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Una ventana a la vida

Vivir es a veces difícil, doloroso. Sentimos que la cuesta se nos hace cada vez más costosa de subir. Y esa terrible sensación de que cuando algo nos sale mal, luego llega algo peor y más tarde otra cosa más y nos embadurnamos en la desazón de sentir que nuestra vida se ha convertido en un cúmulo de desastres, uno tras otro, y con los que no tenemos mucho que ver. No hemos hecho nada para merecer semejante sucesión de castigos. “Que se corte la mala racha”, pensamos una y otra vez tratando de imaginar porqué la vida se ha ensañado así con nosotros. A esto se agrega la tendencia de mirar a nuestro alrededor. ¿Y qué vemos? Si intentásemos ser imparciales veríamos gente en nuestra situación, otros en una mejor, aquellos que lo pasan muy bien como si vivieran en otro mundo (y que no siempre tiene que ver con las posesiones materiales o el dinero) y algunos que están aún peor que nosotros. Sí, peor. Aunque parezca mentira, siempre habrá alguien que estará peor que nosotros aunque no lo podamos creer. 


Rudy Spillman

Nunca llegaremos a figurar en el “Libro de Records de Guinness” por ser nosotros la persona que peor lo pasa en el mundo. Pero nuestra tendencia melodramática nos dejará ver solamente a aquellos que están mejor que nosotros. Incluso a los que son felices. Y ello nos sumergirá en un pozo todavía más profundo. “Somos los únicos y más grandes desgraciados”, nos diremos a nosotros mismos. No podemos advertir en aquel momento cuanto nos equivocamos y quizás inconscientemente tampoco deseemos hacerlo. De todas maneras duele, lloramos, nos deprimimos, nos angustiamos. Incluso por momentos quedamos paralizados por la maligna idea de que no importa lo que hagamos, de todas maneras todo irá cada vez peor. Lloramos, lloramos, lloramos. Pero nuestras penas no terminan de lavarse. La sucesión de inconvenientes, de situaciones no deseadas continúa. Pero el tormento debe cesar. Dicen que “no hay mal que dure cien años ni cuerpo (y mente, diría yo) que lo resista”.
Entonces pareciera que en algún momento descubrimos que si las desgracias en el afuera no cesarán al menos debemos lograr que cesen las de nuestro interior, pues de esa manera es imposible continuar viviendo toda la vida.

En el momento que cada uno de nosotros lo deseemos de verdad, en medio de tanta oscuridad podremos producir el milagro de ver aparecer una ventana que se nos abre a una infinita sucesión de posibilidades representadas por el intenso brillo de un haz luminoso que sabrá traer a nuestras vidas la paz y el amor que deseamos, la felicidad que merecemos. La ventana será nuestra mente, la luz nuestros pensamientos. Así, la oscuridad y negrura que rodea nuestras vidas de pronto se hará tan clara que nos dará la sensación de estar viviendo dentro de un Sol propio que nos cobija y nos proteje ofreciéndonos su calor sin quemarnos. A partir de entonces descubriremos que nuestra ventana pende del aire permaneciendo siempre abierta y cerrada a la misma vez. En ese preciso momento advertiremos la inmensa fogosidad del tiempo. Lo efímera e inquieta que es cada fracción de segundo. Que tanto lo que nos place como lo que aborrecemos habrá quedado en el pasado apenas con un chasquido de nuestros dedos.

De pronto, cuando nos decidamos a crear esta realidad para nosotros, como por arte de magia podremos observar el milagro de que en nuestro entorno, en el exterior, las cosas también cambian. La oscuridad se desvanece, todo se aclara. Lo que fallaba empieza a salir bien. Todo comienza a ir sobre ruedas. Se ha producido el milagro. Pero sólo cuando advirtamos que no se trata de un milagro sino de algo que siempre ha estado allí a nuestra disposición y lo único que teníamos que hacer era tomarlo, recién entonces nuestra ventana quedará abierta por siempre sin posibilidad de volverse a cerrar y nuestra oscuridad… quedará reducida a la del descanso cotidiano, aquella que aparece detrás de nuestros párpados cuando hemos decidido visitar nuestros sueños.


* Miembro de la Asociación Israelí de Escritores en Lengua Castellana (AIELC).
* Miembro de Escritores Club (Agrupación de Escritores Independientes de Habla Hispana).
* Asesor de la Academia Filosófica Hebrea "Sinaí".


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El favor denegado

¿Me puedes hacer un favor? Lee este artículo detenidamente hasta el final. Si no lo haces, no vuelvas más por aquí. Te retiro mi amistad para siempre.


Rudy Spillman



Sé que quienes me conocen estarán pensando que en estos precisos momentos escribo desde mi internación en algún instituto neuropsiquiátrico por haberme vuelto loco. Pero no, esto no es así. Todavía no.
De este pequeño conjunto de frases con el que comienzo el post se pueden aprender varias cosas. La principal de ellas consiste en las constantes contradicciones en las que incurrimos los humanos y de las que pareciera que no deseamos salir.

He traído estas cuatro primeras oraciones con las que comienzo mi escrito a los efectos de que analicemos juntos su contenido:

Empiezo pidiendo de ustedes un favor pero luego de inmediato los amenazo con una represalia en caso de no ser satisfecho en mi pedido. En realidad, lo que yo llamo "favor" es una "exigencia". Un favor es un pedido de prestación de servicio o entrega de algo material o no y puesto a consideración del eventual benefactor teniendo en cuenta la posibilidad de una respuesta tanto afirmativa como negativa. Si sólo aceptamos la primera no estaremos pidiendo un favor sino exigiendo algo en nombre de una amistad, relación familiar, favor brindado por nosotros con anterioridad, o cualquier otra excusa. En el caso específico de que el pedido se sustente en un favor hecho por nosotros con anterioridad y en nombre del cual a título de reproche realizamos el reclamo quedará en ese momento al descubierto que el tan mentado favor que creemos haber desinteresadamente realizado no era en nuestro inconsciente más que un "trueque" a futuro: "Yo te hago el favor hoy, pero tú quedas en deuda conmigo para mañana". Esta actitud no reviste ningún tipo de favor. Más se parece a una transacción comercial.

Bueno, aunque se me pueda acusar de no haberme apurado demasiado en aclararlo diré que todo parecido del texto al comienzo de esta nota, con la realidad es pura coincidencia. Siempre he sido y continúo siendo respetuoso de la libertad de cada uno a hacer lo que le plazca. Y me alegro de que así sea. Y de que cada vez que alguien me niega un favor me invada la seguridad de que por algún motivo que no necesito conocer, no ha podido hacérmelo. Es mucho mejor y seguramente más cierto que comenzar con esas acostumbradas cavilaciones que nos llevan a suponer que por algún vil motivo no ha querido hacérmelo. Y nuestro hasta ayer amigo de pronto se vea convertido sin razón, en enemigo.

De esa manera es como muchas veces vamos envenenando nuestro corazón con pensamientos que crean sentimientos en nosotros que no hacen más que ayudarnos a vivir una vida cada vez más miserable. Y lo más triste es que pensamos que han sido provocadas por los demás cuando en realidad siempre se originan en nosotros mismos.


* Miembro de la Asociación Israelí de Escritores en Lengua Castellana (AIELC).
* Miembro de Escritores Club (Agrupación de Escritores Independientes de Habla Hispana).
* Asesor de la Academia Filosófica Hebrea "Sinaí".


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Nadie tiene la culpa por nada

Si deseamos ahondar en un segundo nivel, podríamos aseverar sin temor a equivocarnos, que no existe un mortal en pie que pueda ser culpado por algo.

Rudy Spillman




Se entiende que viviendo en sociedades civilizadas no podremos dejar correr este principio. Esto significaría la anarquía total y absoluta. Todo depende del nivel de comprensión en el que nos encontremos. O nos queramos encontrar. Vivimos en una sociedad en que las leyes nos obligan a hacernos responsables por nuestros actos (incluyendo nuestros dichos como una forma más de actuar). Esto parece ser lo lógico, aunque exista cada vez más gente intentando evitarlo, como así también, endilgando sus errores en otros o adjudicándose aciertos que no les pertenecen. Las normas en cualquier sociedad vienen a poner orden instaurando principios de justicia y equidad basadas en la lógica según es entendida por la mayoría en el lugar geográfico y tiempo cronológico en que nos encontremos. Éste es un primer nivel de comprensión y por lo visto, el único viable y aplicable.
Si deseamos ahondar en un segundo nivel, podríamos aseverar sin temor a equivocarnos, que no existe un mortal en pie que pueda ser culpado por algo.

Sin embargo aquí nos referimos a una culpa que no puede ser tocada ni por las leyes de los hombres ni por la moral. Proviene de la ley física de causa-efecto y no carga con tilde moral o ético alguno.

El famoso actor Will Smith declaró en su oportunidad, con palabras similares, que Hitler había actuado convencido de que hacía lo correcto. Sus declaraciones causaron conmoción en el mundo periodístico. El actor estaba en lo cierto. Pero nadie se molestó en interpretar correctamente sus palabras.

En un primer nivel de comprensión y que corresponde al buen y normal desarrollo de nuestra vida terrenal, Hitler continúa siendo el mismo monstruo de siempre, responsable de una de las atrocidades más espeluznantes en la historia de los genocidios y pasible de las penas más severas.

En un segundo nivel, "profundizando", lo que no significa "justificando", todo hecho tiene su explicación (lo cual no significa que hubiera una razón para que sucediera), como todo acto humano la tiene también.
Siento en este momento la impotencia propia de quien ha tocado un tema que fácilmente podría llenar estanterías y continuaría siendo insuficiente. Siento la invalidez propia del tullido que desea avanzar aun sin piernas.
Los dejo con una escueta síntesis del tema que he tocado en mi último libro publicado. Es otra versión de lo que por "culpa" solemos entender.

Asumir Responsabilidad sin Sentir Culpa

Un fenómeno muy común entre nosotros, los mortales, es el corrosivo sentimiento de culpa que solemos sentir, en especial, los que somos considerados seres "normales", en contraposición con los seres "sin escrúpulos", entre los que se cuentan muchos criminales y también a veces los que no lo son. Los psicópatas conforman otro de los grupos dentro del género humano que no cuentan con la posibilidad de desarrollar el sentimiento de culpa.

Lo anteriormente expuesto no significa que la "gente buena y normal" esté haciendo bien cuando se tortura sintiendo culpas. Es importante distinguir entre los que poseen la tendencia a sentir culpa por todo (o casi todo). Ellos se sentirán culpables por los hechos sobre los que en realidad son responsables, pero también sobre los que no lo son o les atañen a veces en forma lejanamente indirecta: Si no le hubiese permitido viajar esto no hubiese pasado, diría una madre angustiada al enterarse del accidente sufrido por su hijo, sintiendo ser la responsable directa del hecho. Estos individuos suelen disponer de grupos enteros de familiares y amigos dispuestos a convencerlos de que en realidad no han tenido responsabilidad alguna sobre lo acontecido. Y están también los que suelen sentir culpa, a veces con la misma intensidad que los anteriores, pero sólo luego de haber realizado un balance más objetivo y llegado a la conclusión de que les corresponde la culpa que sienten.

Por último, están y que no son pocos, los que "a priori" han decidido no ser culpables prácticamente de ningún hecho. Su actitud suele ser inconsciente pero sistemática, revistiendo el carácter de "misión casi imposible" el lograr convencerlos de su responsabilidad en algún hecho. Es probable que el intenso dolor propio o ajeno vivido en alguna situación de culpa experimentada en el pasado haya creado defensas por las que el individuo decida no volver a sufrir una situación emocional y afectiva similar. Aun así, no son conscientes de que lo único que resuelven, en tal caso, compete sólo al factor exterior revestido por su relación con los demás. En su fuero interno, su subconsciente alberga ese sentimiento de culpa, el que de una forma u otra molestará al individuo hasta que logre concientizarlo y lidiar con él. La sociedad los suele tildar de personas que están siempre a la defensiva. Pero dentro de ellos mismos, muy profundo, se libra una constante batalla de la que no suelen lograr defenderse con éxito.

Sin descartar el escuchar la opinión de los demás y tomarla en consideración, en última instancia, cada uno de nosotros deberá realizar un honesto examen de conciencia a la hora de indagar sobre su probable responsabilidad respecto de hechos que hayan causado algún daño o perjuicio. Pero si corresponde, y no ha sido intencional, asumir la culpa reparando en la medida de lo posible el daño causado y la predisposición a aprender una lección de vida que nos evite repetir el mismo error en un futuro, es suficiente. Los seres humanos somos imperfectos. Sentir la culpa nos causará un daño anímico agregado que en ningún caso reparará el daño causado.

El sentimiento de culpa en sí mismo es un sentimiento estéril que no lleva implícito propósito alguno que no sea la autoflagelación. Por supuesto que, como todo sentimiento, no resulta fácil de manipular a voluntad. Si existe, no se puede impedir a uno mismo el sentirlo. Pero reflexionar sobre lo dicho probablemente permita disiparlo con naturalidad y criterio, evitando así, que éste nos continúe atormentando.

* Miembro de la Asociación Israelí de Escritores en Lengua Castellana (AIELC).
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* Asesor de la Academia Filosófica Hebrea "Sinaí".


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Nuestra relación con el dinero

Toma la debida distancia del dinero a los efectos de poder atribuirle su verdadero valor. Si no permites que compre tu moral o que adquiera el dominio sobre ti, si logras adjudicarle su verdadero valor como herramienta de pago de todo lo necesario y lo utilizas como elemento de estabilidad material para hacer frente a las necesidades propias y las de los tuyos, lograrás servirte de él y no que él se sirva de ti. No lo utilices para obtener poder, no dejes que engendre en ti el sentimiento de codicia. No le permitas al dinero cambiar quien tú eres y estarás colocándolo exactamente en el lugar que le corresponde.Si has logrado purificar tu amor lo suficiente, sentirás la necesidad de compartir con el prójimo necesitado, una parte de tu dinero que consideres sobrante.


Rudy Spillman.



Siempre recuerdo una anécdota de mis años en la universidad. Yo cursaba una materia llamada "Economía Política" y me entusiasmaba el dinamismo práctico y tan poco protocolar que aquel profesor de baja estatura e incipiente calvicie solía imprimir a la materia. Tampoco tenía aspecto de profesor y mucho menos la figura de quien impartiera enseñanza en una Facultad de Derecho. Aprendí mucho de él y fue una agradable experiencia. Una tarde, durante una de sus exposiciones, intentó explicar a sus alumnos, qué era lo esencial que movía al mundo desde el confín de todos los tiempos. Y debido a que un profesor en la universidad, por más chabacano que pudiese ser, no daría su explicación cantando y bailando la famosa canción de la película Cabaret, con la gran Liza Minnelli: "Money makes the World go round", optó por mirarnos a todos en forma pausada y sonriente, y explicó: "Si seres extraterrestres lograran acercarse a nuestra galaxia y rodear las inmediaciones atmosféricas de la Tierra... ¿saben ustedes, señores, que harían si vinieran con fines de conquista pacífica a nuestro planeta, luego de una corta observación secreta? El jefe estratega le hubiese comunicado al resto de los invasores: "Debemos hacernos de todos esos papelitos que hay allí abajo, trás los cuales todos corren desesperados. Una vez los tengamos en nuestro poder, los tendremos conquistados a todos los humanos".

Desde mi humilde perspectiva, he querido aportar mi grano de arena, tocando este tema tan conflictivo y que tan confundidos nos tiene desde tiempos inmemoriales, dedicándole unas líneas en mi libro: Recopilando Reflexiones ¿Hacia dónde nos dirigimos?, y que transcribo a continuación.

"...y por si eso fuera poco y por el mismo precio..." (conocida y famosa frase utilizada en la jerga de los vendedores ambulantes en la vía pública de mi ciudad natal, cuando éstos ofrecían a quien comprara su producto, otros cuatro más a título de regalo), les propongo revivir esa inolvidable canción en la voz de Liza Minnelli y el maestro de ceremonias de la película Cabaret, a través del video clip. Nos permitirá disfrutar mientras reflexionamos sobre el tema.

Nuestra Relación con el Dinero

Difícilmente exista situación más engañosa que la que expone nuestra relación con el dinero. La mayoría de nosotros creemos saber cuánto lo amamos o lo odiamos (figurativamente), pero no sabemos advertir que este sentimiento nuestro, por así decirlo, se encuentra relacionado con qué cantidad del mismo poseemos o carecemos. A veces, también tiene que ver con qué hemos obtenido del mismo, además de posesiones y/o bienestar. O qué es lo que pretendemos obtener. Resulta que quien haya interrumpido su relación con un ser querido por desavenencias económicas, quedando un vacío en su corazón; o quien haya sufrido un ataque cardíaco o cualquier otro trastorno grave de su salud como consecuencia de las peripecias económicas vividas (por dar sólo algunos de los tantos ejemplos existentes), suponemos que no manifestará hacia él gran simpatía, aun cuando reconozca su necesidad de poseerlo, como un mal necesario. Quien haya padecido profundas penurias económicas, a veces junto a sus familiares (pobreza, hambre, enfermedades, hasta llegar a veces a la muerte por falta de atención médica y/o provisión de medicamentos) creará probablemente, un lazo indestructible con el dinero que colocará a éste en primer lugar en su lista de prioridades con el único objetivo de obtener poder a través de su posesión y evitar carencias futuras.

Es también conocida la situación psicológica de alta dependencia al dinero con motivo del mal manejo o manipuleo de sentimientos como el amor, los celos, la envidia y por supuesto, la codicia, entre otros. En todos estos casos, la persona se crea la ilusoria sensación de poder satisfacerse afectivamente a través de su posesión. Aun en los casos en que dichas personas lograran relacionarse con otras que accedieran a vender sus afectos por dinero, esta actitud no dejaría de ser un error, en cuyo contexto ambas personas quedarían convertidas en víctimas de la misma trampa.

La obtención de dinero no puede nunca configurar una meta en sí misma, sino ser sólo vehículo para la obtención de ciertos objetivos. Pero dichos objetivos, como la adquisición de la casa, el automóvil o la avioneta de nuestros sueños, se descubrirán como metas ilusorias para lograr la felicidad plena, ni bien sean adquiridas.

El dinero en sí mismo no posee ningún valor intrínseco. Se trata de un trozo de papel o moneda a los que por motivos de comodidad se les adjudica un determinado valor. Es el intermediario existente entre los objetos de valor, consumo y servicios, y nosotros. Es la versión moderna y ágil del antiguo trueque.

Colocar la obtención de dinero como una meta en nuestra vida es un error que arrastra errores creándonos la ilusión de que acumulando cantidades astronómicas del mismo, seremos felices. No precisamos explicar aquí que esto no es cierto. Los resultados están allí fuera, por doquier, al alcance de todos los que deseen enterarse.


* Miembro de la Asociación Israelí de Escritores en Lengua Castellana (AIELC).
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Anarquía asolapada

El cinismo humano nos lleva a presenciar la lucha de los "buenos" por defender las democracias del Mundo en aras de que los pueblos puedan mantener sus legítimos derechos de decidir sus propios destinos, cuando la Humanidad toda se encuentra a expensas de las decisiones de unos pocos.
Cuando nuestro éxito dependa de la aplicación de violencia, el fracaso de nuestra empresa por haber renunciado a ella, nos proveerá el mayor de nuestros éxitos: la paz espiritual que nos brinda el amor, el que se purificará más con cada renunciamiento que practiquemos por tales motivos.


Rudy Spillman


Vivimos tiempos en que se nos hace cada vez más necesario expresarnos, diciendo con todas las palabras lo que sentimos y pensamos. Retrotraigámonos un tiempo en la historia. ¿Dónde están los "San Martín" de los países sudamericanos, los "Lincoln" de los E.U.A., los "Gandhi" de la India, los "Ben Gurión" de Israel? Y así podríamos continuar indefinidamente nombrando gentes, países, situaciones... remembranzas de un pasado no tan lejano. Pero que ha quedado atrás. Nos abraza cada vez con más fuerza, la sensación de que esos tiempos no volverán.

La tierra se ha podrido. Ya no crece nada sano y pareciera a veces, que no quedase lo qué cultivar en ella.
No hablamos aquí de política. Los personajes históricos mencionados son personas y los personajes de historieta de hoy día intentan serlo. La política la hacen las personas y sólo a ellas me refiero.

Dos palabras que nos han acompañado durante largos años de historia, hoy subsisten tan solo en nuestro vocabulario y nuestra memoria: interés común. Un mal que no reconoce fronteras se ha apoderado de nosotros. Amenaza con extenderse como una plaga hasta abarcarlo todo.

La inusitada expresión de la violencia con sus llamativos matices es sólo un síntoma del germen que nos ataca.

Debiéramos saber unirnos amén de los límites territoriales. Debiéramos saber recordar las sabias palabras de Jean-Jacques Rousseau, en su libro El Contrato Social: "El hombre nace libre, pero en todos lados está encadenado". Debiéramos poder advertir finalmente, que sólo cediendo de nuestras libertades individuales podremos recuperar como un todo, atesorando bienestar y seguridad.

Sepamos matar el germen y habremos eliminado la enfermedad.

Transcribo a continuación, y a propósito del precedente artículo, un fragmento extraído de mi libro: "Recopilando Reflexiones ¿Hacia dónde nos dirigimos?"

La Violencia

Es sabido que desde hace millones de años el hombre viene evolucionando como todos los seres vivos. Difícil resulta precisar cual es el momento exacto en que el germen de la violencia se instala con las características propias que lo hace en la especie. Es probable que sea con la aparición del homo sapiens, cuyo cerebro muestra características definitivamente diferenciales. Tanto el hombre de Cromagnon como el de Nederthal desarrollan la habilidad de producir fuego, mejoran notablemente la fabricación de herramientas inicialmente utilizadas para la caza, reuniéndose en grupos que encuentran la forma de comunicarse, aun sin idioma pero sí a través de ideas abstractas. No es éste el espacio adecuado donde analizar los motivos por los cuales la violencia se instala en el ser humano con parámetros de crueldad que exceden todo lo imaginable. Pero pensemos que no existe ser vivo aparte del hombre, capaz de ejercer su agresividad hasta el punto de torturar y disfrutar observando el daño causado a sus congéneres.

Pero aun así, hasta hace 20 o 30 años, la violencia en el hombre no había llegado a los niveles de intensidad y proliferación a los que nos hemos debido ir acostumbrando. Basta reparar en las muertes por enfrentamientos, ocurridas en las canchas de futbol, el excesivo y desproporcionado crecimiento de la violencia casera (entre familiares y amigos), destacándose la violencia de género, la que hoy cobra un asombroso número de víctimas entre las llamadas "mujeres golpeadas" o la violencia callejera en manos de la adolescencia, representada por jóvenes cuyas edades nos producen escalofrío; para advertir que en los últimos tiempos algo ha cambiado mucho entre nosotros y en nuestro propio detrimento.

Dejando a un lado los crímenes, la delincuencia, las guerras y otros factores de violencia que siempre han existido, no podemos dejar de mencionar el fenómeno de la aparición masiva en todo el mundo del método "kamikaze" o "bomba humana", que si bien ha existido anteriormente, nunca se había manifestado en las proporciones a las que llega en nuestros días.

La carrera armamentista, el desarrollo y evolución del poder nuclear, químico y biológico nos utiliza a todos los seres humanos de títeres, dependiendo de la salud mental de algunos pocos líderes que decidirán si continuamos con vida o no, según se les ocurra mover los piolines de los cuales nos sujetan, en un sentido o en otro.

* Miembro de la Asociación Israelí de Escritores en Lengua Castellana (AIELC).
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La razón del loco

De entre la inmensa cantidad de inventos y descubrimientos por los que el hombre se pueda enorgullecer, el más sobresaliente por su impacto masivo, coyuntural y de influencia en la casi totalidad de los habitantes del planeta, es el dinero. Basta pensar en la cantidad de gente, por día, que por defender su dinero y propiedades, pierden sus vidas.



Rudy Spillman

Aunque sé que el día 7 de mayo del año 1950 fui parido por mi madre y que por ello es que figura como mi fecha de nacimiento, hace muchos años, demasiados, que vivo con la constante sensación de haber estado siempre, desde todos los tiempos. Es algo que no puedo ver ni comprobar. Ni siquiera puedo decir que invade mi cuerpo. Quizás, mi alma. Pero esta sensación no se encuentra separada de otra. Yo diría que son lo mismo. Conforman un todo. Es la sensación, aunque no sostenida por mi razón ni la aplicación de mis principios de lógica, de que jamás moriré. La idea es incoherente, pero otra no me cabe. Y digo incoherente, porque la idea se entremezcla con la de muerte terrenal. Como si no pudiera creer que mi cuerpo aquí, en este planeta, algún día se acabará. Y esto es lo incoherente. Pero seguramente se trata de algunos misteriosos cables sueltos que han entrado en un temporario corto circuito con la energía universal.

Habrá quienes a esta altura de mi exposición, dirán: "se ha vuelto loco"; y otros quizás: "se ha enterado de la verdad". Lo cierto es que no puedo saber de dónde proviene esta sensación. Sólo sé que se ha apoderado de mí con la fuerza de la convicción absoluta.

Lo que esta situación ha traído a mi ser es un estado de paz y tranquilidad absolutos que ha ido in crescendo con los años. Además, me ha permitido detectar la falta de este estado, en mi cuerpo. Es como si pudiera ver mis trastornos (de todo tipo) desde fuera de mí mismo. Como si una parte de mi ser estuviese en la Tierra, dentro de mi cuerpo, y otra, fuera, en algún lugar de la estratosfera (por mencionar un lugar) y de alguna manera o por algún mecanismo, se mantuvieran constantemente conectadas. Sería como una cadena de internet, pero a nivel universal. Podemos mantenernos conectados al sistema las veinticuatro horas del día aunque no siempre lo utilicemos (naveguemos). Así me siento yo. Permanentemente conectado a las Fuerzas del Universo, aunque no siempre las utilice.

Impregnado de toda esta situación que ya no sé ni cómo llamar, imagino que caigo desde el espacio, poniendo mis pies descalzos y con mi cuerpo desnudo, sobre la tierra de nuestro planeta. Sería una manera "no mundana" o "extraterrenal" de nacer. Sí, es una forma infantil, nazco ya desarrollado. Pero es así como se presentan las imágenes en la sucesión de mis pensamientos. Comienzo a percibir todo a través de los cinco sentidos que vienen incluidos en mi fisiología corporal. Y de pronto me veo inmerso en un lugar ajeno a mí, donde lo primero que hace la gente al llegar, es llorar. Luego, junto con sus cuerpitos que van creciendo, se desarrollan todo tipo de sentimientos, incluyendo "el amor", en una versión muy diferente a la que traen antes de nacer. Y se juntan. Todos se juntan. Necesitan juntarse, para bien o para mal. Y entonces aparece "la enseñanza", tan buena y tan mala. Todos enseñan y todos aprenden. Y a la par de desarrollar sus cuerpos y sus mentes, también desarrollan enfermedades, en los cuerpos y en las mentes.

De entre la inmensa cantidad de inventos y descubrimientos por los que el hombre se pueda enorgullecer, el más sobresaliente por su impacto masivo, coyuntural y de influencia en la casi totalidad de los habitantes del planeta, es el dinero. Basta pensar en la cantidad de gente, por día, que por defender su dinero y propiedades, pierden sus vidas.

Quien llega a este mundo no percibe de inmediato las características del lugar al que ha llegado. Esta percepción se va desarrollando también en forma conjunta con la adaptación al medio y a medida que el individuo desarrolla sus sentidos, su intelecto y su razón. Cuando éstos se le han desarrollado, también se ha adaptado. Por ello es que le cuesta tanto saber si él hubiese hecho las cosas de igual manera de haber contado con la posibilidad de decidir.

Hasta no hace mucho, las revoluciones ideológicas sólo pasaban por el planteo de cambios estructurales en el ámbito terrenal, que es el que palpamos.

Acabamos de ingresar en la era de lo desconocido (sólo hasta que sea conocido), etapa extrasensorial que agudizará al máximo nuestros sentidos, permitirá la utilización de todo el potencial de nuestra mente y una vez flotemos en la eternidad del Universo, sin la necesidad de sentir nada a favor ni en contra, de nada ni de nadie, sabremos que hemos debido pasar miles de años de nuestra historia sumergidos en un ensoñamiento con características de pesadilla y que finalmente hemos despertado. Y esto, no producirá en nosotros alegría. Y tampoco tristeza.

Perdiendo la razón

Quien piense que con total seguridad tiene razón respecto de cualquier cosa, definitivamente, en su concepto básico no la tiene. Y esto es así porque en esta vida no se puede estar seguro de nada en un cien por ciento.

Cuando dos personas discuten sobre un tema, a veces se escucha a una de ellas decir, promediando la discusión: "Tú siempre quieres tener la última palabra". Pero dicha expresión significa que la persona que dirá esa última palabra es la que llevará razón en el asunto debido a que su interlocutor no tendrá nada que agregar o rebatir (procedente de una incorrecta o incompleta interpretación del dicho: "quien calla otorga").

Poca gente llega a descubrir lo reconfortante que puede resultar permitirle tener la última palabra a la persona con quien uno conversa. Las conversaciones llegan a un estadio de cosas en que cada uno dio su parecer volcando en la charla todo lo que tenía que decir. Convenció o dejó sin convencer. Luego, será mayor el disfrute de continuar escuchando (y quizás poder descubrir algo valioso que se nos había escapado) que seguir hablando cuando ya hemos dicho todo. El problema es que si ambos contertulios descubren este paraíso parlamentario finalmente los envolverá un silencio repleto de palabras ya dichas.

Cuando charlo o discuto sobre un determinado tema, a mí personalmente me es útil pensar que es posible que ni siquiera sea yo el que está pensando y hablando. Puede ser que la vida no sea más que otra cosa lejana todavía a nuestra limitada comprensión. Entonces, si así fuera, ¿qué seguridad podría asistirme de llevar la razón en el tema que nos ocupe? Es como encontrarse en medio de un desierto buscando entre sus inmensas arenas un grano de tamaño, forma y color específicos. Pero de pronto y en medio de aquella búsqueda, descubrir la posibilidad de que el desierto no exista.

Querido lector, si no estás de acuerdo con todo lo dicho te concedo la última palabra. De todas maneras no me resulta del todo claro que yo haya escrito este texto y que tú lo estés leyendo.

* Miembro de la Asociación Israelí de Escritores en Lengua Castellana (AIELC).
* Miembro de Escritores Club (Agrupación de Escritores Independientes de Habla Hispana).
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Las píldoras de Rudy Spillman


Desde Israel donde reside el escritor y amigo Rudy Spillman, nos enviaba en Julio de 2010 a nuestra sección de "Invitados", las primeras impresiones de la ciudad Nazareth Illit a la que llegaban en 1989, después de dejar atrás su querida Buenos Aires.
La red nos ha mantenido en contacto desde entonces, quizá no tanto como el que hubiésemos querido, pero sirve de cualquier forma para mantener la relación y estrechar lazos.
Quiero recuperar aquí, para nuestra sección de paremiología, unas reflexiones que Rudy publicaba en Diciembre de 2007, cuyo resumen recoge Google en la sección de "Libros", porque ahora que tan de moda se han puesto en las redes sociales, en momentos tan delicados como el que vivimos, las suyas vienen a decirnos que no cejemos, que si cultivamos nuestro interior no habrá adversidad que nos doblegue.

¿Hacia dónde nos dirijimos?
Autoconsejos de Rudy Spillman

  • —No intentes conformar a los demás, te estarás alejando de tí mismo.
  • —Lleva una vida haciendo lo que te plazca con sólo tres limitaciones: no dañar al prójimo, no dañarte a ti mismo y no permitir que te dañen a ti.
  • —Cultiva tu interior y no habrá adversidad que te doblegue.
  • —No intentes mostrar quien no eres, la autenticidad no disimulada te traerá una paz interior que no se paga con nada.
  • —Luego de un austero y objetivo (en la medida de lo posible) análisis, decide sólo tú sobre tus culpas y responsabilidades.
  • —Hazte responsable de tus actos (errores) sin considerar el costo. Especular con ganancias y pérdidas en estos casos, a futuro, termina siempre en pérdidas.
  • —No permitas que los demás te manipulen. Deja establecidos tus límites claros y precisos desde un principio.
  • —Intenta conocerte cada día un poco más con la idea certera de que cualquier cosa que descubras estará bien o por lo menos mejor que manteniéndola escondida en el subconsciente.
  • —No pretendas tener razón, nadie la tiene. En estos asuntos el que gana, siempre pierde.
  • —No necesitas explicar tus verdades. Con que tú las entiendas, es suficiente.
  • —Relaciónate con los demás pensando que eres tú.
  • Apprende a disfrutar de la soledad y el silencio. Acostúmbrate a meditar sobre bases diarias como si de necesidades biológicas se tratara.
  • —Luego de haber agotado los medios de los que dispones para gozar de una completa salud, acepta las dolencias que te aquejan sin protestas estériles que sólo agravarán tu situación. La enfermedad es parte de nuestra salud. Sabe distinguirte de ella. Cuando deba estar, que habite sólo tu cuerpo.
  • —Vive tu vida con coherencia y respetando tus propios principios y la muerte se te asomará como una amiga que te ayuda a dar los siguientes pasos y tú con satisfacción y sin miedo te envolverás en sus brazos.

De su libro: "El paraíso escondido detrás de nuestras desgracias"
Auto ayuda Autobiográfica.
@2007 Standard Copyright License
ISBN Nº978-965-90580-7-5
Registrado en la Ciudad de Bnei Barak, Estado de Israel,
con fecha 2 de diciembre de 2007.



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Judío bueno = Judío muerto

El colaborador y seguidor de "Curiosón" en Israel, Rudy Spillman, hacía pública hace unos días en su bitácora la carta de Asunción Agulló, de cualquier modo profunda e interesante, que hoy inserto aquí para los seguidores de este blog. Mañana veremos la cara palestina de la mano de Mahmud Abbas, presidente de la Autoridad Nacional Palestina, quien el viernes 23 de septiembre de este año hizo una petición ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas: que Palestina sea reconocida como el Estado 194 del planeta.

Si alguien desea hacer alguna observación al respecto, a favor o en contra, adelante; eso sí, ruego en todo caso respeto y más si alguien decide utilizar seudónimo.

  • Introducción de Rudy Spilman
Israel viene explicando sus razones hace ya décadas. Mostrando su especial interés en que la entiendan. Lo que Israel no parece entender es que a muy pocos les interesa entenderla por más pruebas que existan avalando su postura. Israel comete errores y lo reconoce. Incluso, a veces, aunque intenta por todos los medios evitarlo, causa la muerte de inocentes. pero en la situación que vive Israel, ¿cómo lo harían los demás?
Creo que ha llegado la hora en que Israel debería tomar su propio destino en las manos. Realizar una declaración anunciando la más importante de sus decisiones. Pero no a los palestinos ni a los árabes sino al mundo entero. Y anunciar que, de la misma manera que lo hacen las demás naciones, no volverá a explicar lo evidente, no pedirá permiso para defenderse y continuará respetando a quienes la respeten. Sí, es probable que en un principio reciba embargos, quede aislada, el mundo intente castigarla con sus rabietas de niño consentido. Estarán también los que la apoyen y comprendan. Aunque es verdad que en este caso, Israel no es el padre ni el mundo su niño, pero deberá entender que vale la pena el cambio para conseguir el amor y respeto mutuo de la gran familia planetaria. En definitiva, en la sociedad, sólo quien sabe "mostrar sus límites" puede evitar la manipulación por parte de los demás. Y de no ser así, mejor solo que mal acompañado.


El único judío aceptado es aquel que está 3 metros bajo tierra

Llamemos a las cosas por su nombre, ¡ Fuera caretas!, ¡Fuera hipocresías!, ¡Que salga a luz las verdaderas intenciones y los sueños más profundos de tanto hijodeputa que anda suelto en los gobiernos europeos, en las redacciones de los periódicos y en las televisiones! ¡Que los “oenegistas” expresen a las claras su pensamiento antisemita, que saquen sus Mein Kampf de las faldriqueras! ¡Qué digan lo que piensan! : “El único judío bueno es aquel que está muerto”.
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Vamos a dejarnos de gaitas, a los únicos seres humanos sobre la faz de la tierra a los que se les niega su derecho a la legítima defensa, al honor (como personas, como pueblo y como país), a proteger a sus hijos y defender su país es a los judíos… quizá porque muchos vibran de emoción pensando que Adhmanideyad pueda terminar lo que empezó Hitler.
- Siempre he dicho que el único momento en el que los muy cristianos europeos sentimos un ápice de solidaridad o compasión hacia los judíos, fue cuando iban en filas ordenadamente y sin protestar a las cámaras de gas…. Solo nos duró un momento, porque en el fondo al europeo medio le jode tener sentimientos humanos hacia los judíos, así es que rápidamente aprendimos a liberarnos del complejo de culpabilidad por haber mirado hacia otro lado cuando Hitler, el ídolo de los “activistas de Hamás”, desarrollaba “su misión” con eficacia germana en los campos de exterminio, aprendimos después a despojar a las víctimas de hace 70 años de su dignidad, negando su dolor, negando nuestra complicidad en el horror, negando la magnitud de la barbarie, negando la propia existencia de los campos, echándoles la culpa de lo que “les pasó” (como si hubieran tenido un tropiezo fortuito) y 70 años después, seguimos igual………..negando los ataques de todos los tarados islamofascistas que rodean a Israel, minimizando e incluso justificando los “cohetes caseros” que lanza Hamas, (que sin embargo producen muertes por cientos), “entendiendo” a los cabrones que se explotan en una pizzería o en autobús, olvidándonos de los niños israelíes que aprenden a esconderse en un refugio anti-aéreo antes que a leer……
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La pregunta es ¿Por qué? ¿Por qué los judíos son condenados “preventivamente”? ¿Por qué la embajada de Israel es cercada, apedreada y sitiada? ¿Porqué una madre judía tiene que ver cómo sus hijos se ponen a llorar aterrorizados con las sirenas que indican la caída de un misil encima de su colegio, su cama, su calle, etc… mientras que ninguna madre gentil aceptaría ni una centésima parte de esa presión? ¿Por qué los arquitectos judíos proyectan los restaurantes a fin de evitar que una posible onda explosiva fruto de un cinturón explosivo islamonazi mate a cientos, en vez de por criterios estéticos o funcionales? ¿Por qué los pisos cercanos a Gaza tienen un cuartito de hormigón que no es una despensa sino un refugio antiaéreo?, ¿Por qué España, Inglaterra o USA tiene derecho a defenderse y los soldados Israelíes tienen que servir de diana para que una panda de cabrones haga prácticas de tiro con ellos? ¿Por qué Israel tiene que cometer suicidio como país? ¿Por qué sus ciudadanos deben dejarse cazar como conejos?
Y sobre todo, ¿Por qué coño nos creemos los europeos con derecho a juzgar a Israel? ¿Por qué nos creemos el ombligo del mundo? ¿Por qué no reconocemos nuestros errores con los judíos, (tenemos una larga tradición) e intentamos compensarlos en vez de darles clase de ética? La respuesta por desgracia, es clara: porque muchos occidentales enfermos de un antisemitismo tan feroz como analfabeto piensan que el mundo sería un lugar mejor sin Israel, lo cual , no nos engañemos, es lo mismo que pensar que el mundo sería un lugar mejor sin judíos, porque, ¡vamos a ver! ¿nos creemos que va a haber un solo judío tan gilipollas como para pensar que nosotros, los gentiles europeos, íbamos a enfrentarnos con riesgo para nuestras vidas a los fascistas del turbante para garantizar su seguridad? …¡suena a chiste!
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Los judíos necesitan tener un estado para garantizar que NO se repita el episodio más vergonzoso de la historia: La shoa, el holocausto. El que niega el derecho de Israel a defenderse en un mar de barbarie y locura, niega su derecho a la existencia, y el que niega el derecho de existir a Israel, lo hace porque no le importaría que con el país desaparecieran sus ciudadanos y si es posible algunos judíos más de los que están en la diáspora….
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Porque son tan cabrones que piensan que SOBRAN LOS JUDÍOS…. Porque piensan, al igual que muchos de sus “hermanos musulmanes”, que el único judío bueno es aquel que está muerto.

Asunción Agulló

PD: NO soy judía y NO soy Israelí, y NO me engañan los oenegistas que realizan “labores humanitarias” con cuchillos de caza y barras de hierro.

Fuente:
Libro Abierto , de Rudy Spillman
Israel y el niño consentido
Otra entrada de este autor en "Curiosón invitado"
Vivir en las nubes


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Vivir en las nubes



Rudy Spillman
Libro Abierto




En primicia para nuestro blog, desde Israel



El 4 de mayo de 1989 llegamos con mi mujer y mis cuatro hijas (la menor de ellas tenía algo más de tres meses de edad) a Israel. No le recomendaría a nadie que se muda, no de apartamento o casa sino de país, llegar a su nuevo hogar, de noche. Todo se ve más oscuro. Hasta puede resultar tétrico. En tres días más yo cumplía cuarenta años. La fecha pasó sin pena ni gloria. Ni yo mismo la recordaba. Había cosas mucho más importantes que distraían nuestra atención.

Desde Buenos Aires, capital de mi querida Argentina y donde todos habíamos nacido debimos volar alrededor de veinte horas. La fisonomía de la ciudad a la que arribamos en Israel no tenía ni de lejos similitud con nuestra ciudad natal. Largos caminos, montañas, planicies. Se veía todo oscuro, pero se veía. Viajábamos en una minivan con más gente que por supuesto no conocíamos. La pequeña ciudad de Nazareth Illit nos esperaba.

Al llegar al Centro de Absorción (Mercaz Klitá) de la ciudad anfitriona que nos hospedaría durante los próximos tres años la primera sensación de la que fuimos presa mi mujer y yo, fue que habíamos llegado a un sitio abandonado. Cabe notar que llegábamos de otro en el que nos habíamos codeado permanentemente con más de diez millones de almas todos los días, la mayor parte de ellas desconocidas pero que habían sabido alimentar nuestra visual y nuestros oídos durante varias décadas. El nuevo lugar nos ofrecía edificios de aspecto relativamente antiguo, bajos, apenas tres o cuatro pisos por escaleras. Entre los mismos se veía vegetación, sólo vegetación. Nos parecían construidos con cartón. Nuestras hijas se divertían, estaban contentas, todo era una aventura para ellas. La misión, de momento, era intentar guardar bien dentro nuestras emociones y que las niñas no notaran la creciente angustia que se almacenaba en el corazón de sus padres. Lo logramos.

Antes de ingresar al Centro de Absorción y mientras bajábamos del vehículo intentando cargar con los bolsos y valijas que traíamos (el verdadero equipaje viajaba por barco a través de la Empresa ZIM) vimos varios montones de bultos blancos multiformes desplazándose por el cielo. Pasaban muy cerca de nosotros, casi a la altura de nuestros cuerpos. Era lo más parecido a vapor condensado que había visto pero nunca de aquella manera. Creo que no tuvimos tiempo de sentir algo al respecto puesto que el conductor de la van, quizás al ver mi rostro de asombro se apuró a decir en inglés (mi hebreo era tan precario por aquel entonces, como inexistente): "Clouds". Lo que estábamos viendo eran nubes. Nos encontrábamos a más de quinientos metros sobre el nivel del mar.

Recibimos una especie de apartamento pequeño. De inmediato se acercaron vecinos de la colectividad latinoamericana que residían allí desde tiempo atrás y empezaron a llenarnos la heladera de alimentos. Recuerdo entre ellos a una familia argentina, de Córdoba. Sobre la hospitalidad en aquel momento y también después no teníamos queja alguna que hacer. Estábamos todos cansados. Ordenamos un poco nuestras cosas, dimos las "buenas noches" a nuestras hijas en su habitación y nos encerramos en la que era la nuestra. Mi mujer y yo nos abrazamos estando ya en la cama y nos pusimos a llorar. Intentábamos hacerlo en silencio para que las chicas no nos escucharan. En ese momento pensamos que quizás habíamos cometido el mayor error de nuestras vidas. Pero sólo luego descubrimos que no fue así. Era muy pasada... la medianoche.

A la mañana siguiente, al despertar, lo primero que hicimos fue mirar a través de la ventana. No lo podíamos creer, el lugar se veía por completo distinto. No sabíamos en aquel momento si en realidad tal cambio era real o producto de nuestra imaginación haciendo un esfuerzo más por adaptarnos. Quizás nuestro nuevo lugar de residencia no era ni tétrico ni paradisíaco. Simplemente era distinto a lo que estábamos acostumbrados. Pero que más daba. Ya estábamos allí y dispuestos a emprender una nueva vida repleta de éxitos. De pronto nos sentimos contentos, muy contentos. Y esta nueva sensación sí quisimos transmitírsela a nuestras hijas. De lo que habíamos experimentado a nuestra llegada, le echamos toda la culpa a la noche.

Ustedes se preguntarán: "¿Y qué tiene de "curioso" el relato?"
Pues bien, la anécdota estriba en que lo que una vez empezó pareciendo la decisión más descabellada y el fracaso más rotundo de la familia, se convirtió al poco tiempo, al entender de mi mujer y mío propio, en la concreción del proyecto más exitoso de nuestras vidas.

Hoy, veintiún años después de aquella lúgubre primera noche, rodeados de misteriosos nubarrones, entiendo que he cometido muchos errores en mi vida. Pero si de algo puedo sentirme orgulloso, esto es de nuestra inmigración (aliá) a Israel.
Nuestras hijas nos lo agradecen cada vez que se presenta la oportunidad, y amén de lo subjetiva que mi forma de pensar pueda resultar, definitivamente eso, es lo más importante.


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