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La luz

(1.11) SIMBOLOGÍA ARQUITECTÓNICA

Ascendamos. Ayúdame, amigo/a, a encontrar la Luz.


Es elemento "arquitectónico" para el constructor del románico que intenta hacerla "pasar" por tres ventanas en el ábside significando que, como la Trinidad, entran tres haces de luz pero la luz es una sola, y al penetrar sobre el altar a hora prima, asemeja lux mundi, con lo que el fiel que entra al templo se siente sobrecogido por la iluminación, deslumbrado por la luz, material y mística; esa mística en que la inmaterialidad humana impide el acercamiento a la luminosa inmaterialidad de Dios, y por ello todos los recursos técnicos y estilísticos se combinan en una forma que tiene como fin elevar el alma del espectador a Dios.

Por medio de la luz adquirimos, aprehendemos y comprendemos el mundo, porque ella da carácter a la objetividad del espacio. No lo determina, sino que determina el espacio que de él tenemos ya que nada hay en la oscuridad que pueda convertirse en verdadero.


La luz del sol se derrama constantemente como un bien inefable, hace vibrar la materia, le da vida. A través de ella tomamos consciencia de su transcurrir sin pausa; de su linealidad y comportamiento cíclico, pero no sólo la luz; es necesaria la materia iluminada frente a la sombra.

La luz en el Románico, conscientemente utilizada como recurso arquitectónico, es capaz de emocionar. Hacer vibrar el espacio y lleva al hombre a estados de ánimo que trascienden lo ordinario.

" Arquitectura sine luce, nulla arquitectura est". Interesa su simbolismo en las construcciones del templo porque contiene valores imperecederos que van más allá del aspecto externo, capaces de perseverar en la incertidumbre del transcurso de los tiempo del alma.


Y el constructor del templo se vale de ella. Unas veces como luz cenital abriendo un hueco en el plano horizontal del techo para vaciarla sobre la nave; otras, la luz panthei sacralizando el espacio divino previo profundo nártex para permitir su acceso mediante el óculo de la cúpula que hacen convertirla en un cilindro de luz sólida sacralizando el espacio con un milagro inmaterial como aquella cegadora que tiró del caballo a San Pablo; una luz de orden divino que nos desarma porque trasciende a lo eterno. La luz transversal, que se tamiza por los huecos verticales de los muros del ábside llenando el espacio más sagrado, el tabernáculo, de un potente fogonazo trinitario, o la luz mística, dramática, efectista, que pone el foco en el ábside principal sacralizando el espacio con decidida voluntad escenográfica.



Sección para "Curiosón" del grupo "Salud y Románico".


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La cripta

( I. 10)  SIMBOLOGÍA ARQUITECTÓNICA.


Bajo el altar, la cripta. Hay que arriesgarse como los antiguos cristianos que sobreviven en ese momento histórico de tinieblas y catacumbas. Descendamos a ella como para penetrar en nuestra propia alma-personalidad. Bajemos lentamente los escalones que ingresan en el submundo de nuestro cuerpo sutil e íntimo, pues ahí habita la revelación de las verdades por conocer.

Gruta natural y no obstante fruto de la mano del hombre.

Mejor sería denominarlas “templos inferiores”. Símbolo del mundo de ultratumba, necesario para regenerarse y renacer al nivel superior, a la luz. Caverna alquímica. Funeraria, pero al tiempo iniciática. Punto interno y central, centro espiritual. Corazón del templo interior donde se efectúa la comunicación con todos los estados superiores ( supraterrenales) e inferiores (infernales).

La cripta simboliza la raíz del universo – entendido este último como el conjunto del templo –; aquello oculto que origina la vida de todo el conjunto, pues no en vano su etimología griega significa “esconder”. Simbólicamente la tierra es la madre de todo lo viviente, de ella surge toda vida y a ella regresa.


Ni siquiera la cripta de San Antolín de Palencia, que en efecto está bajo el nivel del terreno pero que posee unas delatoras ventanas que hoy no dan a parte alguna y que en su momento si tendrían función, por estar el nivel del piso más bajo que en la actualidad.


Camino de la salvación de los asistentes, desde la oscuridad del infierno del templo inferior a la gloria dorada del superior.

"Sabe tú que este Agni, que es el fundamento del mundo eterno y principial, y por el cual éste puede ser alcanzado, está oculto en la caverna ( del corazón)".




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El altar

( 1.9) SIMBOLOGÍA ARQUITECTÓNICA.

Expresión máxima del sincretismo e hibridación del románico y resimbolización de constantes en antiguas religiones universales (desde el altar nicho de los lares romanos de PORQUERAS en la gerundense Bañolas, hasta el altar baldaquino de los hislanis persas en la soriana SAN JUAN DE DUERO).

Lugar de culto en todas religiones. Mesa de sacrificio, pero también donde se reúne el colegio apostólico de compañeros iniciados, de alimento y libación e institución eucarística.

Símbolo de lo celeste, de lo telúrico y de lo místico. Instrumento de ofrenda y libación a la divinidad pagana; de sacrificio cruento, o escenario de transfiguración eucarística. Monte Tabor de transmutación mística del Pan y Vino en Cuerpo y Sangre. Lugar de encuentro con la divinidad, en definitiva.

Construido sobre piedra (“ Simón, yo digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia”) no labrada " porque al picar piedra con el escoplo queda profanada" (Ex. 20,25) y no debe ser contaminado por el trabajo del hombre, sino permanecer pura y virginal y consagrada según rigurosas Ordines con su lipsanoteca.

Mesa, en fin, sostenida por CUATRO columnas (símbolo totalizador de plenitud que se espiritualiza con lo soportado, pues 4 son los elementos vitales,4 los ríos del Edén, 4 los puntos cardinales, 4 las fases lunares, 4 los ciclos vitales, 4 los Evangelistas...) y dirigida hacia la salida del Sol. Ubicado en la cabecera, antesala del cielo, lugar redondeado y perfecto reservado para el sacrificio y renovación de la alianza y que, como en el abrahánmico (capitel de la portada de la Catedral de JACA) simboliza la humilde resignación al destino personal determinado por Dios.


Mantel blanco que evoca la sábana que envolvió el cadáver del Inmolado; cinco cruces incrustadas en su piedra, cinco llagas; y las Virtudes como peldaños necesarios para acceder.
 


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La cúpula

(1.8) SIMBOLOGÍA ARQUITECTÓNICA.


Cuatro arcos que se enfrentan entre sí. Surgen cuatro triángulos, paños, que se cubren con plementería. Unas veces sobre tambor dividido por pilastras, losería o bandas lombardas y arquerías ciegas; otras, sobre trompas y pechinas: Lo cuaternario (trompa) símbolo de lo terrestre, y lo ternario (pechina) símbolo de lo celeste, armónicamente conjugado, dotándola de una imagen como suspendida en el aire y desprovista de toda gravidez. Si la bóveda representa el cielo, la Cúpula es el alto cielo, el Cielo de los cielos, el cielo visible que, como velo, separa el mundo presente, Tierra, del mundo futuro, Cielo.

Estamos llegando a lo más alto de nuestro templo. Y en uno de los puntos críticos del mismo se alza la cúpula. En los más antiguos templos, el paso del cuadrado al octógono se resuelve por medio de trompas como en el bello lugar de Santa Eufemia de Cozollos (María Bustamante insiste en que no es Cozuelos, sino Cozollos). En muchos templos, como en el que cito, en el arranque de las trompas se hallan esculturas de los cuatro Tetramorfos. Mirar hacia la cúpula es contemplar un Pantócrator, en el que la imagen de Cristo en majestad se sobreentiende en la propia esencia de la bóveda, “El cielo de los cielos”.

En alguna ocasión el sistema de trompas es doble, como en Loarre donde el arquitecto volcó todo su arte en la vertical, porque no le cabía un templo de tres naves en la angostura del precipicio. Mas tarde, soluciones copiadas de modelos bizantinos resuelven la cuadratura del círculo por medio de pechinas. Y es obligado disfrutar de la que hay en Zamora, aunque nos acabe doliendo el cuello de mirar a lo alto. Y hay que considerar cómo aquellos “compañeros constructores” las edificaron. También necesitaron de una cimbra, en forma de media esfera esta vez; y colocaron hiladas concéntricas de piezas en forma de cuña, con el mortero.


Giros y giros cada vez más pequeños (¿no será el laberinto?) hasta que la última de las piezas, la piedra angular, la clave, cierra el conjunto ("Este Jesús, a quien crucificasteis, es la piedra rechazada por vosotros los edificadores, la cual ha llegado a ser la cabeza del ángulo", Hec. 4,11).




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El capitel

(1.7) Simbología arquitectónica



Encima de la columna, hacia abajo, todavía terrenal pero encaminado ya hacia el cosmos. Es en esa esfera donde se desarrollan los contenidos de la escultura románica. El capitel románico es derivado del corintio clásico, en origen decorado con motivos vegetales como la hoja de acanto. Su función es doble, estructural y decorativo-docente. En lo funcional, punto de transmisión de cargas de bóvedas y arquerías hacia el suelo. Simbólicamente, elemento interpuesto entre la bóveda celeste y el sustento del templo, a imagen de los intercesores celestiales. Adosados al muro, nos muestran, como el iceberg, solo una parte del bloque en que se labraron. El resto se hunde en el muro, a tizón, contribuyendo a la trabazón de sus tres capas y sirviendo de apoyo “per se” a la carga que en él converge de tal modo que aunque se elimine el fuste, sigue ejerciendo su función. Exentos, sobre lo alto de una pilastra cilíndrica, magníficos, al modo de lo visto en la catedral de Jaca. Múltiples, como los que coronan los machones de un claustro… De una u otra forma, y de su decoración inicial vegetal, sirvieron en la época románica como excelente “percha” (junto con tímpanos y la decoración pictórica) para difundir las ideas del Nuevo Testamento. También ideas profanas así como un sinfín de seres monstruosos que agazapados en lo alto de las columnas y en la penumbra del templo aun nos infunden un cierto escalofrío.



 Plenos de simbología, quizá por ello, la reforma de la reforma, los alisó (¡Cuidado!) o a lo sumo decoró con leves motivos vegetales o geométricos deviniendo de nuevo en meros transmisores de cargas. Evolucionan pues desde el primer románico, sin decoración, meras zapatas de apeo, pasando por la fase exuberante del románico pleno y declinando con el Cister llegando a perder incluso su forma en favor de grandes ménsulas embebidas en el propio muro.




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La columna

(1.6)  Simbología arquitectónica

La columna sustenta la bóveda, forma simbólica del universo donde vive Dios y entre estos dos elementos, como elemento intermediario entre el soporte y la carga. Son los pilares de estriba del empuje vertical de la bóveda. Los hay circulares, cuadrifolios, cruciformes, embebidos y fasciculados. 


Mientras alguien me explica su función sustentante de muros de las naves laterales y cubierta y el por qué de una solución constructiva u otra, simbológicamente anoto su sentido topográfico y principial de verdadero ómphalos, que a la vez que separa, une como un puente conectando todos los estados existenciales. El pilar es el eje vertical del templo que permite transitar desde el suelo a la bóveda, desde el mundo terrestre al celestial; es un axis mundi, un Pilar Cósmico, una verdadera Escala de Jacob, es decir, un Centro.

Es sabido que por lo general no se empieza la casa por el tejado, sino por los cimientos y por las estructuras de apoyo de las cubiertas que hayan de generarse. El buen maestro de obra tiene esa idea clara en su mente, desde antes de iniciar la misma. Sabe cuál ha de ser el resultado final, y dispone pilares, pilastras, muros y contrafuertes de acuerdo con su planteamiento general. Pues bien, prescindid de mirar las bóvedas y fijaos solo en los elementos de apeo vertical. Según sea su hechura y sección, deducid cómo debió de imaginar el magíster el resultado final de la bóveda. Después, levantad la vista y evaluad el resultado.

     
Este ejercicio, en muchas ocasiones no va acompañado de la “solución al problema”, ya que por diversas circunstancias la hechura de la bóveda ha variado del proyecto inicial. Puede ser que por derrumbe, incendio, demolición para adecuarla a los gustos cambiantes del arte, o por que se cambiase el inicial planteamiento a mitad de su ejecución. En el Alto Aragón no son infrecuentes las estructuras en las que hallo pilares de triple arista y cuando levanto la mirada, hallo que la central que había de generar la bóveda de arista, se trunca y da paso a un sencillo fajón adecuado a medio cañón como solución de compromiso. Es el caso de la cripta de Samitier, o la nave de Toledo de la Nata, entre otras. Obras iniciadas por maestros lombardos, con su bagaje de recursos técnicos, que por algún motivo las dejaron inconclusas y quienes las acabaron, hicieron buenamente lo que sabían hacer. Otras veces son columnillas adosadas a pilastras, rematadas en capitel que no recibe ningún apeo y que debió de continuarse con nervaduras… Mirar viendo no es fácil. Pero también se aprende. Y llega un momento que te das cuenta, no de lo que hay, sino de lo que debía de haber. Entonces es mayor la satisfacción personal, y el número de fotos a esa estructura que no está. Se detiene el tiempo y uno entra en comunión con aquél anónimo magíster.




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El pavimento

(1.5)  Simbología arquitectónica 

Superada la pila, reparo en el pavimento. Unas veces cubierto de losas; otras por pequeñas lajas de piedra; más raramente de mosaicos; mayoritariamente, por humilde, tiene el suelo de tierra apisonada que se cubre con esteras. Y reparo en que mis pies están en contacto directo con el suelo como parte más impura del cuerpo (el pie desnudo del Pantocrátor refiere libertad de cualquier contingencia temporal).


En ocasiones, sobre el pavimento existe trazada, incrustada, tallada o dibujada la representación del Laberinto... . ¿ Permite o impide el acceso?. No todo el mundo puede entrar a determinados lugares. Sólo los “cualificados” podrán recorrerlo. Los otros, se verán impedidos de penetrar o se extraviarán. Es “selectivo”, pues representa la admisión o no a la prueba iniciática e incluso en determinados santuarios y para determinados grupos ( los masones), no es sólo acceso, sino que se erige en la prueba misma del ritual.

También es “peregrinación”, como cuando se trazan en las lajas del suelo de ciertos templos. Hacer el camino del laberinto de Chartres u otras catedrales, sobre todo si se hacía de rodillas, equivalía en la edad Media a hacer la peregrinación a Jerusalén. Aunque se recorría tan solo una distancia de doscientos sesenta metros, este camino duraba una hora si se hacía de rodillas, el tiempo que se tardaba en recorrer a pie una legua, o cuatro kilómetros y medio.

Como “medio de protección táctica y/o ritual”, pues no sólo se utilizará para confundir la entrada a los enemigos humanos, sino contra los influjos psíquicos hostiles en las marchas laberínticas o danzas rituales apotropaicas...

No sólo en Creta sino en la India y Egipto se ha dado el espacio mitológico y simbólico que conocemos como el Laberinto. Herodoto visitó un laberinto, allá por el siglo V a.C, en Egipto, que siglos más tarde describiría Plinio en su Historia Natural. Los laberintos sagrados solían tener un solo camino que lleva a un viaje al interior a través de sus meandros. Son los llamados unicursales, frente a los multicursales, que presentan diversas opciones al caminante, aunque una sola lleva a la solución. También se han encontrados laberintos en los mosaicos de los suelos romanos. En el cristianismo abundan los laberintos pintados en los suelos de las iglesias. El más antiguo conocido es el de la basílica de San Reparado en Orleansville, en Argelia, del siglo IV. En el suelo de la catedral de Chartres hay un laberinto de un solo camino de doce metros de diámetro. Estaba formado por doce anillos concéntricos en los que discurría el camino formando meandros hasta llegar al centro que formaba un rosetón. Otros laberintos se encontraban en los suelos de las catedrales de Amiens, Arras, Auxerre, Bayeaux, Poitiers, Reims y Sens. Pero la mayoría fue suprimida durante el siglo XVIII. El de Chartres lo fue en 1825. Laberintos se encuentran en Italia en Santamaría di Trastavera en Roma en la catedral de Lucca. Los hopos de Norteamérica tenían el laberinto de los siete caminos que se relacionaba con la diosa madre.


Otro tipo de laberintos son los que llevan a callejones sin salida. En la mitología griega, Dédalo arquitecto e inventor construyó el de Creta donde se encerró al minotauro. La lucha contra el minotauro que habita en el Laberinto, se interpreta como la lucha contra el mal en el camino de la vida. Ariadna le entregó el hilo mágico a Dédalo para que pudiera guiarse en el intrincado camino. En la iglesia de San Vitale en Rábena, existe un laberinto multicursal. Se le relaciona con el enigma de la vida, ya que hay que acertar el camino correcto en cada elección.

¿Qué es si no Camino que obliga al hombre a moverse?. Lo que lo arranca de su estatismo. Símbolo de Iniciación. No hay pueblo que no lo haya tenido. Lo tuvo Grecia, Egipto y, también los celtas. Es necesario recorrerlo para renovarse por dentro. Lo importante no es llegar, sino hacerlo; estar en él, vencer las pruebas, decidir en cada encrucijada. Hay que arriesgarse como los antiguos cristianos que sobreviven en ese momento histórico de tinieblas y catacumbas. Hay que atreverse a caminar hacia el Occidente, a lo desconocido, a donde cae el Sol, a donde está la Muerte y lo Desconocido. Allí donde cada cual pierde su nombre de ilusión para reencontrarse con su verdadero ser; donde los Iniciados perdían la vida para ganar Vida... ansiosos del retorno a su patria celeste.




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La pila bautismal

 (I.4) Simbología arquitectónica

Deja, amigo/a, que te introduzca en el templo. El bautismo significa para el cristiano el abandono de un estado inferior para penetrar en otro superior. Muere para renacer a una nueva vida en Cristo. La ratio theologica da la tesis sobre el bautismo y la explicación de que las pilas bautismales suelen estar deducidas de la cualidad catártica del agua. 


Ciertamente su función  purificadora se presta a ser elevada a la categoría de símbolo... San Pablo precisa que se trata de un lavacrum regenerationis. Es pues, un lavado regenerador de una vida nueva. La simbología de la Pila bautismal enlaza con una interpretación evangélica y teológica profunda. Son lugares de Muerte y Resurrección. Jesús mismo consideraba el misterio de su pasión y de su cruz como un bautismo, y la catequesis primitiva subraya siempre que el bautismo es un descenso a las aguas de la muerte, seguido de una ascensión. Es decir, una inmersión en el abismo el mundo inferior, para desde éste, ascender transfigurado a un plano superior. La representación plástica del AGUA, se expresa durante el románico mediante líneas paralelas quebradas, en zigzag u onduladas, que a menudo son el motivo de ornamentación de las pilas bautismales. Por eso, temas bíblicos como la historia de Jonás o de Noé y el diluvio destructor que motiva una nueva alianza entre dios y el hombre, ponen de manifiesto esa doble consideración del agua como caos inferior a la vez que cuna de un nuevo nacimiento.


La de Colmenares de Ojeda, en Palencia, además de su belleza plástica se supera en mensaje simbólico al mostrar una escena de bautismo por inmersión, labrada en su superficie. Bautismo dentro de bautismo. 



En cuanto a su ubicación, en efecto, también pienso que debe de estar atrás, para purificarse antes de traspasar el vano e iniciar la peregrinación hacia la luz. Y digo “atrás” de forma ambigua, puesto que su lugar debería de estar afuera, en el nartex, cuando lo hay. Otra consideración: hablábamos de que los templos románicos son desde su origen monumentos funerarios. Tumbas hay en todos ellos. Pero no todos tienen pila bautismal. ¿Por qué?. Porque solo aquellos que fueron iglesia parroquial acogieron el rito de entrada de un nuevo miembro a la comunidad cristiana.


Cuando encontramos en medio de la nada un templo pequeñito, de esos que nos gustan, y vemos que tiene pila bautismal, nos está indicando que allí hubo (aunque no veamos signos de ello) una comunidad viva en su entorno que tenía hijos y los bautizaba. Y cuando llegaba al momento se enterraban lo más cerca de la “nave de la iglesia” (¿Habéis notado lo parecido que es un templo “patas arriba” a un barco?). Las edificaciones de la gente del pueblo solían ser de madera, barro… materiales perecederos, que con el paso del tiempo no dejan sino una elevación de pocos centímetros en el terreno. Solo la iglesia, edificada en piedra aguanta el paso de los siglos (“Se hizo roca mi casa, al construir la casa sobre roca”).




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La galería porticada

(I.3)  Simbología arquitectónica

Aunque la galería porticada también contó con una dimensión práctica para los lugareños, llegando a albergar eventos lúdicos, festivos, e incluso ligados al propio funcionamiento del municipio (reuniones para discernir los asuntos relativos al concejo o a la justicia local), a partir del siglo XIII se aprovecharon estos sitios (pórticos) para reuniones laicas. 


Antes existió en las iglesias europeas la prohibición de celebrar audiencias laicas en estos espacios, y por lo que a España respecta tal prohibición existía ya en la legislación visigoda, y tal norma continuaba en 1322 según ordenaba en canon XVIII del Concilio de Valladolid. Esta normativa generalizada no siempre fue cumplida, y a partir del siglo XIII, se generaliza en la galería porticada las actividades mercantiles, o la celebración de festividades u otras actividades para el esparcimiento de los vecinos. No obstante, las características antes citadas, unidas a las propias necesidades derivadas de la liturgia, también convirtieron al pórtico en un lugar idóneo para el desarrollo de ciertos acontecimientos vinculados con la vida del cristiano y que no tenían cabida, por unos u otros motivos, en el interior del templo: el catecumenado, los cumplimientos penitenciales o la estación mayor de las procesiones. Cabe también señalar el importante cometido protector del pórtico, pues aparte de tratarse de una estructura cubierta y resguardada, también se hallaba al amparo de un radio en torno al templo sacro, inviolable y bajo jurisdicción episcopal. Debido a ello, así como a diversas prohibiciones expresadas en algunos concilios medievales, parte de estas tierras patrimoniales extramuros fueron lugar de inhumación hasta fechas relativamente recientes. De ese modo, el atrio y sobre todo la galería porticada se convirtieron los lugares preferidos para este fin, quedando generalmente destinados a las elites sociales o religiosas, ávidas de reposar eternamente en los espacios más próximos a la puerta del templo, acceso simbólico al paraíso.


Pero desde el único punto que interesa en esta exposición, el simbolismo de las galerías porticadas se viene entendiendo basado en la posibilidad de que cada una de las arcadas representase a las siete iglesias del Apocalipsis: Efeso, Smirna, Pérgamo, Tiatira, Sardis, Filadelfia y Laodicea. Así se muestra en algunos beatos y, ello reforzaría el origen orientalizante de esta original aportación del Románico español. Aunque no en todas las galerías porticadas hay siete arcadas, sí que este número está muy extendido  galería románica porticada de siete. A nadie se le escapa el extenso y variado simbolismo del número siete. La carta dirigida a las siete Iglesias de Asia(Ap.1,4) es una alusión al mundo de "Asiah" que es uno de los cuatro planos de manifestación divina. Este, el de Asiah, sería el mundo de la acción, que según la tradición semítica-oriental, fue consolidado sobre siete pilares, como se menciona en Proverbios IX,1.




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La puerta

(I.2)  Simbología arquitectónica

Se identifica con la puerta de la ciudad que permitía la entrada a la Jerusalén celestial, cuya reproducción era el edificio del templo. Por esta razón, en el rito de consagración de una iglesia, las puertas se denominaban puertas de la ciudad. La personificación de la Justicia está sentada en un trono cuyo respaldo aparece como una entrada abierta a través de la que se puede ver el cielo azul y su forma arquitectónica recuerda la portada de un templo con las puertas abiertas. La puerta sirve de referencia al Antiguo Testamento. Simboliza la decadencia de la antigua alianza que Dios pactó con los israelitas y que ha sido superada mediante la nueva alianza de Cristo, de quien es su símbolo (“ Yo soy la puerta; el que entre a través de mí se salvará”, Juan 19,9). Así pues, la puerta está abierta para todos aquellos que crean y lleven una vida justa. Es la representación y símbolo de la puerta hacia el paraíso que está abierto para los justos.



Por esta misma razón, la entrada principal se sitúa a poniente, de manera que el fiel, una vez cruzado el umbral del espacio sagrado, se encamina hacia el este, dirige sus pasos hacia la luz, simbolizando así el transcurso de su vida entera sin perderse en las tinieblas. De esa orientación se benefician también las horas litúrgicas con los distintos oficios religiosos para cada una de ellas, pues por la mañana es iluminado el ábside, durante el día el costado meridional y al atardecer la fachada occidental, quedando siempre el costado septentrional en sombras.

En el Antiguo Testamento, la puerta servía de tribunal a los ancianos (“ Aborreced el mal, amad el bien y defender la justicia en la puerta de la ciudad”, Am. 5,15) y en la edad Media, el tribunal que decide sobre la Vida y la Muerte, era denominado “tribunal de sangre” y el lugar donde se ejecutan sus sentencias, así como sus códigos, “piedras de sangre”, como la túnica de Cristo en el Juicio Final.
Entras a través de la Puerta. El pié que adelantas, inicia una toma de decisión. Ianus = yâna = vía ("Yo soy Vía, el camino de salvación...").

Respecto a la bifrontalidad de Jano, cuando son tres las caras del triple tiempo, apunto que en términos simbólicos (y de eso sólo se trata) se explicaría porque entre el pasado que ya no es y el porvenir que aún no es, el rostro que mira al presente, no sería ninguno de los dos visibles, sino invisible, ya que el presente, en su manifestación temporal, sólo sería un "instante inasequible".

La Puerta: lugar cargado de profundo simbolismo y punto de entrada a la peregrinación por el interior del templo desde la oscuridad de poniente a la claridad del ábside (físicas y simbólicas). " Ante las puertas de tu iglesia estoy y no me libro de los malos pensamientos. Pero tú, ¡ oh Cristo Dios! que justificaste al publicano ( Mt. 9,9-13) y te compadeciste de la cananea (Mt. 15,25-28) y abriste al ladrón las puertas del Paraíso (Lc 7,37-40) y a la hemorroisa (Jn 8, 43-48)..., pero yo, miserable, que me atrevo a recibir todo tu cuerpo, no sea arrojado al fuego" (San Juan Damasceno).

En la Edad Media, las puertas del templo eran ungidas con aceites crismales el día de la consagración. Se recitaba tres veces el salmo "Attollite portas, principes, vestras, et elevamini portae aeternales, et introibit Rex gloriae", para dejar paso a Dios, el Rey de la Gloria, transfigurado en Júpiter, costumbre heredada de los generales romanos y etruscos. El obispo era el primero que traspasaba las puertas; exorcitaba la puerta con una cruz diciendo:" Ecce crucis signum, fugiant phantasmata cuncta".

Su función es dejar pasar o cerrar el paso. Por ella entran los iniciados, los salvados por la sangre de Cristo (Heb 10, 19-20). Pasar la puerta es algo definitivo: es entrar en la Pascua, el paso a la vida eterna. " Yo soy la puerta de las ovejas; si uno entra en mí, estará a salvo; entrará y saldrá y encontrará pasto" ( Jn 10, 7-9).


De nuevo, recurro a la palabra escrita en la piedra, que mejor que cualquier exposición actual, nos orientará. Es otra orla de crismón, sobre la puerta y explicando su significado a quien va a cruzarla. Esta vez en Santa María, de Santa Cruz de la Serós, cercana a Jaca: "+IANVA SVM P-PES-P PER ME TRANSITE FIDELES FONS EGO SVM VITE PLUS ME QVAN VINA SITITE VIRGINIS HOC TEMPLUM QVIS(QVIS) PENETRARE BEATUM" : "Yo soy la puerta. Por mi pasan los pies de los fieles".




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El tiempo agotado

Hubo un tiempo que se medía con los latidos de nuestros corazones infantiles o ya no tanto, de adolescentes embarcados en el autobús de ida los domingos por la tarde y de regreso los viernes después de la última clase vespertina. Veranos en los que la luz abría y cerraba las contraventanas y zaguanes. Un tiempo de juegos, tardes en la alberca o en la poza o a la orilla del río, de lavaderos con manos brillantes de madres que  frotaban la ropa sobre la taja con jabón hecho de aceite usado y sosa caústica. Un tiempo de meriendas de pan y miel o de onza de chocolate y cuscurro de pan. Un tiempo hecho a la medida de aquella infancia perdida en el olvido que Manuel Gila relata en primera persona con la ternura con la que se teje la memoria infantil, la patria a la que todos regresamos. Tal vez tú , lector, al leer su relato , traigas a la tuya tu propio  “ Tiempo Agotado”.
Margarita Marcos

Un tiempo de calles rebosantes de  carreras infantiles de niños que jugaban a las bolas  o al fútbol con pelotas hechas de trapos viejos o vejigas hinchadas del cerdo de la última matanza, y de niñas que jugaban al corro o saltaban a la comba entonando viejas canciones como la “La Chata Merenguela, como es tan fina tico, tico, tico, se pinta  coloretes con vaselina, lairón, lairón, lairón”,  o “Al pasar la barca me dijo el barquero  que las niñas bonitas no pagan dinero”, o “Soy la reina de los mares y ustedes lo van a ver, tiro mi pañuelo al suelo y lo vuelvo a recoger “. Calles en las que siempre había algún vecino dando una mano de cal a su fachada y un corro de madres que se contaban sus pequeñas historias mientras lavaban la ropa con jabón que ellas mismas hacían con aceite y sosa caústica en el lavadero de la Fuente de la Seda, remendaban calcetines o sacaban el bajo a los pantalones del niño que había dado el penúltimo estirón.

Tiempo para una cultura de no tirar nada, de aprovechar las cosas hasta el límite, de arreglar la ropa de un hermano para otro, de dar la vuelta a los abrigos y de compartir la vida con los amigos.

Era una vida donde el tiempo pasaba lentamente y las horas las marcaba el reloj de la torre que había frente al estanco. Una vida sencilla con un guión que se repetía de generación en generación, donde las normas y costumbres se labraban a golpe de “Enciclopedia Álvarez “ en la escuela de Micaela con don Manuel Quesada y don Jesús o en los Grupos Escolares con don Francisco Muñoz Mulero; en la mesa a la hora de las comidas y, sobre todo, en las calles y plazas donde íbamos aprendiendo casi todos los secretos para sobrevivir.

Una vida de puertas y ventanas abiertas por donde se escapaban los sonidos de cada casa y los olores de las cocinas para que todo el mundo supiera lo que cocinaba el de enfrente. Donde todos nos conocíamos por nuestro nombre, nuestras historias y nuestras ilusiones, porque hablábamos de ellas en las largas tertulias de las noches de verano cuando el calor insoportable de los dormitorios no nos dejaba más refugio que sentarnos a la puerta de la calle a esperar el sueño.

Una vida tan blanca como las casas encaladas donde se compartía el perejil o la carterilla de azafrán, y en la que cuando un niño hacía la Primera Comunión, toda su calle se ponía de limpio para darle un duro por la estampita del recordatorio con la foto vestido de marinero, y en la que cuando alguien moría, todos iban al velatorio y no se  ponía la radio ni las mujeres cantaban mientras lavaban o hacían patatas con carne para llevar a la familia del difunto. Donde la pobreza se llevaba con tanta dignidad que las anécdotas estaban a la orden del día, como la de ese niño que tras devorar la comida aportada por el vecindario con motivo de la muerte de su hermano, pedía a la madre que al día siguiente se muriera otro (“ Mama, ¿ por qué no se muere mañana el Alonso”?).

Y todos los jóvenes de la calle, del pueblo, tarde o temprano, acababan enamorándose de una niña con trenzas, y los novios se citaban al atardecer en las puertas de las casas, y hablaban de pie delante de los ojos siempre vigilantes de las madres, que generosamente daban algún respiro “para vigilar el puchero“ , y que al volver de la mili  ya eran todos unos hombres porque habían estado en Melilla y entonces ya podían casarse y enseñar  a todo el vecindario el ajuar que la novia había bordado durante tan larga ausencia. Finalmente, un día se casaban y se iban para siempre del pueblo  para buscar la comodidad de los pisos de la ciudad. Cuando volvían para pasar la Fiesta de Mayo o en verano, contaban cómo había cambiado su vida, cómo habían progresado en sus pisos de moderna construcción con habitaciones individuales, bidé y hasta bañera . Y nosotros nos quedábamos pensativos porque no queríamos reconocer que los años habían pasado y que aquella forma de vida se había marchitado. Nos costaba creer que ya no podíamos seguir lavándonos los sábados en un barreño ni pasarnos las tardes tumbados por las albercas llenos de churretes.

Y a ti y a mi, amigo o amiga, nos costó mucho digerir que las calles empezaran a quedarse vacías, y reconocer que aquel tiempo tuyo y mío, el de nuestra infancia, se había agotado.

Relatos para tardes de otoño
Manuel Gila Puertas
Editorial Punto Rojo
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Manuel Gila Puertas, almeriense de adopción, nace en Albanchez de Magina (Jaén). Abogado de profesión y funcionario del Cuerpo Superior de la Administración General del Estado, es autor de "Cuentos para Álvaro, premiados por el Ayuntamiento de Nijar (Almería). Manuel, es colaborador de "Curiosón", en la sección "Salud y Románico". 

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Cuaderno de Salud y Románico


Salud y románico  es un grupo de amigos que hace casi una década tuvieron la suerte de encontrarse gracias al románico virtual. Sus "nicks" aparecían en los foros románicos de entonces como: Syr, Pallaferro, Baruk, Cabestany, Rivi y Chis. Y juntos siguen hasta hoy. Les gusta indagar en la hermenéutica de sus imágenes, tanto en pintura como en escultura. Creen que los maestros canteros eran a veces bastante incomprensibles en sus símbolos pero muy generosos en los detalles y solo hay que saber observarlos. Lo que hacen es un proceso de revisión, de reinterpretación de lo escrito y de inmersión en las fuentes histórico-artísticas de la antigüedad y encontrar la relación de esos arquetipos en la época románica. Capiteles, frisos, muros, portaladas… nada se escapa de ser contemplado y,  tras hacerlo, explican sencillamente su forma de verlo. Ellos mantienen el convencimiento de que es posible que haya amigos que se identifiquen plenamente con el espíritu de su grupo y pertenezcan ya a Salud y Románico aunque ellos aún no lo sepan.

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Por sernos siempre viento propicio, por ser padre de la legendario Hiperbórea, con la que seguimos identificándonos en este grupo, tierra mágica donde las haya, liberada del tiempo del mundo que goza abierta de felicidad y porque es el único elemento capaz de ahuyentar a las arpías con la violencia de su gélido aliento, símbolo del soplo del espíritu románico... éste sigue siendo nuestro protector y el evidente documento identificador del grupo Salud y Románico.
"Al compás del Boreas rásguese la venda de tus ojos y rómpanse todas las cadenas"
Pilar Quirosa-Cheyrouze

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