LA OLMEDA, 50 ANIVERSARIO

El hierro (I)

Así, pues, la agricultura, el comercio, los talleres, la ganadería, se desarrollaron al ritmo de los establecimientos mineros y, efectivamente, hubo un ritmo de desarrollo sostenido en el beneficio y elaboración de los metales.



Desde España se proveyó del hierro que faltaba, al menos de momento en el Nuevo Mundo, y se instaló en Tlaxcala la primera fragua soplada en la que Hernán Martín, soldado de Cortés, forjó en 1519 los primeros herrajes destinados a los bergantines con los que Cortés cruzó el lago de Texcoco para ganar Tecnochtitlan, y las primeras herraduras, armas, etc... Así se introducía en Nueva España el arte de trabajar ese humilde metal, pero el más útil, el que ha llevado el peso material de la más prolongada y fructífera aventura del hombre: el dominio del medio. Si los pobladores de Nuevo Mundo hubieran llegado al hierro, nuestro encuentro se hubiera producido más temprano, de otra manera y, acaso, en medio del océano.

Ya lo he dicho antes en sentido estricto, el metal verdaderamente noble es el hierro. En él -materia para armas, rejas y cadenas-, se apoyó la nobleza convencional del hombre, desfacedor de entuertos y también la villanía noble que creó y utilizó herrajes y herramientas. Pero el hierro aparece en las sociedades humanas en su momento y en su sitio; no se le busca, aparece de súbito. Y no vale que se presente como un meteorito caído; para que su abundancia, sus cualidades y su tratamiento produzcan el tránsito trascendental a la Edad del Hierro, hubo que obtenerlo con tierra, aire, agua y fuego. Pues bien, ocurrió que para el continente americano llegó el Descubrimiento antes de que sus pobladores hubiesen encontrado el arte de obtener el hierro. El asombro, el desconcierto que el hierro elevado por los españoles en forma de armas, aperos, herrajes y herramientas, facilitó la empresa de la conquista. Aquellos pueblos se rindieron a la novedad y a la eficacia de aquel material desconocido para ellos.

Hernán Cortés demostró su talento apoyando su empresa tanto en soldados como en hombres con oficio, equipados para ejercitar sus artes. La empresa del Descubrimiento en general, no la llevaron a cabo masas, fueron tan pocos hombres que hubo lugar a registrarlos con nombres propios, personajes para la historia desde el momento de embarcarse allá en España. Bernal Diaz del Castillo en su "Historia Verdadera de la Conquista de Nueva España", recoge así la orden que Hernán Cortés diera al capitán Alonso de Grado, al enviarle a la Villa Rica de la Veracruz:

...E que a dos herreros que en aquella villa quedavan y les avía enbiado a dezir y mandar que luego hiziesen dos cadenas gruesas del hierro y anclas, que sacaron de los navíos que dimos al través, que con brevedad las enbiase y que diese prisa..."

En otro pasaje de su Historia, Bernal Díaz trae a la memoria:

...Como cuando Cortés enbió a Goncalo de Sandoval a la Villa Rica por teniente y capitán y alguazil mayor, le mandó que, así como llegase, le enbiase dos herreros con todos sus aparejos de fuelles y herramientas y mucho hierro de lo de los navíos que dimos a través y las dos cadenas grandes de hierro estavan ya hechas."

...Gruesas cadenas que llegan transportadas por indios a o largo del penoso camino de la costa a la alta meseta de Anaihuac y que fueron utilizadas junto con las  "...belas y xarcias, y pez y estopa, y una aguja de marear y de todo otro cualquier aparejo para hacer dos vergantines para andar en la laguna México..."

Plato caliente en el taller de Abdón Punzo en Santa Clara del Cobre, Michoacán
De Alejandro Linares Garcia - Trabajo propio-commons.wikimedia





Felipe Calvo, humanista palentino. 
Ensayos y escritos en "Curiosón".

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