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La luz

(1.11) SIMBOLOGÍA ARQUITECTÓNICA

Ascendamos. Ayúdame, amigo/a, a encontrar la Luz.


Es elemento "arquitectónico" para el constructor del románico que intenta hacerla "pasar" por tres ventanas en el ábside significando que, como la Trinidad, entran tres haces de luz pero la luz es una sola, y al penetrar sobre el altar a hora prima, asemeja lux mundi, con lo que el fiel que entra al templo se siente sobrecogido por la iluminación, deslumbrado por la luz, material y mística; esa mística en que la inmaterialidad humana impide el acercamiento a la luminosa inmaterialidad de Dios, y por ello todos los recursos técnicos y estilísticos se combinan en una forma que tiene como fin elevar el alma del espectador a Dios.

Por medio de la luz adquirimos, aprehendemos y comprendemos el mundo, porque ella da carácter a la objetividad del espacio. No lo determina, sino que determina el espacio que de él tenemos ya que nada hay en la oscuridad que pueda convertirse en verdadero.


La luz del sol se derrama constantemente como un bien inefable, hace vibrar la materia, le da vida. A través de ella tomamos consciencia de su transcurrir sin pausa; de su linealidad y comportamiento cíclico, pero no sólo la luz; es necesaria la materia iluminada frente a la sombra.

La luz en el Románico, conscientemente utilizada como recurso arquitectónico, es capaz de emocionar. Hacer vibrar el espacio y lleva al hombre a estados de ánimo que trascienden lo ordinario.

" Arquitectura sine luce, nulla arquitectura est". Interesa su simbolismo en las construcciones del templo porque contiene valores imperecederos que van más allá del aspecto externo, capaces de perseverar en la incertidumbre del transcurso de los tiempo del alma.


Y el constructor del templo se vale de ella. Unas veces como luz cenital abriendo un hueco en el plano horizontal del techo para vaciarla sobre la nave; otras, la luz panthei sacralizando el espacio divino previo profundo nártex para permitir su acceso mediante el óculo de la cúpula que hacen convertirla en un cilindro de luz sólida sacralizando el espacio con un milagro inmaterial como aquella cegadora que tiró del caballo a San Pablo; una luz de orden divino que nos desarma porque trasciende a lo eterno. La luz transversal, que se tamiza por los huecos verticales de los muros del ábside llenando el espacio más sagrado, el tabernáculo, de un potente fogonazo trinitario, o la luz mística, dramática, efectista, que pone el foco en el ábside principal sacralizando el espacio con decidida voluntad escenográfica.



Sección para "Curiosón" del grupo "Salud y Románico".


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