LA OLMEDA, 50 ANIVERSARIO

Cavendish y el canónigo Armendariz

El título también puede ser “El Galeón Santa Ana, siglo XVI”. Fue el primer Galeón español que nos capturaron los ingleses. En el Pacífico solo nos “cazaron” cuatro en 250 años de ruta, nada que ver con la escabechina que nos hicieron en el Caribe… Esto mucha gente lo confunde.

El pirata inglés Thomas Cavendish, que después de haber pasado por el estrecho de Magallanes subía con dos barcos por toda la costa oeste del sur de América atacando, robando y prendiendo fuego a las poblaciones que encontraba, llegó hasta el cabo San Lucas, en California. Ya en tierra sus marineros escucharon que estaban pendientes de un Galeón español que, procedente de las Filipinas, llegaría cargado de tesoros por cuyo motivo Cavendish decidió quedarse a la espera.
Efectivamente: el Santa Ana, que había salido de Cavite en el mes de julio de 1587, confiado y sin armas, viajaba con un rico cargamento, además de pasajeros con buenos equipajes y dinero, algunos para quedarse en Nueva España y otros para continuar viaje hasta la Península.

El Santa Ana arribó al cabo San Lucas el 14 de noviembre, encontrándose con la desagradable sorpresa de un ataque desde los dos barcos de Cavendish. Trataron de repelerlos con los medios a su alcance, lanzándoles incluso las piedras del lastre. Entre el pasaje viajaba el canónigo de la catedral de Manila fray Juan de Armendariz que regresaba a México, el cual durante todo el tiempo que duró el combate, unas cuatro horas, no dejó de vociferar e insultar a los ingleses.

Dado lo precario de la situación, Tomás de Alzola, capitán del Santa Ana, decidió rendirse. Cavendish los condujo a tierra, abandonándoles a su suerte con los indios que allí habitaban y mandó ahorcar al canónigo “por comportamiento descomedido”. Sin embargo, a cuatro mujeres castellanas les hizo un regalo en oro…

Cavendish saqueó el Santa Ana y lo que le fue imposible cargar en sus barcos lo arrojó al mar. Prendió fuego al galeón y se marchó Pacífico adelante hasta las Filipinas llevando con él al piloto español Alonso de Valladolid (1),  al que al llegar a Filipinas ahorcó para que no diera noticias de lo ocurrido. El otro barco se perdió en el mar con su preciado cargamento.  Cavendish siguió por el océano Índico, después de pasar el cabo de Buena Esperanza, Atlántico arriba hasta Inglaterra. Cuentan las crónicas que al llegar a Inglaterra subió por el Támesis con las velas forradas de seda, los marineros vestidos con ricos damascos y con gruesas cadenas de oro al cuello y los palos y las vergas ricamente enjaezados. La mismísima reina Isabel I subió a bordo invitada por Cavendish, recibiendo presentes y asombrándose del botín que portaba.

Había tardado en su vuelta al mundo dos años menos dos meses y con ello entró a formar parte de la lista de la Piratería en gran escala. Los abandonados en el cabo San Lucas se atrincheraron contra los indios y aprovechando las mareas pudieron rescatar lo que quedaba del Santa Ana, quemado hasta la línea de flotación. Lo repararon y en aquella especie de gabarra consiguieron llegar hasta Acapulco en diciembre de 1587, contando para la historia lo que había ocurrido.
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(1) Los pilotos españoles y portugueses eran los mejores conocedores del Pacífico, muy demandados por capitanes ingleses y holandeses.
Ref: Instituto de Historia y cultura naval. XXIII   Piratería en gran escala.
Imagen: De Willem and Magdalena van de Passe.-Thomas Cavendish. National Portrait Gallery, London. commons.wikimedia




Una sección de Elisa Gómez Pedraja para Curiosón, 2018
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