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La reforma de las provincias: Guardo y León



Jaime García Reyero


Uno de los grandes acontecimientos en el siglo fue la reforma de las provincias españolas. Ya hemos visto que en el siglo XVI Guardo perteneció a la provincia de Valladolid. Más tarde, en el XVIII, las provincias se reformaron y entonces la villa pasó a depender de la villa de Toro. Eclesiásticamente siempre perteneció al obispado de Palencia. Judicialmente, al partido de Carrión de los Condes, junto con otros 135 pueblos. De la villa carrionesa llegaban las órdenes y disposiciones de las autoridades correspondientes y era allí donde se pagaban los impuestos. Guardo nunca perteneció a la provincia de León, como creen todavía algunos por aquí. Sí perteneció al Reino de León en sus primeros momentos en la Edad Media, cuando aún no existían las provincias, los señoríos ni las merindades. Guardo fue siempre castellano y fue villa fronteriza entre León y Castilla.

La división provincial del Antiguo Régimen data de 1591. Desde entonces Palencia capital dependía de la provincia de Toro (Zamora). Después, en 1656, Palencia como ciudad adquirió voto en las cortes castellanas y entonces apareció su propia provincia, aunque muchos de sus pueblos actuales, como Guardo, siguieron perteneciendo a la provincia de Toro. Así continuó Guardo hasta el siglo XIX. Al morir Fernando VII, le sucedió su hija, Isabel II bajo la regencia de su madre, la reina María Cristina. Los partidos políticos, hartos del despotismo del rey, aprovecharon los momentos de debilidad, debidos a las Guerras Carlistas, para volver a impkantar la Constitución en España. Y con ella las reformas para acabar con todas las instituciones y normas del Antiguo Régimen. Los partidos liberales y progresistas emprendieron campañas que acabaron con el entramado civil existente. Los señoríos fueron suprimidos por una ley de agosto de 1837. Se prohibió definitivamente enterrar dentro de las iglesias y se quitaron los impuestos, que fueron sustituídos por uno solo llamado "la contribución".

La división de España en nuevas provincias comenzó en 1820. Se quiso suprimir la provincia de Palencia y repartir su territorio entre León, Santander, Burgos y Valladolid. El partido de Saldaña y los territorios de Castrillo y Guardo pasarían a la provincia de León; los partidos de Cervera y Aguilar, A Santander; los de Prádanos de Ojeda y Herrera, a Burgos y el de Palencia, Cerrato, Carrión y Paredes, a Valladolid. El proyecto se convirtió en decreto ley el 29 de enero de 1822. Sin embargo, no convenció a nadie y nunca se llevó a efecto. Hubo una oposición muy dura en Palencia. Enviaron escritos a las Cortes con todo género de protestas por parte de la Diputación. Alegaban que Saldaña y Guardo distaba de León 16 leguas, mientras que hasta Palencia sólo había de 10 a 12 leguas. Decían que las comunicaciones con León eran muy malas, pues sólo se encontraban dos pequeñas poblaciones en las diez primeras leguas. Por otra parte, expusieron que el correo desde León a Guardo tardaría 18 dias, al tener que dar la vuelta por Valladolid y Palencia. De haberse llevado a cabo esta reforma, Guardo hubiera quedado en aquellos años mucho más aislado. ¿Qué opinaban los vecinos de Guardo de estas pretendidas reformas? Nada. Los guardenses aceptaron la Constitución como todos los palentinos, con entusiasmo. Sólo se preocupaban de trabajar día a día. Las intrigas y discusiones políticas no llegaban hasta aquí. Todos confiaban en los políticos que regían los destinos de la nación.

Al final, la reforma no se llevó a cabo y la distribución definitiva del mapa quedó prácticamente como la que conocemos hoy. Fueron sustituídos los corregidores por los jueces de primera instancia en la cabecera de cada partido judicial y los tenientes corregidores pasaron a denominarse jueces de paz en cada pueblo. La reforma la realizó el ministro Javier de Burgos con el decreto del 30 de noviembre de 1833. España quedó entonces dividida en 49 provincias. Guardo dejó de ser provincia de Toro y pasó a formar parte de la provincia palentina. También se hizo un nuevo mapa de partidos judiciales. La villa quedó integrada en el de Saldaña [2].

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[2] Ollero de la Torre, Alfredo: La Guerra de la Independencia y la crisis del Antiguo Régimen en Palencia, en Historia de Palencia de Julio González, tomo 2, Diputación Provincial, 1984, páginas 183 y 184.









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La mala costumbre de dormir al sereno



Jaime García Reyero



Los obispos y clérigos se esforzaban en mantener la moral y las buenas costumbres, pero la ola de modernidad y de degradación de las mismas, que habían traído consigo los reyes franceses y sus acompañantes, se extendían por toda España. Ante esto, el representante del obispado insistía ante un peligro existente en los pueblos ganaderos, entre los que se incluía Guardo. En verano los guardenses llevaban el ganado vacuno al monte y allí permanecían todo el tiempo que podían. Pero claro, alguien debía cuidar esas vacas. Se encargaba de ello la gente joven, tanto mozos como mozas. Si la noche lo permitía, se quedaban a dormir allí, bien al sereno en chozos. Algún familiar subía y les llevaba la comida necesaria. ¿A qué daba lugar todo esto? Pues a más de una boda inesperada y no deseada. Las mozas se juntaban para pasar la noche y nunca faltaba algún que otro mozo que prestaba más cuidado de ellas que de las vacas.

Esta concurrencia de mozos y mozas en parajes solitarios, donde licenciosamente se juntaban y pernoctaban, daba ocasión a las denuncias que llegaron hasta el Obispo de la diócesis, Y para que no se cometieran más ofensas al Señor, como ocurría en este pueblo según el arcipreste visitador, se advirtió a los responsables del ganado que ante Dios eran culpables de los pecados de sus criados e hijos. Por ello mandaba que, a partir de ese día, amos y padres se preocuparan de que sólo fueran los hombres los que cuidaran el ganado. La multa para los que no cumplieran este mandato era de un ducado y, si reincidían, se les pondría presos hasta que pusieran remedio al incumplimiento. El mandato fue contundente y claro. No sabemos si surtió efecto o no, y si logró corregir esas prácticas, lo cual dudamos.

También el obispo palentino don Andrés de Bustamante dio instrucciones a sus párrocos en 1769 para que exhortaran a los padres y amos para que no se trabajase los domingos y festivos y en esos días no se soltará el ganado, aunque los sacerdotes podían dispensar a determinados feligreses para trabajar en festivo, siempre y cuando las necesidades lo exigieran [55].

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[55] APG: libro de fábrica número 55, visita de 1763, mandato quinto.









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Historias singulares de Guardo




Nuestro amigo y colaborador Jaime García Reyero, bajo el sello de nuestra editorial Aruz, publicaba recientemente un nuevo libro "Historias singulares de Guardo", quince historias que tienen como protagonista esta villa del Alto Carrión y que nos hablan de sucesos extraordinarios, raros o excelentes que acaecieron aquí o en su entorno. Algunas son auténticas y reales. Otras que han llegado por transmisión oral, y por lo tanto, como en la mayoría de las leyendas, han sufrido modificaciones con el paso del tiempo.
Otras tienen tanto de ficción como de verdad. Y para el autor, todas tienen cabida en la historia de un pueblo.
Todos son historias singulares, viejas o recientes, pero de Guardo. Jaime se ha limitado a darles forma y envoltura literaria para que el lector disfrute con su lectura.

Historias que se cuentan

El misterio del cadáver con dos cabezas
El milagro del Cristo de la agonía.´
El fantasma del arriero
La noche mágica de San Juan
Los silencios de Don Diego
La cueva del tío Perrote
La noche del Bautista
La venganza
El avión de Luis, "El loco"
Castigo o accidente
Simple mujer, mujer enamorada
Broma o provocación
Crimen carlista
La capilla de los Enríquez
Toñín y San Antonio

@Jaime García Reyero
Editorial Aruz
Julio de 2012

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Los hidalgos y sus privilegios



Jaime García Reyero



Los hidalgos fueron una clase social nobiliaria respetada y envidiada en las localidades donde vivían por no pagar impuestos. Siempre que un hijodalgo se afincaba en el pueblo, el Concejo normalmente se negaba a incluirlo en los padrones de vecinos. Esto solía terminar en el Tribunal de la Chancillería de Valladolid, donde recurrían para que les reconocieran sus derechos. Muchos de estos hidalgos, nietos o biznietos de nobles a los que el rey concedió este privilegio por servicios prestados, conservaban el orgullo de pertenecer a esa categoría de nobles, aunque hubieran perdido sus riquezas y vivieran en la pobreza.

Eso es lo que le pasó a Francisco Díaz de Valdeón en 1807. Descendiente de notables hidalgos de Velilla y Guardo, a los 8 años quedó huérfano y sin bienes. Por esa causa tuvo que comenzar a servir como criado en varios pueblos, hasta que recaló en Mantinos. Allí se casó con Alfonsa Villalba, hija del amo de la casa donde había trabajado durante cinco años. Muerto éste, solicitó la vecindad en Mantinos. Se hallaba en suma pobreza y pidió que le reconocieran la hidalguía para quedar libre de pechos (impuestos). La reclamación llegó a los tribunales. Allí le dieron Carta Real, certificando su condición de hijodalgo de sangre, como hijo de Don Juan Antonio Díez de Valdeón y nieto de Don Agustín Díez de Valdeón. Ambos nacieron en Velilla y en todos los pueblos donde vivieron, como en Guardo, se les tuvo por hijosdalgo notorios [1].


En 1818, vivían en Guardo los siguientes nobles reconocidos: don Isidro Díez de Noriega y sus dos hijos, don Andrés Álvarez de Ribera, don Marcos Díez Valdeón, don Francisco de la Gala, don José Enríquez, don Antonio Enríquez, don Bernardo de la Gala, don Pedro de la Gala y su hijo don Julián, don Andés Fernández y sus cinco hijos, don Felipe Díez Valdéon, don Miguél Enríquez y sus tres hijos, don Dionisio Enríquez, los hermanos don Calixto y Santiago Vega, doña Gregoria Díez, viuda de don Ramón Díez;  doña Ángela Llorente, viuda de don Bernardo de la Gata y sus dos hijos.
Los hidalgos, todos tenían "don" por pertenecer a la nobleza. Desaparecieron al ser suprimidos todos los privilegios del antiguo Régimen.

Notas: (1)ARCHIV: salas de hijosdalgo, caja 1219.17.
Imagen: Ejemplo de documento de "Hijosdalgo".

Guardo, sus gentes y su historia
Jaime García Reyero
Editorial Aruz
@2003








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El ferrocarril de la Robla



  • La mayoría de los accionistas fueron bilbaínos.
  • El tren de la Robla se inauguró el 11 de Agosto de 1894

El aislamiento de Guardo y su comarca iba a tener su fin con la entrada en funcionamiento del ferrocarril de vía estrecha La Robla-Valmaseda, el 14 de septiembre de 1894. Costaron los 284 kilómetros de su recorrido unos diez millones de pesetas. El proyecto fue presentado el 15 de diciembre de 1889 por el ingeniero de minas don Mariano Zuaznávar. el priyecto pretendía construir un trazado que fuera de vía ancha, pero se optó finalmente por la vía métrica, llamada vía estrecha. Un kilómetro de vía ancha costaba entonces 200.000 pesetas, mientras que el de estrecha solamente 70.000.

Los empresarios vascos, interesados en facilitar el transporte del carbón a las industrias, fueron los que impulsaron la obra creando la Compañía de Ferrocarril Hullero de La Robla a Valmaseda, el 21 de Abril de 1890. La mayoría de los accionistas fueron bilbaínos. En 1891, se llevaron a cabo las explotaciones de terrenos correspondientes. La construcción fue dirigida por el ingeniero industrial José Manuel Aráa. Toda la obra se dividió en cuatro tramos:

La Robla a La Espina, de 87 kilómetros;
La Espina a Montes Claros, de 99;
Montes Claros a Bercedo, de 61;
Bercedo a Valmaseda, de 37.

En Guardo afectó a 164 propietarios de tierras. El alcalde de entonces, don Emeterio González Olaso, empresario minero, fue el primero en apoyar el ferrocarril. El Concejo guardense dio toda clase de facilidades y ofreció todo lo que tenía: madera y piedra caliza. Del monte Corcos, salió gratuitamente toda la madera para las traviesas de la vía a su paso por el término de Guardo. Igualmente, toda la piedra caliza picada para la caja de la vía fue obtenida de las canteras guardenses. Además, se regaló la piedra de sillería que quedaba del ruinoso castillo para levantar las estaciones de Guardo y su comarca. La villa puso todo su empeño en este ferrocarril que supuso un cambio radical. Se abrió un horizonte nuevo con el transporte de moda entonces, el tren.

A Guardo llegó el ferrocarril antes que las carreteras y las diligencias tiradas por caballerías que, en aquella época, hacía años que circulaban por la mayoría de las carreteras palentinas. el trazado inicial comprendía 284 kilómetros. La prolongación de la línea desde Valmaseda hasta Bilbao tardó todavía varios años, hasta 1902.

Merece la pena anotar las fiestas que se celebraron en Guardo cuando llegó el primer tren. Fue el 11 de Agosto de 1894, un mes antes de entrar en funcionamiento en toda su extensión. Llegó la locomotora engalanada con flores, gallardetes y banderas. Llevaba también un letrero que decía: "Inteligencia, Capital, Trabajo" y los nombres de las cinco provincias por las que atravesaba el trayecto ferroviario. Todo el pueblo se dio cita en la reluciente y flamante estación. Las mozas colocaron más flores y adornos en la máquina y entonaron cánticos como en las fiestas grandes. Aquel día la población vivió una de sus mejores celebraciones. ¡No era para menos! Al fin, la villa del Alto Carrión rompía su incomunicación. Un sueño ansiado largo tiempo y hecho realidad.

Enlazaba en Mataporquera con la línea de ferrocarril Santander-Palencia. También lograba comunicación con León, ya que por carretera era una tarea penosa, difícil, lenta y casi imposible.

Acudieron de todos los pueblos de la comarca. Nunca habían visto un tren y miraban estupefactos llenos de temor y miedo. Aquello parecía un invento diabólico. No se atrevían a arrimarse a la máquina y, cuando ésta resoplaba y echaba vapor, huían despavoridos. El maquinista abría intencionadamente las válvulas del vapor cuando veía que un grupo de medrosos se aproximaban a la máquina. El susto provocaba las risas de los demás. Las máquinas llevaban el nombre de los ríos que atravesaba esta línea férrea, como Porma, Carrión, Cea, Esla, Pisuerga, Ebro...etc


Otras máquinas recibieron el nombre de los principales lugares por donde pasaban, como Sabero, Matallana, Valderruela, Guardo, Cervera... También llevaron el nombre de diferentes ingenieros que trabajaron en estas obras. [47] 
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[47] Narganes Quijano, Faustino: Mineros y Minas de Antracita de la provincia de Palencia en PITTM, tomo 68, Diputación provincial, 1998; pg.52 

Fernández López Javier: El Ferrocarril de la Robla, en El Ferrocarril de la Robla, cien años del Hullero (1894-1994).
FEVE, dirección de comunicación, Bilbao, 1994 y Pérez Llorente, José: Guardo y el Ferrocarril de la Robla, La Construcción, en el diario "Alerta" de Santander, 25 de Agosto de 1990.

Imagen: La Wikipedia



Guardo, sus gentes y su historia
Jaime García Reyero
Editorial Aruz
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El trabajo en las primeras minas

  • En el interior se cobraban entre tres y cuatro pesetas diarias.

El trabajo en las primeras minas fue durísimo. Se trabajaba hasta los domingos, al menos media jornada. No existía la Seguridad Social y el minero inválido en un accidente era abandonado a su suerte; aunque muchos fueran socorridos por las empresas que les proporcionaban algún trabajo auxiliar adaptado a su incapacidad. Los salarios eran muy bajos. Variaban de dos pesetas a dos y media  por jornada en el exterior de la mina. En el interior se cobraban entre tres y cuatro pesetas diarias. Los mineros trabajaban a destajo catorce horas diarias. Una semana hacían turno de noche y, a la siguiente, de día. Eso en el interior.
Fuera de los pozos los obreros faenaban de sol a sol. Los niños lo hacían a partir de los doce años, eran los llamados "guajes". Las mujeres solían trabajar también en el exterior. En Guardo no se autorizó el trabajo a las féminas hasta muy entrado el siglo XX. A finales de la década de los 30 y a comienzos de los 40, un grupo de mujeres guardenses iba diariamente andando hasta las minas de La Espina (León). Cruzaba el monte por un atajo. Allí sí les permitían trabajar. Así todos los días, lloviera o nevara, para poder llevar un mísero sueldo a su hogar.

A finales del siglo XIX, los salarios eran tan bajos y las condiciones de trabajo tan míseras que comenzaron los enfrentamientos entre amos y trabajadores. Aparecieron los sindicatos obreros, que lucharon por erradicar los abusos patronales y mejorar las condiciones de trabajo. Fueron inevitables las huelgas salvajes y el paro demoledor. Para paliar las duras condiciones laborales en las minas, el gobierno dio un Decreto el 5 de diciembre de 1883. A través de él aparecieron comisiones que estudiaron los abusos y la dureza del trabajo. el objetivo era mejorar las relaciones de las clases obreras con los empresarios. Las comisiones provinciales estudiaron créditos agrícolas, las condiciones de los tajos, especialmente para las mujeres, las cajas de retiro, las cajas de socorro para enfermos e inválidos, mutuas de trabajo, viviendas sociales... etc. Estas comisiones estaban formadas por empresarios y obreros, aunque éstos siempre estaban en  minoría. En Palencia hubo una comisión provincial con representaciones de Astudillo, Carrión, Cervera y Orbó; éste último por la cuenca minera [46].

En las localidades mineras se instalaron economatos que suministraban alimentos a las familias de mineros. Cada familia tenía su cartilla donde se anotaba lo que se compraba. Al final del mes, les descontaban del sueldo lo que habían consumido. Hubo muchos casos de mineros que al ir a cobrar su sueldo mensual, ya se lo habían gastado íntegramente en comida.
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[46] Herrero Puyuelo, M.Blanca: La Comisión de las Reformas Sociales en Palencia (1884-1903), Ayuntamiento de Palencia, Palencia, 1990.

Para saber más: Minas, en Wikipedia



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Jaime García Reyero
Editorial Aruz
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El médico, el cirujano y el escribano





A mediados del siglo XVIII, el escribano don José Salazar Campero, natural de Guardo, y de familia adinerada, pagó por el título 50 ducados.


El médico, el cirujano y los escribanos eran servicios comunes de la Jurisdicción, lo mismo que el tejero y el valijero. Cuando desapareció esa mancomunidad, los dos primeros siguieron prestando sus servicios a los otros cuatro pueblos. No así los escribanos, que pasaron a ser los secretarios del municipio y los notarios.

El médico era el científico, el que tenía conocimientos de medicina, trataba a los enfermos y recetaba medicinas. El cirujano era el que realizaba las curas a los heridos y atendía a las mujeres en los partos. Equivalía a los enfermeros actuales o practicantes actuales.

En 1843, el médico de Guardo y sus cuatro pueblos fue contratado. A don Manuel Cuena, profesor en medicina, como también les llamaban entonces, le hicieron un contrato por dos años a razón de 800 reales anuales en pagos trimestrales. Además, recibía doce cargas de centeno anuales por San Miguel (29 de Septiembre) para el caballo que utilizaba en sus desplazamientos a los pueblos. Él tenía la obligación de asistir con prontitud a los vecinos y a los pobres de solemnidad que hubiera en Guardo. En el siglo XIX, por Guardo desfilaron bastantes médicos, porque la mayoría cumplía los dos años de contrato y luego se marchaban.


En 1843 contrataron al cirujano Antonio Ruiz. A pesar de llevar más de 30 años en Guardo, cada dos años se le hacía contrato nuevo. Las cláusulas del acuerdo fueron éstas:
1-Asistiría con prontitud a todos los vecinos y pobres, tanto heridos como en partos. 
-Recibiría 320 reales al año en pagos trimestrales, más doce cargas de centeno para su caballo por San Miguel. 

El escribano de número del Ayuntamiento era el único contratado por tiempo indefinido. En 1840 se llegó a un acuerdo con dos José Antonio Rama. Le hicieron un contrato provisional, pues era de Guardo y le dieron el cargo por no presentarse nadie. Cobraba 110 reales al mes, que era un gran salario. 

Los escribanos, al igual que los médico gozaban de gran prestigio y la mayoría disponía de grandes fortunas. En Guardo hubo muchos secretarios notables y de renombre, como la saga de los González de Cordoba. Los títulos para poder ejercer estas profesiones, los daba el rey, previo pago de una cantidad y un examen. A mediados del siglo XVIII, el escribano don José Salazar Campero, natural de Guardo, y de familia adinerada, pagó por el título 50 ducados, que entonces era una cantidad considerable. Normalmente estas profesiones pasaban de padres a hijos.[13]


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[13] AMG: Libro de Actas de Jurisdicción, 1830-1911. Y APG: libros de fábrica, diversas fechas.

Imagen: Grabado, siglo XVII, visto en Regimen Sanitatis




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Jaime García Reyero
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El valijero

  • El Ayuntamiento de Guardo estaba obligado a pagarle un sueldo de 400 reales al año.

La contratación del valijero se hacía cada año en enero. El valijero era el cartero, el que conducía la valija o saca con la correspondencia, documentos y objetos de valor que tenía que entregar y recoger en Carrión de los Condes. En el siglo XVIII y parte del XIX el valijero de Guardo tenía que ir una vez a la semana hasta Carrión a recoger la correspodencia. Salía los viernes. El trayecto lo hacía a pie. Hacía un alto en el camino para descansar en Pino del Rio y Saldaña. En Carrión recogía toda clase de envíos, los resguardos de pagos de los ayuntamientos, los despachos oficiales de las autoridades provinciales y reales, y las cartas y los mensajes orales, que luego transmitía a los interesados. El miércoles ya estaba de regreso para hacer el reparto por los cinco pueblos de la jurisdicción. Además, traía la valija de la jurisdicción de Camporredondo y de varios pueblos de la Peña. Los primeros recogían su correspondencia en Velilla y los de la Peña, en Guardo. Por el servicio a estos pueblos recibía un sueldo aparte; Camporredondo le paga 20 reales anuales.

Este servicio de Correo era la única comunicación que Guardo y su comarca mantenían con la cabeza del Partido Judicial, Carrión de los Condes, que hacía de subdelegación de la capital. al tener que llevar el dinero de los impuestos, los valijeros estaban sometidos a peligros porque los ladrones y maleantes abundaban por los caminos, aunque raramente atacaban a los valijeros; sus rutas solían estar vigiladas por la justicia. En los libros de actas de la Jurisdicción de Guardo no hay registrado ningún incidente de este tipo. Quizá el mayor peligro para el valijero era la climatología, porque tenían que caminar los días señalados, lloviera, nevara, cayeran rayos o aplastara el sol. Tenían que caminar siempre de día, pues así lo tenían ordenado.

Cuando se construyó la carretera de Carrión a Saldaña y apareció el servicio de diligencias entre Palencia y esta última villa, el valijero ya no tuvo que desplazarse hasta Carrión, sino hasta Saldaña, con lo cual su camino se redujo prácticamente a la mitad. Entonces le obligaron a realizar dos viajes semanales a la Villa de la Virgen del Valle. Para hacernos una idea de cómo era este servicio, veamos uno de los muchos contratos de un valijero. Los alcaldes de Guardo, Villalba, Otero, Velilla y Mantinos, acompañados de un regidor cada uno, se reunieron el 30 de enero de 1840 para contratar el servicio de conductor de la valija. Fijaron estas condiciones.
  • -.El valijero saldría los viernes a las diez de la mañana y regresaría los lunes, excepto de abril a septiembre en que lo haría los domingos por la tarde sin excusa alguna, a no ser por causas fortuitas de falta de salud u otro motivo. 
  • -.Era su obligación conducir contribuciones y pagos reales de la Junta de los Cinco Pueblos la Depositaria del Partido Judicial, traer y entregar las correspondientes cartas de pago a los pueblos y conducir los testimonios y demás asuntos que ocurrieran en los pueblos de la Junta. 
  • -.Los que tuvieran que enviar dinero para toda clase de pagos, se los entregarían el jueves anterior a la salida porque, pasada la hora de partida, no quedaba el valijera obligado a llevarlo hasta el correo siguiente. 
  • -.Estaba obligado a este servicio y respondía de su total cumplimiento con su persona y bienes habidos y por haber, siendo responsable de los descuidos o faltas que por su parte resultasen en perjuicio de los ayuntamientos. 
  • -.La duración de este acuerdo era de un año. 
  • -.El Ayuntamiento de Guardo estaba obligado por su parte a pagarle un sueldo de 400 reales al año. 
  • -.Se aceptó como fiador a Lucas Villalba, vecino de Mantinos.
Imagen vista en "Oficiones tradicionales"




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Bodas escandalosas y curiosas

  • El antiguo novio de la joven Isidora Bravo, interrumpió a voces la misa donde se daba a conocer la primera amonestación...
Lógicamente, en Guardo hubo bodas escandalosas como en otros sitios. Bodas que dieron mucho juego para las comidillas y cotilleos en los hilanderos de la localidad y de otras muchas del entorno. Uno de aquellos enlaces escandalosos, que hizo el mismo efecto que si la iglesia hubiera volado por los aires, tuvo lugar en Junio de 1755. Se casaban en la iglesia de San Juan el joven Francisco Marcos Perales con la moza Francisca González. en plena ceremonia, oficiada por el párroco guardense don Pedro Enríquez Noriega, al preguntar éste en voz alta al novio si aceptaba por esposa a la joven Francisca, una voz de mujer tronó en el templo. Al lado del altar de la Virgen del Rosario, una segunda joven, Juana Serrano, reclamó que Francisco no se podía casar con Francisca, porque a ella le había dado palabra de matrimonio y por lo tanto se tenía que casar con ella.. El novio fue detenido y encarcelado. En septiembre del mismo año, el Tribunal Eclesiástico emitió sentencia condenando a Francisco a pagar las costas y a casarse con Francisca. Juana Serrano se quedó sin conseguir su propósito, pero no conforme, apeló al citado Tribunal. La sentencia era ya definitiva. Juana Serrano no pudo impedir el matrimonio, pero no se quedó para vestir santos por su atrevimiento. En agosto del año siguiente contrajo matrimonio con Martín de Valdeón, natural de Valcuende.

En otra boda, en 1768, ocurrió algo parecido pero con distintos protagonistas. Esta vez fue el antiguo novio de la joven Isidora Bravo el que interrumpió a voces la misa donde se daba a conocer la primera amonestación o velación. el joven alegó que Isidora le pertenecía a él, porque se habían dado palabra de matrimonio y lo habían consumado. La vergüenza de la novia y de toda su familia duró más de unos cuantos meses. Isidora no se pudo casar en esa ceremonia con quien estaba previsto, el joven de 25 años Raimundo Sánchez. a pesar del escándalo pudo celebrarse el enlace pasado un tiempo.

Hubo muchas bodas que también dieron que hablar. Otras acabaron en los tribunales, como la de Alonso González, de 29 años, que en 1784 quiso casarse con María Antonia Cabrero, de 22. Él era de Roscales y ella de Guardo. en la segunda amonestación, en plena misa mayor en San Juan, una joven llamada Rosa Benito, natural de Nogales de Pisuerga y residente en Guardo, dijo a voces que el novio "le debía palabra y daño". ¡¡Qué escándalo!! El cura teniente don Andrés Barcenilla, un párroco de mucha personalidad, no sabía qué decir ni qué hacer, ni daba crédito a lo que oía. Después de unos larguísimos minutos de silencio y de estupor entre los asistentes, el cura suspendió los esponsales. El novio fue detenido al no querer saber nada de Rosa Benito y al negar las acusaciones de ésta. El juicio se celebró en el Tribunal eclesiástico de Palencia. Alonso fue declarado culpable y tuvo que pagar las costas del juicio. El cura de Roscales recibió orden de embargarle los bienes para cobrarle los 400 reales de esas costas. Si esto no era posible, no le daría ninguno de los permisos necesarios para casarse cuando quisiera. Al final, Alonso González pagó y pudo casarse con Maria Antonia Cabrero. No tuvieron hijos. De la valiente Rosa Benito, ya que todo el mundo se enteró de sus idas y venidas y de sus juegos prohibidos con Alonso, no se volvió a saber más. En aquellos tiempos, una mujer en esa situación quedaba marcada para siempre. Posiblemente se marchó de Guardo.

Otra boda curiosa tuvo lugar en 1771. Juana Cordero y Bernardo Izquierdo eran solteros e iban a contraer matrimonio. Él era de Guardo y ella de Intorcisa. Cuando se iban a dar las amonestaciones eclesiásticas a lo largo de tres domingos, se declaró una epidemia en Guardo. Bernardo contrajo la enfermedad. Su estado era gravísimo. El médico titular, don Domingo Alonso, dijo que no se podían leer las velaciones citadas, porque la muerte estaba a un paso del novio. Se suspendieron. La desdichada novia se desesperó y recurrió al párroco de San Juan. el cura tomó una decisión rápidamente. Para evitar los daños que la suspensión de esta boda pudieran ocasionar a Juana y en especial a su legítima prole, que ya estaba en camino, les casó al día siguiente. El casorio se celebró, el novio en la cama moribundo y la novia cubierta de lágrimas. Las velaciones, como también lo permitía el Concilio de Trento, se hicieron después de la boda.

Imagen vista en Javiastu

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Los hilanderos

  • La mayoría de las mujeres, con la lana de sus ovejas, el huso y la rueca, hacían hilo para después tejer las prendas de vestir.

Las costumbres del Guardo en el siglo XVII fueron prácticamente las mismas que las del siglo precedente y se repetirían en el siguiente, porque las tradiciones perduraban a través de los siglos de padres a hijos sin apenas variaciones. Estas costumbres eran comunes a la mayor parte de los pueblos de la región. Entre las más sobresalientes de esa época estaban los "hilanderos", que eran diversiones desligadas de las ceremonias religiosas, que lo llenaban todo. La religiosidad imperaba en todas las gentes de entonces y presidía sus pocos actos de ocio. El guardense de este siglo sólo tenía tres horizontes: el trabajo, la familia y la iglesia. Sin embargo, contaba con sus ratos en los hilanderos, que eran reuniones de vecinos que se hacían tarde tras tarde de invierno, cuando los fríos, la nieve o la lluvia no le permitían salir a la calle. Al anochecer, todos a su casa.

Por la tarde, se reunían las mujeres, los niños y algún que otro hombre en una cocina con buena lumbre y allí se cantaba, se rezaba el rosario y se contaban historias y chismes. Era la única diversión que existía en nuestros pueblos. También iban los jóvenes y de allí salieron muchos noviazgos.
¿Por qué se llamaban hilanderos?
Porque allí las mujeres hilaban. Además de pasar el tiempo entretenidos, se aprovechaba la tarde. La mayoría de las mujeres, con la lana de sus ovejas, el huso y la rueca, hacían hilo para después tejer las prendas de vestir. Esa era la actividad principal, pero también se cosía, se remendaba, se bordaba o se hacían otros menesteres caseros, al tiempo que las lenguas y las gargantas funcionaban sin cesar, alegrando las tareas de aquellas tardes gélidas.

La mayor parte de los hombres estaban en las cuadras, en los graneros, o en su casa realizando distintas faenas o preparando sus útiles de laboreo para la primavera. Cuando llegaba el buen tiempo los hiladeros se suspendían, pues todos tenían que dedicarse al ganado o al campo, incluyendo mujeres y niños.

Los hiladeros han sido retratados por muchos escritores costumbristas. Uno de ellos fue el presbítero natural de Velilla del Río Carrión, Demetrio Ramos Díez, en su libro "Brisas de mis montañas leonesas". En él detallaba cómo se hilaba con la rueca y el huso, se rezaba el rosario, se leían vidas de santos y, principalmente, se chismorreaba y salían a relucir todos los trapos sucios del pueblo. También se cantaban a coro romances, historias de sucesos, leyendas...

Uno de los romances que más se cantaban era "El milagro de San Antonio", santo de Padua, nacido en Lisboa y patrono de Guardo. Durante varios siglos se ha cantado y leído; los ciegos lo cantaban de feria en feria. Aquí las mozas lo cantaban a coro y la mayoría de los guardenses se lo sabían de memoria.

En los hiladeros se contaban historias y leyendas, como las de las brujas del Herro, las que moraron en la "Casa de la Bruja" en San Pedro de Cansoles o las misteriosas "Doncellas del Hoyal de la Peña". En días especiales, estos hilanderos se prolongaban hasta altas horas de la noche, sobre todo cuando no había prisa para madrugar, porque había una gran nevada o era festivo.

Otras referencias:
¬ Ramos Diez, Demetrio: Brisas de mis montañas leonesas, Buenos Aires, 1940, pgs. 132 y 133.
¬ Martínez Mancebo, J.Carlos: "Usos y Costumbres en Fuentes Carrionas, en PITTM, tomo 45, Diputación provincial de Palencia, 1981, pg.199.
¬ Romance del milagro de san Antonio, copla del Ciego, Zamora, Imprenta Bazar.



Imagen: mediateca-educa madrid



Guardo, sus gentes y su historia
Jaime García Reyero
Editorial Aruz
@2003









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Jacometrezo, un artista italiano

¿Por qué Guardo ha tenido siempre una calle dedicada a Jacometrezo? Madrid también la tiene. ¿Quién fue Jacometrezo?


Jácome o Jacobo Trezzo, conocido por su nombre artístico, Jacometrezo, nació en 1515 en un pueblo próximo a Milán, llamado Trezzo (del cual tomó el apellido), y murió en Madrid en 1589. En sus comienzos se dedicó al grabado en hueco. Fue admirado escultor y alcanzó la fama a mediados del siglo XVI como tallador y grabador de piedras preciosas. Debido a un retrato que grabó al gobernador español en Milán, éste le propuso que viajara a Madrid, donde los artistas europeos, especialmente italianos, tenían una gran acogida y éxito. Trabajó para Felipe II, principalmente en la construcción del Monasterio del Escorial, donde realizó el altar mayor y la custodia de oro, joya que desapareció saqueada por las tropas de Napoleón durante la invasión francesa.

Jacometrezo elaboró el tabernáculo donde iba alojada dicha custodia, empleando siete años e inventado para ello diversas ruedas, tornos y sierras para doblegar la dureza de los materiales empleados. La custodia estaba labrada en bronce, oro, plata y piedras preciosas y había sido diseñada por el arquitecto que hizo el Escorial, Juan Herrera. Una vez terminada esa gran obra, Felipe II gratificó al maestro italiano con 1500 ducados, toda una fortuna. Además, le concedió un sueldo mensual de 50 ducados mientras estuviera trabajando para la casa real. También realizó trabajos para la reina de Portugal y consiguió gran renombre como medallista. Colaboró con otro escultor italiano en la realización del sepulcro de la infanta Juana de Austria, enterrada en las Descalzas Reales de Madrid.

Jacobo Trezzo o Jamometrezo, como era conocido, se estableció en Madrid, precisamente en la calle que lleva su nombre. En una casa construída para él por su amigo Juan de Herrera. Jacometrezo murió repentinamente. Había hecho testamento. Dejó muchas mandas o encargos para que cumplieran sus albaceas, entre los que se encontraba Juan de Herrera y el jesuita Avellaneda. Mandó que lo enterraran en la iglesia madrileña de San Martín. Los que le conocieron y escribieron sobre él dicen que no sólo fue un gran artista, sino también un hombre de trato agradable y muy caritativo con las gentes humildes.

¿Qué relación tuvo Jacomo con Guardo? ¿Por qué se dio su nombre a una de las calles más antiguas? Todo un misterio. No nos extrañe si algún día se desvela este enigma que rodea a la calle guardense que une la calle Mayor con la de Valdecastro. Me han apuntado, aunque sin prueba que lo justifique, que este artista italiano estuvo casado con una guardense. O tal vez fue amigo de alguno de los Enriquez guardenses, que en la corte de Madrid tenían sobrada influencia. Desde luego, algo tuvo que acontecer para que en pleno siglo XVI se tomara la decisión de dar este nombre a una calle que se ha mantenido hasta nuestros días. (29)
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(29) Enciclopedia Espasa, tomo 64, pg.218

Para saber más:
hemeroteca diario ABC
Jacobo en la Wikipedia





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Juana de Guardo, segunda esposa de Lope de Vega

En 1598, Lope de Vega se casó con doña Juana de Guardo, rica hija de un asentador de carne y pescado de Madrid.





En la lista de personajes guardenses ilustres del siglo XVI ocupa un lugar primordial la segunda esposa del inmortal dramaturgo Lope de Vega. Sus padres, Félix de la Vega y Francisca Fernández Flores se establecieron en Madrid y allí nació su hijo Lope, que años después sería un mujeriego descarado y un escritor de comedias y dramas como no ha habido otro en la literatura española. Cuando tenía quince años, se escapó de Alcalá de Henares a Madrid con una viuda. Después se liaría con una casada, Elena Osorio, provocando un gran escándalo en la Corte madrileña. Como era muy celoso, la Osorio acabó por abandonarlo. Como él la acosaba, fue denunciado por la familia y terminó siendo condenado y desterrado. Se casó a la fuerza con Isabel de Alderete, con la que tuvo dos hijas. Vivió desterrado en Alba de Tormes. Cuando murió su mujer due perdonado por la familia de Elena Osorio. Entonces volvió a Madrid, donde vivió amancebado con otra viuda de vida alegre, Antonia Trillo.



En 1598, Lope de Vega se casó con doña Juana de Guardo, rica hija de un asentador de carne y pescado de Madrid. Lope se casó sin amor, sólamente buscando la fortuna de doña Juana. Los padres de ésta se opusieron a la boda y no soltaron un real, por lo que Lope tuvo que volver a trabajar de secretario del Conde de Lemos. Viéndose de nuevo en la corte y con medios económicos, regresó a las andadas. Tuvo amores adúlteros con la actriz Micaela Luján, mujer casada y de gran belleza. Su marido se hallaba entonces en Perú.
En 1599, doña Juana de Guardo tuvo su primera hija, Jacinta, que murió poco después. Continuaron los amores escandalosos de Lope y Micaela hasta el punto de tener varios hijos con su amante. El escritor los inscribía y les bautizaba con los apellidos del marido. Siete hijos tuvo Micaela, y de ellos, cinco fueron de Lope.

En 1603, el autor de "Fuenteovejuna" se fue a vivir a Toledo con su mujer, la guardense doña Juana, porque allí vivía Micaela. La casa de Juana y Micaela estaban una al lado de la otra. Poco después nació el segundo hijo de doña Juana de Guardo, al que bautizaron con el nombre de Lope Félix. En 1612, Lope de Vega recogía en su casa a los hijos de su amante cuando ésta murió. Al año siguiente, murió doña Juana de Guardo.

Pero no acabó aquí la agitada vida amorosa del dramaturgo, pues, en 1617, fue visto con otra amante, Marta de Navares, de 26 años, casada a los 13 con un marido que la maltrataba y con el que tuvo dos hijos. En 1625, Lope de Vega ingresó en la congregación de San Pedro, integrada por sacerdotes. Marta Navares sería su último amor, que le atendió y cuidó. Lope de Vega falleció en agosto de 1635, cuidado por una de sus hijas, Antonia Clara. Su entierro fue un acontecimiento nacional.


Lope de Vega fue conocido como "El Fénix de los ingenios", así llamado por su gran facilidad para escribir comedias y dramas en verso. Escribió unas 300 obras, alcanzando fama y prestigio mundial.


A todas las mujeres que amó las ha inmortalizado en sus versos, excepto a su segunda esposa, doña Juana de Guardo.


Juana de Guardo fue una mujer desdichada, enamorada perdidamente de Lope, al que amó hasta su muerte a pesar de sus escandalosas y contínuas infidelidades. Ella se casó convencida, aunque para ello tuviera que enfrentarse con sus padres, que se opusieron hasta el punto de no darle dote ni ayudarla económicamente. Doña Juana pasó privaciones, pero siempre fue fiel a su marido (28). No se sabe ni el día ni el año del nacimiento de doña Juana, ya que los libros del registro de nacimientos de la iglesia de San Juan Bautista de Guardo empezaron a utilizarse más tarde. Es muy probable que naciera en Guardo, pues era costumbre entonces poner el apellido del lugar de nacimiento y Guardo solamente existe uno, la villa palentina capital del Alto Carrión.
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(28) Historia de la Literatura Española e Hispanoamericana, tomo 8, Ordaz, Madrid, 1979, pag.308 y 309.


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