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La sincretización del símbolo

El cuento de la Syrenita románica


...Y es que, cada sociedad genera a lo largo de su historia su propia visión del mundo, su marco referencial interior donde todas las cosas cobren sentido. Prejuicios, relaciones de poder, fantasía, vida social, influyen en la conformación de su cosmovisión. 

La expansión del cristianismo no sólo expulsó a las sirenas de los aires, sino que trastocó sus características para encajarlas en su maniqueísta división entre el Bien y el Mal. 

Para ello utilizó la recuperación del imaginario de la antigüedad de manera meticulosa, tornando las antiguas divinidades en demonios y convirtiendo la mitología en lecciones moralizantes dirigida a los paganos. Los motivos antiguos son vaciados de sustancia adjudicándoseles otra significación. La sirena quedó en los mares, exiliada, y jamás remontará vuelo... hasta ahora.
In principio.
Según el Gilgamesh, Libro sagrado de la arcaica mitología sumeria, los dioses emergieron de un mar infinito y abismal, que representaba el caos primigenio. Lilith, cuyo nombre significa "Espíritu de la Noche", era parte femenina de uno de sus semidioses y se encargaba de guardar las puertas que separaban el plano espiritual del físico terrenal. Por eso, como guía hacia la sabiduría de la inmortalidad, se la representaba como una bellísima doncella alada que llevaba los anillos de Shem, los signos más antiguos que demuestran que alguien ha cruzado hacia la inmortalidad y alcanzado la sabiduría del Árbol del Conocimiento.

La influencia Asiria, acabaría eliminando el matriarcado e imponiendo una religión de dioses masculinos para centralizar el origen en hombres de estirpe real.

Paralelamente a la caída del matriarcado, se produce la eliminación de la fuente del poder sacerdotal femenino, el afianzamiento de un sacerdocio únicamente masculino provoca el despojamiento de la aureola semidivina de Liliht, quien continuará rígida y coronada, como "mano de Isthar" que vincula al ser humano con el misterio divino, y flanqueada por la lechuza, pájaro de la Sabiduría, pero demonizada y expulsada al desierto en donde encontrará armonía entre los chacales y el león, señor de las bestias.

La demonología mesopotámica (asiria y babilónica, por excelencia), ejerció gran influencia sobre la cultura hebrea, por lo que no resulta difícil comprender la profunda asociación de la Liliht sumeria con la bíblica, quien por considerarse creada con igual materia que Adán, se negó a yacer en postura reclinada que él le exigía ("por qué he de yacer debajo de ti?") y, tras pronunciar el nombre prohibido y mágico de Dios, se "elevó" por los aires y se retiro al Desierto del Mar Rojo donde se hundió en el mar. El aspecto negativo que los asirios impusieron a Liliht se asentó plenamente entre los griegos, quienes identifican a las lamias (derivación de lilistu) con las acompañantes de cortejo de Perséfone y qué, como ella, habitan en el mundo infernal.

En la interpretación helenística, los pitagóricos (Platón, Obras Completas 617b) se habían referido a las sirenas como las encargadas del movimiento de las esferas y de entonar el canto del cosmos, de las que resaltaban su faceta musical y eran concebidas como las encargadas de guiar las almas errantes de los muertos para que pudieran encontrar el camino, motivo por lo que era frecuente su representación en sarcófagos desde finales del s. II.

Si tenemos en cuenta todo ello, entendemos que desde el punto de vista histórico-mitológico, la sirena clásica respondería a una figuración inicial de mujer pájaro habitante de las profundidades abismales con una clara función conductora de almas, como lo constatan las obras clásicas desde Apolonio de Rodas, Higinio y hasta Ovidio, que serían retomadas en las "Etimologías" de Isidoro de Sevilla y en " De Universo" de Rábano Mauro, entre otros muchos.

Pero será en la gran difusión oral del Canto duodécimo del episodio de la Odisea en el S. VII a. C., cuando se produce la evolución en el concepto homérico de las sirenas. En el momento en que las despechadas sirenas fijas en las rocas se arrojan al mar tras su fracasada seducción al astuto Ulises, la literatura mitológica las convierte, muta y transforma en seres pisciformes adaptados a su nuevo hábitat acuático. Aquí se produce una variación en la imagen popular y nace, pues, la Sirena-Pez.
No obstante, será a partir del s.XI cuando se va a producir la definitiva mutación, tanto formal como simbólica.

A través del arte carolingio, el proceso alegorizador de la mitología clásica se convierte en vehículo fundamental para la expresión religiosa del arte románico y, desde entonces, la sirena pisciforme se convierte en uno de los emblemas iconográficos más evocados para los fines catequizadores de la Iglesia.

En un capitel de la iglesia de Sant Pere Galligans (Girona), hay representada una sirena que se yergue poderosa y majestuosa sobre su cola de pez. Se muestra sujetando unos peces en cada una de las manos, mientras mantiene los brazos elevados y separados del cuerpo. Apoyando su cabeza y a modo de tocado, se representa una plataforma donde aparecen esculpidas unas estrellas en formación de semicírculo.

En otras imágenes imágenes románicas, podremos comprobar unas curiosas similitudes con la antiquísima representación del relieve de Burney:
Las garras de la Lilith sumeria se unifican en cola de sirena formando una nueva imagen y los anillos de Shem, representativos del transito de un mundo a otro son sustituidos por peces, animales de las profundidades oceánicas y de una fuerte tradición psicopompa.

En esa extraña y única imagen, se retoma su significado positivo para adecuarla al Emblemata María, y que a modo de columna coronada aparece erguida y majestuosa, para enfatizar en su firmeza y estabilidad que la hace mantenerse en los momentos adversos. “Hanc mare sed fortem sors inimica beta” (Aunque haya tempestad en el mar, ella se mantiene fuerte e inalterable).

*La sirena rompía la adversidad, confiando en su valor.

La sirena queda, aquí, exenta de connotaciones tentadoras y vuelve a ser portadora de la sabiduría del submundo, el lugar desde el que con su cola de pez se endereza para ascender hasta el cielo estrellado, uniendo los dos mundos y figurándose como el medio de acceso de un ámbito al otro.

Sin embargo, rara resulta ser esta consideración de la sirena medieval como ser benévolo, pues cuando la cultura cristiana "cosifica" a la mujer y la pliega a la voluntad del hombre educando su mentalidad para ser su servidora, la concepción moral religiosa inclina la percepción de la sirena como símbolo de pecado, y más cuando esa extremidad marina sencilla y única (melusina), se bifurca en dos para responder a las exigencias impuestas por la simetría (ley del marco) o simbología hermética (dos vías).


El inicio de este símbolo bífido y ambivalente se origina con un intencionado cambio en la dirección de los peces psicopompos sujetados por la sirena. La posición ascendente del pez se invierte para conseguir que sus cabezas queden unidas a las aletas de la cola. La sirena esta aún erguida, pero en preludio de división.

El simbolismo de la trascendencia del mundo subterráneo hacia la manifestación retoma una connotación negativa, el folklore religioso-popular considera como las propias extremidades de la sirena a esos dos peces que unen sus bocas, y que, amén de su fuerte significado alquímico, hacen resurgir el interesado mensaje pecaminoso de lujuria y vanidad que da especial impulso al efectismo perseguido al rematarlos a modo de sujetas colas que se desparraman como melenas abiertas.

Nace así la sirena de doble cola, emblema de lujuria, pecado y perdición.

Sin embargo, paralelamente, en el mundo bizantino es donde se produce otra gran metamorfosis simbólica que sigue manteniendo el significado positivo de la capacidad fortaleza y estabilidad, la imbatible columna coronada o Emblemata María.






Observamos en el aparente faldón de la Virgen, y de forma muy evidente, unos pliegues de sospechosa similitud a la cola de pez y que se yergue hasta el vientre de una María, que aparece ostentando una tiara de tres peces como participe de los tres mundos, cielo, tierra y profundidades marinas, portando los peces psicopompos en su manos.

Aquí, la mutación formal y simbólica, propicia una evolución interesada de una mujer tentadora, a una diosa-madre, concebidora y gestante de Iesus Xhristus (pez).

Posteriormente, ese mismo arte, propiciará, en los mismos medios, la evolución de la imagen hacia una desaparición paulatina de la cola de la sirena-pez en su variante fecundadora, y se precipitará hacia el signo de gestación en el vientre, como punto central.

La inscripción, con su nombre, sustituirá a la tiara; los peces adquieren forma humana, pero tanto en ellos como en la Virgen pervive ese recuerdo de ámbito subterráneo en el trazado escamoso de su cuerpo-vestido. El punto central ya adquiere la forma de su futura manifestación, el Hijo de Dios.
Finalmente en la figuración bizantina de la Orante o Virgen del Signo, la tiara se convierte en nimbo de luz y los peces que portaba en las manos en la personificación de Gabriel y Miguel, los arcángeles que, al igual que lo anillos de Sem o los peces psicopompos, conductores de almas de un ámbito a otro.


Así, la Liliht de la desolación, la lamia griega, la Eva hebrea, la Artemis helénica, la Innanna íbera y la Afrodita romana, quedan desprovistas, en sus manos, de instrumentos de sensualidad y medios para ofrecer el mal (aros y triángulos de la Inmortalidad y manzana del Conocimiento) para mantener -sin variar la disposición oferente de sus brazos- los frutos de la redención cristológica a través del martirio en la cruz.
La sirena de las profundidades, se transforma en Virgen-diosa-María, que aparece como Platytera en el reverso de la cruz, referente importado y mutado de dos aspectos universalmente inseparables: luz-oscuridad; mundo-submundo; vida-muerte; principio y fin.



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Imágenes, por orden de aparición:
Relieve de Burney, 2.000- 1.950 antes de nuestra era. (Wikipendia).
Capitel de la iglesia de Sant Pere Galligans (Girona).
Relicarios o enkolpiones bizantinos (s.X-XI).
Cruces: con agradecimiento a Fíbula y foro numismático.



Sección para "Curiosón" del grupo "Salud y Románico".


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