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GRANDES COMO SU NOMBRE

El mono

( IV.9). SIMBOLOGÍA ZOOMÓRFICA.

En De Mundi universitate sive Megacosmus et Microcosmus (1147), Bernardo Silvestre concluye: “Prodit et in risus hominum deformis imago simia, naturae degenerantis homo” (El mono surgió como la imagen irrisoria y deformada de un hombre, un hombre en estado de degeneración), y Cicerón, en su De natura deorum, I, 35, 97, los refería: “Simia quam similis turpissima bestia nobis” (“Los monos son unas bestias feísimas similares a nosotros”) para describirlo como un indigno aspirante a la condición humana, una caricatura grotesca del hombre, el que se convirtió en el prototipo del embaucador, el adulador, el hipócrita, el cobarde.

Criatura revoltosa que busca, no obstante, un código de conducta, encarna la condición humana atrapada entre la amoralidad, la literalidad y la expresión instintiva.

En diversas mitologías, admirado por haber sobrevivido a la destrucción de lo creado por los dioses; venerado en Egipto como Tot, espíritu de la Sabiduría y dios Hánuman indio, listo e impúdico.

Para el judeocristianismo y el islam, proyección de la Lujuria, Codicia y Maldad del género humano que pervierte la obra de Dios. Para ellos, simboliza el demonio que quiso ser Dios (CATEDRAL DE SANTIAGO DE COMPOSTELA, Puerta de las Platerías).



Los Cenophali se cuentan entre los simios. Se producen en gran número en algunas zonas de Etiopía. Tienen cola, saltan violentamente y muerden ferozmente.

 En la Edad Media pasa a representarse como Satán, el "simia Dei", siendo su parte posterior inferior donde la espalda pierde su bonito nombre por el de culo, para ser adaptada, en la iconografía, a semejanza de la asignada al diablo.
Los monos pueden aparecer como emblemas de la usura o la lujuria, aunque también como símbolos de estatus social. Incluso cuando son representados con rasgos positivos, casi siempre hay un elemento de travesura o malicia en la imagen. A lo largo de la Edad Media, el simio fue representado ampliamente en los márgenes del arte medieval, ya fuera en determinados capiteles de edificios religiosos o en los manuscritos iluminados. Su imagen y simbolismo sufrieron cambios drásticos a lo largo de la Edad Media, especialmente después del siglo XII.

A menudo se le  representa agachado y encadenado con una soga atada alrededor del cuello, soga que en algunas ocasiones sostiene un hombre, un cazador, o un domador/juglar. Estas figuras suelen interpretarse como símbolos del vicio generalizado, sobre todo asociadas con la usura o la lujuria. Las representaciones de simios encadenados también se han identificado con las figuras de los condenados al infierno.



Imagen de indecencia, insolencia y vanidad el Fisiólogo griego lo describe como " animal travieso y aficionado a la imitación, pues todo lo que ve hacer a los hombres, lo repite inmediatamente".

En el Arte románico se le verá representado, pues, parodiando acciones humanas como tocando instrumentos - condena a la música profana por la Reforma gregoriana-, luchando, con cornamusa - simbolismo de gran calado sexual por su forma lujuriosa, al tiempo que crítica social a frailes y seglares que no respetan a la mujer del prójimo, personas todas ellas indignas-, u otras formas y motivos de comportamiento y actitudes que castigan el "pecado nefando o de Sodoma" alegóricos a la homosexualidad, pero quizá lo más frecuente es verlo representado con una bola colgada al cuello y que nos resulta difícilmente explicable para resolver el mensaje.

Para comprenderlo, habremos de reparar en la utilización del significado peyorativo de la palabra “simio” que los autores cristianos de la Patrística la usaron para describir a todos los enemigos de Cristo, entre ellos los paganos, apostatas, herejes e infieles. Velada crítica social, de carácter propagandístico y peyorativo al judío converso por su asociación del cerdo o marrano, del que se desconfiaba, en la convicción que seguía celebrado ocultamente sus ritos y su conversión era falsaria y por conveniencia. Así, esa bola, no sería sino el signo, desfigurado y abreviado, de la imagen degradada del simio con la manzana, símbolo del pecado original del ser humano como aparece en toda su plenitud en la obra del maestro escultor de Úbeda (Jaén) que sirve de imagen de portada a este artículo, donde se conjugan todos los elementos de perversión propagandística frente al contrario: mono (Lujuria) con árbol y fruto de manzana (Pecado Original de Soberbia por querer parecerse a Dios) y hombre con gorro frigio ( converso) en impostura sexual.



Sección para "Curiosón" del grupo "Salud y Románico".

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