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[=] A VECES LLEGAN CARTAS

Situación crítica

La situación política en España se iba deteriorando a marchas forzadas. Y Guardo no era una excepción. En 1934, el depositario del Ayuntamiento, que llevaba en el puesto diez años, fue separado del cargo y expedientado. Recurrió y el Ayuntamiento tuvo que readmitirle por disposición del Gobierno de la II República, pero el tiempo que estuvo separado no se le abonó el sueldo, lo que causó malestar en la administración local.
SIGLO XX: GUARDO HASTA LA GUERRA CIVIL


El tres de junio de ese año presentaron la dimisión tres concejales: Francisco del Blanco Luis, Vicente Gutiérrez Treceño y Bonifacio Gutiérrez Peláez. Las voces que se dieron en aquel pleno se oyeron en toda la calle Mayor. Los dimisionarios decían que se iban y que no aguantaban más. El alcalde, José Rueda Santos, argumentó que no eran razones para dimitir y que así paralizaban el Ayuntamiento. El presidente del Concejo había intentado por todos los medios que todos los concejales asistieran a los plenos, incluso multando a los que no justificaban las ausencias. Los multados respondieron con la dimisión. Los dos primeros argumentaron mala administración del Ayuntamiento, alteraciones del orden público y que el alcalde había prometido arreglar la Casa del Concejo y no lo había hecho. El alcalde pidió que aclarasen aquellas acusaciones.

El comunista libertario Bonifacio Gutiérrez, alegó padecer un defecto físico que le impedía oír bien lo que se trataba en los plenos. Había tenido un accidente de trabajo y se había quedado sordo. A los dos primeros se les admitió la dimisión hasta que dictaminara el Gobierno Civil, aunque José Rueda consideraba inadmisibles las causas que alegaron. En cuanto al tercero, le pidieron un certificado médico que demostrara su defecto físico. Días después comunicaron a los tres concejales dimisionarios que no aceptaban la renuncia y que tenían que volver a los plenos. Esto se consiguió a duras penas. Agustín Blanco siguió ausentándose. Lo mismo ocurrió con Vicente Gutiérrez Treceño. En cuanto a Bonifacio, terminó amargado y hastiado de la política, en la que se había volcado en cuerpo y alma en defensa de los obreros. Más tarde recibiría el apodo de "el sordillo", por su acusada sordera, que le llevaría a una muerte trágica, atropellado por un tren.

El enfrentamiento con la Agrupación de Ganaderos de Guardo tomó dimensiones gigantescas. El problema venia desde hacía dos años. ¿Causa? Los pastos. Como el pago de licencias por pastar en Corcos y Valdecastro siempre se demoraba más de la cuenta, decidieron acabar con el antiguo sistema, recurriendo a la subasta de los mismos. Incluso sacaron a subasta los prados comunales que tenían con Mantinos, Velilla y Villalba. El Ayuntamiento propuso también acabar con esa mancomunidad de pastos y pedir a los pueblos vecinos que dieran a Guardo la parte que le correspondía. Las subastas se llevaron a cabo, menos las del monte Valdecastro, que quedó en suspenso, por lo que no pudieron pastar allí. Las protestas fueron generales y enérgicas por parte de los ganaderos. El enfrentamiento fue duro. Acabó en el Juzgado de Primera Instancia de Cervera. El 11 de julio de 1933, la justicia falló favorablemente para los ganaderos guardenses.

Había tres ganaderos, de los que componían la Agrupación de Guardo, que estaban de parte del alcalde José Rueda. A esos tres, los demás les negaron los toros sementales, como represalia por no estar con ellos. El Ayuntamiento en compensación les subvencionó con 150 pesetas para el fomento de la cabaña ganadera. Las disputas continuaron. El Ayuntamiento se hizo el sordo y no ejecutó la sentencia. El concejal Francisco del Blanco, que actuaba en los plenos como representante de los ganaderos, pidió que se cumpliera lo dictaminado por los jueces y se dejara pastar en Valdecastro. Incluso presentó varios escritos en este sentido. El Ayuntamiento dilató todo lo que pudo el cumplimiento de la sentencia, porque ya no podía recurrir y se ejecutaría finalmente el 31 de marzo de 1935, cuando la Corporación presidida por José Rueda había sido disuelta y Guardo estaba regido por una gestora municipal provisional.

A mediados de julio de 1934, el alcalde José Rueda dio un bando, en el que pedía a todos los guardenses que colaborasen en los proyectos de urbanización del pueblo. Entonces no había ni una sola calle pavimentada, se pudrían las basuras en la vía pública y las condiciones de salubridad e higiene brillaban por su ausencia. El alcalde decía que si se urbanizaban las calles el pueblo daría un gran paso hacia el progreso. Había pedido un crédito extraordinario para conseguir esas pavimentaciones, que esperaba llevar a cabo sin tener que aumentar los tributos al vecindario. Este bando fue muy bien recibido por el pueblo y le llovieron los elogios Además, con esta obra lograría dar trabajo a numerosos vecinos que estaban en paro.

El día de San Froilán estalló la revolución de octubre de 1934. Entonces, se levantaron en armas contra la II República las cuencas mineras de Asturias, León, Barruelo, Santibáñez, Velilla, Villaverde y Guardo. La intervención del ejército acabaría en dos días con los rebeldes y restablecería la normalidad, a excepción de Asturias. La II República, aparte de la quema de iglesias y conventos, se enfrentó con muchas tradiciones y costumbres como la autorización de los matrimonios, entierros civiles y divorcios, lo que hizo que se soliviantarán más los ánimos. (61)

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(61) El Diario Palentino, 19 de julio de 1934. Y AMG: actas del Ayuntamiento de octubre y noviembre de 1934.

Cuaderno de Jaime García Reyero en CURIOSÓN
Guardo, sus gentes y su historia
Jaime García Reyero
Editorial Aruz
@2003

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