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Viaje al Kursaal


Froilán De Lózar


En recuerdo a Jesús Coria, un amigo que nos dejó recientemente

Bilbao no es ya lo que escribía el poeta Jesús Alonso Burgos, palentino que ejerce como abogado en Barcelona: "En Bilbao no hay quien diga una palabra de desánimo, mientras el humo de las fábricas sigue tan lento que parece llevarse prisioneros a los muchachos de los barrios"... Pero siempre queda flotando en el ambiente una especie de efecto o de postal que nos hace recordarle así, tal como fue. El azar, que puso en mi camino esta ciudad para vivirla, me acercó también la amistad de dos hombres con quienes este año, hace unos días, he compartido una jornada en la perla del norte. Javier y Jesús, que ya experimentaron la cosa del infarto, el aviso de que la vida ha de tomarse con relajo, conscientes de que por mucho que corramos la vida es una academia en la que nunca nos llegamos a graduar, viendo crecer sin motivos mayores mi depresión de otoño, decidieron llevarme a la Feria Gastronómica de San Sebastián. Javier Álvarez, directivo de una de las empresas patrocinadoras, me pasa una invitación a su regreso de Burgos, con la consiguiente dosis de humor que le caracteriza: "A tí te he incluido en la relación como columnista de Diario Palentino". 

La Kursaal, el palacio de Donosti, obra de Rafael Moneo, se recuesta ligeramente sobre el mar, como negándose a sumergirse en él, lo mismo que su río, el Urumea. En su interior, en la planta habilitada para la muestra, se dan cita más de medio millar de productos de élite: Cerveza San Miguel, Vino de Cariñena y de La Rioja, vinos de Rueda, carne del País Vasco, Brandy de Jerez, y conservas de Navarra, productos elaborados artesanalmente, algunos amparados por los Consejos Reguladores de la Denominación de Origen. Ajenos al temporal que azota fuera, iniciamos la visita deteniéndonos en el primer puesto, donde expone sus níscalos el Mercat de la Boquería. Jesús Coria, amante de la buena mesa, como dio a entender después en la Sociedad donde comimos, montaraz aficionado y cocinero de postín, va describiéndome los detalles de las setas expuestas. Allí estaba también Conservas Serrats, de Bermeo; se cree que es la primera empresa que utiliza latas litografiadas para empacar sus productos a primeros de siglo.

Observamos en otro puesto los curiosos comportones, como se denomina en algunas zonas de La Rioja a los canastos que servían para transportar uva, primero haciendo uso de las caballerías y después de las lonas. Y allí se dieron cita, asimismo, los mariscos Oviñana, donde degustamos la caballa ahumada; las bodegas del Marqués de Riscal, las conservas de Santoña, los sobaos Ortiz Sañudo, también de la Comunidad cántabra y las yemas de Santa Teresa de Ávila, donde Silvia Girón nos explica la historia de esta empresa fundada en la ciudad del Tormes en 1860, y la composici6n de este producto elaborado a base de azúcar y fruta, fruta que se compra en Don Benito y que se importa también desde países hermanos como Chile y Argentina.

Lo cierto y concreto es que yo vine a darme un baño de alegría, vine a curar mi depresión, como Isabel II vino a aliviar su mal de piel, o como vino después María Cristina, o como viene hoy tanta gente a esta ciudad de doscientos años, a esta ciudad marinera, de puertos y tabernas, de playas y colinas. La disculpa, que empezó con un concurso de tortilla de patatas, cuyo premio fue a parar a manos de un gallego, tuvo su colofón para nosotros en la Sociedad Sansustene, inaugurada el pasado año en el barrio El Antiguo. Allí compartimos mesa y aficiones con los pupilos de Javier: Koldo, José Mari y el pelotari Ansotegui, campeón de España que fuera en su categoría de este deporte vasco. Cuenta uno de los periodistas destacados en la feria, lo que allí mismo le contó Felipe Gutiérrez de la Vega, de la casa Casta Diva: "Nos aplasta la competencia, la comercialización, el estrés..."

Y es verdad. La vida es una apisonadora que despacio nos mella. De pronto alguien nos roza, como a mí me rozaron estos buenos amigos, sumergiendo mis sentidos en una fuente milagrosa, tal es el caso de esta ciudad encantadora, devolviéndome las papilas gustativas, y, de este modo, como el mar aplaca su furia contra los farallones, yo vuelvo a rescatar mi historia a la ciudad donde vivía.- 

© Froilán de Lózar para Diario Palentino
Imagen: La Comunidad, El País





Cuaderno de @Froilán
De la sección del autor "La Madeja", para "Diario Palentino" y Globedia.

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