla de orgullo. Pero no es un hombre ¡es un hongo”.
El principito llega a la tierra desde otro planeta, el asteroide B 612, donde limpiaba los cráteres de los volcanes y arrancaba las semillas de los baobabs (representación metafórica de las tareas diarias y de los asuntos problemáticos, respectivamente).

El mensaje es profundo y a la vez muy sencillo:
Sólo se ve bien con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos...
El autor pertenece a la corriente existencialista que propone superar el absurdo de la vida mediante la acción y la confianza en lo que de bueno existe en el ser humano.
Desapareció el 31 de julio de 1944 durante una misión aérea, probablemente abatido por un avión alemán en el mar Tirreno. Pero su mensaje nos acompaña...





Sección para "Curiosón" de Beatriz Quintana Jato.


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Evidencias de época romana en la montaña palentina

Siempre que se habla de yacimientos romanos en la montaña palentina nos acordamos de los impresionantes mosaicos conservados en la villa romana de La Olmeda (Pedrosa de la Vega). Sin lugar a dudas, es el principal yacimiento de época romana documentado y conservado en la provincia, aunque no es el único: la villa Possidica (Dueñas), La Tejada (Quintanilla de la Cueza) o Pisoraca (Herrera de Pisuerga), entre otros muchos ejemplos, son muestras claras del control romano de este territorio.



La aparente escasez de restos de época romana en el norte de la provincia contrasta con los numerosos asentamientos que se documentan en el centro y en el sur de Palencia, al tratarse de un entorno más favorable para los cultivos agrícolas. Sin embargo, las evidencias de Roma en el norte son más numerosas de lo que podíamos pensar en un principio, si bien la mayoría de los hallazgos se han producido de forma casual o como consecuencia de la realización del inventario arqueológico de la provincia, siendo muy pocos los yacimientos en los que se han efectuado excavaciones.
De esta manera, hay documentados una serie de yacimientos considerados como asentamientos rurales, sin que sepamos con precisión si se trata de villas, vicus, u otro tipo de establecimiento (ya sean alto imperiales y/o bajo imperiales); al menos cuatro campamentos militares (asociados a la conquista del territorio); una posible, aunque muy dudosa villa romana (Valsadornín); y una serie de los restos dispersos (miliarios, epígrafes, puentes, calzadas, evidencias de actividades mineras, tesorillo... etc), que nos indican una ocupación del territorio mayor de la que podía aventurarse en un principio.

La mayoría de los vestigios de época romana se localizan en el entorno de Aguilar de Campoo, algo que no debe extrañar debido a la posición estratégica de esta población como paso natural hacia Cantabria.


Jaime Gutiérrez, natural de Saldaña, es doctor en Historia por la Universidad de Valladolid, con una tesis acerca de una variedad de cerámica romana, denominada Terra Sigillata Hispánica Tardía, recuperada en la villa romana de La Olmeda. 



Jaime Gutiérrez Pérez
Aruz ediciones, 20136
colección de historia montaña palentina


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Historia de la minería del carbón en el valle de Redondo

Las explotaciones de carbón existentes en la Montaña Palentina muestran un amplio abanico de tipologías. A lo largo de nuestra historia podemos encontrar algunas minas vinculadas a grandes compañías. como las de Barruelo y Vallejo de Orbó. En un nivel intermedio aparecen otra serie de empresas de cierta entidad y con una dilatada historia, como las de San Cebrián de Mudá, Felipe Villanueva en Cervera, San Claudio en Castrejón, la Cántabro-Bilbaína en Santibáñez, San Luis en Guardo o Antracitas de Velilla. 





Finalmente, compitiendo en clara desventaja con todas las anteriores, se desarrollan pequeños focos mineros, con escaso capital, enclavados normalmente en lugares de difícil acceso y que no cuentan con adecuadas vías de comunicación. Debido a estas limitaciones, son minas que no pueden acceder a los mercados  en las mismas condiciones que las otras compañías. Por este motivo, sólo darán beneficios cuando los precios del carbón sean elevados y al haber y al haber una gran demanda de mineral.

Este artículo supone una aproximación a la historia de este último tipo de explotaciones y permite comprobar su evolución en paralelo a las oscilaciones de los mercados carboneros, alternando periodos de laboreo y cierta producción con otros de total abandono. En general, son explotaciones de poca envergadura, que cambian de manos en numerosas ocasiones y tienen un escaso peso en el contexto general de la minería nacional. Sin embargo, para la vida diaria de las familias de los valles de nuestra montaña son de vital importancia, pues permiten completar los ingresos de su economía, basada en la ganadería de subsistencia.

Hemos querido analizar la evolución de las minas ubicadas en el valle de los Redondos, en la cabecera de la cuenca carbonífera del Pisuerga, como ejemplo de este tipo de minería de escasas relevancia económica y que nunca sale en los libros de historia.  Más allá de sus limitadas dimensiones, creemos que deben ser estudiadas como una pieza fundamental en la evolución de la sociedad de la comarca durante más de un siglo.

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Fernando Cuevas Ruiz, natural de Barruelo de Santullán, licenciado en Geografia e Historia por la Universidad de Salamanca, uno de los mayores expertos de la minería en la provincia.
Juan Maestro, profesor de educación secundaria, autor de la serie Paseos por la Tecnología Popular, publicados en "Diario de León".






Fernando Cuevas y Juan Maestro
Aruz ediciones, 2016
colección de historia montaña palentina




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El tiempo agotado

Hubo un tiempo que se medía con los latidos de nuestros corazones infantiles o ya no tanto, de adolescentes embarcados en el autobús de ida los domingos por la tarde y de regreso los viernes después de la última clase vespertina. Veranos en los que la luz abría y cerraba las contraventanas y zaguanes. Un tiempo de juegos, tardes en la alberca o en la poza o a la orilla del río, de lavaderos con manos brillantes de madres que  frotaban la ropa sobre la taja con jabón hecho de aceite usado y sosa caústica. Un tiempo de meriendas de pan y miel o de onza de chocolate y cuscurro de pan. Un tiempo hecho a la medida de aquella infancia perdida en el olvido que Manuel Gila relata en primera persona con la ternura con la que se teje la memoria infantil, la patria a la que todos regresamos. Tal vez tú , lector, al leer su relato , traigas a la tuya tu propio  “ Tiempo Agotado”.
Margarita Marcos

Un tiempo de calles rebosantes de  carreras infantiles de niños que jugaban a las bolas  o al fútbol con pelotas hechas de trapos viejos o vejigas hinchadas del cerdo de la última matanza, y de niñas que jugaban al corro o saltaban a la comba entonando viejas canciones como la “La Chata Merenguela, como es tan fina tico, tico, tico, se pinta  coloretes con vaselina, lairón, lairón, lairón”,  o “Al pasar la barca me dijo el barquero  que las niñas bonitas no pagan dinero”, o “Soy la reina de los mares y ustedes lo van a ver, tiro mi pañuelo al suelo y lo vuelvo a recoger “. Calles en las que siempre había algún vecino dando una mano de cal a su fachada y un corro de madres que se contaban sus pequeñas historias mientras lavaban la ropa con jabón que ellas mismas hacían con aceite y sosa caústica en el lavadero de la Fuente de la Seda, remendaban calcetines o sacaban el bajo a los pantalones del niño que había dado el penúltimo estirón.

Tiempo para una cultura de no tirar nada, de aprovechar las cosas hasta el límite, de arreglar la ropa de un hermano para otro, de dar la vuelta a los abrigos y de compartir la vida con los amigos.

Era una vida donde el tiempo pasaba lentamente y las horas las marcaba el reloj de la torre que había frente al estanco. Una vida sencilla con un guión que se repetía de generación en generación, donde las normas y costumbres se labraban a golpe de “Enciclopedia Álvarez “ en la escuela de Micaela con don Manuel Quesada y don Jesús o en los Grupos Escolares con don Francisco Muñoz Mulero; en la mesa a la hora de las comidas y, sobre todo, en las calles y plazas donde íbamos aprendiendo casi todos los secretos para sobrevivir.

Una vida de puertas y ventanas abiertas por donde se escapaban los sonidos de cada casa y los olores de las cocinas para que todo el mundo supiera lo que cocinaba el de enfrente. Donde todos nos conocíamos por nuestro nombre, nuestras historias y nuestras ilusiones, porque hablábamos de ellas en las largas tertulias de las noches de verano cuando el calor insoportable de los dormitorios no nos dejaba más refugio que sentarnos a la puerta de la calle a esperar el sueño.

Una vida tan blanca como las casas encaladas donde se compartía el perejil o la carterilla de azafrán, y en la que cuando un niño hacía la Primera Comunión, toda su calle se ponía de limpio para darle un duro por la estampita del recordatorio con la foto vestido de marinero, y en la que cuando alguien moría, todos iban al velatorio y no se  ponía la radio ni las mujeres cantaban mientras lavaban o hacían patatas con carne para llevar a la familia del difunto. Donde la pobreza se llevaba con tanta dignidad que las anécdotas estaban a la orden del día, como la de ese niño que tras devorar la comida aportada por el vecindario con motivo de la muerte de su hermano, pedía a la madre que al día siguiente se muriera otro (“ Mama, ¿ por qué no se muere mañana el Alonso”?).

Y todos los jóvenes de la calle, del pueblo, tarde o temprano, acababan enamorándose de una niña con trenzas, y los novios se citaban al atardecer en las puertas de las casas, y hablaban de pie delante de los ojos siempre vigilantes de las madres, que generosamente daban algún respiro “para vigilar el puchero“ , y que al volver de la mili  ya eran todos unos hombres porque habían estado en Melilla y entonces ya podían casarse y enseñar  a todo el vecindario el ajuar que la novia había bordado durante tan larga ausencia. Finalmente, un día se casaban y se iban para siempre del pueblo  para buscar la comodidad de los pisos de la ciudad. Cuando volvían para pasar la Fiesta de Mayo o en verano, contaban cómo había cambiado su vida, cómo habían progresado en sus pisos de moderna construcción con habitaciones individuales, bidé y hasta bañera . Y nosotros nos quedábamos pensativos porque no queríamos reconocer que los años habían pasado y que aquella forma de vida se había marchitado. Nos costaba creer que ya no podíamos seguir lavándonos los sábados en un barreño ni pasarnos las tardes tumbados por las albercas llenos de churretes.

Y a ti y a mi, amigo o amiga, nos costó mucho digerir que las calles empezaran a quedarse vacías, y reconocer que aquel tiempo tuyo y mío, el de nuestra infancia, se había agotado.

Relatos para tardes de otoño
Manuel Gila Puertas
Editorial Punto Rojo
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Manuel Gila Puertas, almeriense de adopción, nace en Albanchez de Magina (Jaén). Abogado de profesión y funcionario del Cuerpo Superior de la Administración General del Estado, es autor de "Cuentos para Álvaro, premiados por el Ayuntamiento de Nijar (Almería). Manuel, es colaborador de "Curiosón", en la sección "Salud y Románico". 

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La Enseñanza Primaria durante la Segunda República en la Montaña Palentina (1931-1936)

El incremento de publicaciones y estudios relativos a la Segunda República española, y más concretamente a las prácticas educativas llevadas a cabo en dicho periodo, ha puesto de manifiesto en los últimos años el interés de un amplio público por conocer en profundidad este proceso histórico. Estudiar estos años resulta complejo y no está exento de dificultades, derivadas de los procesos depuradores iniciados tras el estallido de la Guerra Civil y que continuaron una vez terminada esta. El inicio de la contienda conllevó la destrucción de numerosos documentos y expedientes que hoy nos priva de conocer múltiples detalles y datos, que sin duda completarían el panorama general de lo acaecido desde el 14 de abril de 1931 hasta el 19 de julio de 1936.




El objetivo de este trabajo es analizar el impacto que la nueva política republicana produjo en el norte de la provincia de Palencia, ciñéndonos a los municipios que componen la montaña.

Los Municipios de la  Montaña Palentina tienen una serie de características físicas, sociales y económicas, que determinan unas particulares condiciones de vida y que se reflejan en la Enseñanza Primaria y en las distintas iniciativas culturales. A lo largo de estas páginas veremos las principales actuaciones que en materia de Enseñanza Primaria se llevaron a cabo persiguiendo, entreo otros fines, erradicar los índices de analfabetismo.

La Montaña Palentina es una comarca natural ubicada en el extremo septentrional de la provincia de Palencia e integrada por 19 municipios municipales. Se trata de una tierra singular donde el pasiaje montañoso y el clima, sin olvidar la impronta humana, adquieren una personalidad propia. A finales del siglo XIX empiezan a forjarse las primeras explotaciones mineras que suponen un importante desarrollo económico y social. La implantación y la consolidación de la industria  minera trae nuevas formas de relaciones laborales...



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María Dolores Pastor Mulero, natural de Valladolid, es licenciada en Psicopedagogía por la Universidad de Valladolid. Su investigación se ha centrado en la historia de la Educación, de cuya tesis doctoral forma parte el presente trabajo.



M Dolores Pastor
Aruz ediciones, 2016
colección de historia montaña palentina




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El camino del Sol







De entre todos los caminos que cruzaron antaño el territorio de la comarca de La Peña, hubo uno que destacó sobre todos los demás, por la importancia que tuvo, no solamente para ella, sino también, para las comarcas limítrofes, incluso para todo el norte de la Península. Me estoy refiriendo al camino que, siguiendo la ruta del sol, comunicaba el Oriente con el Occidente; el camino por el que transitaron los primitivos Cántabros; un camino por el que luego llegaron las legiones romanas para combatir en las Guerras Cántabro-Astures; un camino por el que, los bárbaros del Norte invadieron más tarde todo el país y un camino por el que transitaron los primeros peregrinos que deseaban llegar hasta la tumba del Apóstol Santiago y que, andando el tiempo, se conoció con el nombre de Camino Real, el cual, hasta no hace tanto tiempo, utilizaron nuestros más inmediatos antepasados. En fin, un camino que en sus orígenes prehistóricos, bien pudo haber sido denominado por aquellas gentes como El Camino del Sol, por coincidir su itinerario con el que diariamente seguía el astro rey. Un camino cargado de historia.

Este Cuaderno va a intentar, no sólo la recuperación del recuerdo de su trazado, sino y sobre todo, la recuperación de las vivencias, las sensaciones y hasta las fantasías de quienes transitaron por él; gentes anónimas que deseaban o necesitaban ir a alguna parte, cargados de problemas, de sueños y cansancios.

Dije en la presentación, que los caminos no han sido solamente suelos sobre los que pisar, sino que en ellos quedaron las huellas invisibles de millones de pisadas. Recuperarlos es como recuperar parte de las vidas de quienes los hollaron o, dicho de otro modo, es como recuperar una parte importante de nuestra propia historia.

El Camino del Sol era una ruta que venía desde el Oriente y caminaba hacia el Finisterre; un camino que, andando el tiempo y durante muchos siglos fue conocido como el Camino Real, un camino del que apenas si se conservan algunos tramos identificables y unos pocos topónimos. Este camino me resulta muy familiar, pues pasaba por delante de la casa donde nací y donde me crié; mi padre, que lo había conocido y transitado de niño y de joven con mi abuelo, contaba que tenía un ancho de cuatro varas, de noventa centímetros cada una.

Este viejo camino, puede recobrar de nuevo su vitalidad y utilidad para la comarca, gracias a los vientos que soplan. Así pues, recuperar su memoria, no sólo resulta un ejercicio de investigación histórica, sino también, una apuesta por desvelar un posible recurso, en favor del renombre y de la economía de la comarca.

Los Cuadernos de la Peña, núm 22
Luis Manuel Mediavilla de la Gala 
Blanca Merino Rodríguez

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Desescombro


Tal vez la labor primordial del poeta debiera ser pararse allí donde el resto pasa de largo e intentar después demostrar que mereció la pena hacer un alto en el camino, que todo es eternizable bajo la armadura de unos versos.
Podría decirse que el poeta realiza una tarea de desescombro sobre cuanto le rodea que busca permanentemente -y más allá de lo inefable- el brillo semioculto del asombro, para ponerlo de la mejor manera que sabe, a disposición del personal.
Desescombro sobre desescombro, al fin y al cabo, es este libro, porque a la faena que me he referido -la más importante- se suma la de entresacar de toda mi obra aquello que entiendo más fulgía y era digno de ponerse en las manos de un lector, de un buscador de luces, como yo mismo me siento. No en vano es mi primera publicación en materia poética.
Ahora sólo espero que a ti también te alcance el destello, la catarsis con que su contenido fue engendrado.


La noche


XXXII Premio de Poesía "Divendres Culturals" de 2015

Ha vuelto a oscurecer tras el espejo
Cae la tarde en tu rostro, hay poca luz en tus ojos,
y el azogue no miente.
Has llegado hasta aquí demasiado temprano,
los atajos te hicieron perder el camino
y ahora no sabes en dónde te encuentras.
Buscando el añil de lejanos recuerdos
vas haciendo memoria de cuanto perdiste
y la vida no cuadra de lo poco que queda.
No cuentas con nada que avale la apuesta
y quien tienes enfrente conoce tus mañas.
Lentamente se ha ido el color de tus sueños,
lentamente ha encogido la piel de tu alma,
aunque parezca tan breve
como un breve chasquido.
Y piensas en algo que valiera la pena
el dolor que produce tener que pensarlo,
y pretendes tiznar de frágil tu memoria
para echarle la culpa cual si fuera de otro.
Tal vez haya un motivo que te ayude a quererte
y puedas vestir tu interior de domingo
para darte un baño en la luz
de esas fotos tan viejas
que en tus manos se esparcen.
Miras atrás, pero sabes que nunca
volverás con tus pies a pisar esa senda.
Mientras, sigues sentado, pensando en tu suerte,
viendo, sin moverte, cómo llega el futuro,
esperando un velero qeu acude al rescate.
Pero mucho más rápido, aun sin darse a la prisa,
al espejo que miras va llegando la noche.


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Javier Castrillo Salvador nació en Guardo (Palencia) en 1962. Fue Cofundador del Grupo Literario Almueza en la Universidad de Valladolid, donde colaboró en diferentes eventos literarios. Alterna esta temprana afición con la música. Ha grabado dos discos con su grupo Dispersos y dos más junto a su amigo Jesús Prieto "Pitti". Actualmente lleva por los escenarios, su proyecto "Poetas en ruta", donde versiona poemas escogidos de la literatura hispana.  
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Prisionera de una amor letal


La escultora Marga Gil se suicidó a los 24 años, rota por su pasión hacia Juan Ramón Jiménez.

«Me he matado porque no podía ser feliz… y no quería serlo», afirma ella en una de las cartas que dejó, rota por su amor secreto hacia Juan Ramón. Una pasión irracional por la que apostó y perdió, y que la empujó hacia la decisión fatal un día de julio de 1932. Ella acababa de cumplir 24 años; él, 52.


Marga estaba considerada como la primera escultora española en piedra y había conocido al Premio Nobel y a su esposa ocho meses atrás, naciendo en ellos, desde el primer momento, una amistad sincera. Pero la mujer fue mucho más allá en sus anhelos, debió librar una batalla sin precedentes y sin camino de regreso.
…Si tú no pudieras vivir sin mí, no sobraría, pero como sobro, lo mejor es irme…
… y para morirse cuando se es joven… pues hay que matarse…
«No lo leas ahora». Unas horas antes, Marga telefonea a Zenobia diciéndole que tiene que verla esa misma mañana, pero ella, para quien acababa de realizar una escultura que a los tres había llenado de satisfacción, se excusa por no poder recibirla y la cita para la tarde. Entonces, Marga decide visitar al poeta y le deja una carpeta con unos textos para que los corrija, pero le ruega que «no lo leas ahora». La escultora, con lágrimas en los ojos, abandona la casa a toda prisa y se dirige al Retiro, donde en un primer momento piensa acabar con su vida, pero cambia de idea y coge un taxi que la lleva al chalet de unos tíos suyos en Las Rozas donde sustituye la pluma por una pistola de su abuelo con la que, decidida, se dispara un tiro mortal en la sien.
El acto final había sido meticulosamente calculado. Marga recuperó días ante su obra repartida en galerías y academias. No quiere dejar huella de su producción artística, y destroza y rasga sus esculturas e ilustraciones.
La joven le había dejado en la carpeta a Juan Ramón, como despedida, unas cuartillas escritas a modo de diario en las que declara el gran amor que siente por él y la enorme culpabilidad por haber intentado traicionar a su amiga Zenobia.
En ese diario relata cómo son los días en casa del poeta, cómo cada gesto y cada mirada de él provocan en su interior un terremoto que le produce una angustia infinita. Las páginas están escritas como a borbotones, repletas de puntos suspensivos y, sin embargo, tienen la fuerza de los que hacen del amor su caballo de batalla, su montura, sus espuelas.
Zenobita… vas a perdonarme… ¡Me he enamorado de Juan Ramón… pero como él te quiere, ¡te quiere!... pues me ha dicho que no… perdóname… porque si me hubiese dicho que sí.. yo habría pasado por todo… por todo lo que fuese preciso…

“…Y es que…
Ya no puedo vivir sin ti
…no… ya no puedo vivir sin ti…
…tú, como sí puedes vivir sin mí
…debes vivir sin mí…”.



La Fundación José Manuel Lara publica por primera vez el diario con todos los textos que recogen la trayectoria de este amor imposible y descubre nuevas facetas del escritor onubense, vivencias que marcaron su matrimonio, ya que, como el mismo afirmó, «la muerte de Marga ha descompuesto mi vida».


Fuentes:
Santiago Ibáñez, "Diario de Burgos"
Winston Manrique Sabogal, "El País".


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La más bella canción, el libro



Aunque se vive una historia paralela, la del diario cada domingo, y aunque en el diario se trabaja con mucho mimo, el libro es el hijo verdadero donde se han cuidado los más pequeños detalles.
Es un hijo de mucha gente que fue tomando notas sobre su historia, sobre su situación, sobre su estado.
Pueblos vivos que mueren. Pueblos muertos que viven en la memoria de la gente. Gente que vuelve preguntando por ellos, sus ojos como goznes que chirrían al albrirse en el umbral de un tiempo ya caduco.
El viajero que llega hasta estos rincones de silencio, no entiende los lamentos, ante esta sinfonía de la naturaleza donde todo huele y sabe a vida, a vida de verdad, a vida auténtica.

Por fin
¡Mi tierra hecha canción!

Montaña Palentina
... La más bella canción...

Pueblos-Lugares-Turismo-Historia-Arte

Un libro que en pocas palabras
te contará todo lo que debes saber
para conocer esta tierra mágica.


Froilán de Lózar-Editorial Aruz
Julio de 2016



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La novela de Peridis

Tras "Esperando al rey" llega ahora para nuestro deleite "La maldición de la reina Leonor", santo y seña de un estilo de escritura muy singular del escritor José María Pérez, 'Peridis'. 




Con esta su segunda novela histórica consigue deleitarnos y hacernos soñar con la serie de novelas de Peridis.
El humor, (de retranca de caricaturista), el amor (imposible, que da así una chance al deseo), el poder, (seco, sin erótica ni retórica), la locura, (y sus diques), y la piedra, sobre todo la piedra, (como metáfora de los sueños), navegan también en esta nueva novela histórica, y que habla mucho de la provincia de Palencia, de su pasado.

Piedras hermosas como las del Monasterio de San Andrés de Arroyo, que han esperado siglos para entrar en una novela del siglo XXI. Hay un momento en la novela en que la reina Leonor le dice al arquitecto Ricardo: «Vos no sois un maestro arquitecto, fabricáis ensueños con piedra». Creo que ahí se aloja el sentimiento que recorre al viajero cuando se topa con la piedra hermosa de un puente romano, de una catedral, de un claustro románico, de una espadaña. Que la mirada recorre los siglos. Y esa es la virtud de la novela de Peridis, un viaje a nuestra historia, pero con los sueños por bandera.
De hecho, John Elliott, el prestigioso historiador de Oxford y de Cambridge ha escrito:

«Lo que Peridis demuestra es que hay veces en que la novela histórica consigue captar la realidad mejor que las obras de los historiadores profesionales atados por sus documentos». 

Para a continuación añadir: «Gracias por enseñar deleitando». ¡Qué razón tiene Elliott! El hispanista británico y autor de "Haciendo Historia" (2012) dejó escrito en ese libro que trataba de transmitir «la clase de recompensas que ofrece el estudio del pasado y transmitir algo de los gozos que puede producir escribir historia».

Dejo una muestra de esta última novela de Peridis: «Esas pirámides de aire que festonean los ventanales son jaulas de sombra donde anidan los sueños de las vidrieras cuando amanece. El diente de sierra que circunda la portada de la sala es el espejo de las horas del día desde sus comienzos hasta el declinar del sol».

Esta tarde presentamos "La maldición de la reina Leonor" en Palencia, en el Teatro Principal. Cita para el vecino ilustrado. Hablaré de esto. Y parodiando a Elliott, de los gozos que produce leer historia bien novelada.

 



De la sección del autor en "Curiosón": "Vecinos ilustrados" @Aduriz2016
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La memoria del alma

No suelo tener problemas a la hora de enfrentarme a la página en blanco, salvo cuando tengo que escribir de y sobre mi pueblo, Saldaña, localidad palentina “a un extremo de Tierra de Campos”, allí “donde empieza la sierra a ondular”, “donde nace la vega fecunda”.


Me desplacé a Saldaña para presentar mi novela La noche inacabada (Ediciones ENDE), de la mano de Gerardo León – alcalde del municipio -, y de Javier Quijano, amigo que fue desgranando opiniones sobre lo que había sentido al leerla. Resultó un acto emotivo, por la presencia de amigos y conocidos y por celebrarse en un lugar que acercaba, sí o sí, recuerdos de mi infancia y adolescencia, llamando con fuertes aldabonazos a las puertas de la memoria, la del alma, donde están encerradas tantas y tantas emociones contenidas, difíciles de controlar en momentos como el vivido en la tarde noche del pasado viernes.

Ver llena de amigos y conocidos la Sala de Exposiciones de La Casona, a pesar del temporal de lluvia y viento, que no cesó en toda la tarde, se lo debo a la magnífica organización del acto por parte del Ayuntamiento y al loable esfuerzo de Carmen Herrero, del departamento de Cultura y Turismo y amiga, para que resultara todo un éxito de asistencia de público. Gracias, gracias a todos, organizadores, presentadores y asistentes, por hacer irrepetible el 15 de abril de 2016, perpetuando en la memoria de mi alma todo lo acontecido, recordado y sentido durante sesenta minutos inolvidables.

Pernocté en Saldaña, y la lluvia fue la “culpable” de que no añadiera más emociones a las ya vividas, impidiendo que recorriera rincones de la infancia, lugares, parajes donde la naturaleza se muestra sin recato, esplendorosa y bella. Otra vez será. Sí visité, luchando contra el viento y la lluvia, la Plaza Vieja, mi querida Plaza Vieja. Ella y yo lloramos juntos al contemplar cómo el “dios automóvil” invadía sus entrañas, desnaturalizándola, emborronándola, robándole belleza… ¿Hasta cuando? Hasta que el pueblo quiera, supongo; o hasta que llegue el día en el que la propia Plaza se plante y diga “hasta aquí hemos llegado, no me merecéis” y termine de perder el embrujo tornándose gris y obsoleta, memoria, sólo memoria, anclada en el alma de todos cuantos la amamos y defendemos, sí, pero tan sólo eso, memoria del saldañismo, ese saldañismo que resiste y persiste en el alma de tantos saldañeses a pesar del paso del tiempo.

Otras entradas de Tomás en Curiosón
Saldaña, donde empieza la sierra a ondular


Tomás, en los capítulos dedicados a la vida del Escritor, se toma justa venganza, con la mirada piadosa de la distancia, del ambiente represor y castrante del mundo rural allá por los años cincuenta. El Escritor recuerda desde la atalaya de su Isla:”tiempo oscuro, invierno permanente que instaló el nacionalcatolicismo, cargado de días insulsos, insípidos, inodoros, monocromos, con la Formación del Espíritu Nacional resonando en sus oídos”.

Blog de Pablo: Palabras


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Los manuscritos del mar muerto

No se discute sobre los textos bíblicos que figuran entre los más de 800 documentos hallados, sino sobre los rollos que se refieren a la vida y pensamiento de la comunidad de Qumran, que hace más de 2000 años vivió en ese lugar del desierto de Judea, unos 15 kilómetros al este de Jerusalén. En las cuevas de Qunram se encontraron 125 copias distintas del Antiguo Testamento, a excepción del libro de Esther —única obra bíblica que no nombra a Dios— y que, pese a algunas variantes, tiende a confirmar la versión que teníamos del Antiguo Testamento, según declaró Don Carson, de la Universidad Deerfield de Illinois.
Los textos bíblicos de Qunram, fueron escritos, al igual que el resto, entre el 200 antes de Cristo y el 50 después de Cristo, según pruebas con carbono 14 —unos mil años antes que las versiones bíblicas medievales hechas por los masoretas—, por lo que resulta sorprendente la correcta precisión de esos gramáticos hebreos del siglo. Aunque el acceso a los manuscritos se abrió a los interesados en 1991, siguen vigentes las controversias sobre la interpretación de los textos. Eso se desprende del amplio reportaje que firma en la contraportada del desaparecido "Egin" Nicolás Dulanto.

Fuente consultada: 
Nicolás Dulanto en Egin.
Imagen: «1QIsa b» de uploaded by Daniel.baranek. 

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Fundación y dotación de la Abadía de Lebanza y de la iglesia de San Salvador de Cantamuda


Las iglesias y los monasterios tuvieron una
gran importancia en el proceso de repoblación
de la Edad Media, ya que más allá de su
función religiosa fueron enclaves de referencia en la actividad económica y en la labor administrativa de los territorios cercanos. En ese contexto es donde se produce la aparición de la abadía de Santa María de Lebanza (con una escritura de dotación del conde Alfonso que se remonta al año 932) y de la iglesia colegiata de San Salvador de Cantamuda (cuya escritura de fundación data de 1037). Estos centros de culto atesoraron un gran espacio de influencia en tierras de Palencia, Cantabria y Asturias, en las que cobraban tributos y establecieron su jurisdicción.

  • Identificación de los términos mencionados en estas escrituras
Estas dos escrituras proceden del fondo documental de Santa María de Lebanza, depositado en el Archivo Histórico Diocesano de Palencia. La escritura de dotación de 932 fue otorgada por el conde Alfonso, que debió gobernar Liébana y Pernía y fue el fundador de la iglesia de Santa María de Lebeña, en la primera de aquellas comarcas. El documento no es original, sino una copia del siglo XII y se supone ampliamente manipulado e interpolado, habiendo autores que lo suponen falso. Sin embargo, la escritura de 1142 que concede inmunidad al monasterio y sus posesiones menciona muchos de los lugares dependientes de la abadía que figuran en la escritura anterior, lo que podría avalar su validez. Por esta razón, ambos documentos deben analizarse conjuntamente, pues contienen datos que se complementan entre sí y facilitan su estudio.

El diploma de 932 señala que en un lugar cercano al castillo de Peñas Negras (Petras Nigras), denominado Lebanza (Nebantia), en territorio cerverano (cerbariense), existía una iglesia dedicada a Santa María, que el conde Alfonso concede al abad Gonzalo, indicando sus términos y límites. Continúa concediendo una serna o terreno dedicado al cultivo en un lugar cuyo nombre varía según las diversas versiones publicadas (Flatiana o Statinina), así como la décima parte del portazgo de Cervera (Cerbaria), impuesto que se pagaba por derechos de paso o por introducir diversas mercancías en una población. El citado lugar de Flatiana o Statinina no parece poder identificarse. Si se tiene en cuenta que los lugares se presentan en un orden geográfico, debería hallarse cerca de Cervera, quizá entre Lebanza y Cervera, y entre estos dos se encuentra Polentinos, un pueblo muy ligado a la abadía y que podría ser aquel lugar desconocido, siendo su nombre una mala transcripción del copista, si bien ésta es una hipótesis fundamentada solamente en la imaginación. La abadía y Polentinos pertenecían inicialmente a la diócesis de León, pero restaurada la diócesis de Palencia, tanto el monasterio como el pueblo se integraron en el nuevo obispado por concesiones de Alfonso VI y Alfonso VII en 1086 y 1153 respectivamente. En 1178 Alfonso VIII concedió a Santa María de Lebanza jurisdicción sobre Polentinos, manteniéndose la dependencia eclesiástica y el señorío de abadengo sobre el pueblo hasta casi el final del Antiguo Régimen.

La siguiente concesión que recibe Lebanza es una serna en Villasarracino (Uilla Sarraçena). Este lugar también estará mucho tiempo vinculado a la abadía, que recibió sus diezmos hasta ya entrado el siglo XIX. Según una carta de confirmación otorgada por Alfonso VIII en 1197, los vecinos de Lebanza tenían la obligación de acarrear el grano de Villasarracino destinado al monasterio.
Prosigue el documento con la cesión a Santa María de Lebanza de las iglesias de San Vicente (Sanctum Vincencium) y San Juan (Sanctum Iohannes) en Cervera, situadas entre los ríos Ruesga (Rosga), actual río Rivera, y Pisuerga (Pisorga); la primera podría ser la ermita rupestre de San Vicente de Vallejera y la segunda, la de San Juan de Quintanilla, despoblado próximo a Cervera.
La ermita rupestre de San Vicente de Vallejera, situada en Cervera, es uno de los lugares sobre los que tenía derechos Santa María de Lebanza.

A continuación menciona el territorio de Cesarea, donde está la iglesia de San Acisclo (Sancti Açiscli), que se concede a Santa María con sus términos y otras heredades. Cesarea o Césera se menciona en documentos de Santo Toribio de los siglos IX y X y Sánchez Belda lo sitúa al sur del monte Viorna, en término de Maredes, barrio del concejo lebaniego de Campollo. Si esto fuese así, la iglesia de San Acisclo podría ser una ermita del pueblo de Bodia, el más oriental del concejo de Baró y cercano a los lugares indicados anteriormente. Puede recordarse que en una escritura de fundación de la iglesia mozárabe de Santa María de Lebeña, que aunque apócrifa puede tener un fondo histórico, el conde Alfonso dona a San Martín de Turieno, futuro Santo Toribio, sus posesiones en Maredes y Bodia, mientras que en otra escritura relativa también a la fundación de la iglesia de Lebeña y considerada auténtica, se menciona una serna de San Acisclo en Cesarea.
Los lugares siguientes están en tierras cántabras y asturianas acercándose ya a la costa, principalmente en las cuencas de los ríos Deva y Nansa, y pertenecían a la diócesis de Oviedo.

Ayudan a su identificación los documentos del pleito que Lebanza entabla en 1454 contra la usurpación de sus derechos sobre una de las iglesias donadas por el conde Alfonso, la de Santa María de Tina, en Pimiango, Ribadedeva, Asturias. Juzgaba el pleito el prior de Piasca, Pedro de Población, encargado del caso por bula del papa Nicolás V; la causa se resolvió favorablemente para la abadía, que vio confirmados sus derechos sobre Santa María de Tina y debe suponerse que también sobre otras varias de las iglesias concedidas por Alfonso y que se citan en la documentación de la demanda. La escritura de 932 indica que se conceden en Caldas, Peñarrubia (Callas Aquas) la iglesia de San Pedro y San Pablo, la de San Esteban y San Julián y la de San Pelayo. Según se deduce de la bula antes citada, la primera sería la iglesia del propio pueblo de Caldas y la siguiente, la de Cicera; la de San Pelayo podría ser la primitiva ermita de tal nombre en La Hermida, cuya parroquia tiene actualmente tal advocación.



Valentín Ruesga Herreros
Aruz ediciones, 2013
colección de historia montaña palentina




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Lores: formas de vida, costumbres y celebraciones


A través de una selección de más de treinta fotografías, Jorge Ibáñez repasa los usos y las costumbres que durante siglos han determinado las formas de vida de la localidad perniana de Lores. Las imágenes muestran aspectos vinculados al trabajo y la economía de esta población, como la ganadería, la agricultura, la producción de madera o la labor ancestral de los carreteros. A su vez,recogen momentos lúdicos como el juego de los bolos, las fiestas patronales del verano, las peleas de toros o el mayo, además de otras actividades comunitarias como la huebra, la caza o la apertura de caminos y carreteras tras las grandes nevadas. Este conjunto de imágenes nos acercan al pasado de Lores y, al mismo tiempo, ilustran cómo fue la vida en otros tiempos en la mayoría de poblaciones de la Montaña Palentina.
El transporte de la madera
Sacando madera de una subasta con una “rabona” que aparece cargada de troncos, para cuyo transporte, debido a su gran peso, empleaban dos parejas de vacas, lo que recibía el nombre de “encuartar”. En primer término aparecen Marcelina Romero y su marido Heraclio Alonso, encargado de guiar el carro, y sobre los troncos Alberto Alonso con una ahijada en la mano e Hipólito Merino con la bota de vino, muy necesaria para acometer labores tan pesadas, ya que era el vino uno de los escasos aportes calóricos con que contaban estos hombres.
La mujer de La Pernía
En esta imagen, no carente de ternura, podemos ver a Acelina Vélez Fernández, sentada en el banzo de piedra junto a dos de sus nietos. Uno, al contemplar las fotografías de estas bravas mujeres, que fueron madres, hermanas, hijas, tías y abuelas, no puede evitar recordar la sorpresa que produjeron en 1870 a los ojos de una mujer extranjera como Isabel Pesado de Mier durante su visita a la Pernía: “Por un hombre que trabaja, se ven seis mujeres, sin que por esto abandonen los quehaceres domésticos, ni sus deberes de madres y esposas”.
Las peleas de los toros
Lores, debido a su tamaño, contaba con tres toros, uno para ir con la cabaña y otros dos que estaban con las vacas. Se procuraba que estos no se vieran hasta el primero de mayo, cuando se juntaban para pelear. Para el cuidado de estos animales los vecinos se iban turnando, teniendo que atenderles siempre entre dos, pues uno sacaba a un toro al agua mientras el otro echaba el pienso al pesebre y luego repetían la operación con los otros dos toros. Al organizar los combates se intentaba que las luchas que de manera natural se producían entre los animales se desarrollasen de una forma controlada, seleccionando un terreno llano para evitar las “mancaduras” de los animales, así como para facilitar la retirada de un animal herido, evitando así daños mayores.
A bezar los corderos
Imagen tomada en la zona de Mediavilla el primer día que salían a pacer los corderos. En tiempos pasados, esta práctica era conocida con el nombre de bezar los corderos. En la fotografía se identifica a Juana de Cossío Julián, Piedad Rivero Díez y Felicidad Morante Gómez, a las que acompañan una recua de chiguitos que, en muchos casos, acudirían por primera vez a una vecería.
La caza
Saturnino Romero de la Hera, uno de los cazadores de mayor fama en tierras de Pernía, aparece a la derecha de la imagen acompañado por Emilio Blanco del Peral y don Julio Roldán García párroco de la localidad. Según se cuenta, la mayor hazaña de Saturnino fue la caza de un jabalín cuyo pellejo pesó catorce kilos y al que, tras escerrajarle un par de tiros, solo logró dejarle herido. Por este motivo, tuvo que rematar de un hachazo.



Jorge Ibáñez Díaz
Aruz ediciones, 2013
colección de historia montaña palentina




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La mina de ‘San Fidel y Anejos’ en la estación de Santibáñez de la Peña (1909-1922)

A partir de la documentación que durante años guardó su padre, Luis Manuel Mediavilla aporta un interesante estudio sobre la actividad minera en el incipiente núcleo de la Estación de Santibáñez de la Peña. El artículo, referido a las labores desarrolladas por las empresas Antracita Palentina y Antracitas de Santibáñez entre 1909 y 1922, aborda aspectos como los sistemas de explotación, las plantillas de trabajadores, la producción, los clientes que adquirían el carbón, los conflictos sociales o las medidas de seguridad laboral. De esta forma, el autor aporta nuevos datos sobre una etapa poco conocida de la minería en nuestra provincia y sitúa el origen de algunas de las explotaciones que después permanecieron activas durante décadas.


Otro de los libros conservados recoge asientos de jornales y producciones de los pozos de Matamala, San Fidel y Las Vargas en la última etapa de Antracitas de Santibáñez, desde febrero de 1921 hasta marzo de 1922. En ese tiempo, la plantilla del interior estuvo compuesta por entre 11 y 29 personas, mientras que la del exterior osciló entre 8 y 13. El último asiento corresponde al 9 de abril de 1922 y sólo incluye a nueve, ocho en el interior y uno en el exterior, dedicados con seguridad a tareas de conservación en unos momentos de incertidumbres por el cambio de empresa, como veremos más adelante. Lo que resulta evidente es la gran reducción de plantilla respecto a la que había a en la etapa anterior, circunstancia que sólo puede explicarse por el recurso a las contratas que se prodigaron en esta empresa, con terceras personas que se encargaban de las labores en cada pozo, lógicamente, con personal por ellos aportado.
Las contratas
Los libros ponen de manifiesto que por entonces era habitual la contratación de labores con terceros, no sólo de los arrastres y acarreos, sino incluso de la explotación de la mina, como vemos en el caso de Antracitas de Santibáñez. Esa práctica dio pie a la aparición en la zona de diversos empresarios que gestionaban tales trabajos, siendo Cayetano Fernández uno de los más destacados. Era un activo industrial residente desde los primeros años del siglo en La Estación, donde regentó un comercio de ferretería y loza, aunque también hizo incursiones en la venta de abonos, la fabricación de gaseosas y la extracción de arena que remitía a la factoría de Arija. Seleccionando en la documentación los datos referentes a este hombre, vemos que ya en 1918 tenía contratadas las labores en el pozo de Las Vargas, en sociedad con Victoriano Menéndez, otro de los vecinos del citado lugar, que en 1914 había desempeñado el puesto de capataz en la mina de la Cántabro Asturiana de Villanueva de Arriba. Cayetano Fernández también se asoció con Agustín Cisnal, médico de profesión, para contratar los trabajos de explotación en el pozo de Valdeabuelo.

Un tercer grupo de contratistas lo formaron Mariano Peral, Nicolás del Amo e Ignacio Merino, para realizar las labores del pozo El Campillo. Peral fue quizás el primer industrial que se asentó en La Estación, dedicándose al comercio del vino y otros artículos, a la vez que su esposa, Engracia Ania, regentaba una afamada fonda.

Se desconocen las condiciones de estos contratos, aunque a la luz de los datos que aparecen en los libros puede deducirse el contenido de algunas de sus cláusulas. Principalmente la referida a la remuneración, que estaba en función del carbón obtenido y fijada en 19 pesetas por tonelada extraída en Las Vargas y en 17,50 en los otros pozos, posiblemente puesta en el basculador de las cribas, lo cual explicaría la diferencia del primero, mucho más alejado y con peor ruta. Del importe mensual de tales percepciones debían dejar un diez por ciento en la caja de la empresa, en concepto de fianza, que iban recuperando periódicamente. La empresa, por su parte, les facilitaba algunos materiales y servicios que después les facturaba, entre ellos la dinamita con los accesorios para su utilización y los trabajos de fragua, especialmente los aguzados de picas y pistoletes. De los recibos registrados se puede calcular que los tres grupos de contratistas entregaban respectivamente una media mensual de 290, 180 y 80 toneladas de carbón, procedentes de los citados pozos.



Luis Manuel Mediavilla de la Gala
Aruz ediciones, 2013
colección de historia montaña palentina




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La Cueva Corazón y la presencia neandertal en el Cañón de la Horadada


La Cueva Corazón, situada en el Cañón de la Horadada, en Mave (Palencia), constituye uno de los yacimientos arqueológicos más destacados de Castilla y León para el estudio de la ocupación de los neandertales en la Meseta norte durante el Pleistoceno superior y sus relaciones con la Cornisa Cantábrica. En este trabajo presentamos una síntesis de toda la información que, hasta el momento, se ha obtenido del proyecto de investigación que estamos abordando en el Cañón de la Horadada y, muy particularmente, de la rica secuencia arqueológica documentada en Cueva Corazón. Esta cueva fue ocupada por los representantes de la especie Homo neanderthalensis hace 96-95 mil años y, en ella, dejaron una rica impronta de sus actividades culturales y económicas, en un momento en el que nuestra especie, Homo sapiens, aún estaba lejos de conquistar el continente europeo.
Economía y subsistencia de los grupos neandertales
Para hacer funcionar su fuerte y robusto cuerpo (pesaban entre 80 y 90 kilos para una altura promedio de 165 centímetros), los neandertales necesitaban una ingente cantidad de calorías al día. En las latitudes medias, incluso en los momentos cálidos del Pleistoceno superior, el recurso más abundante y seguro era la carne. Estos humanos eran grandes consumidores de carne y grasa animal, y probablemente se hallaban situados en la cúspide de los carnívoros europeos de su tiempo. Los neandertales, por tanto, eran grandes cazadores, dedicados a abatir las especies animales más abundantes de las regiones que habitaban: sobre todo herbívoros gregarios (cuyos movimientos estacionales se guían por pautas ancestrales) como el caballo, el bisonte o el reno. En zonas escarpadas también cazaban cabras. Como buenos depredadores, se adaptaban perfectamente a los recursos disponibles en cada lugar y en cada momento.

A pesar de la abultada lista de yacimientos asignados al Paleolítico medio en la Meseta española, son pocos los emplazamientos que permiten caracterizar las actividades de los neandertales. En la mayor parte de los casos, las muestras óseas son escasas o poco representativas, al tiempo que muchos de estos yacimientos presentan importantes actividades generadas por distintos carnívoros. Este hecho no permite dilucidar con detalle qué agentes fueron los principales responsables de la acumulación ósea: encontramos tanto ejemplos de restos de animales con trazas de actividad humana como abundantes restos de carnívoros en los yacimientos y huellas de su intervención en las acumulaciones de herbívoros.

En conjunto, los yacimientos documentados en la Meseta nos indican que los neandertales presentaban diferentes adaptaciones al medio, dada la variedad de representaciones de animales que se encuentran en sus yacimientos, mostrando una diversa gama de comportamientos económicos y subsistenciales. Así, hay lugares donde parece haber una importante actividad sobre animales de roquedo, como es el caso, por ejemplo, de la cueva burgalesa de Valdegoba [28].

En otros casos los grupos neandertales optaron por cazar otro tipo de animales, tales como el ciervo o el caballo. Finalmente hay sitios donde cabras y ciervos presentan evidencias claras de consumo por parte de los grupos neandertales. Estos casos, como los burgaleses de Cueva Millán o La Ermita, no cuentan sin embargo con muestras muy representativas, al tiempo que en ellos los carnívoros también han estado presentes [29].

El yacimiento de Cueva Corazón, por su parte, ha proporcionado por el momento 1.145 restos, entre los que han sido determinados de forma taxonómica y anatómica 228. Las especies identificadas son el gran bóvido, el caballo, la cabra, el ciervo, el rebeco, el corzo, el jabalí, el conejo, el tejón y el zorro. El animal que más número de restos ha proporcionado por el momento es el caballo, con casi el 50% de los restos óseos. Sigue en importancia la cabra, con más del 30% de los restos y, a continuación, los demás animales. La representación de estas especies en el yacimiento se corresponde perfectamente con la orografía próxima del entorno, ya que se muestra como un paisaje abierto a praderas intercalado con zonas abrigadas de roquedo. Esto condiciona que caballos y cabras pudieran ser aportados completos al yacimiento, tal y como refleja la predominancia de elementos craneales y de las extremidades.

Las alteraciones óseas que hemos observado sugieren que el ser humano fue el principal agente involucrado en el aporte de los animales en Cueva Corazón.

____________

[28] Díez Fernández de Lomana, 2006.
[29] Yravedra, 2008.


Fernando Diez Martín, Policarpo Sánchez Yustos,
José Yravedra Sáinz de los Terreros, 
José Ángel Gómez González y Diana Gómez de la Rúa
Aruz ediciones, 2015
colección de historia montaña palentina



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