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El triunfo de la virtud

Friné, una famosa cortesana, apostó con sus amigas que vencería la resistencia de Jenócrates de Calcedonia, seguidor de la Academia de Platón, que había puesto la virtud por delante de cualquier otra meta. La mujer no se anduvo en chiquitas, recurriendo a todos los trucos que conocía sobre el arte de la seducción. Aquella famosa hetaira, se empleó a fondo para que cayera de algún modo el incorruptible personaje, pero todos sus esfuerzos cayeron en saco roto. Como las compañeras se dieron cuenta que después de un tiempo y de intentarlo todo, Friné había fracasado, la exigieron que les pagara el importe acordado, pues había perdido la apuesta. Cuentan los cronistas que la más hermosa de las mujeres de su tiempo, dijo:
"Olvidaos; no he perdido nada porque todas suponíamos que Jenócrates era un hombre, pero es una estatua".

Friné, cortesana, amante y modelo del escultor Praxiteles.
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Que por ahí vengan todos los palos

"Hay gente que habla mal de ti a tus espaldas" -le decían a Aristóteles sus amigos.
"Destruyen tu fama y hacen trizas tu buen nombre". Aristóteles, que tuvo también grandes errores, como aquella afirmación de que las mujeres que se casaban jóvenes engendraban hembras, no le daba importancia a las habladurías: "La fama es cosa pasajera, como las nubes o el humo".
Como seguían insistiendo y le pronosticaban represalias del pueblo si permitía que siguieran hablando mal de su persona les dijo, para dejarlo aclarado definitivamente:
"A quienes hablan no estando yo, decidles que la ausencia todo lo torna llevadero; nos hace capaces de soportar incluso los palos."

Aristóteles, filósofo nacido en Estagira en el año 384 a de C
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La ley es para todos

Diodoro de Sicilia, cuenta en su biblioteca histórica que Diocles promulgó una ley prohibiendo llevar armas dentro del recinto urbano bajo pena de muerte. A poco de aprobarse, como se hallaban a las puertas de la ciudad los enemigos, Diocles salió de su palacio empuñando la espada.
Pero resulta que fue visto por un miembro del partido aristocrático, enemigo político, pidiendo que se cumpliera el castigo que él mismo había promulgado. Como reconoció que llevaba razón, se atravesó el vientre con la espada que llevaba en la mano, muriendo en medio del foro, entre el llanto de sus seguidores y el asombro de todos los ciudadanos.

Diocles, legislador de Siracusa, 414 a de C
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Perder la vida

Aristipo de Cirene era muy conocido porque arengaba a la gente a dominar las pasiones para lograr la felicidad. En cierta ocasión se dirigía a Corintio y se desató una fuerte tormenta. Como el filósofo puso de manifiesto su miedo al naufragio, un pasajero que hacía el mismo recorrido, le dijo: "¿Cómo tú, hombre de talento, tiemblas ante el riesgo de perder la vida, mientras que yo, que soy ignorante y de escasas luces, no tengo miedo?". A lo que respondió Aristipo: "La explicación está en lo que tú mismo has reconocido; tenemos vidas muy distintas que salvar; a mí no me importaría tampoco perderla si fuera como la tuya".
Aristipo de Cirene, filósofo, discípulo de Sócrates.
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El perro de Alcibiades

A veces es conveniente llamar la atención con alguna acción extravagante para que la gente mire hacia otra parte. Eso fue lo que hizo en cierta ocasión este político ateniense, un tanto provocador y controvertido. El caso es que Alcibíades cortó la cola de su perro, un animal que había costado una importante suma de dinero, lo que generó una gran polémica. Aquello se convirtió en tema de conversación, hasta que intervino para tranquilizarles: "Eso buscaba, que hablaran del can y me dejaran en paz, ya que mientras se ocupan del rabo de mi perro, no emplean el tiempo en tratar de averiguar pormenores de mi vida que guardo con mayor celo".
Alcibiades, político, sobrino de Pericles y discípulo de Sócrates. 
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Que jueguen los niños

Cuando murió Anaxágoras, maestro de Sócrates, a quien los cronistas de entonces le atribuyen el estudio que explica los eclipses, dejó en su testamento un último deseo: "Permítase a los niños que en memoria de mi muerte jueguen durante todas las horas que hubiere luz, durante todos los días del mes en que tuviere lugar mi muerte".
Y según cuenta Diogenes Laercio en "Vida y opiniones de los filósofos", esa costumbre seguía conservándose siete siglos después.

Anaxágoras, muere en el 428 (a. de C.)


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Por qué entra el amor

A Zenón de Elea le preguntaron en cierta ocasión si los sabios se enamoraban. Y él contestó que sí. Entonces quien le interpelaba, le dijo: "Es decir, que en eso se comportan igual que los tontos y los necios". Entonces el filósofo aclaró: "No. Los necios creen saber por qué aman; los tontos incluso dan sus razones, pero los sabios saben que no las hay, que nadie sabe por qué entra el amor en el alma, o sale".
Zenón de Elea, discípulo de Parménides (siglo V a. de C.)



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El osado que besó a su hija

Pisístrato se inició como tirano y acabó sus días como hombre justo. Dicen los cronistas que a él se debe la recopilación y conservación de los poemas homéricos. En una ocasión, su mujer, molesta porque un joven tuvo la osadía de besar a su hija en público, le rogó que le diera muerte, a lo que el ateniense contestó: ¿Cómo me pides que arrebate la vida a alguien cuyo delito es amar a nuestra hija? ¿Qué tendría que hacer entonces con quien la odiara?".
Pisístrato, político ateniense (527 a. de C.)


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Todo lo llevo conmigo

"El hombre debe aprender que la sabiduría es el único instrumento que tiene para pasar de la niñez a la edad anciana con dignidad y sin altanería, pues es su posesión más valiosa y menos perecedera. Que aprenda el hombre a regular su vida y a planear su estancia en el mundo tanto teniendo en cuenta una vida larga como una vida corta".
Se cuenta al respecto que, cuando evacuaron la ciudad ante el avance de los persas, y como todos se apresuraron a reunir sus pertenencias, al ver que Bías no se molestaba en preparar equipaje alguno le preguntaron el porqué y éste contestó: "Todo lo llevo conmigo".

Bías de Priene, uno de los siete sabios de Grecia (570 a. de C.)

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Donde se mea no se ponen cruces


La irreverencia y genialidad de Francisco de Quevedo no tenían parangón. Y hoy les dejamos una anécdota que lo retrata, no tenía igual. Es bien sabido que en el Siglo de Oro, la salubridad brillaba por su ausencia en las calles de Madrid, considerada por algunos viajeros de la época una de las más hediondas del orbe…

La situación distaba de ser ideal: no había servicio de recogida de basura, ni retretes públicos ni alcantarillado. Así las cosas, era habitual que las aguas sucias se arrojaran por los vecinos a la vía pública. De ahí la famosa frase “¡Agua va!”.

Decíamos que no había retretes públicos. ¿Dónde orinaban entonces? en la calle: en los rincones de los edificios o incluso en los zaguanes. Para evitar estas evacuaciones, algunos vecinos ponían en las puertas y paredes especialmente críticas o atractivas, una cruz o algún santo.

Y el gran Quevedo, tenía la costumbre de orinar en una puerta determinada de la calle del codo, a la vuelta de sus noches de parranda. Los dueños del inmueble pusieron una cruz en la puerta con intención disuasoria, pero el escritor no se arredró y prosiguió la costumbre de vaciar la vejiga en dicho lugar. Cierto día en que iba a hacer lo propio, se encontró una nota bajo la cruz que decía:
“Donde se ponen cruces, no se mea”.
Quevedo, ni corto ni perezoso, escribió debajo:
“Donde se mea, no se ponen cruces”.




© Una sección de Félix Casanova para Curiosón, 2016
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¿Quién fue el Marqués de Sade?

El entusiasmo en Francia en la actualidad por su tristemente y célebre antepasado del siglo XVIII es tal que han terminado creando su propia línea de productos de lujo, Casa de Sade. Comenzando por el vino Sade, de la región de la Provenza y la firma de los marqueses en la etiqueta, pasando por velas aromáticas y hasta carnes. Incluso la firma de lencería Victoria Secret quiere apostar por crear una línea exclusiva. Pero, ¿existió realmente el Marqués de Sade?



Este merchandising actual en torno a su figura hubiera sido inimaginable hace algunos años. Las espeluznantes obras de Donatien Alphonse François, marqués de Sade, que vivió desde 1740 hasta 1814 y murió en un asilo mental, fueron prohibidas en Francia hasta 1957, y el aura diabólica en torno a su producción literaria ha ido levantándose gradualmente. De hecho, incluso su propia familia tuvo vetado hablar de él durante cinco décadas.

Cuando Sade vivía, los censores se estremecieron con sus cuentos de violación, incesto y pedofilia, así como por su ateísmo vitriólico, y miles de sus libros fueron destruidos. Permaneció casi desconocido durante todo el siglo XIX, hasta que hacia 1900, el crítico y poeta Apollinaire escribió los primeros ensayos en defensa de Sade. Para sus admiradores, la influencia del personaje comenzó a ser profunda, y se declararon abiertamente defensores de los oscuros impulsos de la naturaleza humana.

Sade no era un ejemplo a seguir, ni mucho menos. Pero lo cierto es que su influencia ha sido enorme en todas las esferas del arte modernista. Su objetivo era destruir toda ilusión que rodeara la sexualidad humana, ya fuese histórica, moral o religiosa. Lo cierto es que la moderación no era el punto fuerte de este personaje, tan polémico entonces como ahora…

Este dibujo es el único retrato conocido de Sade, hecho en 1760, cuando tenía 19 años. (ADOC-fotos.Corbis)





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Cuando se fumaba en las iglesias

Nada más pisar el Nuevo Mundo, aquellos intrépidos españoles ya advirtieron aquel humo que los nativos expulsaban de sus bocas que provocaba el tiznón encendido que aspiraban. Rodrigo de Triana comprobó de primera mano sus efectos entre mareantes y reconfortadores y fue el primero que lo trajo a Europa. Pronto se extendió su consumo entre todos aquellos que podían pagarlo. Pero no tardó la Iglesia Católica en “poner el grito en el cielo” al considerar aquel humo como algo diabólico, una especie de conexión etérea con los espíritus maligno.



Una de las primeras medidas fue que nuestro amigo Rodrigo fuese encarcelado por la Inquisición, pero paralelamente a ese rechazo institucional en Europa, aquellos curas aventureros fumaban un “cigarrillo” tras otro durante las liturgias. Hasta 1583, año en el que fueron advertidos que el consumo de tabaco en la administración de los sacramentos estaría penado con la condenación eterna de sus almas. Una vez terminada la misa tendrían permiso para fumar a su antojo…

El papa Urbano VIII, el 30 de enero de 1642, emitió la bula Cum Ecclesiae en respuesta a las quejas del Decano de la Catedral de Sevilla, por la que se declaraba que cualquier persona que consumiera tabaco por la boca o por la nariz (hay que recordar que así fumaban los americanos), ya sea rayado, en polvo o en pipa, en las Iglesias de la Diócesis de Sevilla, recibiría la pena de excomunión latae sententiae.

En 1650, ocho años despúes de la bula de Urbano VIII, Inocencio X puso la misma pena para el uso del tabaco en las capillas, en la sacristía o en el pórtico de la Archibasílica de San Juan de Letrán de San Pedro de Roma, por la razón de que se había invertido mucho tiempo y dinero en embellecer con mármoles y bajorelieves las mismas, y no se quería que fuesen manchados con el jugo del tabaco y el humo…

La pregunta clave vino en 1685. Muchos teólogos se ensarzaron en un polémica discusión sobre si estas normas debían aplicarse a la Iglesia Universal y, de ser así, se preguntaban a que lugares afectaría (rectorado, capilla, sacristía…) En 1725 se revocó la pena de excomunión por fumar en San Pedro, ya que Benedicto XIII se dió cuenta de que los parroquianos tenían la tendencia a salirse a la puerta a “echar un cigarrillo” y se decidió que lo mejor era que se quedasen fumando en el interior, evitando así la interrupción de la liturgia o que se perdieran parte de ella… pronto se volvería a prohibir…

Benedicto XIV, Pío IX, León XIII, Pío X, Pío XI ó Juan XXIII le daban al tabaco cosa mala, y como curiosidad citar que Benedicto XVI compraba el marlboro por cartones hasta poco antes de ser nombrado Papa. Santos vicios que los llaman...




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Navidades en Roma: 12 costumbres que han sobrevivido

No son pocos las ritos, usos y costumbres romanos que han llegado hasta nuestros días, y las fiestas invernales tampoco están al margen. Durante el festival de la época fría del año llamado Saturnalia muchas costumbres romanas han sobrevivido hasta incrustarse en nuestra época…

1.- Cinco días de vacaciones
Cinco días de vacaciones. En el siglo I d.C. los romanos tomaban cinco días de vacaciones para celebrar las fiestas de la Saturnalia, una celebración pagana que tenía como objetivo “traer de vuelta a el sol”. Tomamos aproximadamente el mismo número de días libres por Navidad.
2.- 25 de diciembre
25 de diciembre. Los romanos ofrecían sus sacrificos a Saturno, aunque también se estaba celebrando el nacimiento de un dios oriental. No, no a Jesús: Mitra¡ Sus rituales comparten muchas similitudes con nuestras ceremonias cristianas. Bautismo, comida sacramental, observancia del domingo y nacimiento de ambos dioses el mismo día 25 de diciembre.
3.- El árbol de Navidad, muérdago, guirnaldas, etc. 
Los romanos ya decoraban sus casas con vegetación. En un capítulo de Big Bang Theory, Sheldon nos cuenta: “En la era pre-cristiana, cuando el solsticio de invierno se acercaba y las plantas morían, los paganos traían ramas de hoja perenne a sus hogares como acto de magia, destinado a guardar las esencias vitales de las plantas hasta la primavera. Con el tiempo esta costumbre fue adquirida por los pueblos del norte de Europa y se llegó al árbol de navidad”.
4.- Luces y velas. 
Los romanos también decoraban sus casas con luces adicionales en la época más oscura del año. Aparte de la utilidad práctica, era otro intento pagano para traer de vuelta a el Sol. Linternas, cirios, candelabros y lámparas de aceite parpadeaban por las casas de los ricos. Debido a esto, Roma era muy propensa a los incendios en esta época festiva. Algún historiador calcula que a diario se producía un centenar de incendios en la Ciudad Eterna, que tenía su propio cuerpo de bomberos: los vigiles.
5.- Comida abundante. 
En pleno invierno el instinto nos dice que debemos “construirnos” una buena capa de grasa, darnos un festín en preparación de la época de “vacas flacas” que está por venir. Los hidratos de carbono estaban a la orden del día. Hoy algunos lo llaman gula.
6.- Bebida a tope. 
Está demostrado que añadir una pequeña cantidad de vino al agua mata las bacterias más conocidas. Durante todo el año la mayoría de los romanos bebían vino diluido, pero en las fiestas saturnales no era común mezclarlo y sí atiborrarse de buen vino aromatizado con especias.
7.- Vida nocturna y cambio de rol. 
Durante los cinco días de las Saturnales, los esclavos no tenían que trabajar. Podían comer, beber y ser felices (sic) por la gracia de sus amos. Otros, como Plinio el joven incluso daban más prebendas. Pero ¡Ojo¡ al concluir las fiestas había que volver a la oficina…
8..- Juegos de Mesa. 
En la Roma del siglo I, se permitían muchos juegos para grandes y pequeños sólo durante la Saturnalia. Los niños y esclavos podían jugar a tirar dados sin temor al castigo. En Occidente, la Navidad es el único momento en que muchas familias practican juegos de mesa o cartas.
9.- El jefe de las fiestas. 
En la primera noche de la Saturnalia se tiraban los dados en muchos hogares para determinar quién sería el rey de las Saturnales. El “Rey” podía mandar cosas a los demás como preparar un banquete, hacer mandados o cantar canciones. Hoy no hace falta tirar los dados, las madres mandan todo el año…
10.- Sombreros de… ¿Santa Claus?. 
Los esclavos que eran puestos en libertad en estas fechas se les era regalado un sombrero que habían de llevar como prueba de su no-esclavitud. El píleo eran de forma cónica y estaban hechos de fieltro de colores. ¿Adivináis de que colores? Sí, rojo y blanco…
11.- Presentes y regalos. 
En las fiestas Saturnales, los romanos entregaban en regalo figuritas de madera o arcilla, a menudo con articulaciones móviles. Hoy en día regalamos figuras de acción, Legos, Barbies y consolas de videojuegos.
12.- Felicitaciones. 
Por último, los romanos adjuntaban a los obsequios el equivalente a nuestras actuales tarjetas de felicitación navideñas. Habitualmente eran epigramas de dos líneas que acompañaban al regalo con los mejores deseos.

Fuente: The Roman Mysteries, libro de Caroline Lawrence




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A usted le falta talento para...

Estas palabras las han escuchado a lo largo de la Historia personajes tan variopintos como Enrique Caruso, el cantante de ópera italiano al que su profesor recomendó dejar las clases de voz porque “Vd. no tiene suficiente voz para el canto”; Albert Einstein, incapaz de leer hasta los siete años, sin el nivel para ingresar en la Escuela Politécnica de Zurich, tuvo que ver como en 1905 su tesis doctoral fue rechazada por el claustro de la Universidad de Berna por considerarla irrelevante…


El inventor Thomas Edison, de quién los profesores decían que era demasiado tonto para aprender, motivo por el cual su madre lo sacó del colegio para enseñarle en casa; el biólogo Charles Darwin, padre de la moderna teoría de la Evolución, a quién según su propía biografía: “mis profesores y mis padres me consideraban un chico común, más bien por debajo del comun del intelecto”; al cantante Elvis Presley, el manager de Grand Ole Opry le dijo en 1954: “Hijo, no vas a llegar a ninguna parte. Te recomiendo que vuelvas a conducir un camión”.

El escritor ruso Leon Tolstoi fue expulsado de la escuela “por no tener capacidad ni voluntad para el aprendizaje”. El general Douglas MacArthur fue rechazado por dos veces en su intento por ingresar en la Academia Militar de West Point… No se quedó atrás el gran escultor francés Auguste Rodin, de quién su padre decía: “tengo un hijo idiota” debido a sus tres intentos por ingresar en la Escuela de Bellas Artes de París; Clint Eastwood, a quién en 1959 un ejecutivo de Universal Pictures le espetó: “vd. no triunfará en el cine, tiene una patata en los dientes, su nuez de Adán sobresale demasiado y habla excesivamente lento”… otro cazatalentos…

El escritor, productor, director y actor Woody Allen fue reprobado tanto en la Escuela de Producción Cinematográfica de la Univ. de Nueva York como en el City College de la misma ciudad; a la actriz Marilyn Monroe, por entonces Norma Jean Baker, una gordita aspirante a modelo, le dijo en 1944 Emmeline Suively, directora de la prestigiosa agencia de modelos Blue Book: “No tienes futuro como modelo ni actriz. Te recomiendo aprendas secretariado o… ¡cásate¡”.

El creador de Mash, Richard Hooker, vió rechazada su novela homónima por 21 editores por “su baja calidad literaria y ausencia total de talento”. Hooker decidió publicarla por su cuenta convirtiéndose en un best-seller inmediato… y terminamos con el gran Rudyard Kipling, que en 1889 recibió una nota del director delSan Francisco Examiner rechazando su obra: “Señor Kipling, lo siento, pero vd. no sabe usar el idioma inglés”.

La Historia está repleta de personas que triunfaron “a pesar de” y, aunque no están todos los que son y quizás algunos no sean de nuestro agrado, lo que no se puede poner en duda es la tenacidad que tuvieron para cumplir sus sueños en la vida…

Imagen: 
Rudyard Kipling, otro genio de la literatura con no buenos inicios, imagen vista en Flickr, Wikimedia Commons





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La gola

La masculinidad en riesgo en el siglo XVII



En 1637, el Marqués de Careaga criticaba las modas “delicadas y femeninas” de muchos hombres españoles, y advirtió que “derrocaban sus espíritus, disminuían su determinación y debilitaban su energía y vigor viril…”. Podríamos preguntarnos que clase de prenda estaba en su punto de mira y la de otros moralistas: la gola.

La gola se había convertido en una imagen de exceso. Un collar de varios cms de alto y a menudo decorado con hilos de fantasía que tenía que ser lavado y almidonado diariamente para mantener su buen estado. A principios de siglo XVII, algunos trataron de elevar aún más sus cuellos utilizando un soporte ceñido conocido como alzacuellos. Así, esta prenda llegó a focalizar una serie de quejas morales que iban desde la política exterior a los temores sobre el futuro de la masculinidad.

Para empezar, los colorantes utilizados para teñir estas prendas eran importados de un enemigo de España, los holandeses. Y aún peor, como muchos hombres representativos se entregaban a esta moda en un momento con conflictos militares en medio mundo, esa imagen poco varonil de los ciudadanos españoles podía acarrear consecuencias políticas graves.

La corona, de hecho, legisló contra ellos. Ya en 1594 se especificó un ancho máximo y la necesidad de que su color y elementos decorativos habían de ser blancos. De nuevo, en 1600, se acordó una anchura menor, sin embargo la moda continuaba. Hasta que en última instancia la corona los abolió por completo en 1623. Incluso el rey mismo no podía estar por encima de estas normas, como podemos ver en este retrato de Velázquez de Felipe IV (1621-1665).

Si Felipe II levantara la cabeza…




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El iluminado




En el 479 a de C, fallece Gautama Siddharta Buda, es decir, el Iluminado.


El célebre reformador religioso indio, que había nacido en 563 a de C cerca de Kapilavasthu, es el fundador del budismo. Su doctrina alcanzaría una amplia y perdurable difusión en todo el mundo asiático y, a partir del s XIX, también en Occidente. En su testamento, un texto místico titulado Mahaparinivrana-Sutra, Buda confiesa a su discípulo predilecto, Ananda:

Me siento ahora achacoso, viejo, al final de mi vida; soy un anciano cuya edad suma 80 años. De la misma manera que un viejo carro sólo se mantiene en pie gracias a la ayuda de las cuerdas, ahora también el cuerpo del Tathagata (del Buda) se mantiene unido, artificialmente, gracias a ellas.
Por eso mismo, Ananda, te digo que busques ayuda y asilo en ti mismo. Recuerda que sólo encontrarás asilo y consuelo en la doctrina, y en ningún lugar más. ¿Y cómo procede aquel monje que quiere buscar ayuda y asilo en sí mismo y en la doctrina, y en ningún otro lugar? Procede de tal forma que, en lo que respecta al cuerpo (que es lo mismo que decir en lo que respecta a los sentimientos, el pensamiento, las pasiones y necesídades), reflexiona siempre con seriedad, profunda y conscientemente, después de haberse despojado de las codicias y aflicciones del mundo. Así procede un monje que aspire a la sabiduría. Y sea quien fuere ese monje, tanto ahora como cuando yo ya no esté entre los vivos, que busque ayuda y refugio en sí mismo y en la doctrina, y en ningún otro lugar. Los monjes que sean fieles a tan elevadas e intensas aspiraciones serán llamados a lo máximo.

Crónicas de la humanidad, 1987

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Las confusas ideas de Dionisio el Exiguo


Dionisio el Exiguo, un monje ruso que murió aproximadamente en el 544, fue consultado por Juan I para tener un criterio cierto de las fechas en las que habría de celebrarse la Pascua. Al parecer, el Papa estaba dispuesto a poner un poco de orden ante el descontrol que había. Dionisio decidió comenzar con lo que para él era la fecha de nacimiento de Jesús. Eligió el año en que Roma fue fundada y determinó, según sus evidencias, que el hijo de Dios había nacido 753 años después…



Estaba convencido según textos que había leído de Hipólito (170-236) que la fecha del nacimiento de Jesús fue un 25 de diciembre, pero el problema es que Hipólito no había respaldado esta afirmación con argumentos sólidos. Estas eran las pruebas de peso que esgrimía aquel “erudito”:

  • Sus contemporáneos afirmaban que Dios creó la tierra el 25 de marzo.
  • Era inconcebible que el hijo de Dios pudiera haber nacido de manera imperfecta.
  • Por lo tanto, Jesús debió haber sido concebido el 25 de marzo.
  • Esto significaba que tenía que haber nacido nueve meses después, el 25 de diciembre.

Y se quedó tan pancho, ancha es Castilla… Cuando, en el año 527 se formalizó la fecha del nacimiento de Jesús, Dionisio puso la Navidad en el mapa. Jesús nació -declaró-, el 25 de diciembre del año 753 romano y decidió “que se parase el tiempo” durante unos días, declarando el 1 de enero de 754 como el primer año de una nueva era de la historia mundial.

Pero Dionisio se equivocó en sus cálculos. Posiblemente nunca leyera el relato del evangelio del nacimiento de Jesús (da la impresión de que le costaba coger los libros). En Mateo, se dice que Jesús nació mientras Herodes era todavía rey (2: 1). Eso se traduciría en 4 aC (o incluso antes). Como consecuencia, para los cristianos el año 2000 no es dos mil años después del nacimiento de Jesús, sino más bien 2004, como mínimo. Esto nos evoca a los famosos 33 años que Jesús tenía cuando fue crucificado. A buen seguro tenía más.

Pero ese no fue su único error. Como en aquellos tiempos no se conocía el concepto numérico del CERO, y al comenzar su calendario en el año UNO, todo ese cambio trastocó todos los cálculos y reajustes posteriores que ha habido a lo largo de la historia. En realidad no sabemos cuando nació Jesús. Ni el año, ni el mes, ni el día. La cronología de nuestro calendario occidental se basa en la mitología disfrazada de teología.

Imagen vista en www.ecured.cu/





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Delicias medievales

 ¡No me pases la receta!



Si nuestros almuerzos se parecieran a los que servía Taillevent, cocinero de Carlos VI de Francia a finales del siglo XIV, nuestra salud no seria nada buena… Para empezar: Capones, Gallinas, Caza y Coles… Después, Asado, Pavos reales al apio, Paté, Liebre y mas capones… Seguían Pichones, Perdiz, Gelatinas y mas Paté… Y luego Pasteles, Crema frita, Almendras, Nueces y Peras… ¿y el postre? pues lo que surgiera…

La presencia anecdótica de dos verduras y una fruta no lograba compensar el exceso de grasa y proteínas animales de esta singular propuesta culinaria. Con semejante dieta, la osteoporosis, el estreñimiento, el cáncer de colon y los trastornos cardiovasculares debían estar a la orden del día en la Corte Francesa…

Teniendo a su alcance toda clase de manjares, ¿porque subsistían los nobles medievales a base de aves y caza? En realidad no siempre fue así. La dieta de los europeos, incluso de los menos afortunados, era bastante rica y variada entre los siglos VI y X, el periodo que se conoce como Alta Edad Media.

Los recursos eran suficientes para abastecer a una población que había menguado desde la época romana: había carbohidratos, vitaminas y proteínas incluso en las mesas más humildes…

No es que la Europa medieval fuera un nuevo edén, no faltaban años de carestía, pero era difícil llegar a una situación desesperada. Uno podía salvarse de sucumbir a una mala cosecha pescando en el río, cazando conejos o recogiendo bayas en el bosque. El hambre sobrevenía solo si fallaban todas estas fuentes de alimento (por ejemplo, por culpa de una helada)…

Por supuesto, la mesa de un conde no era igual a la de un siervo. Pero la diferencia, mas que la calidad, era de cantidad. La jet set de la Alta Edad Media no entendía de sutilezas. Para ellos, el prestigio social dependía de cuantos alimentos pudiera uno permitirse, sin que importara demasiado su naturaleza o su preparación…

Algunas técnicas de cocina medievales, como el sofrito o el escabeche, han perdurado hasta hoy. Pero difícilmente veremos estas propuestas en la carta de un restaurante:

Multi-Relleno

El sayyid (descendiente de Mahoma) Abul Ula, hermano de Yusuf I de Ceuta, se hacia cocinar un elaborado asado de rellenos sucesivos. Se cocinaba un pichón dentro de una gallina, que se colocaba dentro de una oca, que una vez asada, servía para rellenar un carnero. Este, con la amalgama de aves en su interior, iba a parar al horno, dentro de una ternera…

Asado de gato

El llibre de coch, un recetario en catalán atribuido a Rupert de Nola, cocinero de Fernando I de Aragon, contiene instrucciones para guisar un minino. Como es habitual en los libros de la época, el primer paso de la receta es la matanza del animal. En este caso, se aconseja degollarlo, enterrarlo durante un día, desenterrarlo, desechar la cabeza (pues los sesos podrían enloquecer a quien los degustara), golpear el cuerpo con ramas verdes y asarlo con abundante ajo y aceite. Siguiendo los pasos correctamente, el autor garantiza “una vianda singular”…

Fórmulas para engordar

Un recetario anónimo de Al-Andalus propone platos para engordar “a las mujeres y hombres delgados”. Algunos parecen deliciosos, como la asida, un dulce elaborado a base de miel, grasa, huevo y almendra, pero la promesa de ganar unos kilos no ayudaría a venderlos hoy en un supermercado. Obviamente el sobrepeso no era un problema para las sociedades medievales, y si lo era, en cambio, la desnutrición…

Un festín medieval podía alargarse hasta la medianoche o incluso varios días, durante los cuales se servía una ristra interminable de platos, o mejor dicho, bandejas. Las excusas mas frecuentes para comer y beber no eran muy distintas de las nuestras: nacimientos, bodas, fiestas como Navidad, Pascua o Pentecostés… A diferencia de hoy en día, también un funeral, la coronación de un rey o la consagración de una iglesia daban pie a verdaderos festines. El cumpleaños, en cambio, no se celebraba…

Fuentes: (Ensayos)
Huici, Ambrosio. La cocina hispano-magrebi durante la época almohade. Gijon, Trea 2005.
Llanodosa, Josep. La cocina medieval. Barcelona, Laila-1984.





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Enfermedades que aquejaron a figuras históricas


El Rey Ricardo III de Inglaterra no sólo sufrió de escoliosis de la columna vertebral. También había sido infectado por gusanos parásitos que alcanzaban la longitud de una pierna. Muchos gobernantes famosos sufrieron de las enfermedades comunes de su tiempo, lo que a menudo les acarreaba vergüenza.

El emperador romano Claudio (10a.C-54d.C) tenía una gran dificultad para oír y según todos los indicios cojeaba mucho. Por otra parte, se le conoce como el “Emperador mocoso”, tenía una nariz que moqueaba continuamente. Posiblemente sufrió de exceso de flatulencias durante toda su vida. Según el historiador romano Suetonio, “planeó” un decreto para que en las mesas se diese rienda suelta a aquellas ventosidades a fin de que fuera visto como algo normal y no ser objetivo de las burlas por ello.


Carlos V (1500-1558), el emperador del Sacro Imperio Romano Germánico o también conocido como Carlos I, rey de España, no podía comer en público debido a una deformidad conocida como “labio o mandíbula de los Habsburgo”, producida probablemente por el alto grado de consanguinidad en su familia generaciones atrás. Como muchos de los Habsburgo, su malformación le provocaba verguenza y prefería comer sólo.


Los hijos de los poderosos Medici de la Florencia renacentista, sufrían de raquitismo, una enfermedad que hoy en día es una de más comunes de la infancia en los países en vía de desarrollo. Esta enfermedad era debida a la sobreprotección que procuraron los Medici a sus hijos, que crecieron con los más altos estándares sociales de su tiempo y utilizando métodos como la lactancia materna demasiado prolongada y una baja exposición a la luz solar.

La Era Isabelina combina el florecimiento del teatro inglés con la expansión internacional y los triunfos navales. Sin embargo, la reina Isabel I (1533-1603), también conocida como “la reina virgen”, tenía unos dientes amarillos y asimétricos, amén de que les faltaban gran parte de ellos. De hecho, eran normal en ella los ataques de muelas, aunque siempre se negó a que le sacaran los dientes defectuosos. Esta mala decisión le acarreó gingivitis y neuralgia y fuerte dolores en cara y cuello, según el autor del libro “Elizabeth, la Reina”, Alison Weir. También sufría de ataques de pánico y tenía las piernas completamente llenas de varices.


Luis XIV de Francia (1638-1715) o “el Rey Sol” tuvo una larga lista de enfermedades. La más conocida fue una fístula anal, que en esta ocasión sí pudo eliminar gracias a una exitosa operación de cirugía.


En cuanto a Napoleón, otro Waterloo particular fueron sus hemorroides. Según algunos estudiosos, las hemorroides le causaron grandes dolores y le debilitaron en demasía en la batalla que marcó el final de la época napoleónica en la historia europea. El emperador de la Francia, las sufría desde los veinte años de edad, a lo que hay que sumarle otras desagradables enfermedades como la neurodermatitis.

Y es que la enfermedad no entiende de títulos y grandezas…

Imágenes: Flickr, Wikimedia Commons




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Orígenes y significado de la Pascua Cristiana

La Pascua, que celebra la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, y de tanto arraigo cultural y religioso en nuestro país, es la fiesta más importante del cristianismo. Es lo que podríamos denominar “una fiesta móvil”, ya que no cae en una fecha fija cada año.


Las iglesias cristianas de Occidente celebran la Pascua el primer domingo después de la primera luna llena tras el equinoccio de primavera del 21 de marzo. Por lo tanto, la Pascua se celebra entre el 22 de marzo y el 25 de abril de cada año. Los cristianos ortodoxos utilizan el calendario juliano para calcular cuándo celebrarán la Pascua y normalmente celebran la fiesta una semana o dos después de las iglesias occidentales, que siguen el calendario gregoriano.

Los orígenes exactos del nombre de esta fiesta religiosa son desconocidos. Algunas fuentes afirman que la palabra Pascua se deriva de Eostre, una diosa teutónica de la primavera y la fertilidad. Otras fuentes vinculan la Pascua con el término latino “alba hebdómada”, o “semana blanca”, una antigua referencia a la ropa blanca que vestían las personas que iban a ser bautizadas durante estas fechas.
Por un error de traducción, el término más tarde apareció como esostarum en antiguo alemán, que finalmente derivó como Pascua. En español, Pascua se conoce como Pascua; en francés, Paques. Estas palabras se derivan del griego y el latín, Pascha. La crucifixión de Jesús y la resurrección se produjeron después de que él llegara a Jerusalén para celebrar la Pascua (Pesaj en hebreo), la fiesta judía que conmemoraba el éxodo de los antiguos israelitas en tiempos de la esclavitud en Egipto. Pascha, finalmente, llegó a significar Pascua.

La Cuaresma, sin embargo, es el período de los 40 días previos al Domingo de Pascua. Es un período de reflexión y penitencia, y representa los 40 días que pasó Jesús solo en el desierto antes de comenzar su ministerio, un tiempo en el que los cristianos creen que sobrevivió a varias tentaciones del diablo. El día antes de la Cuaresma, conocido como Mardi Gras, es un último “hurra” por la comida y la diversión antes de que comience el ayuno.

La semana anterior a la Pascua es lo que llamamos Semana Santa y tiene como fechas más significativas el Jueves Santo, que conmemora la última cena de Jesús con sus discípulos; Viernes Santo, que hace honor al día de su crucifixión; y Sábado Santo, que se centra en la transición entre la crucifixión y resurrección. El período de 50 días después del Domingo de Pascua es llamado Tiempo Pascual y es una celebración de la ascensión de Jesús al cielo, que termina con el Domingo de Pentecostés.





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