La moral en este siglo se resintió notablemente. Desapareció la Inquisición, institución encargada de velar por la fe y las buenas costumbr...

Los nacimientos

La moral en este siglo se resintió notablemente. Desapareció la Inquisición, institución encargada de velar por la fe y las buenas costumbres. Las reformas radicales, las libertades y la merma del poder de la nobleza y de los obispos, trajeron consigo aperturas en todos los órdenes. Se produjeron muchos nacimientos de padres desonocidos. Veamos algunos casos guardenses. 
SIGLO XIX: CAÍDA DEL ANTIGUO RÉGIMEN | Jaime García Reyero



La noche del 2 de octubre de 1830 llamaron a la puerta del alcalde don Antonio Del Blanco. Se trataba de un hombre desconocido. Dijo traer un oficio de cierta importancia y urgente. Cuando el alcalde abrió la puerta, el hombre había desaparecido y en el umbral había dejado un bulto. Lo recogió con miedo, pero una vez dentro de la casa vio sorprendido que era un recién nacido. Al día siguiente, la noticia revolucionó la vida tranquila de Guardo. Todos se preguntaban de quién sería la criatura. No se legó a saber nunca el nombre de la madre. El cura párroco don José de Cos y Saberón le bautizó y le puso de nombre Francisco, pero sin apellido alguno. El vecino Antonio Martín adoptó al niño y fue su padrino en el bautizo. El alcalde firmó como testigo.

Otro caso similar ocurrió la víspera de nochevieja de 1850. A las siete de la mañana, cuando el cura don Pedro Rodríguez, monje de San Basilio y párroco de Guardo, llegó a la iglesia de San Juan para decir la primera misa, encontró en el atrio un envoltorio de ropa vieja. Lo recogió y vio que contenía una niña. Dio parte al Ayuntamiento. El suceso estuvo presente en todos los comentarios de fin de año. La bautizaron con el nombre de Josefina Sabina. No le dieron apellidos y nunca se supo quiénes fueron sus padres. Actuó de padrino en el bautizo el médico don Manuel Gutiérrez. Como testigos firmaron el alguacil y el sacristán.

Otro hecho curioso ocurrió en la ermita del Santo Cristo del Amparo el 15 de noviembre de 1833, cuando fue avisado el cura teniente de San Juan por el alcalde y el escribano del ayuntamiento para que acudiera a la ermita. Cuando don José de Cos llegó al alto del Cristo se encontró con los cristeros Gaspar Fernández y Lorenza Martín, que tenían en brazos a un bebé recién nacido. Dijeron que estando en la vivienda llamaron a la puerta. Salieron y hallaron a una niña recién nacida envuelta en trapos. Ignoraban quién la había dejado. Como el sacerdote no sabía si estaba bautizada o no, le administró el sacramento del bautismo y le impuso el nombre de Eugenia Leopolda. Actuó de padrino el regidor Valeariano Lombraña. Como nadie se quiso hacer cargo de la niña, al día siguiente la enviaron al hospicio de San Antonio y San Bernabé de Palencia.

Otras veces, la madre no abandonaba al recién nacido, como en los casos anteriores, sino que daba la cara con valentía. Así le ocurrió en 1851 a la moza soltera Ezequiela Martín, natural de Mantinos e hija de un alfarero guardense. Dio a luz a una hija. Todo el mundo en Guardo sabía quién era el padre. Bautizaron a la niña y le pusieron el nombre de Nicolasa. Fue padrino el cirujano de Manuel Alonso, que asistió a la madre en el parto. A la niña le dieron los apellidos de los padres de Ezequiela, ya que el padre no quiso saber nada. Sin embargo, el cura en el registro de la iglesia puso a la niña los apellidos del padre. Se enteró la familia de éste y se formó el lío. Las quejas llegaron a oídos del obispo, que mandó rectificar al párroco. Éste tachó el nombre del padre y de los abuelos paternos y tuvo que hacer un nuevo registro especificando que Nicolasa era hija natural.

Imagen: José Luis Estalayo, vista de Guardo

Cuaderno de Jaime García Reyero en CURIOSÓN
Guardo, sus gentes y su historia
Jaime García Reyero
Editorial Aruz
@2003

0 comentarios en el blog:

Puedes comentar libremente. Agradezco tu participación. Sé prudente y respetuoso al exponer tus juicios.Si no aparece tu comentario al momento, no te preocupes, es que ha pasado a moderación, pero enseguida lo apruebo.