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Jorge Luis Borges

Jorge Francisco Isidoro Luis Borges Acevedo 
(Buenos Aires, Argentina; 24 de agosto de 1899-Ginebra, Suiza; 14 de junio de 1986)

Está considerado como uno de los eruditos más prestigiosos del siglo XX. Y como sabio, ya dejó algo escrito al respecto de eso: "Dicen que soy un gran escritor. Agradezco esa curiosa opinión, pero no la comparto. El día de mañana, algunos lúcidos la refutarán fácilmente y me tildarán de impostor o chapucero o de ambas cosas a la vez". Borges fue también un personaje rebelde y polémico, cuyos planteamientos políticos le impidieron ganar el Premio Nobel de Literatura al que fue candidato durante casi treinta años. "Yo siempre seré el futuro Nóbel. Debe ser una tradición escandinava".Es curioso su largo y fructífero árbol genealógico. Borges desciende de militares que tomaron parte en la independencia de Argentina, como Francisco Borges Lafinur, su abuelo paterno de ascendencia uruguaya. Su bisabuelo, Edward Young, fue un editor y poeta, como su tío paterno, Crisóstomo Lafinur. Borges habla maravillas de su padre, abogado argentino que impartió clases de psicología. «Él me reveló el poder de la poesía: el hecho de que las palabras sean no sólo un medio de comunicación sino símbolos mágicos y música».

  • Al cabo de los años he observado que la belleza, como la felicidad, es frecuente. No pasa un día en que no estemos, un instante, en el paraíso.
  • La muerte es una vida vivida. La vida es una muerte que viene.
  • Somos nuestra memoria, somos ese quimérico museo de formas inconstantes, ese montón de espejos rotos.
  • Que otros se jacten de las páginas que han escrito; a mi me enorgullecen las que he leído.
  • ¿De qué otra forma se puede amenazar que no sea de muerte? Lo interesante, lo original, sería que alguien lo amenace a uno con la inmortalidad.
  • El tema de la envidia es muy español. Los españoles siempre están pensando en la envidia. Para decir que algo es bueno dicen: "Es envidiable".
  • Democracia: es una superstición muy difundida, un abuso de la estadística.
  • He firmado tantos ejemplares de mis libros que el día que me muera va a tener un gran valor uno que no lleve mi firma.
  • Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca.
  • «Fácilmente aceptamos la realidad, acaso porque intuimos que nada es real»
  • Hace diez años bastaba cualquier simetría con apariencia de orden —el materialismo dialéctico, al antisemitismo, el nazismo— para embelesar a los hombres.
  • Pensé que un hombre puede ser enemigo de otros hombres, de otros momentos de otros hombres, pero no de un país: no de luciérnagas, palabras, jardines, cursos de agua, ponientes.
  • Sentí lo que sentimos cuando alguien muere: la congoja, ya inútil, de que nada nos hubiera costado ser más buenos.
  • Una de las escuelas de Tlön llega a negar el tiempo: razona que el presente es indefinido, que el futuro no tiene realidad sino como esperanza presente, que el pasado no tiene realidad sino como recuerdo presente.
  • Antes no se hablaba de economistas, pero el país prosperaba. Ahora casi no se habla de otra cosa, y el resultado de esos expertos ha sido la ruina del país; pero eso no importa, sigue hablándose, sigue insistiéndose en esa ciencia, posiblemente no menos imaginaria que la alquimia.
  • Las dictaduras fomentan la opresión, las dictaduras fomentan el servilismo, las dictaduras fomentan la crueldad; más abominable es el hecho de que fomenten la idiotez. Botones que balbucean imperativos, efigies de caudillos, vivas y mueras prefijados, ceremonias unánimes, la mera disciplina usurpando el lugar de la lucidez... Combatir estas tristes monotonías es uno de los muchos deberes del escritor ¿Habré de recordar a los lectores del Martín Fierro y de Don Segundo Sombra que el individualismo es una vieja virtud argentina?
  • -en referencia al peronismo.
  • Yo creo que todos nosotros hemos sido muy felices con el amor alguna vez y también creo que todos hemos sido muy desdichados muchas veces. El amor le ofrece a uno esa incertidumbre, esa inseguridad del hecho de poder pasar de una felicidad absoluta a la desdicha; pero también de poder pasar de la desdicha a la brusca, a la inesperada felicidad. Pienso que es una experiencia y uno no debe rehusar experiencias.


Para saber más:
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Imagen: 
Borges a los 21 años, vista en biografías y vidas.

Otras fuentes consultadas:
Wikipedia
www.proverbia.net/
es.wikiquote.org
www.frasedehoy.com/

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Carta de Susan Sontag a Borges

  • Los bárbaros no tienen que quemar los libros. El tigre está en la biblioteca. Querido Borges, créame que no me satisface quejarme. Pero ¿a quién podrían estar mejor dirigidas estas quejas sobre el destino de los libros –de la lectura misma– que a usted?

Querido Borges:

Dado que siempre situaron su literatura bajo el signo de la eternidad, no parece demasiado extraño dirigirle una carta. Si alguna vez un contemporáneo pareció destinado a la inmortalidad literaria, ése fue usted. Fue en gran medida el producto de su tiempo, de su cultura y, sin embargo, supo cómo trascender su tiempo, su cultura, de un modo que parece del todo milagroso. Esto tenía algo que ver con la amplitud y la generosidad de su atención. Fue el menos egocéntrico, el más transparente de los escritores, así como el más ingenioso. Algo tuvo que ver asimismo con una pureza natural de espíritu. Aunque vivió entre nosotros durante un tiempo más bien largo, perfeccionó las prácticas de la exigencia y la indiferencia que también lo convirtieron en un experto viajero mental a otras eras. Tuvo un sentido del tiempo diferente del de los demás. Las ideas comunes de pasado, presente y futuro parecían nimios bajo su mirada. A usted le gustaba decir que cada momento del tiempo contiene el pasado y el futuro, citando (según recuerdo) al poeta Browning, que escribió algo así como “el presente es el instante en el cual el futuro se derrumba en el pasado”. Eso, por supuesto, era parte de su modestia: su gusto por encontrar sus ideas en las ideas de otros escritores. Esa modestia era parte de la seguridad de su presencia.

Fue un descubridor de nuevas alegrías. Un pesimismo tan profundo, tan sereno como el suyo no precisaba de indignación. Más bien, tenía que ser inventivo… y usted era, sobre todo, inventivo. La serenidad y la trascendencia de la identidad que usted encontró son, para mí, ejemplares. Usted demostró que no es necesario ser infeliz, aunque se pueda ser completamente esclarecido y desengañado sobre el terrible estado de todo. En alguna parte usted dijo que un escritor –delicadamente agregó: todas las personas– debe pensar que toda cosa que le sucede es un recurso. (Estaba hablando de su ceguera.)

Usted ha sido un gran recurso para otros escritores. En 1982 –es decir, cuatro años antes de su muerte– dije en una entrevista: “En la actualidad no hay otro escritor que importe más a otros escritores que Borges. Muchos dirían que es el escritor vivo más importante… Muy pocos de hoy no han aprendido de él o lo han imitado”. Eso sigue siendo cierto. Todavía seguimos aprendiendo de usted. Todavía lo seguimos imitando.

Usted le ofreció a la gente nuevas maneras de imaginar, al tiempo que proclamaba una y otra vez nuestra deuda con el pasado, sobre todo con la literatura. Afirmó que le debemos a la literatura casi todo lo que somos y lo que hemos sido. Si los libros desaparecen, desaparecerá la historia y también los seres humanos. Estoy segura de que tiene razón. Los libros no son sólo la suma arbitraria de nuestros sueños y de nuestra memoria. También nos ofrecen el modelo de la propia trascendencia. Algunos creen que la lectura es sólo una manera de evadirse: una evasión del mundo diario “real” a uno imaginario, al mundo de los libros. Los libros son mucho más. Son una manera de ser del todo humano.

Lamento tener que decirle que los libros en la actualidad son considerados una especie en extinción. Por libros también quiero decir las condiciones de la lectura que posibilitan la literatura y sus efectos en el espíritu. Pronto, nos dicen, tendremos en “pantallas-libros” cualquier “texto” a nuestra disposición, y se podrá cambiar su apariencia, formularle preguntas, “interactuar” con él. Cuando los libros se conviertan en “textos” con los que “interactuamos” siguiendo criterios utilitarios, la palabra escrita se habrá convertido simplemente en otro aspecto de nuestra realidad televisada regida por la publicidad. Éste es el glorioso futuro que se está creando, y que nos prometen, como algo más “democrático”. Por supuesto, ello implica nada menos que la muerte de la introspección… y del libro. Esta vez no habrá necesidad de una gran conflagración.

Los bárbaros no tienen que quemar los libros. El tigre está en la biblioteca. Querido Borges, créame que no me satisface quejarme. Pero ¿a quién podrían estar mejor dirigidas estas quejas sobre el destino de los libros –de la lectura misma– que a usted?

Todo lo que quiero decir es que lo echamos de menos. Yo lo echo de menos. Su influencia decisiva continúa. La época en que ahora estamos entrando, este siglo 21, pondrá a prueba al espíritu de maneras nuevas. Pero, se lo aseguro, algunos no vamos a abandonar la Gran Biblioteca.
Y usted seguirá siendo nuestro patrono y nuestro héroe.

Susan Sontag

_______________

Susan Sontag (Nueva York, 16 de enero de 1933 - ibídem, 28 de diciembre de 2004), profesora, directora de cine, escritora y ensayista estadounidense.

  • En 2001 recibió el Premio Jerusalén de Literatura.
  • En 2003 recibió, junto a la autora marroquí Fátima Mernissi, el Premio Príncipe de Asturias de las Letras.
  • En 2003 recibió el Premio de la Paz del Comercio Librero Alemán.


imagen de la autora vista en http://pastdaily.com/
junto a un dibujo de Jorge Luis Borges.


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Carta de Bioy a Elena Garro

El 14 de Octubre de 2012, Kodama, la mujer de Borges, concedió una entrevista al diario argentino "La Nación", en Nueva York,  y sorprendió a casi todos al decir: "Bioy es el Salieri de Borges, que lo consideraba un cobarde". Y añadió que era "un desecho humano" por revelar en una autobiografía la identidad de sus amantes.

Luego Natalia Kidd cuenta la buena amistad que cultivaron Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares, cuando tan extraño ha sido siempre conjugar amistad entre iguales. 
Resulta que María Kodama, la mujer de Borges, elaboró un revuelto que se ha venido cocinando con desigual fortuna en los medios argentinos. La chispa se encendió después de unas declaraciones al diario "La Nación", donde aseguraba que su marido consideraba "un cobarde" a Bioy Casares, tachándolo ella misma de "desecho humano". 
Su provocación hizo efecto en un grupo de escritores que organizaron a propósito un acto de desagravio a la figura y la obra del autor de "La invención de Morel".
Nélida Pessagno, vicepresidenta de la Sociedad Argentina de Escritores, en declaraciones a la agencia EFE, declaró que "Kodama no "está en el ámbito literario", que "solo tiene el rasgo de haber sido por dos meses la esposa de Borges" y que "se ha apropiado de la memoria de un autor que, en realidad, pertenece al acervo cultural de la humanidad".
Paseando estos días por facebook, me encuentro con una nota firmada por Patricia Esteban Erles, donde recuerda a  Bioy Casares, enamorado perdidamente de la esposa de Octavio Paz, carta que hoy preside este espacio.


Carta de Bioy a Elena Garro
Mi querida -escribió Bioy-, aquí estoy recorriendo desorientado las tristes galerías del barco y no volví a Víctor Hugo. Sin embargo, te quiero más que a nadie... Desconsolado canto, fuera de tono, Juan Charrasqueado (pensando que no merezco esa letra, que no soy buen gallo, ni siquiera parrandero y jugador) y visito de vez en vez tu fotografía y tu firma en el pasaporte. Extraño las tardes de Víctor Hugo, el té de las seis y con adoración a Helena. Has poblado tanto mi vida en estos tiempos que si cierro los ojos y no pienso en nada aparecen tu imagen y tu voz. Ayer, cuando me dormía, así te vi y te oí de pronto: desperté sobresaltado y quedé muy acongojado, pensando en ti con mucha ternura y también en mí y en cómo vamos perdiendo todo. 

Me gustaría ser más inteligente o más certero, escribirte cartas maravillosas. Debo resignarme a conjugar el verbo amar, a repetir por milésima vez que nunca quise a nadie como te quiero a ti, que te admiro, que te respeto, que me gustas, que me diviertes, que me emocionas, que te adoro. Que el mundo sin ti, que ahora me toca, me deprime y que sería muy desdichado de no encontrarnos en el futuro. Te beso, mi amor, te pido perdón por mis necedades".

Nota

Bioy y Borges, considerados dos de los mejores escritores argentinos, se conocieron en 1932 y entablaron una intensa amistad, además de escribir juntos varias obras con los seudónimos de Honorio Bustos Domecq y Benito Suárez Lynch entre 1942 y 1977.
Elena Garro, hija de padre español y madre mexicana, nació en el estado de Puebla el 11 de diciembre de 1916 y muere de cáncer en 1998. Elena conoció a Octavio Paz en Méjico, con quien se casó en 1937, pero nunca tuvo el reconocimiento merecido según los críticos, considerada como precursora del realismo mágico.

Para saber más
La Nación, Argentina

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El poema que Borges nunca escribió

"Si pudiera vivir nuevamente mi vida, en la próxima trataría de cometer más errores. No intentaría ser tan perfecto, me relajaría más. Sería más tonto de lo que he sido; de hecho tomaría muy pocas cosas con seriedad, haría más viajes, contemplaría más atardeceres, subiría más montañas, nadaría más ríos. Iría a más lugares a donde nunca he ido, comería más helados y más habas, tendría más problemas reales y menos imaginarios (...)".

La bola de nieve comenzó a rodar en 1983 -informa Francisco Peregil en EL PAÍS-. Aquel año, el escritor de best seller Leo Buscaglia reproduce el citado poema en su libro "Living, loving, learning". Se lo atribuía a un hombre que sabía que iba a morir. (...) 

Después de muerto Borges la revista argentina "Uno Mismo", especializada en psicología, publicó el poema bajo el título "Instantes" y se lo atribuyó al poeta argentino. María Kodama, viuda del escritor, consiguió que la revista rectificara y que el Ministerio de Cultura y Educación publicara una gacetilla donde se aclarase quien fue la autora del poema. "El poema, sin ningún valor literario" -ha escrito Kodama, desvirtúa el mensaje de la obra de Borges. Amparándose en una firma famosa, se intenta transmitir un sentido de la vida completamente materialista, sin ninguna busca de perfección espiritual ni inquietud intelectual". 

 Pero la realidad es que -mejor o peor- cuando la mujer de Borges consiguió reparar el entuerto, el poema se había expandido a base de fotocopias por institutos y universidades de medio mundo...



Imagen vista en:

Papeles del club pickwick

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